domingo, 5 de julio de 2026

ENTRE LA DESCONEXIÓN NECESARIA Y LA PLANIFICACIÓN CONSCIENTE

El descanso docente 
El docente que se va a su hora, que no responde correos nocturnos o que protege sus fines de semana suele sentirse obligado a justificarse

Imagen RPNEcon nano banana 2

Por Pilar Ponce Grado en Psicología – Especialidad en Intervención Social y Comunitaria
REVISTA INNOVACIÓN EDUCATIVA Nº 18/2026

Ser docente hoy implica creatividad constante, atención sostenida y compromiso continuo en una sociedad que cambia a gran velocidad. Pero cuando el trabajo no termina al sonar el timbre y la desconexión se convierte en algo sospechoso, el descanso deja de ser un derecho y empieza a parecer un privilegio. 

Ser docente en la actualidad es una tarea exigente en una sociedad en transformación permanente. Cada cambio genera nuevas situaciones que el profesorado debe afrontar. Su trabajo es un ejercicio constante de creatividad, atención y compromiso. Las responsabilidades son amplias: transmitir conocimientos, adaptar intervenciones, corregir tareas, orientar al alumnado, sostener dinámicas emocionales complejas. Pero ¿son las horas lectivas suficientes para todo ello? ¿El verdadero desafío es cumplir con las tareas o hacerlo dentro del tiempo laboral? La falta de descanso y desconexión repercute directamente en la salud mental del profesorado y, en consecuencia, en la calidad de la enseñanza. El descanso docente no puede entenderse únicamente como una cuestión individual de gestión del tiempo. Es necesario combinar planificación consciente con recursos y respaldo institucional. Sin embargo, existe una trampa frecuente: pensar que el problema se resuelve únicamente con mejores hábitos personales. La realidad es más incómoda. El descanso no falla porque los docentes no sepan desconectar, sino porque el propio sistema convierte la desconexión en algo difícil, sospechoso e incluso moralmente cuestionable. 

Cuanto mayor es el compromiso, mayor es el riesgo de invadir el propio tiempo de descanso

¿Es el descanso un privilegio? En términos legales, el descanso es un derecho. Informes recientes de la Organización Internacional del Trabajo advierten sobre los efectos negativos de las jornadas prolongadas y la falta de pausas reales. Lejos de reducir la productividad, proteger el descanso la mejora. Sin embargo, en el ámbito educativo persiste una contradicción cultural: aunque el descanso está reconocido formalmente, se vive como un privilegio. El docente que se va a su hora, que no responde correos nocturnos o que protege sus fines de semana suele sentirse obligado a justificarse. Bajo esta lógica, el descanso deja de ser condición necesaria para ejercer bien la profesión y pasa a ser algo que se permite solo cuando todo lo demás está hecho. Y en educación, “todo lo demás” nunca está hecho.

Cuando el descanso necesita justificación, deja de ser un derecho y se convierte en concesión 

El desgaste docente y la normalización del agotamiento. El agotamiento profesional en la docencia no es anecdótico ni individual. Diversas investigaciones sobre burnout en el ámbito educativo señalan que la sobrecarga emocional, la multiplicidad de tareas y la presión constante generan estrés crónico. El síndrome del trabajador quemado no aparece de forma repentina: se construye lentamente, normalizando el cansancio y la sensación permanente de no llegar a tiempo. Aquí surge una paradoja peligrosa: cuanto mayor es el compromiso, mayor es el riesgo de invadir el propio tiempo de descanso. La vocación, lejos de proteger, puede convertirse en factor de vulnerabilidad. 

La vocación no debería ser un factor de riesgo laboral. Cuando las vacaciones reparan lo que no se previno. Cada vez que se habla de vacaciones escolares, el debate se reactiva

 El docente y divulgador Fran Estrada señalaba recientemente una idea incómoda: para muchos docentes, las vacaciones no son ocio, sino recuperación. No funcionan como descanso preventivo, sino como reparación tras meses de sobrecarga. Si el descanso solo llega cuando el cuerpo y la mente ya están exhaustos, no hablamos de bienestar, sino de supervivencia profesional. Esta afirmación desmonta la percepción social del profesorado como colectivo privilegiado y obliga a mirar el problema desde otro ángulo. La cultura de la hiperproductividad aplicada a la educación. 

