La gran ventaja es que la humanidad conoce la solución: debemos dejar jugar más libremente a los niños en los parques y en los barrios, debemos prohibir la escuela en casa a la que recurren los padres muy ansiosos y es urgente favorecer los estilos de autoridad democráticos en las familias
Julián de Zubiría Samper
Julián de Zubiría Samper
Elespectador.com
Bill Gates pronostica un enorme riesgo para la socialización y las competencias socioafectivas de los niños y adolescentes si no regulamos adecuadamente la inteligencia artificial. En esta columna analizamos sus preocupaciones, argumentos y derivadas.
Bill Gates ha publicado un profundo y reflexivo ensayo sobre la inteligencia artificial (IA). Es un tema que domina ampliamente. Como cofundador de Microsoft, su contribución para lograr que los computadores personales se convirtieran en herramientas de uso cotidiano para infinidad de oficios y tareas fue trascendental. Su reciente ensayo tiene la virtud de destacar tanto los aportes de la IA como los graves riesgos a los que estamos expuestos con ella. Lo tituló “La turbulenta era de la IA ya está aquí. Las decisiones que tomemos ahora son cruciales”.
La tesis que defiende Gates es muy elocuente: la transición a la era de la IA será uno de los periodos más turbulentos de la historia de la humanidad. Si el mundo toma las medidas correctas, la inteligencia artificial actuará como una fuerza positiva y todos saldremos beneficiados. La IA podría llegar a ser el mayor igualador jamás inventado o bien la peor fuente de injusticia. De las medidas que tomemos ahora dependerá cuál de las dos rutas tomemos.
Además del riesgo en la pérdida de empleos, Gates pronostica un grave riesgo para las interacciones humanas en el caso de las niñas, los niños y los adolescentes. En esta columna nos dedicaremos a analizar el riesgo para los menores de edad.
La revista JAMA de Pediatría quiso estimar la población entre 12 y 21 años en EE. UU. que le pide consejos a la IA sobre su salud mental. Llega a tres conclusiones muy relevantes:
- Uno de cada cinco jóvenes recurre a chatbots para pedir consejos sobre su salud mental. Esto quiere decir que es una cifra muy similar a la que recurre a psicólogos profesionales. Estamos hablando de unos 16 millones de jóvenes estadounidenses recibiendo orientación sobre su salud mental. De ellos, ¡8 millones están siendo asesorados por máquinas que simulan tener emociones!
- El 92 % de los consejos brindados por chatbots fueron considerados como útiles o bastante útiles por los usuarios. Casi la totalidad de quienes lo utilizaron no informaron a nadie más sobre el uso que estaban haciendo de su comunicación con máquinas. Las convirtieron en sus confidentes.
- Si tenemos en cuenta que, en 2023, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) encontraron que uno de cada cinco estudiantes de secundaria consideró intentar suicidarse y que uno de cada diez informó haberlo intentado, las tres conclusiones anteriores son especialmente preocupantes.
Investigaciones realizadas en MIT llegan a otra conclusión igual de preocupante: en general, un mayor uso diario de chatbots se correlaciona con mayor soledad, dependencia emocional y menor socialización. Quienes más los usan son las personas que tienen mayor dificultad para relacionarse con otros.
Gates señala que cuando era adolescente tenía gran dificultad para interactuar con sus compañeros y que solo con mucho esfuerzo y apoyo de su madre logró relacionarse con diferentes tipos de personas. En el ensayo se pregunta si hubiera realizado el mismo esfuerzo de haber tenido un compañero de IA en aquel entonces. La respuesta claramente es negativa. El argumento es muy claro: la IA permite una comunicación en la que el joven siente que recibe los beneficios de la interacción social, pero sin enfrentar los retos y desarrollar las habilidades que exige la comunicación con otras personas. Se mantiene cómodo, sin salir de su zona de confort. Está disponible a toda hora, es sutilmente persuasiva y melosamente aduladora. Dicho de otra manera, quienes más van a sufrir son los niños y jóvenes con mayor dificultad al interactuar con sus compañeros.
Si tenemos presente que, por primera vez en la historia, estamos viendo a una juventud con elevados niveles de ansiedad, depresión, soledad, fragilidad y permanente riesgo emocional, podemos concluir en darle la razón a Gates al pensar que la inteligencia artificial podría frenar el desarrollo de nuestros hijos. Lo grave es que la principal conclusión de un estudio longitudinal de Harvard es que la variable más asociada con la felicidad es la calidad de los vínculos que construimos a lo largo de la vida. Dicho de otra manera: si no actuamos pronto, la IA podría elevar el nivel de infelicidad de niños y adolescentes.
Tiene razón Yuval Harari cuando afirma que estamos ante “el mayor experimento psicológico-social de la historia (…). Este tipo de relaciones entre humanos e IA puede acabar en una pesadilla, a base de reforzar las tendencias narcisistas de los hombres. Por eso —concluye— debemos prohibir a las compañías que gestionan estos robots que actúen con niños. La IA podría ser una gran psicópata manipuladora”.
Con las redes ya aprendimos que al interactuar por medio de pantallas tendemos a deteriorar la calidad de la conversación entre los seres humanos y, de este modo, se eleva la polarización y se debilita la democracia. También sabemos que aumentó la adicción y se deterioraron la comprensión lectora y la atención entre los jóvenes, además de que se generalizaron sus crisis emocionales. Todo eso tuvo una causa común: las redes no fueron reguladas y la humanidad terminó privilegiando el interés económico de las plataformas y sacrificando el bienestar emocional de los menores. Sería especialmente triste concluir que con la inteligencia artificial volveremos a ponernos del lado del interés empresarial y en contra de los menores.
La gran ventaja es que la humanidad conoce la solución: debemos dejar jugar más libremente a los niños en los parques y en los barrios, debemos prohibir la escuela en casa a la que recurren los padres muy ansiosos y es urgente favorecer los estilos de autoridad democráticos en las familias. El juego libre forma niños con mayor capacidad para resolver problemas, la escuela sigue siendo el mejor medio para promover la socialización de niños y adolescentes y las familias democráticas son el mejor invento creado por la humanidad para consolidar la autonomía de los menores. Debemos crear todas las condiciones para que los niños se puedan volver a mirar cara a cara sin que un adulto les diga qué deben hacer. Para lograrlo, es muy pertinente retomar las palabras del papa León XIV: “Necesitamos urgentemente desarmar y regular la inteligencia artificial. Sería la principal manera para proteger la libertad, la dignidad humana y el beneficio común”.
27 de octubre de 2026 - 12:00 a. m.
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* Director del Instituto Alberto Merani (@juliandezubiria).
Julián de Zubiría Samper
Por Julián de Zubiría Samper
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