lunes, 14 de enero de 2019

EL BULLYING ALTERA LA ESTRUCTURA CEREBRAL, CONCLUYE ESTUDIO

El bullying altera la estructura del cerebro
  
Según un nuevo estudio, el acoso escolar o bullying puede aumentar el riesgo de enfermedad mental.


Sarah Romero

El estudio sugiere que puede haber diferencias estructurales físicas en los cerebros de los adolescentes que son acosados habitualmente.

El bullying tiene graves efectos en la salud

Una investigación previa reveló que el acoso infantil tiene consecuencias negativas para la salud y puede generar costos significativos para las personas, sus familias y la sociedad en general.

El nuevo trabajo, publicado en la revista Molecular Psychiatry sugiere que, además, la intimidación puede causar cambios físicos en el cerebro y aumentar la probabilidad de una enfermedad mental.

Erin Burke Quinlan, del King's College London (Reino Unido) y su equipo, contaron con la participación de más de 600 jóvenes de diferentes países de Europa a los que entregaron un cuestionario y realizaron escaneos cerebrales.

¿Usamos el 10% del cerebro?

Los participantes formaban parte del proyecto IMAGEN. El objetivo del estudio fue evaluar el desarrollo cerebral y la salud mental de los adultos jóvenes a través de cuestionarios y exploraciones cerebrales de alta resolución, tomadas cuando los participantes tenían 14 y 19 años de edad.

Los científicos descubrieron que más de 30 de los participantes habían experimentado bullyingcrónico. Luego, compararon los datos con los de jóvenes que no habían sido víctimas de bullying crónico. El análisis mostró que la intimidación severa estaba relacionada con cambios en el volumen cerebral y los niveles de ansiedad a los 19 años.

Cambios en el cerebro

El estudio confirma los resultados de investigaciones anteriores que vincularon la intimidación con problemas de salud mental, pero también reveló algo nuevo: El acoso escolar puede disminuir el volumen de partes del cerebro llamadas núcleo caudado y putamen.

El caudado desempeña un papel crucial en la forma en que el cerebro aprende, específicamente cómo procesa los recuerdos. Esta parte del cerebro utiliza información de experiencias pasadas para influir en acciones y decisiones futuras. El putamen regula los movimientos y afecta el aprendizaje.

Los autores afirman que los cambios físicos en los cerebros de los adolescentes que fueron acosados constantemente explican -en parte- la relación entre la victimización entre iguales y los altos niveles de ansiedad a los 19 años.

"Aunque clásicamente no se considera relevante para la ansiedad, la importancia de los cambios estructurales en el putamen y el caudado para el desarrollo de la ansiedad probablemente reside en su contribución a los comportamientos relacionados, como la sensibilidad de la recompensa, la motivación, el acondicionamiento, la atención y el procesamiento emocional", aclara Erin Burke, líder del trabajo.

Los investigadores esperan ver más esfuerzos para luchar contra la intimidación en el futuro, ya que la victimización entre pares se está convirtiendo en un problema global que podría llevar a cambios físicos en el cerebro, ansiedad generalizada y a altos costos para la sociedad.
______________________________
Referencia: Peer victimization and its impact on adolescent brain development and psychopathology. Erin Burke Quinlan, Edward D. Barker, et al. IMAGEN Consortium. Molecular Psychiatry (2018) | DOI: https://doi.org/10.1038/s41380-018-0297-9

Fuente: https://www.muyinteresante.es/salud/articulo/el-bullying-altera-la-estructura-del-cerebro-741547456221?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Muyinteresantees+%28MuyInteresante.es%29

viernes, 11 de enero de 2019

¿CÓMO PUEDEN LOS PADRES PREPARAR A SUS HIJOS ANTE LOS PELIGROS DE LA COMUNICACIÓN MÓVIL?

La distracción es, con diferencia, el inconveniente más común relacionado con el uso del teléfono móvil. En este aspecto, los niños y jóvenes apenas se diferencian de los adultos...
El teléfono inteligente, ¿un peligro?

La mayoría de los adolescentes de entre 12 y 13 años ya tienen su propio teléfono inteligente y, con ello, acceso a contenidos problemáticos en la Red. ¿Cómo pueden los padres preparar a sus hijos ante los peligros de la ­comunicación móvil?

Retzbach, Joachim

Getty Images / RawPixel / iStock

En síntesis

Cerca del 10 por ciento de los jóvenes con edades comprendidas entre los 12 y los 13 años han estado en contacto, a través del teléfono inteligente, con contenidos sexuales o de violencia.

La distracción continua a causa del móvil puede producir problemas de sueño y comporta un riesgo elevado de desarrollar depresión o trastornos de ansiedad.

La mejor medida para evitar los peligros es hablar con los niños de los posibles problemas que puede causar la inadecuada utilización del teléfono inteligente. Establecer una especie de «contrato de uso del móvil» puede ayudar.

Internet, macrodatos y el nuevo mundo digitalEl auge de Internet y la capacidad para almacenar y procesar ingentes cantidades de datos han cambiado en muy pocos años la manera en que nos relacionamos, trabajamos, aprendemos e innovamos. El futuro de esta revolución tecnológica y social dependerá de las decisiones que tomemos hoy. Pero ¿conocemos realmente este mundo hiperconectado que estamos creando? El presente monográfico analiza la manera en que Internet, las redes sociales y los macrodatos (big data) están transformando nuestras sociedades, nuestra noción de privacidad e incluso nuestra psicología.

En el vídeo de decapitación del Estado Islámico no hay nada pixelado o tapado. Se ve con toda claridad cómo los terroristas decapitan a varios prisioneros con un machete. En un instituto de Fráncfort, un alumno de sexto envió el vídeo por WhatsApp a todos sus compañeros de clase. Algunos lo reenviaron a otros ami­gos. Al final, entre 70 y 80 niños vieron el vídeo.

«No fue hasta seis semanas más tarde cuando los primeros padres empezaron a enterarse de algo», explica Günter Steppich. «Sus hijos tenían pesadillas a causa de esas imágenes». Además de profesor de un instituto de Wiesbaden, Steppich es conferenciante del Departa­mento para la Protección de Menores ante los Medios de Comunicación, entidad que depende del Ministerio de Cultura de Hesse. En sus charlas habla, sobre todo, de los riesgos y los peligros que comportan para los jóvenes los teléfonos móviles inteligentes, entre ellos, los mensajes no deseados con contenido problemático, como vídeos en los que se ve cómo se torturan animales o personas, escenas de películas de terror o pornografía. En 2016, en el estudio KIM (siglas en alemán para «Infancia, Internet, Medios») llevado a cabo por las instituciones de control de los medios de comunicación de Baden-Wurtemberg y Renania-Palatinado, un 6 por ciento de los encuestados con edades comprendidas entre los 6 y 13 años afirmaron que en su círculo de amigos habían surgido alguna vez problemas con mensajes inadecuados propagados por Internet o a través de alguna aplicación móvil. En el grupo de edad de 12 a 13 años, el porcentaje aumentaba a un 10 por ciento.

¿Representa el teléfono móvil un peligro para los niños y los jóvenes? En 2015, un equipo dirigido por Karin Knop, de la Universidad de Mannheim, presentó un estudio en el que unos 570 niños, de 8 a 14 años, y cerca de 520 padres participaron en diversas entrevistas y cumplimentaron varios cuestionarios. De modo general, constataron muchos aspectos positivos en el uso del teléfono móvil por parte los menores de edad. Junto con la gran cantidad de opciones de entretenimiento (juegos, vídeos o música), que entusiasmaban a todos los grupos de edad por igual, los participantes más mayores también utilizaban los móviles para buscar información, consultar los horarios del autobús y de la escuela u obtener información sobre la predicción del tiempo. Con todo, las posibilidades de comunicación ocupaban un puesto destacado. «Nuestras conversaciones con los niños nos revelaron que lo que más valoran de los teléfonos inteligentes es la conectividad con los demás», explica Knop. «Con un mensaje, en cualquier momento puedes comunicarle a tu mejor amiga que piensas en ella o que le deseas suerte para un examen.»

Además, estos dispositivos facilitan la organización del día a día en muchos aspectos: la mensajería instantánea permite planear encuentros con un grupo grande de personas, y los mensajes de texto facilitan la tarea de informar a los padres de que una clase se ha suspendido y que su hijo llegará antes a casa. La otra cara de la moneda es que, de los participantes que disponían de un teléfono móvil con conexión a Internet, uno de cada cinco había estado en contacto, al menos una vez, con páginas no aptas para menores. Otros tantos habían recibido alguno de esos vídeos denominados «paliza feliz» (happy slapping). Se trata de grabaciones en las que se muestran ataques o agresiones a desconocidos o a compañeros de clase y que se propagan por Internet.

¿Quién me escribe?

Un problema que atemoriza a los padres es que su hijo entre en contacto con desconocidos. Según el resultado del equipo de Knop, un 27 por ciento de los usuarios de entre 8 y 14 años han recibido mensajes de personas que no conocen. Aunque es cierto que la mayoría de los encuestados parecen estar sensibilizados sobre el tema y saben el modo de bloquear la entrada de mensajes de estos usuarios, siempre hay algún niño que se deja seducir y explica información personal, envía grabaciones suyas o se cita con el individuo que ha conocido por Internet.

«Las intrusiones pedófilas todavía son una epidemia en Internet», advierte Steppich. Antes, los autores de este tipo de actos solían utilizar sobre todo páginas de chat para entablar contacto con los menores. En la época del teléfono móvil inteligente, emplean cada vez más la función de mensajería que ofrecen los juegos preferidos de los niños, entre estos, QuizReto (entretenimiento de preguntas y respuestas) o Clash of Clans(videojuego de estrategia y construcción de aldeas). Steppich invita a aquellos padres que duden de esa posibilidad a que hagan ellos mismos la prueba: tan solo necesitan utilizar un nombre de usuario que parezca propio de una menor de edad para recibir, al cabo de pocos minutos, mensajes de desconocidos. En estos casos, la única ayuda radica en enseñar a los niños que nunca deben dar información personal ni enviar fotografías propias a extraños.

Más complicado es el caso del llamado «sexteo» (sexting), es decir, el envío de mensajes sexuales. Se trata de imágenes o grabaciones eróticas, a veces incluso pornográficas, que realizan los mismos jóvenes y que envían a los demás a través de aplicaciones de mensajería como WhatsApp. Después de mucho tiempo sin saber cuán extendido estaba este fenómeno, el estudio de Knop y sus colegas proporciona datos representativos: al menos un 4 por ciento de los usuarios de teléfono móvil de 11 a 14 años declara haberse hecho alguna vez fotos o vídeos en los que ellos mismos aparecían desnudos o semidesnudos y haberlos difundido. Los problemas surgían cuando los destinatarios de las imágenes las enseñaban a su círculo de amigos o las reenviaban. Este tipo de contenido lo han recibido un 13 por ciento de los encuestados.