La escuela no está aislada de la cultura dominante. Vivimos en un contexto que valora la disponibilidad constante y la capacidad de asumir múltiples tareas simultáneamente.  

En los centros educativos, esto se traduce en acumulación de proyectos, innovaciones permanentes, exigencias administrativas crecientes y expectativas de actualización continua. Se espera que el docente sea creativo, flexible, emocionalmente disponible, tecnológicamente competente y siempre dispuesto a hacer un poco más.
 
¿Trabajar mucho equivale a trabajar bien?

Planificación consciente: herramienta útil, no solución mágica. La planificación consciente consiste en organizar las tareas estratégicamente, priorizar, anticipar dificultades y establecer límites temporales claros. Estudios recientes sobre gestión del tiempo y bienestar laboral muestran que esta práctica puede mejorar productividad y salud mental cuando permite cerrar tareas y liberar la mente fuera del horario laboral. Pero no es una solución mágica. 

No compensa un sistema que concentra demasiadas funciones en una sola figura profesional. Su valor reside en recuperar cierto control sobre el tiempo, no en aprender a llegar al límite de manera más ordenada. 

Planificar conscientemente implica, sobre todo, decidir qué no se va a hacer. Planificar bien también significa renunciar a lo que no cabe en una jornada razonable. Cuando planificar reduce el estrés (y cuando no). 

Una planificación realista reduce el estrés cuando permite delimitar tareas y proteger espacios personales. Anticipar picos de trabajo o reservar bloques específicos evita la carga mental constante.  
 
Sin embargo, cuando la planificación se convierte en una exigencia añadida, pierde su sentido. No se puede planificar lo imposible. La autoorganización no puede sustituir la responsabilidad estructural.

Límites profesionales en una cultura que los cuestiona. 

Desde fuera del sistema educativo, el descanso docente sigue generando sospecha. Los debates públicos sobre reducción de jornada o carga lectiva rara vez consideran el trabajo invisible que sostiene la enseñanza. 

Reducir horas sin replantear expectativas puede aliviar, pero no resolver. Si el descanso se percibe como exceso y no como condición profesional, cualquier reforma será parcial. Un docente agotado no es más responsable; está más cerca del error, la irritabilidad y el desgaste emocional. 

A la conclusión que llegamos 

El problema del descanso docente no es individual ni anecdótico. No se trata solo de aprender a desconectar mejor, sino de cuestionar un modelo que exige disponibilidad constante y ofrece descanso como compensación tardía. 

La planificación consciente es necesaria, pero insuficiente sin un cambio cultural que reconozca el descanso como condición básica para educar bien. 

Mientras el agotamiento siga normalizado y el descanso siga justificándose, la educación continuará pidiendo más de lo que permite sostener. 

Y ningún sistema educativo puede aspirar a la calidad si se construye sobre el cansancio de quienes lo hacen posible.

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Fuente:

¿QUÉ APRENDEMOS CUANDO NO HAY CLASES?

Las vacaciones como parte de la ecología del aprendizaje
Reportaje. El aprendizaje en verano

Ana Belén Salinas, maestra y psicopedagoga
INNOVACIÓN EDUCATIVA NÚMERO 2026


Imagen: prodigygame.com

Durante décadas hemos entendido la educación como un proceso que ocurre principalmente dentro del aula, bajo un currículo formal y sujeto a evaluación. Sin embargo, la investigación educativa contemporánea demuestra que el aprendizaje no se detiene cuando termina el curso escolar. Las vacaciones no son una pausa educativa, sino un escenario distinto donde se desarrollan competencias cognitivas, sociales y emocionales esenciales. Más allá del aula: repensar qué significa aprender. Tradicionalmente, la educación se ha vinculado al espacio escolar y al currículo oficial. Sin embargo, esta visión resulta hoy insuficiente. La investigación educativa contemporánea sostiene que el aprendizaje es un fenómeno complejo que se desarrolla en múltiples contextos y a lo largo de toda la vida. En el ámbito español, distintos estudios han subrayado el papel del aprendizaje no formal, actividades educativas organizadas fuera del sistema reglado con intencionalidad pedagógica, como elemento clave en el desarrollo integral durante la infancia y la adolescencia. Investigaciones como las de HidalgoChacón, Rodríguez-Arteche y Martínez-Aznar (2020) evidencian que estas experiencias contribuyen al desarrollo competencial más allá del aula.

Las vacaciones no son una pausa educativa, sino un escenario distinto donde se desarrollan competencias cognitivas, sociales y emocionales esenciales


Imagen: prodigygame.com

Desde la perspectiva de la “nueva ecología del aprendizaje”, se subraya que los procesos educativos se configuran mediante la interacción de múltiples contextos: familia, comunidad, instituciones culturales y entorno digital, que influyen de manera interdependiente en el desarrollo (Coll, 2013; Oller et al., 2018). Este concepto rompe con la idea de que la escuela es el único espacio legítimo de aprendizaje y reconoce el valor formativo de otros escenarios. El aprendizaje no se limita al espacio escolar: forma parte de una ecología en la que interactúan múltiples escenarios educativos. Desde esta perspectiva, los periodos vacacionales no deben entenderse como una interrupción educativa, sino como un cambio de contexto. ¿Qué es el aprendizaje no formal? El aprendizaje no formal se sitúa entre la educación formal y el aprendizaje informal. No conduce a titulaciones oficiales, pero está organizado y responde a objetivos formativos definidos. Se caracteriza por su flexibilidad y su conexión con situaciones reales. En sus investigaciones sobre actividades extraescolares en Educación Primaria, Hidalgo-Chacón et al. (2020) concluyen que este tipo de experiencias favorecen el desarrollo de competencias interpersonales, autonomía y habilidades cognitivas complejas. Talleres culturales, programas deportivos o actividades científicas organizadas fuera del horario lectivo comparten rasgos con muchas propuestas que se desarrollan durante el verano. Reconocer este marco implica comprender que las vacaciones no suponen una ruptura con la educación formal, sino una ampliación coherente de sus objetivos. Vacaciones: ¿desconexión o oportunidad formativa? La desaparición temporal de la estructura escolar puede interpretarse desde dos perspectivas: como desconexión o como oportunidad. Investigaciones en didáctica fuera del aula, como las desarrolladas por Barrera y Luna, subrayan que el aprendizaje experiencial favorece la construcción activa del conocimiento. Las vacaciones, al ofrecer un marco temporal más amplio y menos rígido, permiten procesos de exploración, experimentación y reflexión más profundos (Barrera y Luna, 2020). Integrar propuestas no formales durante estos periodos no implica eliminar el descanso. Al contrario, supone enriquecerlo con experiencias significativas que combinan disfrute y aprendizaje.


Imagen: Parent's Influence Shapes Child's Social & Emotional Development ... mother.ly

Las vacaciones no interrumpen el aprendizaje: cambian el escenario donde se produce. Impacto en el desarrollo cognitivo. La evidencia española muestra que las experiencias organizadas fuera del aula fomentan habilidades como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la capacidad de análisis. Hidalgo-Chacón, RodríguezArteche y Martínez-Aznar, (2020) destacan que estas competencias se desarrollan con mayor profundidad cuando los contenidos se aplican en situaciones reales. En la misma línea, Barrera y Luna (2020) señalan que las experiencias fuera del aula permiten conectar teoría y práctica. Participar en un taller científico o explorar un entorno natural facilita la observación directa, la formulación de hipótesis y la experimentación. Coll (2013) también ha subrayado la importancia de las habilidades metacognitivas, planificar, supervisar y evaluar el propio aprendizaje, como competencias clave para el aprendizaje autónomo y permanente. Por su parte, Oller, Largo, Merino y Coll (2018) han evidenciado que el aprendizaje situado, basado en experiencias significativas y contextualizadas, facilita la transferencia flexible de conocimientos a nuevas situaciones. El aprendizaje situado favorece la transferencia de conocimientos y consolida aprendizajes profundos. La flexibilidad del entorno vacacional y la menor presión evaluativa permiten además experimentar con nuevas ideas y aprender del error en un contexto seguro, fortaleciendo la creatividad y la iniciativa. Aprender a convivir y gestionar emociones. El aprendizaje no formal durante las vacaciones también tiene un impacto significativo en las competencias socioemocionales. Hidalgo-Chacón, Rodríguez-Arteche y Martínez-Aznar (2020) destacan que la participación en actividades organizadas fuera del aula favorece la autonomía, la autoestima y la motivación intrínseca. En contextos menos estructurados, como campamentos o proyectos comunitarios, niños y jóvenes practican habilidades como la empatía, la negociación y la resolución de conflictos. Barrera y Luna (2020) explican que estos entornos permiten desarrollar capacidades que no siempre encuentran espacio en el aula formal. Oller Badenes, Largo, Merino y Coll (2018) subrayan, además, que la interacción con distintos agentes, compañeros, monitores o miembros de la comunidad amplía redes sociales y fortalece habilidades comunicativas.