Ya que muchos niños tienen amigos fuera del colegio (por ejemplo, amistades que han hecho en asociaciones o clubes), solo es necesaria una tarde para que una imagen de alguien desnudo llegue a todas las escuelas de una ciudad, continua Steppich. La única manera de evitar este fenómeno es a través de la prevención. «En la mayoría de los casos habría sido suficiente con que alguien hubiera hablado con el niño alguna vez sobre el tema», afirma el investigador. Por otro lado, las fotos en sí mismas no son el problema; más bien se trata de un asunto relacionado con preguntas básicas de confianza y respeto.

Nicola Döring, psicóloga de medios de comunicación de la Universidad Técnica de Ilmenau, piensa igual. Al menos a partir de la pubertad, muchos jóvenes consideran que la práctica del sexteo de común acuerdo es una forma de expresión sexual, sobre todo cuando tiene lugar dentro de una relación romántica. Es importante que acontezca un cambio de opinión en torno al sexting practicado por jóvenes, escribe Döring en su página web de la universidad medienbewusst.de. Por un lado, más chicas que chicos sufren acoso por ello y tienen que luchar contra calificativos despectivos como «puta». Por otro, los que obran de manera equivocada son aquellos que difunden fotografías privadas de otras personas sin su consentimiento. «En el caso del abuso corporal, ya se ha extendido la idea de que la víctima no tiene la culpa. En relación con el abuso de fotos personales, todavía no hemos llegado tan lejos», indica Döring.

La violencia y las experiencias sexuales indeseadas, así como el acoso, son, por tanto, amenazas reales cuando los niños y los jóvenes utilizan el teléfono inteligente. Pero, según Knop, existen otros dos posibles efectos del teléfono móvil que tienen más importancia en el día a día y que casi todos los usuarios conocen: la distracción constante y el miedo a perderse algo. Este temor recibe el nombre de FOMO (acrónimo de la expresión inglesa fear of missing out). A los jóvenes siempre les ha importado saber qué hacen sus amigos, comenta Knop. No obstante, cuando ese interés y el miedo a ser excluido de los encuentros o de las conversaciones aumentan en exceso, ello lleva a los adolescentes a utilizar el móvil con demasiada frecuencia y de manera descontrolada. De acuerdo con un estudio del equipo de Andrew Przybylski, de la Universidad británica de Essex, todas las personas poco autónomas y que se sienten marginadas socialmente son propensas a sufrir FOMO [véase «FOMO o el miedo a perderse algo», por Theodor Schaarschmidt en Mente y Cerebro n.o 93, 2018].

Getty Images / RAWPIXEL / iStock

Atención sin pausa

La distracción es, con diferencia, el inconveniente más común relacionado con el uso del teléfono móvil. En este aspecto, los niños y jóvenes apenas se diferencian de los adultos. Las aplicaciones de noticias, medios de comunicación y juegos requieren una atención constante. Para los escolares, ello no solo supone un problema cuando intentan terminar los deberes, sino que también comporta dificultades para conciliar el sueño. Numerosos estudios demuestran que los niños y jóvenes que pasan más tiempo con el teléfono móvil van a dormir más tarde y la duración de su descanso es menor en comparación con los sujetos de la misma edad que no invierten tantas horas con el teléfono móvil. La falta de sueño no solo puede mermar el rendimiento escolar; también aumenta el riesgo de sufrir una depresión o un trastorno de ansiedad. Al parecer, las personas que utilizan el dispositivo móvil con mayor frecuencia son más propensas a sufrir estos problemas. Sin embargo, todavía no está claro que el teléfono móvil sea el culpable de ello.

La habilidad más importante que los niños y jóvenes requieren para el manejo del teléfono inteligente es la autorregulación, sostiene Knop. Han de saber postergar sus necesidades. Esta capacidad es, por un lado, una característica de la personalidad que favorece, por ejemplo, el éxito académico; por otro, se desarrolla con el paso del tiempo. Pero durante la pubertad ocurre un cambio relevante: incluso los niños que destacaban por saber esperar una recompensa se comportan de forma más impulsiva. La falta de autocontrol alberga el peligro de que el móvil los pueda llegar a dominar, afirma Knop. «En esos casos, la persona está pendiente de cada mensaje entrante. Incluso cuando [el móvil] no suena, no se logra permanecer ni cinco minutos sin comprobar si habrá pasado algo».

Con todo, la adicción al móvil todavía resulta un tema controvertido para los investigadores. Pero no cabe duda de que incluso algunos adultos prestan más atención a su teléfono inteligente que a las personas que tienen alrededor. Esta conducta influye en los más jóvenes. De hecho, la función de modelo que el adulto desempeña para los niños empieza en el cajón de arena. En el parque, si los padres tienen los ojos puestos en el móvil, no resulta extraño que el hijo de dos años desarrolle un gran interés por las pantallas táctiles. «Es muy normal que los niños quieran imitar el comportamiento de sus padres. Sobre todo, cuando estos hacen algo con frecuencia y entusiasmo», explica Markus Appel, psicólogo de la Universidad de Wurzburgo.

Pero ¿deben los niños de preescolar y los de primaria utilizar los medios digitales? Lo más importante es que solo vean contenidos adecuados a su edad, señala Appel. «Algunos padres piensan que los pequeños todavía no entienden ciertas cosas. A partir de investigaciones relacionadas con el uso de la televisión se sabe que, aunque no entienden algunas palabras y ciertos detalles, comprenden gran parte de lo que aparece en la pantalla». Si las aplicaciones son las adecuadas para su edad, los medios digitales no tienen por qué ser más problemáticos que los analógicos, indica el psicólogo. Una excepción podrían ser, como máximo, los libros infantiles para los más pequeños, ya que a menudo disponen de elementos táctiles. Difícilmente, una pantalla digital podrá reproducir esa propiedad.

Cuando un niño de parvulario quiere ver diez veces seguidas el vídeo en el que aparece tirándose por el tobogán, no es ningún síntoma de principio de adicción al teléfono móvil, señala Appel. Por un lado, los vídeos llaman más su atención que las escenas estáticas, fenómeno que también les sucede a los adultos. Por otro, les encanta volver a ver algo que ya conocen. «Los niños de preescolar necesitan más tiempo para reconocer estructuras; aprenden, sobre todo, a través de la repetición», explica el psicólogo. De igual manera sucede con los libros infantiles; en cambio, a nadie se le ocurriría pensar en una «adicción a los libros».

Según los investigadores, los padres con hijos de 10 años también deben controlar qué hace el niño con el móvil, los contenidos que consume y cuánto tiempo pasa con el dispositivo. Pero ¿a qué edad se supone que un móvil ya no comporta riesgos para los jóvenes? No existe una única respuesta.

La importancia de hablar sobre los peligros

Con frecuencia se escucha la explicación de que el uso de los medios digitales prepara a los niños y jóvenes para las exigencias de la vida laboral futura. La afirmación es cierta, pero solo en parte. En 2012, Appel comprobó que los jóvenes que usan a menudo las redes sociales poseen mayores conocimientos informáticos, pero no se requieren unas competencias técnicas muy amplias para saber colgar selfies en Instagram o entretenerse con un videojuego en el móvil. Dicho de otro modo, los conocimientos prácticos sobre cómo se utilizan estas aplicaciones móviles distan mucho de los que se les exigirán como empleados o programadores.

El peligro de mutar hacia «un zombi solitario del teléfono móvil» es, señalan los investigadores, bajo. «Por suerte, la mayoría de los niños todavía juegan en el exterior, incluso cuando tienen un teléfono móvil», explica Knop. «Naturalmente, los medios digitales no deben ser la única actividad recreativa y siempre debería haber espacios de tiempo sin el móvil. Pero si cuatro jóvenes se sientan juntos en la piscina con el teléfono inteligente en la mano, a menudo es porque están hablando por WhatsApp entre ellos y con otros compañeros que se han quedado en casa.» No existe ninguna prueba concluyente de que el uso de los medios digitales en sí perjudique el desarrollo, añade Appel. Las tesis alarmistas, por el contrario, podrían amedrentar a muchos padres, de tal manera que estos no se formarían una opinión propia sobre el tema ni desarrollarían sus propias competencias en relación con las nuevas tecnologías. Como consecuencia, no serían capaces de ayudar a sus hijos en este ámbito.

Pero Steppich no es, ni mucho menos, un enemigo acérrimo de las nuevas tecnologías. Con sus propias manos ha dotado a la escuela de una red local inalámbrica; también utiliza tableta en la clase y tiene varias páginas web. Según observa, la mayoría de los casos relacionados con un uso irresponsable de Internet se registran en alumnos que aún no han llegado a tercero de secundaria. Por esa razón, en las reuniones de padres aconseja que los escolares dispongan de móvil a partir de los 14 años. No obstante, sabe que la realidad es otra: en el estudio KIM de 2016, el 43 por ciento de los niños de entre 10 y 11 años ya disponían de móvil, porcentaje que se elevaba a un 61 por ciento entre los alumnos de 12 y 13 años. El punto más importante, dicen los expertos, radica en hablar con los niños de los posibles problemas que puede causar la utilización inadecuada del teléfono móvil. En este contexto, establecer una especie de «contrato de uso del móvil» puede ayudar.

Steppich continuará luchando, según sus palabras, contra molinos de viento. Siguiendo su iniciativa, el departamento del Ministerio de Educación de Wiesbaden envió una carta a todos los padres de los niños que iban a empezar la escolarización en una de las 55 escuelas de secundaria de la ciudad alemana en agosto de 2017. En ella se explicaba que el departamento del Ministerio de Educación y la dirección del colegio correspondiente desaconsejaban que los alumnos de 11 y 12 años dispusieran de un teléfono móvil. Dos padres le mandaron un correo electrónico a Steppich burlándose de su ingenuidad. Pero más de cien le escribieron dándole las gracias. Muchos se alegraban de poder argumentar a su hijo por qué no debía disponer aún de un teléfono móvil inteligente.

Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/psicologa-para-la-paz-758/el-telfono-inteligente-un-peligro-17106?utm_source=boletin&utm_medium=email&utm_campaign=Sumario+MyC+Enero%2FFebrero+2019

lunes, 31 de diciembre de 2018

¿CÓMO EJERCER AUTORIDAD SIN PODER EN EL AULA DE CLASE?