Imagen: https://clueylearning.com.au/en/fun-indoor-activities-for-kids/

Las vacaciones fortalecen la autonomía, la autoestima y la regulación emocional, dimensiones esenciales del desarrollo integral. El valor del aprendizaje situado. Uno de los rasgos más relevantes del aprendizaje no formal es su carácter situado. El conocimiento se construye en interacción con el entorno físico, social y cultural. Coll (2013) sostiene que el aprendizaje adquiere mayor profundidad cuando se integra en actividades que tienen sentido para quien aprende. El significado no se impone desde fuera: se construye cuando la experiencia conecta con intereses reales. Durante las vacaciones, experiencias vinculadas al entorno natural, cultural o comunitario ofrecen un marco especialmente propicio para este aprendizaje contextualizado. No se trata únicamente de “hacer”, sino de interpretar lo vivido y relacionarlo con conocimientos previos. La flexibilidad temporal de estos periodos favorece además procesos más autónomos y personalizados. Retos para su legitimación. A pesar de la evidencia científica, legitimar el aprendizaje no formal durante las vacaciones plantea desafíos. Uno de los principales es la equidad. HidalgoChacón, Rodríguez-Arteche y Martínez-Aznar (2020) advierten que el acceso a actividades no formales está condicionado por factores socioeconómicos y geográficos, lo que puede generar desigualdades en las oportunidades de aprendizaje. Barrera y Luna (2020) subrayan también la importancia de planificar actividades con objetivos pedagógicos claros, evitando que queden reducidas únicamente a entretenimiento. Asimismo, Oller, Largo, Merino y Coll (2018) señalan que evaluar los resultados del aprendizaje no formal requiere instrumentos distintos a los empleados en la educación reglada. Finalmente, Coll (2013) insiste en la necesidad de coordinar escuela, familia y comunidad para integrar estas experiencias dentro de un marco educativo más amplio. conclusión Integrar, no sustituir Las vacaciones no representan una pausa educativa, sino un escenario diferente donde se combinan ocio, exploración y desarrollo personal. Lejos de debilitar el aprendizaje, pueden consolidarlo y enriquecerlo cuando se articulan experiencias significativas. Legitimar el aprendizaje no formal durante estos periodos implica reconocer que la educación es un proceso continuo, distribuido en múltiples contextos y orientado al desarrollo integral. Las vacaciones dejan de ser un paréntesis para convertirse en parte activa de la ecología del aprendizaje.



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domingo, 21 de junio de 2026

LA POLÍTICA DE LA LECTURA

Por qué comprender un libro significa comprender el mundo que lo produjo

Panteras Negras en un círculo de lectura, crédito: Pirkle Jones

AJ Horn
Substack.com

El acto de leer es mucho más que seguir un texto con los ojos o, si prefieres los audiolibros, con los oídos. Bien hecha, la lectura es el arte de comprender mejor mediante la interacción intelectual con el autor o los autores. Es importante entender qué implica leer más allá de un nivel elemental, porque cualquiera que pretenda aprender cosas nuevas por su cuenta, fuera de una institución académica, tendrá que adquirir conocimiento a través de la lectura. No basta con depender de la IA u otros atajos; hay que dedicar tiempo a leer correctamente si se quiere obtener algo más que información superficial , es decir, si se busca una verdadera comprensión.