DEBATE
Un punto de debate para la pedagogía libertaria: Cómo ejercer la autoridad sin poder

Félix García M.

https://www.todoporhacer.org/wp-content/uploads/2015/10/con-lucha-y-organizacic3b3n.jpg

Uno de los núcleos del pensamiento libertario es la crítica radical a los mecanismo de opresión, al ejercicio del poder que corrompe a los que lo aceptan. De hecho, la palabra que en su origen definió con mayor fuerza al movimiento libertario fue la de anarquismo, que se puede utilizar tanto o más que la de movimiento libertario; y cualquiera sabe que anarquismo significa ausencia de poder. La lucha constante por conseguir ser libres y solidarios dirige gran parte de sus más acertadas críticas a todos los mecanismos de opresión que fomentan la sumisión entre los seres humanos. En este mundo hay esclavos porque hay amos, pero también hay amos porque hay esclavos y es contra esa situación de sumisión y opresión contra la que tenemos que combatir sin tregua. Conseguir que nuestros alumnos lleguen a ser personas capaces de pensar por sí mismos, de forma crítica y creativa, en colaboración y diálogo con sus propios compañeros, es un objetivo prioritario de la relación pedagógica. Dado que los medios deben ser siempre coherentes con los fines, la libertad sólo puede desarrollarse a través de la libertad.

Es cierto que la relación maestro-alumno tiene unas características específicas que hacen especialmente difícil ejercerla en condiciones de libertad. Bakunin afirma en una ocasión que la educación consiste en un proceso en el que se empieza por la máxima autoridad y se termina en la más completa libertad. Mientras los niños son pequeños, hay que imponerles determinadas normas que quedan fueran del alcance de su comprensión; pero según van creciendo hay que reconocerles una mayor capacidad de ejercer libremente su propia actividad, hasta terminar en una situación de completa libertad. Aunque haya gozado de gran prestigio en la tradición educativa occidental, y no sólo occidental, creo que esta descripción es sólo parcialmente válida, si bien señala con claridad cuál es el objetivo final: que piensen y actúen por sí mismos. Es también algo cierto que la relación pedagógica es intrínsecamente una relación de desigualdad; es más, sólo es posible en la medida en que se da esa desigualdad. El maestro posee una edad mayor, y con ello una mayor experiencia, y ha alcanzado un desarrollo más completo de todas sus capacidades, aunque nunca debe considerarse a sí mismo como una persona completamente madura. Este es un primer aspecto que debemos tener muy claro: por muy adultos que seamos, siempre debemos estar abiertos a seguir aprendiendo, a madurar un poco más, a descubrir nuevas perspectivas y nuevos enfoques. Es un error de nefastas consecuencias pensar que en un aula sólo los alumnos aprenden y sólo el profesor enseña; más bienla educación es un proceso dialógico abierto, característica que volveré a mencionar en el apartado siguiente.

Ahora bien, insisto en esa desigualdad intrínseca. Si yo entro en un aula para enseñar a mis alumnos, es imprescindible que tome desde el primer momento algunas decisiones y que ejerza una autoridad que pueda servir de punto de referencia al alumnado para que sean capaces de construir su propia personalidad. El maestro nunca es el compañero, ni debe diluir su función en la de la simple compañía o la de mero facilitador que pone a disposición de unos alumnos los instrumentos que estos van demandando para desarrollarse. De lo que ya he dicho antes sobre los profesionales críticos y creativos se desprende con facilidad este necesario ejercicio de la autoridad. Como profesor tengo la obligación de "tirar" de mis alumnos, de "provocarlos", de plantearles desafíos que les obliguen a sacar lo mejor que llevan dentro y a ir construyendo una vida plena de sentido. La autoridad, por tanto, no tiene nada ver en principio con el poder.

Sin embargo, la situación de superioridad que posee todo profesor en el aula por sus conocimientos y su edad, le hace proclive a considerarse investido de un poder especial que le permite tomar todas las decisiones que estima necesarias sin tener en cuenta a sus propios alumnos. Es por eso por lo que la frontera entre el ejercicio de la autoridad y el autoritarismo es siempre una frontera de límites imprecisos y contornos movibles. Es más, casi me atrevo a decir que, en la práctica, y más en concreto en la práctica escolar, si empre que oigo hablar del debido respeto a la autoridad, tengo la sensación de que en el fondo se está apelando a la preservación de los privilegios no justificados del poder, es decir, se está apelando al autoritarismo. Resulta por eso muy prudente mantener una permanente actitud de sospecha respecto a nuestra propia actividad, reconsiderar siempre la posibilidad de que en lugar de ejercer una autoridad que nos merecemos en la medida en que nos la ganamos a pulso, estemos practicando un despotismo más o menos ilustrado. Porque no existe una fórmula mágica que nos pueda decir de antemano cuándo vamos a incurrir en autoritarismo y cuándo vamos a caer en la permisividad, extremos ambos igualmente nocivos.

No puedo, por tanto, ofrecer ninguna receta, ninguna técnica, que garantice de una vez por todas la ausencia de autoritarismo en el aula, pero sí se pueden avanzar algunas ideas que deben ser tenidas en cuenta para mantener esa propuesta de educación liberadora que defiendo. Tres cuestiones me parecen decisivas en este ámbito. La primera es tener siempre en cuenta que el protagonista del proceso educativo es el niño, no el profesor. La segunda consiste en desarrollar algo que podemos llamar una pedagogía del contrato, en la que profesores y alumnos participan conjuntamente en la elaboración de los contenidos y procesos educativos. Por último, se impone una regulación de la convivencia que incluya la participación del alumnado y que garantice rigurosamente sus derechos, habida cuenta de su específica situación de debilidad en el ámbito escolar.

Sin negar que todo proceso educativo es también un proceso de socialización y que en esa medida es necesario transmitir al niño la cultura de la sociedad a la que pertenece, empezando por la propia lengua, el objetivo que considero prioritario es por encima de todo lograr que cada niño pueda desarrollar su propio esbozo de vida personal, dotarlo de los instrumentos que hagan posible que él mismo elija y lleve adelante un proyecto de vida único e irrepetible. Tenemos que partir, por tanto, de los intereses del niño, algo que, por otra parte, sabe cualquier persona que se dedica a la enseñanza y que procura que su trabajo sirva para algo. Partir de esos intereses no significa en ningún caso quedarse en ellos, pues eso limitaría las posibilidades de desarrollo personal de los niños; más bien hace falta, en especial en nuestra sociedad, abrir perspectivas, ensanchar sus horizontes, descubrirles nuevas posibilidades que están a su alcance si se esfuerzan por romper con las rutinas establecidas. Al mismo tiempo, respetar esos intereses es dejarles que construyan su propio proyecto que quizás no tenga nada que ver con el nuestro; no pretendo nunca que los niños piensen como yo, adopten una concepción libertaria de la vida o rechacen ciertas pautas de comportamiento que considero negativas. Nada, pues, de adoctrinamiento, algo que siempre puede colarse por la puerta falsa, y mucho menos de ese adoctrinamiento que consiste en convertir nuestras clases en una permanente moralina dirigida a los alumnos, o que incurren en la contradicción de obligar a la gente a ser libres. Ayudémosles a algo tan simple y tan difícil como que sean ellos mismos y sean capaces de construir un mundo en el que quieran vivir.

Para ser coherente con lo anterior, hace falta romper completamente una dinámica unilateral en la que es la persona que da clase la que toma todas las decisiones sobre qué y cómo enseñar. Normalmente, además, y como ya he señalado antes, en realidad ese tipo de persona se limita a imponer un programa o curriculum que le ha venido definido desde arriba por los técnicos expertos que pueblan los despachos del Ministerio de Educación. El programa es utilizado como lecho de Procusto en el que deben caber todos los niños, independientemente de sus necesidades específicas o sus diferentes procesos de aprendizaje. Frente a este modelo descendente de la relación pedagógica, hace falta desarrollar un cierto contrato en el que el alumnado es invitado a participar activamente en la organización de su propio proceso de aprendizaje. Al comienzo de cada curso escolar se discute con los alumnos cuáles son los objetivos propuestos en el nivel y área en el que se está trabajando, cómo se pueden concretar o modificar esos objetivos de tal manera que se adecuen más directamente a algo que pueda ser significativo para ellos, cómo se va a organizar el proceso de aprendizaje, teniendo en cuenta los recursos de que se dispone y los criterios que se van a emplear para evaluar el trabajo que se vaya realizando y para introducir las modificaciones que la práctica vaya exigiendo. El contrato no parte del vacío, sino que se articula a partir de unos datos que tanto los alumnos como nosotros tenemos que tener en cuenta; pero eso es sólo el punto de partida y los límites que señalan el terreno en el que nos vamos a mover. Admitido eso, queda un amplio margen para la discusión y la toma de decisiones, margen que habitualmente no queremos reconocer para no iniciar ese proceso de real participación del alumnado. Es más, incluso los límites nunca están definidos de manera tan rígida como para que no exista un margen de creatividad que nos permita ampliarlos o modificarlos.

Un punto crucial en esta propuesta de llegar a acuerdos con el alumnado es el que recoge el arduo problema de la evaluación del proceso de aprendizaje. Cuando nos situamos en el sistema educativo, en la enseñanza formal, todos sabemos que una de las funciones básicas es la de calificar para poder clasificar a las personas y asignarles un puesto en una sociedad jerarquizada. La calificación, con todas sus implicaciones sociales y económicas, sigue siendo el mecanismo básico de poder del profesorado, el último recurso que está siempre presente en nuestras aulas introduciendo importantes distorsiones en la enseñanza. Hay que reconocer esa dimensión intrínsecamente perversa de todo proceso de calificación, pero también hay que reconocer que su superación sólo se podrá producir cuando se hayan superado las causas sociales que la justifiquen. Por otra parte, también es necesario reconocer que, con todas sus limitaciones, el rendimiento académico parece un sistema de selección y asignación de puestos sociales más justo que los empleados en otras épocas. Lo importante en todo caso es introducir en nuestra práctica pedagógica unos modelos de calificación que ayuden a hacer frente a este problema, y eso es lo que se puede hacer en el marco de la pedagogía del contrato: incluir también en ese contrato la calificación y hacer posible que los alumnos participen en su evaluación.

No se trata de que los alumnos interioricen procesos de autocontrol que puedan ser tremendamente represivos. Para llevar adelante en buenas condiciones el contrato de calificación, hace falta, en primer lugar, situar la calificación en el marco más amplio de la evaluación. Todos debemos estar siempre interesados en evaluar lo que estamos haciendo, pues sólo así sabremos qué estamos haciendo bien y mal, cuáles son nuestros aciertos y errores, y partiendo de eso podremos hacerlo mejor; calificar es un subproducto distorsionado de ese proceso más amplio que sí es imprescindible en la enseñanza. Se puede y se debe enseñar sin calificar, pero no se puede enseñar sin evaluar.