Se han escrito muchos libros sobre la lectura, la mayoría sobre lectura rápida, pero probablemente ninguno ha resistido el paso del tiempo tan bien como * Cómo leer un libro* de Mortimer J. Adler . No es difícil entender por qué, ya que Adler argumenta de forma convincente que una buena lectura implica comprender el mensaje del autor: qué escribió y por qué lo escribió. No es un concepto revolucionario, ni mucho menos una idea original de Adler, pero él comprendió que los más grandes pensadores de la historia habían leído de una manera que las escuelas, al menos en Estados Unidos, nunca habían enseñado.

Lo que Adler no comprendió es que las limitaciones de la educación estadounidense no son accidentales. Surgen de las funciones sociales que se espera que cumplan las escuelas. Cumple un propósito ideológico al distorsionar la realidad para que se ajuste a una visión del mundo cuidadosamente construida, en la que se evoca un mito en torno a la historia del país, presentando a Estados Unidos como una nación excepcional que domina legítimamente un hemisferio de países inferiores. El analfabetismo es una crisis, pero es una crisis sistémica que tanto el sistema como el Estado necesitan para su supervivencia, lo cual, si cabe, aumenta la importancia de comprender qué significa leer correctamente y cómo hacerlo con la mayor destreza posible.

La educación y la escolarización siempre tienen un componente político. Cuando una junta de educación o una legislatura estatal o federal dicta los planes de estudio de las escuelas públicas, se trata de una cuestión política, ya que los legisladores son elegidos y los miembros de la junta de educación son elegidos o designados por funcionarios electos. Las escuelas y academias privadas que establecen sus propios planes de estudio son prácticamente estados en sí mismas, inculcando en sus estudiantes las filosofías, las visiones del mundo y las ideologías que constituyen la base de la escuela y de su liderazgo. Las instituciones deciden qué literatura exigir, eliminar y prohibir a los profesores.

Esto no significa que las escuelas no enseñen a sus alumnos a leer ni a pensar críticamente, sino que solo les enseñan a leer hasta un nivel específico y solo les instruyen en el pensamiento crítico —que a menudo se traduce erróneamente como «negativo»— sobre temas concretos . A los alumnos se les enseña a ser hostiles hacia ciertos conceptos, personas, países, ideas, etc., pero no a ser investigadores críticos por iniciativa propia.

Para comprender la importancia de esto, debemos distinguir entre alfabetización y alfabetización crítica. Una persona alfabetizada puede decodificar palabras, resumir argumentos básicos y repetir información con la suficiente fluidez para realizar sus tareas cotidianas. Una persona con alfabetización crítica puede identificar suposiciones, evaluar evidencias, comparar múltiples interpretaciones y reconocer lo que un texto omite. Esta es la diferencia entre consumir información e investigarla .

Consideremos la forma en que se enseña historia a la mayoría de los estudiantes. Se espera que aprendan nombres, fechas, eventos y, ocasionalmente, interpretaciones contrapuestas. Sin embargo, rara vez se les anima a plantearse preguntas más profundas sobre la propia construcción del conocimiento histórico. ¿Por qué algunos eventos ocupan capítulos enteros mientras que otros reciben solo un párrafo? ¿Por qué algunas figuras son recordadas como héroes y otras olvidadas? ¿Por qué ciertas explicaciones se presentan como obvias mientras que otras alternativas se excluyen por completo?

El mismo patrón se observa fuera de la enseñanza de la historia. En economía, a los estudiantes se les suele enseñar sobre los mercados antes que sobre las teorías del poder. En ciencias políticas, aprenden sobre las instituciones antes de aprender a criticarlas. En literatura, aprenden a identificar temas y símbolos mucho antes de aprender a cuestionar los supuestos sociales implícitos en el texto.