El tercer ámbito en el que el contrato es imprescindible es el que se centra en las normas de convivencia que deben regular el funcionamiento del aula, un lugar en el que obviamente deben surgir desacuerdos y conflictos. También en este caso resulta nocivo reducir esa convivencia a un problema disciplinario que puede ser resuelto con un reglamento de régimen interior decidido por el profesorado, siendo éste el único capacitado para llevarlo adelante en el aula. En primer lugar, los estudiantes tienen que participar en la elaboración de las normas que rigen su comportamiento y regulan los conflictos que pueden surgir en el aula; el proceso de elaboración les permitirá tomar clara conciencia de ese tipo de problemas, potenciando así su reflexión sobre los procesos de aprendizaje y sobre las dificultades de la vida social. En segundo lugar, el alumnado tiene derecho a participar en la solución de los conflictos que surgen en el aula. Cuando se plantea un problema, y pueden ser cualquiera el que detecte la existencia de ese problema, hay que discutir en el grupo cuál es el problema, sus causas y el posible modo de resolverlo; los conflictos se dan en el grupo, afectan a la vida del grupo y deben ser resueltos por el mismo grupo. Sólo en casos muy excepcionales tendría sentido que el grupo apelara a una instancia exterior para que pudiera actuar como mediadora. Por último, al igual que en los otros aspectos de esta pedagogía del contrato, se deben cuidar al máximo las garantías de que todos los afectados serán debidamente escuchados, que se tendrán en cuenta los diferentes puntos de vista y que se seguirán adecuadamente las normas propuestas para la resolución de los conflictos. Llegar a un consenso es algo siempre deseable, pero no tanto como para que no quepan en una comunidad las diferencias; son muchas las ocasiones en las que puede resultar preferible no llegar a una única conclusión que pueda suponer la anulación de perspectivas que pueden ser mantenidas con cierto rigor.

El contrato pedagógico abarca, por tanto, los contenidos, los procesos, los sistemas de evaluación y calificación y las normas de convivencia. Es una propuesta específica para hacer frente al problema del autoritarismo en el aula y para desarrollar relaciones pedagógicas liberadoras. El contrato se convierte tanto en punto de partida como en punto de llegada de un proceso de aprendizaje. Es punto de partida en la medida en que supone una concepción de la educación y de las personas que participan en las relaciones pedagógicas (profesores y estudiantes) que debe estar presente desde el principio. Ya en los niveles propios de la educación infantil es posible establecer contratos pedagógicos con los niños. Pero es también un punto de llegada; las actitudes y habilidades que son necesarias en una comunidad regida por el contrato no surgen espontáneamente, hay que desarrollarlas y potenciarlas, tarea algo ardua en una sociedad que parece regida por normas diferentes, por más que los sistemas de democracia representativa digan basarse en el contrato social. El profesor no puede, por tanto, ser uno más en este proceso. De él se espera que genere las condiciones que hagan posible que los alumnos se embarquen en esa dinámica del contrato de tal manera que éste vaya enriqueciéndose en la forma y el fondo, en los procedimientos y en los contenidos. Ese es el difícil papel de una persona dedicada a la enseñanza del que vengo hablando en este apartado: debe ser uno más, pero al mismo tiempo no es uno más y para eso deberá siempre ejercer su autoridad sin que esta tenga nunca nada que ver con el poder.
 
Solidario y autogestionario

En lógica continuidad con lo que acabo de mencionar, la fórmula más adecuada para evitar cualquier tipo de autoritarismo en la enseñanza pasa por organizar una práctica cooperativa y autogestionaria. Poco más puedo añadir aquí a lo que ya he comentado en el apartado anterior. La solidaridad y la autogestión no se predican, se muestran en la práctica cotidiana, pues sólo pueden adquirirse a través de su ejercicio, siempre y cuando ese ejercicio incluya la reflexión permanente sobre lo que se está ha ciendo. Se puede entender, por tanto, que la pedagogía del contrato que acabo de esbozar se convierta en eje sobre el que pivota una propuesta de trabajo solidaria y autogestionaria. El contrato pedagógico nos lleva inmediatamente a convertir nuestras aulas en una comunidad de investigación y el centro en una comunidad justa.

Transformar el aula en una comunidad de investigación significa romper completamente con el modelo de educación bancaria que denunciaba Freire. Se rompe con un esquema en el cual el profesor es el depositario de un saber que transmite para que sea recibido por el alumnado. Más bien estamos buscando una relación multipolar en la que, como ya he dicho, el profesor desempeña un papel básico, pero no exclusivo ni tampoco central. Los niños deben darse cuenta de que las relaciones de aprendizaje se desarrollan en diversas direcciones. Por descontado van del profesor al alumno, pero también van del alumno al profesor y lo que es más importante, van de unos alumnos a otros. Y no tenemos que pararnos en las paredes del aula; es necesario transformar igualmente todo el centro en una comunidad justa en la que los alumnos participan directamente en todos los aspectos relacionados con la gestión del centro: discuten sobre la organización pedagógica, participan en la elaboración de las normas de convivencia y en la resolución de los conflictos, intervienen en el diseño del proyecto educativo y en la adecuación de los objetivos generales de la educación al centro específico en el que están aprendiendo.

No puedo dedicar más tiempo a desarrollar estas ideas que tratamos con más detalle al capítulo dedicado exclusivamente a la autogestión en el centro. Lo importante en el marco de este capítulo dedicado al modelo de profesor libertario es insistir en que un modelo de vida personal y social basado en al apoyo mutuo no surge espontáneamente. Hay que facilitar su crecimiento y ayudar a que arraiguen las condiciones que hacen posible esas prácticas solidarias. Eso es algo que se puede y se debe hacer directamente en el aula, pero para ello debemos romper con muchas inercias adquiridas que se basan precisamente en una concepción jerarquizada de la relación pedagógica y del papel del profesor, al que se le atribuye toda la capacidad mientras que se priva de la misma a los niños. El profesor libertario debe, por tanto, fomentar prácticas colaborativas de aprendizaje, generar situaciones en las que los niños se vean animados a trabajar en equipo, aportando cada uno según su capacidad y recibiendo cada uno según sus necesidades. Y esas prácticas y situaciones no es algo que proponemos que hagan los alumnos, sino algo que hacemos nosotros mismos todos y cada uno de los días que estamos en el aula, del mismo modo que mostramos el valor de la solidaridad cuando dedicamos mayor tiempo y energía a aquellos alumnos que tienen mayores dificultades en su proceso de aprendizaje.

La apuesta por una pedagogía solidaria y autogestionaria significa también romper con una cierta dinámica que convierte los centros en pequeños reinos de taifas en los que cada uno campa a sus aires sin intentar un trabajo en equipo medianamente creíble. Hay que formar grupos de trabajo con las otras personas que trabajan en el centro con nosotros, realizar proyectos conjuntos de investigación-acción e incidir colegiadamente en la gestión y orientación del funcionamiento del centro, desarrollando hasta el máximo posible formas asamblearias de discusión de problemas y propuestas y de toma de decisiones. El modelo no es algo que sólo sirva en un ámbito, sino que forma parte de nuestra visión del mundo y debe hacerse presente en todas las instancias en las que está implicada nuestra actividad profesional. Primero, por descontado, en el aula con los alumnos. Pero a continuación también en el centro con el resto de los compañeros de trabajo. Y por último, como no podía ser menos, implicándonos en organizaciones de renovación pedagógica o sindicales en las que podemos unir nuestros esfuerzos a los de otras personas que están también esforzándose por mejorar la educación, y contrastar nuestras ideas con las de aquellos que pretenden vincular la transformación del sistema educativo con una transformación más amplia de la sociedad.
________________
[Párrafos finales de la ponencia “El profesor libertario”, que en versión original completa está disponible en 

Fuente: https://periodicoellibertario.blogspot.com/2018/12/un-punto-de-debate-para-la-pedagogia.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+ElLibertarioAnarquismoYMovimientosSocialesAutnomos+%28El+Libertario%3A+Anarquismo+y+movimientos+sociales+aut%C3%B3nomos%29

jueves, 27 de diciembre de 2018

EL TIEMPO EXISTIÓ ANTES DEL BIG BANG, AFIRMA ESTUDIO

(koto_feja/istock)

"El tiempo existió antes del Big Bang": Proponen una mirada inédita a la teoría de Einstein

Según el nuevo modelo, el universo se aplasta hasta un 'panqueque' bidimensional a medida que rebobinamos el tiempo y luego recupera las tres dimensiones en sentido inverso.

Foto ilustrativa. pixabay.com

De acuerdo con la teoría del Big Bang —el modelo cosmogónico predominante en la comunidad científica—, el universo se encontraba inicialmente en un estado de densidad y temperatura extremadamente altas antes de comenzar a expandirse en el tiempo y el espacio. Sin embargo, la dimensión del tiempo existió incluso antes de que ocurriera la Gran Explosión, sugiere un estudio citado en un artículo publicado este martes en el portal Science Alert.

Según explica este, el desplazamiento de la luz que proviene de galaxias lejanas son una evidencia de la expansión del universo, el cual necesariamente debió ser más pequeño para luego expandirse, según observaba hace nueve décadas el astrónomo belga Georges Lemaitre.


El universo reducido a un punto

Este proceso se remontaría a unos 13.800 millones de años atrás, cuando todo el espacio se encontraba limitado a un volumen extremadamente reducido, llamado singularidad. Allí "toda la materia del universo estaría amontonada", mientras que "la densidad habría sido infinita", escribió Stephen Hawking en su lección titulada 'El comienzo del tiempo'.

Uno de los modelos que explica la inexistencia de materia en el espacio vacío es el propuesto por Einstein, el cual describía la gravedad en base a su relación con la geometría inherente del material que constituye el universo. Sin embargo, de acuerdo con teoremas semejantes a los propuestos por Hawking o por el matemático y físico británico Roger Penrose, las soluciones a las ecuaciones de la relatividad general quedan incompletas en la escala infinitamente pequeña propia de la singularidad.

¿Ciencia o especulaciones?

Dicho de otra manera, la física moderna simplemente deja de funcionar al intentar explicar ese problema y se reduce a una mera mezcla de especulaciones que intentan rescatar lo poco de la ciencia que no pierde sentido.

Para resolver esta situación, Tim Koslowski, Flavio Mercati y David Sloan —los autores del mencionado trabajo, publicado en marzo Physics Letters B— presentaron un modelo diferente que reinterpreta el concepto del espacio contraído, considerando de manera separada el mapa del espacio-tiempo propiamente dicho de la materia que este contiene.

"Todos aquellos términos" de la relatividad general "que son problemáticos resultan irrelevantes al resolver el comportamiento de las cantidades que determinan cómo el universo se ve desde adentro", señaló Sloan, de la Universidad de Oxford (Reino Unido).
El Punto de Jano

Los autores del estudio conciben el Big Bang remplazando la idea de la singularidad por lo que ellos llaman el Punto de Jano, en referencia a la deidad romana de dos caras.

Según este modelo, las posiciones y escalas relativas del material que constituye el universo se aplastan hasta un 'panqueque' bidimensional a medida que rebobinamos el tiempo. Luego, al pasar ese punto de dos caras, el 'panqueque' recupera nuevamente sus tres dimensiones, aunque en sentido inverso.

Los investigadores creen que este modelo podría tener profundas implicaciones en cuanto a la simetría en la física de las partículas e incluso hace posible un universo basado esencialmente en antimateria.

"No introducimos nuevos principios ni hacemos modificaciones a la teoría de la relatividad general de Einstein", resumió Sloan, añadiendo que el estudio tan solo altera "la interpretación que se hace de los objetos".

Fuente original: https://www.sciencealert.com/mind-bending-study-suggests-time-did-actually-exist-before-the-big-bang
Fuente español: https://actualidad.rt.com/actualidad/300269-tiempo-existir-antes-big-bang-einstein

lunes, 24 de diciembre de 2018

EMBAUCADOS POR LO SOBRENATURAL

Embaucados por lo sobrenatural

José Meslier


Puede decirse que el ser humano tiene avidez por lo "maravilloso". Es algo que debería ser alimentado por el conocimiento y la inteligencia; sin embargo, se apropia de ese apetito, o necesidad, toda suerte de charlatanes y proveedores de la superstición (habitualmente, por motivos crematísticos). lo que puede proporcionarnos la ciencia es mucho más grande que cualquier cosmovisión aportada por las religiones y creencias, siendo siempre cautos con nuevas vías que conduzcan al ser humano a otras formas de reverencia y subordinación, por lo que una ética humana (y humanista) debe abarcar el campo cognitivo. desgraciadamente, la decadencia de las religiones tradicionales dio lugar a un vacío ocupado por otra vías paranormales; el escepticismo y un pensamiento crítico, en aras de un conocimiento sólido, ha dejado lugar a nuevas formas de credulidad y superstición.

A pesar de esta reflexión, sí hay que aclarar algunas cosas. es fácil invocar con palabras a la ciencia, al conocimiento "verdadero", pero algunos se cuestionarán si podemos estar seguros que no lo es aquello que otros consideran mera superstición (pseudociencia es el término que más me gusta, ya que creo que no debería herir susceptibilidades). Después de todo, hay cosas de nuestra vida cotidiana producto del desarrollo tecnológico, que las personas del pasado hubieran considerado tan improbables como, por ejemplo, una aparición sobrenatural. al respecto, hay que recordar la llamada tercera ley del gran escritor de ciencia ficción: "Cualquier tecnología lo bastante avanzada es indistinguible de la magia" (con esta aseveración, jugaba en sus historias otro excelente narrador de lo fantástico, Richard Matheson). Con ello quiero decir que un escepticismo dogmático, acusación que se utiliza como argumento para defender la pseudociencia frente a los que la cuestionan, puede ser tan pernicioso y ridículo como la mayor de las credulidades. Multitud de personas, negaron la posibilidad del progreso en el conocimiento y en la innovación, en nombre de un escepticismo que se muestra más bien como una postura obtusa y conservadora. Por lo tanto, por sí misma, la incredulidad dogmática ante lo que puede parecernos extraño o falto de explicación no es una virtud. Hay que diferenciar esa actitud de un escepticismo crítico y racional, plenamente justificado (claro está, si poseemos el conocimiento para no, simplemente, "suspender el juicio").

La respuesta para tener una actitud escéptica y crítica de peso es que tal cosa no es explicable por la ciencia. Naturalmente, ello solo vale para la ciencia que conocemos al día de hoy, por lo que el conocimiento científico nunca debería ser dogmático. Por supuesto, eso no es un argumento para legitimar lo que no es más que mera creencia metafísica, ni para creer cualquier cosa apelando a la tercera ley de Clarke. tal y como razona Richard Dawkins, de esa ley no se deduce la contraria: "cualquier afirmación mágica que pueda hacer cualquiera en cualquier momento es indistinguible de un avance tecnológico futuro". las más de las veces, las afirmaciones extraordinarias no han sido nunca legitimadas de modo alguno. Particularmente, cuando me topo con algún relato asombroso o milagroso, trato de indagar en primer lugar en la persona que lo aporta (por ejemplo, algún tipo de interés, creencia o condicionamiento que pueda tener). al respecto, hay que recordar la prueba lógica expuesta por el filósofo david Hume: "ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a menos que el testimonio sea tal que su falsedad fuera más milagrosa que el hecho que trata de establecer". Detrás de todo testimonio, incluso de aquellas personas que puedan parecer una autoridad, pueden estar diversos factores: error honesto, embuste descarado, delirio, alucinación, ilusión... Por supuesto que no hay que ser dogmáticos con la ciencia, pero si lo que hoy conocemos como tal es derrocado o superado, lo será gracias a una investigación rigurosa y un método repetitivamente efectivo.

Desgraciadamente, como ocurre también en cuestiones políticas y morales, el control de los medios por parte de diversos intereses económicos (y, ojo, la diferencia entre unos intereses u otros es simplemente su mayor o menor alcance, no su validez cognitiva), conduce a que se primen ciertas supersticiones y falsedades e influyan sobre la conciencia popular (a pesar de lo que sostienen algunos autores, sigo considerando al conocimiento como el método subversivo más eficaz). de esa manera, ese apetito por lo maravilloso que mencioné al principio del texto queda cubierto de manera cuestionable, no por las maravillas que debe aportarnos la ciencia. desgraciadamente, el combate contra la superstición no se realiza desde la educación, más bien todo lo contrario, por lo que los resultados pueden ser determinantes en los críos, los cuales son obviamente crédulos por su condición (y tienen que serlo, ya que al no tener capacidad de discernimiento deben fiarse del criterio de personas adultas, para lo bueno y tantas veces para lo malo). No hay diferencia entre la credulidad que muestra un niño acerca de un Papá Noel o la que tendrá si un adulto le asegura cualquier disparate sustentado en la fe. el niño tiene esa condición "crédula" por necesidad, siendo su principal nutriente los adultos que le rodean, ya que posteriormente deben convertirse en personas desarrolladas con capacidad para desenvolverse en una sociedad basada en el conocimiento. Ese desarrollo del niño, por supuesto, no se produce de golpe, sino gradualmente. Sin embargo, si bien la candidez confiada es buena y saludable en un niño, puede llegar a convertirse en una credulidad enfermiza y reprobable en un adulto. Sin ánimo de entrar con rigor en el terreno psicológico, es posible que la persistencia en los adultos de la credulidad esconda un deseo de recuperar las seguridades y comodidades perdidas en la niñez. Hay que recordar las palabras de otro gran escritor y divulgador científico, Isaac Asimov: "inspecciónese cada una de las muestras de la pseudociencia y se encontrará una manta de seguridad, un pulgar que chupar, una falda que agarrar".

Lo que en la infancia puede ser virtud, una credulidad necesaria para su desarrollo y la ulterior autosuficiencia, puede llegar a ser patológico en el adulto, siendo blanco fácil para toda suerte de charlatanes y pseudo-ciencia. tal y como afirma Richard Dawkins, las facultades críticas que debe tener la persona desarrollada se producen a pesar de esas inclinaciones de la niñez, no debido a ellas: "Necesitamos sustituir la credulidad automática de la niñez por el escepticismo constructivo de la ciencia adulta". Hay que aclarar que los calificativos de "ingenuo" o "crédulo" no son estrictamente aplicables a los niños. Son algunos adultos los verdaderamente crédulos, cuando creen cualquier cosa que oyen o leen, a pesar de que contradiga lo que antes han oído o leído. Sin embargo, hay otra actitud devastadora originada en la infancia que se da cuando se combina una credulidad temprana con la actitud opuesta, el tozudo mantenimiento de una creencia. Si la educación debería estar dirigida a crear personas libres y responsables, su desvirtuación controlada conduce a esa nefasta combinación entre credulidad y dogmatismo. Como decían aquellos viejos jesuitas, los cuales eran plenamente conscientes de la labor que realizaban: "dadme al niño durante sus primeros siete años, y os devolveré al hombre".

[Publicado originalmente en el periódico Tierra y Libertad # 286, Madrid, mayo 2012. Número completo accesible enhttps://www.nodo50.org/tierraylibertad/286%20mayo.pdf.]

Fuente: https://periodicoellibertario.blogspot.com/2018/12/embaucados-por-lo-sobrenatural.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+ElLibertarioAnarquismoYMovimientosSocialesAutnomos+%28El+Libertario%3A+Anarquismo+y+movimientos+sociales+aut%C3%B3nomos%29

miércoles, 19 de diciembre de 2018

CURIOSIDADES QUE TODOS DEBEMOS SABER SOBRE EL CEREBRO HUMANO


Curiosidades sobre el cerebro humano

El cerebro es un órgano no solo vital para nosotros, sino también un elemento intrincado y misterioso, complejo y fascinante del que aún nos queda mucho por descubrir. ¿Quieres saber más sobre él?

VER 20 FOTOS
María Moya y Sarah Romero

El cerebro es uno de los órganos más complejos del cuerpo humano. Forma parte del Sistema Nervioso Central (SNC), pesa poco más de un kilo y medio (representando apenas un 2% del peso corporal total) y recibe aproximadamente un 25% de la sangre total que bombea el motor de nuestro organismo, el corazón.

El cerebro está protegido por el cráneo y un líquido transparente líquido cefalorraquídeo, que evita tanto afecciones físicas como inmunológicas. De este miembro reside la capacidad de dictaminar las órdenes que regulan el cuerpo humano. Estamos hablando tanto de movimientos, sensaciones como sentimientos.

En diferentes ocasiones, se cataloga erróneamente a este órgano como un músculo. Sin embargo, no está formado por células musculares (miocitos), sino por millones de neuronas, que interconectadas mediante axones y dendritas, permiten regular todas y cada una de las funciones del cuerpo y la mente.

Su estudio se remonta a cientos de años atrás, pero siempre ha sido un órgano que suscita la curiosidad de los científicos por su enorme complejidad. El cerebro, tal y como lo conocemos hoy, es el resultado 2,5 millones de años de evolución humana, desde los primeros homínidos hasta el actual Homo Sapiens. De hecho, se considera que este empezó a aumentar notablemente de tamaño a partir del Australopitecus africanus.

Su estructura y anatomía general, es muy similar entre los diferentes mamíferos, pero el componente diferenciador entre humanos y animales es el volumen encefálico significativamente superior de las personas.

A pesar de toda la información que la neurología ha conseguido recabar en los últimos años (en especial, gracias a los avances de la tecnología), el cerebro humano sigue siendo todo un misterio. Para esté sano, fuerte y funcione adecuadamente, es preciso que lo mimemos y cuidemos cada día. Nuestros hábitos, como por ejemplo la alimentación o el ejercicio, determinan significativamente la evolución, desarrollo y salud del miembro.

El cerebro es un órgano no solo vital para nosotros, sino también un elemento intrincado, complejo y fascinante del que aún nos queda mucho por descubrir. ¿Quieres saber más sobre él? Te desvelamos algunas de sus curiosidades en la siguiente galería.


Procesa imágenes a toda velocidad

En muchísimo menos de un segundo nuestro cerebro es capaz de procesar las imágenes. Así, un estudio reciente llevado a cabo por científicos del Massachusetts Institute of Technology (MIT), ha comprobado que el cerebro humano es capaz de procesar imágenes completas en tan solo 13 milésimas de segundo.


Siempre aprendiendo

Un estudio del MIT reveló que nuestros 'circuitos' están en constante actualización para mantener la expansión de nuestro conocimiento. Así, las neuronas en la zona del cuerpo estriado del cerebro y las neuronas de la corteza prefrontal parecen sintonizarse continuamente para absorber y analizar rápidamente nueva información, esto es, para aprender.


Decisiones difíciles

¿Qué mecanismos cerebrales influyen en la toma de decisión sobre la severidad que imponemos a un castigo? Un equipo de científicos de la Universidad de Harvard (EEUU) realizó un experimento para dar respuesta a esta pregunta, descubriendo que la manipulación intencionada del lenguaje para exponer un suceso de una forma más truculenta o terrible, nos conduce a imponer un castigo más severo.


Envejecimiento prematuro

Un estudio de la Universidad de Duke (EEUU) y de la Universidad Nacional de Singapur concluyó que por cada hora que reducimos la duración del sueño, más disminuye gradualmente nuestro rendimiento cognitivo global. Dormir menos de 7 horas al día provoca una reducción en el volumen cerebral y una disminución en el desempeño cognitivo, como consecuencia de un envejecimiento más rápido del sistema nervioso. El proceso se produce de una forma lenta, gradual, pero imparable.


El interruptor de la decepción

Una investigación liderada por la Universidad de California en San Diego (EEUU) identificó la parte exacta del cerebro que controla el procesamiento de la información tanto emotiva como sensorial que provoca que nuestro estado de ánimo cambie. Así, la idea de que algunas personas ven el mundo como un vaso medio vacío tiene una base química en el cerebro.


Procesando el miedo

¿Cómo procesa el miedo el cerebro? Un novedoso estudio llevado a cabo por científicos del Centro de Salud Mental de la Universidad de Texas en Dallas (EEUU) mostraba la reacción emocional que el miedo provoca en las personas, ya sea positiva o negativa, siendo la primera vez que un trabajo de investigación identificaba un marcador electrofisiológico del miedo en el cerebro. Así, descubrieron que el cerebro da prioridad a la información amenazante sobre otros procesos cognitivos y que el miedo provoca un aumento precoz de actividad de ondas theta del lóbulo occipital, el área del cerebro donde se procesa la información visual), seguido de un aumento posterior de actividad theta en el lóbulo frontal (donde se producen las funciones mentales superiores tales como la toma de decisiones y la planificación) y de un aumento en las ondas beta relacionadas con el comportamiento motor.


La risa relaja el cerebro

Un reciente estudio de la escuela de medicina de la Universidad de Loma Linda en California (EEUU) afirma que la risa provoca unas ondas cerebrales similares a las que tenemos cuando hacemos meditación. Por tanto, el humor involucra una experiencia total en el cerebro similar a la meditación haciéndonos capaces de pensar con mayor claridad, tener pensamientos más positivos y conciliadores y ser capaces de tomar decisiones clave en nuestra vida de una forma más serena.


Sintonizado para el lenguaje

Investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) revelaron que el sonido que emana de nuestros labios deja un rastro acústico que el cerebro es capaz de interpretar. Así, el área de Wernicke del cerebro es la zona donde se interpretan los sonidos del lenguaje pero, hasta ahora, no se había revelado específicamente cómo interpretaba el cerebro el discurso. Los investigadores descubrieron que el cerebro tiene una organización sistemática para las unidades de función de sonido básico, como los elementos de la tabla periódica; de esta manera es capaz de extraer diferentes sonidos de las vibraciones acústicas y realizar una representación de todas y cada una de ellas.


Recuerdos traicioneros

Según un estudio publicado la Universidad Northwestern Bridge (EEUU) nuestro cerebro nos engaña y no es por otro motivo que por el complejo funcionamiento de nuestra memoria. Así, el hipocampo del cerebro trabaja como un sistema de edición de contenidos, en este caso con recuerdos tanto recientes como pasados, que opera constantemente, sin pausa, retocando o editando cada escena de nuestra vida.


Interruptor quemagrasas

Según un estudio de la universidad australiana de Monash (2018), el cerebro posee una especie de interruptor molecular capaz de regular la quema de las grasas. Los investigadores afirman que el hecho de poder controlar este interruptor, podría desembocar en terapias alternativas para la obesidad y otros problemas metabólicos como la diabetes de tipo 2.


Bostezar, todo un misterio

Aunque parezca un gesto muy simple y común, lo cierto es que aún no se ha encontrado una explicación empírica para explicar por qué bostezamos. Por el momento, la teoría más aceptada por la comunidad científica es la de que mediante el bostezo, refrescamos el cerebro y aumentamos la velocidad de respuesta.

Un estudio de la Universidad Estatal de Nueva York descubrió en 2016 que la duración del bostezo está directamente relacionada con el tamaño y la complejidad de la estructura cerebral. Para ello, se analizó el bostezo de 29 especies de animales diferentes, así como el de los humanos.


La hormona del amor

La oxitocina es una hormona, producida en el hipotálamo y secretada por la glándula pituitaria posterior, que controla nuestros sentimientos y emociones. Este compuesto emanado del cerebro es el responsable de nuestras conductas prosociales como la empatía, la amistad, el amor e incluso el placer durante el orgasmo.

Se ha descubierto que la oxitocina incrementa nuestra atención hacia la información social y emocional de nuestro ambiente. Con ello, nos guía hacia determinados estímulos para procesarlos como significativos y poder recordarlos, interpretarlos y procesarlos.

De forma más reciente, otro estudio, llevado a cabo por un equipo de científicos de la Universidad de Birmingham (Inglaterra), ha descubierto que la oxitocina tiene un efecto en nosotros similar al que nos produce beber alcohol, ya que esta actúa como un desinhibidor.


Consume una gran cantidad de energía

El cerebro consume 10 veces más energía de lo que debería teniendo en cuenta su tamaño. Según un estudio de la Universidad de Washington, el 60-80% de energía que consume el cerebro se destina a mantener la conexión entre las distintas neuronas, mientras que el resto de energía se dedica a responder a las demandas del medio.


No siente dolor

A pesar de que es el órgano encargado de detectar este estímulo en el resto del cuerpo, el cerebro es inmune a sentir dolor. Esto se debe a la carencia de nociceptores, o también llamados, receptores del dolor.

Ante esta idea, queda descartada la relación entre dolor de cabeza con el cerebro, pues lo que en realidad nos duele es el tejido que lo rodea, así como los vasos sanguíneos circundantes al sufrir una dilatación.


Hemisferios

El cerebro está constituido por dos mitades, denominadas hemisferio izquierdo y hemisferio derecho. Cada una de estas zonas está relacionada con la actividad y desarrollo de una serie de funciones diferentes. Así, la zona izquierda, la dominante, se vincula con el lenguaje, el razonamiento lógico, etc. El hemisferio derecho, por su parte, está relacionado con la imaginación y la creatividad. A pesar de sus diferencias, se encuentran constantemente conectados y coordinados a través del Cuerpo Calloso.


Diferencias entre sexos

La Universidad Erasmo de Róterdam (Países Bajos) ha determinado en su último estudio que existen diferencias claras en el cerebro humano dependiendo del sexo de la persona.

Los resultados han destacado que el cerebro de los hombres es de mayor tamaño que el de las mujeres(aproximadamente un 14% más). Sin embargo, se ha demostrado que el cerebro femenino está mejor organizado y procesa la información de manera más eficiente que el de su opuesto.
Mapa de palabras

Los significados de las palabras toman forma en nuestro cerebro. Así lo demostraron unos científicos estadounidenses a través de un mapa que ubica dónde se representan las palabras conforme las vamos oyendo.

Los investigadores han descubierto que los datos se agrupan en sectores muy concretos y diferentes del cerebro. Dicha distribución está bastante extendida, concretamente por más de 100 regiones distintas del cerebro, a través de los dos hemisferios de la corteza cerebral.


El falso mito del 10%

Esta falsedad, presuntamente científica, se resiste a morir. Según los neurólogos, utilizamos casi el 100 % del cerebro en todo momento, pero muchas personas siguen pensando que no empleamos más de una décima parte. Como si el resto estuviera permanentemente apagado, cuando las imágenes por resonancia magnética y las tomografías computarizadas llevan décadas demostrándonos justo lo contrario. El cerebro permanece ocupado incluso cuando no hacemos nada. De hecho, hasta controla funciones inconscientes como la respiración y el latir del corazón. Las tecnologías de imagen nos han enseñado que su actividad es intensa, hasta en lo más profundo del sueño, en el que se implican gran número de zonas cerebrales.




Con forma de almendra

La amígdala está situada en el centro del cerebro y es una zona procesadora de los sentidos. Está conectada al hipocampo y tiene una función en los recuerdos con carga emocional. Su estructura, se asemeja a la de una almendra. Como dato, cabe destacar que precisamente este alimento posee múltiples propiedades beneficiosas para el cerebro, pues le ayuda a tener una mejor actividad y reduce a su vez el riesgo de padecer enfermedades degenerativas como el alzhéimer.


Produce electricidad

El cerebro humano produce electricidad continuamente. De hecho, el cerebro produce suficiente electricidad como para encender una lámpara pequeña. Esto se debe a que las neuronas envían señales entre ellas produciendo una enorme cantidad de actividad eléctrica en el cerebro. Esta forma un patrón de ondas cerebrales que varían dependiendo del tipo de actividad que se realice.

Fuente: https://www.muyinteresante.es/ciencia/fotos/curiosidades-sobre-el-cerebro-humano/cerebro-imagenes

martes, 18 de diciembre de 2018

ELEMENTOS PARA UNA FORMACIÓN ANTI-CAPITALISTA, PERSPECTIVA ECO-SOCIALISTA


Elementos para una formación política anticapitalista. Una perspectiva ecosocialista

Renán Vega Cantor

Me parece que es necesario actualizar un programa de formación política anticapitalista, acorde con las necesidades de hoy. Al respecto propongo cuatro grandes asuntos, en su orden: una formación política clásica; aspectos fundamentales de una crítica ecosocialista; una visión crítica de la tecnología (o mejor aún, de la tecnociencia); y, una formación crítica en medios de comunicación e información.Estos cuatro grandes temas se constituyen en ejes medulares de una renovada crítica al capitalismo, que supone que los sujetos interesados en enfrentarlo deberían tener en cuenta, porque allí están involucradas las grandes cuestiones y retos a que nos enfrentamos por la expansión mundial del capital hasta el último rincón del planeta.

Se trata de abrir una ventana de reflexión, que nos permita pensar en un amplio espectro de formación política, que incorpore los problemas acuciantes de nuestro tiempo, y vaya más allá de lo que tradicionalmente se entiende por formación política, la cual se suele reducir, en el mejor de los casos, a lo que aquí se considera en el primer punto.Pensamos que ahora, como en tiempos de los grandes revolucionarios anticapitalistas –desde mediados del siglo XIX–, la reflexión crítica es un soporte de una acción transformadora y eso requiere una necesaria actualización del análisis, que vaya más allá de los elementos que tradicionalmente han formado parte del acervo formativo de las izquierdas. Un pensamiento emancipador en nuestro tiempo exige entender, para enfrentar y proponer soluciones que reafirmen la justeza del anticapitalismo - para mencionar un hecho apremiante -, las implicaciones del calentamiento global en marcha, y cómo ello se constituye en un telón de fondo de cualquier proyecto de sociedad que supere al capitalismo.

Lo mismo puede decirse de la tecnología, sobre la cual las diversas izquierdas tienen una visión apologética, que no se distingue de ninguna forma de la racionalidad capitalista dominante en ese terreno. Eso explica que los militantes políticos crean, en sentido general, en la pretendida neutralidad de las fuerzas productivas, y no hayan entendido la misma noción de fuerzas productivas-destructivas, acuñada por Carlos Marx a mediados de la década de 1840. 

Primero: La formación política clásica 

En este caso me refiero a la formación encaminada a estudiar y desentrañar las raíces de la explotación, la injusticia, la desigualdad y la explotación que caracterizan a la sociedad capitalista. Para ello debería hacerse una aproximación múltiple que incorpore al análisis marxista, junto con elementos del pensamiento anarquista y otras corrientes críticas anticapitalistas, forjadas en diversos lugares del mundo y en distintas épocas. Al respecto, debería incorporarse entre otros, estos aspectos: elementos de la crítica de la economía política (que apunten a delinear las características del capitalismo e imperialismo), aspectos centrales de la concepción materialista de la historia, historia de las luchas sociales y políticas de Colombia y América latina (con especial énfasis en la trayectoria de los trabajadores urbanos y rurales). Incluir asimismo una perspectiva crítica sobre los proyectos de construcción socialista y las razones que explican su fracaso (empezando por el caso de la Unión Soviética, pero incluyendo también a China y otras experiencias). Debe enfatizarse la importancia del análisis feminista para incorporar las complejas relaciones entre sexo-género y clase, y la crítica al patriarcado, como complemento necesario a la crítica a la dominación de clase.

Es imprescindible comprender las características que hacen que el capitalismo sea un sistema explotador, pero, además, que deshumaniza, aliena y destruye a una gran porción de los seres humanos. En este sentido, una formación política debe recobrar un vigoroso y sustentado anticapitalismo, enraizado, por supuesto, en las luchas prácticas que llevan a cabo las clases subalternas en diversos lugares del mundo, de América Latina y de Colombia. En este ámbito debería tenerse en cuenta, pese a que se afirme lo contrario, que el capitalismo está llegando a un momento de agotamiento, como producto de un sinnúmero de contradicciones internas, que finalmente son resultado de su espíritu autodestructivo, con lo cual conduce a la humanidad a un colapso catastrófico. Si eso es así, nos debemos contentar con ser observadores mudos y pasivos de la huida hacia el abismo, o, como lo sugería con lucidez, el marxista Walter Benjamin, deberíamos accionar los frenos de emergencia para evitar que el capitalismo nos lleve más rápidamente hacia el hundimiento.

Sobre este tópico, un autor alemán, Wolfagang Streeck, recientemente publicó un libro con el llamativo título: ¿Cómo terminará el capitalismo? Ensayos sobre un sistema en decadencia. Este autor afirma en forma tajante:

El hecho de que el capitalismo haya logrado sobrevivir hasta ahora a todas las predicciones de su muerte inminente no tiene por qué significar, que siempre será capaz de hacerlo; no hay ninguna prueba inductiva al respecto y no podemos descartar la posibilidad de que la próxima vez la caballería que el capitalismo pueda requerir para su rescate no aparezca a tiempo. [1]

Aunque el autor citado considere que el capitalismo está en vías de desaparición, cree que esto es resultado de fuerzas internas y endógenas, que no necesitan de ningún sepulturero (como lo señalaba Karl Marx en el Manifiesto comunista , hablando de los trabajadores), sino que será un fenómeno sin sujeto y sin reemplazo a la vista. Para nosotros, esta afirmación es fatalista, porque nos quita la posibilidad de pensar en otra realidad postcapitalista, en la que múltiples sujetos impidan con su accionar concreto que el capitalismo nos destruya a todos. Justamente, en esa dirección debería apuntar una nueva formación política: a romper con ese prejuicio que se ha convertido en una pretendida verdad indiscutible de que, como lo ha dicho Frederick Jameson, ahora se supone que es más factible el fin del mundo que el fin del capitalismo.

En este terreno resulta necesaria una mirada global y sintética al mismo tiempo que rompa con dogmatismos y sectarismos e incluya un acercamiento entre la tradición marxista y otros pensamientos emancipatorios, superando el eurocentrismo y el colonialismo, pero eso sí evitando caer en el culto a modas teóricas de ocasión, que en muchos casos son de corta duración y no contribuyen al esclarecimiento de la lógica destructiva del capital.

Segundo: Fundamentación de una crítica ecológica del capitalismo

Es imprescindible una formación política que incluya la consideración de los problemas ambientales del mundo de hoy, y las razones que explican por qué el capitalismo destruye los ecosistemas y las condiciones naturales de producción. En esta perspectiva, una educación política hoy debería encaminarse a romper con la ilusión de que es posible un crecimiento económico ilimitado en un planeta finito. Debe enfatizarse que un proyecto anticapitalista no puede repetir las equivocaciones de copiar la lógica del funcionamiento capitalista, como si eso fuera posible y sostenible a largo plazo, como hicieron las experiencias revolucionarias en el siglo XX. Es necesario romper con la falsa interpretación, entre muchas izquierdas “progresistas”, de que la ecología es un lujo de los ricos y no tiene que ver con la explotación y la desigualdad. Por ello, se requiere de una alfabetización ambiental para afrontar el ecocidio planetario en marcha y sus manifestaciones particulares en Colombia y América Latina.

Grandes problemas que afectan en la actualidad a una gran parte de los seres humanos y a otras formas de vida son producidos por la lógica intrínseca del capitalismo, que se basa en la idea de que es posible producir en forma ilimitada, con el fin de obtener ganancias, que se transforman en dinero y que dicho proceso puede renovarse en forma indefinida. El problema con este tipo de apreciación es que choca con los hechos más elementales, aunque eso no se suela ver por parte de la mayor parte de las izquierdas: sí, cada día se produce una gran cantidad de mercancías, gran parte de ellas innecesarias y nocivas, pero eso viene acompañado al mismo tiempo de la destrucción de los ecosistemas, la aniquilación de la biodiversidad, la extinción de especies animales y vegetales, la contaminación de mares, tierras y el aire, el calentamiento global…., problemas de dimensión mundial que cada día se tornan más apremiantes y críticos.

Para sopesar la verdadera dimensión de ese carácter destructivo del capitalismo, el pensamiento ecologista nos proporciona un concepto de indudable importancia, el de límites. Dicho concepto tiene múltiples implicaciones –y alrededor del mismo debería emprenderse un proyecto de educación ecosocialista teórica y práctica–, como lo indica el australiano Ted Trainer:

El núcleo de la cuestión en el asunto de los límites es que estamos entrando en una era de intensa e irremediable escasez, que invalidan las nociones de emancipación basadas en sistemas mundializados o centralizados, industrializados y técnicamente sofisticados, economías del crecimiento o estilos de vida opulentos. [2]

Una nueva formación política anticapitalista debería educar en la idea de los límites, porque justamente el capitalismo se sustenta en el terrible equivoco, que se ha convertido en un lugar común como si fuera cierto, de que nada puede impedir el crecimiento perpetuo de la acumulación de capital, y que si existiesen problemas coyunturales estos pueden ser superados por los desarrollos científicos y tecnológicos. Un pensamiento de los límites es modesto, consciente de nuestra finitud y fragilidad como especie, no aspira a viajar a Marte, ni a disparates por el estilo.

Ahora bien, una formación política anticapitalista de tipo ecologista requiere superar dos impases o malentendidos: el que niega la importancia de los problemas ecológicos – dominante en unas izquierdas que le rinden culto al productivismo y al crecimiento, como hoy lo ejemplifican los cultores del modelo chino– y el de los ecologistas convencionales que niegan la existencia del capitalismo, como realidad esencial que destruye a la naturaleza. Esta disociación, aparentemente irreconciliable, debe ser superada en un nuevo proyecto anticapitalista, que exige un mutuo aprendizaje y reconocimiento, que lleve a entender que una lucha política tiene que estar acompañada de una sensibilidad ecológica. Como lo ha dicho con claridad el pensador ecosocialista Jorge Riechtmann: 

La mayor parte del (muy minoritario) movimiento ecologista/ambientalista no es anticapitalista. La mayor parte del (muy minoritario) movimiento anticapitalista no es ecologista. A unos les falta comprensión de lo que es la acumulación de capital, y cómo condiciona casi todo. A otros les falta comprensión de lo que es el cenit del petróleo, el calentamiento climático y la Sexta Gran Extinción, y cómo condicionan casi todo. En la intersección de esas dos pequeñas minorías tenemos un minúsculo grupo de ecologistas anticapitalistas (que deberían ser también feministas y animalistas) con una comprensión más o menos adecuada de dónde estamos en realidad, de en qué mundo vivimos de verdad. Los llamamos, para abreviar, ecosocialistas. Somos cuatro gatos. [3]

Un tema que debería estar en todas las agendas anticapitalistas de nuestro tiempo –porque así no se proponga conscientemente va a determinar, gústenos o no, el presente y el futuro inmediato– es el del trastorno climático global, cuya principal manifestación es el aumento de la temperatura promedio del planeta tierra. Este es un tema urgente y obligatorio, que debe ser estudiado y comprendido –aunque sobre el mismo no exista el más mínimo atisbo de conciencia que la situación exige– por el impacto que tiene y tendrá en el futuro inmediato.

Desde este punto de vista, el clima es un asunto político, puesto que incide de forma directa e inmediata en la vida cotidiana de todos nosotros, como se ve a diario, con las inundaciones, las sequias, los huracanes cada vez más destructivos, el frío extremo, el calor asfixiante… No podemos pensar que esos sean fenómenos naturales, al margen de la realidad capitalista, con su lógica de producción incesante de mercancías y búsqueda insaciable de ganancias. Es lógico hablar de capitaloceno , porque esa denominación recalca que el capitalismo tiene un sello, casi de tipo geológico, que deja una huella destructiva por doquier.

Tercero: Una visión crítica de la tecnología

Es necesario incluir una formación política que apunte a develar el papel que cumplen las “nuevas tecnologías” como soporte de nuevas formas de explotación, dominación y alienación y base esencial del capitalismo. En una perspectiva dialéctica debería mostrarse ese carácter destructivo, pero también lo que se pudiera rescatar en un horizonte emancipador. Se trata de no dejar este campo en manos de los tecnócratas ni tampoco aceptar el culto acrítico de las tecnologías informáticas por el solo hecho de que son usadas en forma permanente y cotidiana (como internet, Facebook, celular…) por todos nosotros, sin ningún tipo de reserva crítica (ni teórica ni mucho menos práctica) que nos permita romper con la subordinación a la tecnología, a partir del discutible supuesto que esta es neutral. Justamente, uno de los puntos fuertes de una apuesta de un tipo distinto de formación es romper con el prejuicio, profundamente negativo y desmovilizador, de la pretendida neutralidad de la tecnología.

Una alfabetización crítica y política en materia de tecnología es necesaria, si tenemos en cuenta la tecnolatria dominante en nuestros días, que se expresa en el fetichismo hacia ciertos objetos, empezando por el infaltable teléfono celular, como si fueran en sí mismos y por sí mismos instrumentos de emancipación. Uno esperaría que, al respecto, la gente que se denomina de izquierda tuviera un acercamiento de otra índole con relación a esas tecnologías, y que fuera más allá de la concepción dominante de que estas son la expresión máxima de progreso humano y que son neutras. Habría que indagar, por ejemplo, sobre los efectos negativos de las tecnologías, en concordancia con la lógica capitalista, que busca maximizar ganancias, ahorrar costos y aumentar la explotación humana. Asimismo, habría que considerar el gasto energético y de materiales que genera la producción y consumo de un determinado artefacto tecnológico, en momentos en que hemos entrado en el pico del petróleo y de todas las fuentes materiales y energéticas fundamentales para el funcionamiento de la sociedad capitalista, que anuncia una irreversible escasez de petróleo, carbón, minerales, agua…. A partir de esa situación, es bueno preguntarse sobre su costo ambiental, humano y social de las tecnologías y si ello justifica su existencia.

Esto, desde luego, no supone renunciar a la técnica –algo imposible, puesto que este es un componente distintivo de los seres humanos– sino entender que la tecnología funcional al capitalismo es energéticamente despilfarradora, derrocha materiales a granel, genera nuevas formas de alienación y sojuzgamiento, destruye los vínculos sociales, aumenta el desempleo y la explotación… Por ello,

Debería quedar claro que criticamos no el concepto de tecnología en sí mismo […] sino la suicida dependencia de determinadas tecnologías en las que nos hemos embarcado ciegamente en este apenas siglo y medio de auge industrial. Así, defendemos otras tecnologías posibles, de hecho, ya existentes y contrastadas por su uso histórico: tecnologías democráticas, sencillas, eficientes, de bajo costo material y energético, fáciles de entender y hacer nuestras […] y cuyo uso no nos expone a riesgos relevantes en caso de colapso económico. [4]

Una visión crítica de la tecnología debe apuntar a mirar con circunspección y distancia cualquier invento e innovación tecnológica, y dudar de los cantos de cisnes que entonan alabanzas a cualquier artefacto, invento o área del conocimiento dominada por los intereses de la tecnociencia. En concreto, preguntarse siempre, por ejemplo: ¿para qué sirve un robot? ¿Cuánto desempleo genera la introducción de robots en una determinada rama de la actividad económica? ¿Cuánta energía y bienes materiales necesita un robot para funcionar? ¿Qué tan útil y necesaria es una aplicación informática que nos dice que está lloviendo o está haciendo sol, si eso lo podemos constatar en forma elemental? ¿Quién o quiénes se benefician y perjudican con un nuevo artefacto técnico?

Y esta es una cuestión esencialmente política y no técnica, dado que en el capitalismo actual la tecnología se ha convertido en una fuerza productiva-destructiva, fundamental para su funcionamiento, es decir, para generar ganancia, acumular capital, explotar trabajadores, alienar consumidores y destruir los ecosistemas.

Se hace necesaria una alfabetización política sobre el sentido, alcances y consecuencias de las innovaciones tecnológicas, puesto que estas son un motor esencial del poder del capital, del establecimiento de sofisticados mecanismos de alienación y explotación y, además, porque se convierten en poderosos instrumentos de desmovilización política, de conservadurismo social y de tecnofacismo.

Cuarto: Una formación política crítica en medios de comunicación e información

Se pretende proporcionar elementos de análisis para acercarse a la comprensión de la forma como funciona el modelo de propaganda construido por el capitalismo y el imperialismo, tanto para conocer uno de los engranajes ideológicos, económicos y culturales centrales de la dominación capitalista, como para buscar vías alternas por parte de los movimientos anti sistémicos. Así como Lenin, por ejemplo, fue un teórico del periodismo revolucionario, cuando la escritura era una forma privilegiada de comunicación para concientizar obreros y campesinos, hoy sabemos que la escritura tiene un alcance reducido y limitado, por el peso apabullante de la imagen visual. En esa dirección, habría que proporcionar elementos que permitan combatir la desinformación y encausar formas de comunicación alternativas para los sectores populares, en las que estos mismos sean sujetos protagónicos.

En este tema es prioritario emprender análisis que ayuden en diversos frentes: el de la información y la desinformación propiamente dicha; el de la creación de instrumentos alternativos de información y comunicación; el de potenciar medios de toda índole (impresos, virtuales, visuales, radiales…) que apunten a formar otro tipo de opinión, que rompa con el dominio casi absoluto que hoy tienen los medios de comunicación convencionales, de tipo comercial, y que ideológica, cultural, social y económicamente responden a los intereses del capitalismo.

Una alfabetización política en el frente de la información es crucial porque ahí el triunfo cultural del capitalismo es indiscutible, y es por ese medio que se ha creado el prejuicio de que no existen alternativas, que el capitalismo es eterno, que forma parte de la naturaleza humana, y tonterías por el estilo que forman parte del sentido común de buena parte de la humanidad. Como lo dice Pascual Serrano:

Si no desarrollamos un espíritu crítico y un sentido de búsqueda de la información alternativa a las vías formalmente establecidas, estamos condenados a la desinformación, a la incapacidad para comprender nuestro mundo y, por tanto, incapacitados, para actuar en libertad. [5]

Aunque no se trata de renunciar a la utilización de las nuevas formas de comunicación de tipo virtual (internet, redes sociales…), es recomendable combinar su uso con el empleo de los medios convencionales, como prensa escrita, libros, conversaciones en directo, porque la política virtual es la negación de la política, como se demuestra a diario con la ruptura que ha significado para las diversas izquierdas el apostarle a formas de comunicación virtuales como forma de sustituir el trabajo político cara a cara, que paradójicamente queda en manos de la derecha más reaccionaria, como lo hacen, por ejemplo, los pastores evangélicos y cristianos.

Una alfabetización política en materia de información y comunicación debe situar la explosión actual de información en su justa dimensión, como una forma paradójica de desinformación generalizada e intoxicación masiva y debe proporcionar herramientas e instrumentos que permitan discernir lo que es importante y lo que no lo es, lo que es verídico y lo que es mentira, lo que sirve para reforzar la dominación y lo que podría utilizarse para combatirla.

Esa alfabetización está relacionada con un aspecto esencial de la lucha y el quehacer político: el manejo del tiempo, puesto que es bueno recordar que, como decía Oscar Wilde, la lucha por el socialismo necesita de muchas tardes libres. El tiempo es algo que se nos expropia y mercantiliza todos los días y a cada hora: no tenemos tiempo para nada importante en la vida, pero sí para banalidades, como estar consultando el celular cada dos minutos o enviar estúpidos mensajes por whatsap , en forma delirante; no tenemos tiempo para nuestros hijos y amigos, pero sí para estar al tanto de los chismes de la farándula o del fútbol; no tenemos tiempo ni para leer ni escribir, pero sí para estar al día en el último grito de la moda en materia de una nueva aplicación para el celular… En fin, el tiempo es un asunto crucial en el frenético mundo actual y por tal razón debe ser también un aspecto central en un programa de formación política, que apunte a la cuestión de cómo recuperar el tiempo para las cosas importantes de la vida, y una muy significativa es la acción política.

En conclusión, una formación política anticapitalista en estos momentos requiere de una educación temporal, que nos ayude a orientarnos en medio del despojo generalizado que sufrimos de nuestro propio yo, expropiación en la que participamos activamente porque le hemos dejado al capital que nos administre hasta los elementos más recónditos y privados de nuestra existencia y hasta el último minuto de nuestro tiempo, como lo hace a través del celular y sus diversas variantes. ¿Y si eso no es político, entonces cómo se puede catalogar?
______________
Notas

[1] Wolfgang Streeck, ¿Cómo terminará el capitalismo? Ensayos sobre un sistema en decadencia, Editorial Traficantes de Sueños, Madrid, 2017, p. 18.

[2] Citado en Manuel Casal Lodeiro, La izquierda ante el colapso de la civilización industrial. Apuntes para un debate urgente, Editorial La Oveja Roja, Madrid, 2016, p. 43.

[3] Jorge Rietchmann, Un poquito de física, un poquito de matemáticas, un poquito de economía política, Rebelión, mayo 6 de 2015.

[4] M. Casal Lodeiro, op. cit. , pp. 64-65.

[5] Pascual Serrano, Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, Editorial Península, Barcelona, 2009, p. 594.

Publicado en papel en Revista CEPA, No. 26, Bogotá, primer semestre de 2018.

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | JCPenney Coupons