Adler comprendió mejor que casi nadie que la lectura requiere una participación activa, que el lector debe identificar los términos, argumentos, suposiciones y conclusiones del autor antes de poder juzgarlo con justicia y precisión. Sin embargo, Adler trata la literatura como si existiera dentro de un gran diálogo de ideas entre el lector y el autor, donde la tarea principal es comprender lo que cada participante intenta decir. Esto no es incorrecto, pero resulta insuficiente si el objetivo de la lectura es comprender, además de lo que el autor dice, por qué lo escribió .

Las ideas no surgen de la nada y los libros no son simplemente conversaciones entre mentes. Los libros son productos de sociedades específicas, escritos por personas específicas, bajo condiciones sociales específicas. Para comprender un texto en su totalidad se requiere más que entender el argumento del autor. Se requiere comprender por qué surgió ese argumento en primer lugar.

Esta fue una de las grandes intuiciones de Antonio Gramsci: la clase dominante no mantiene su posición solo por la fuerza. Gobierna mediante lo que Gramsci denominó hegemonía cultural , el proceso por el cual una determinada visión del mundo llega a ser aceptada como sentido común. Las formas más efectivas de dominación son aquellas que dejan de parecer dominación en absoluto. Se vuelven naturales, obvias e incuestionables. Se convierten en los supuestos subyacentes a través de los cuales las personas se comprenden a sí mismas y al mundo que las rodea.

Las escuelas se encuentran entre las instituciones más importantes a través de las cuales se produce este proceso. Mucho antes de que los estudiantes se enfrenten a argumentos políticos explícitos, se les enseñan diferentes maneras de ver el mundo. Se enfatizan ciertas narrativas históricas, mientras que otras se ignoran. Se fomentan ciertas preguntas, mientras que otras se consideran inapropiadas, poco realistas o radicales. Los estudiantes aprenden tanto hechos como marcos conceptuales. Se les enseña qué explicaciones son «legítimas» y cuáles pueden descartarse sin mayor análisis.

Por lo tanto, no debemos entender la lectura simplemente como un encuentro con las ideas de un autor. Leer es un encuentro con ideas y argumentos, pero también con las fuerzas sociales y las condiciones generales que contribuyeron a producirlos. Todo texto conlleva supuestos sobre la naturaleza humana, la sociedad, la moral, la política y la historia. A menudo, estos supuestos están tan arraigados que ni el autor ni el lector los perciben. La tarea de la lectura crítica consiste en hacer visible lo invisible.

Una perspectiva similar se observa en la obra de Michel Foucault. En lugar de centrarse exclusivamente en el poder económico o la coerción estatal, Foucault examinó cómo las instituciones moldean la autoimagen y la regulación del comportamiento humano. Su concepto de biopolítica describe la gestión de las poblaciones mediante sistemas de conocimiento, experiencia y administración. Las escuelas, los hospitales, las prisiones, los lugares de trabajo y las agencias gubernamentales no solo organizan la sociedad, sino que también desempeñan un papel fundamental en la formación de determinados tipos de personas.

Esta formación de sujetos se produce a través de innumerables prácticas cotidianas. Los estudiantes aprenden a seguir horarios, cumplir plazos, obedecer a figuras de autoridad, competir con sus compañeros y evaluarse según estándares impuestos externamente. Ninguna de estas prácticas es necesariamente siniestra en sí misma. La cuestión es que nunca son neutrales. Toda institución crea hábitos, expectativas y normas. Todo sistema educativo cultiva un tipo particular de ciudadano.

Lo mismo ocurre con la lectura. Quien solo ha aprendido a identificar la idea principal de un autor ha adquirido una forma de alfabetización. Quien ha aprendido a cuestionar supuestos, rastrear contextos históricos, identificar compromisos ideológicos y comparar interpretaciones contrapuestas ha adquirido otra forma de alfabetización mucho más avanzada y completa. Más que una diferencia de habilidades, la diferencia radica en cómo el lector y el autor se relacionan con el conocimiento mismo.

Por esta razón, la lucha por la educación es, en última instancia, una lucha por la conciencia. Toda sociedad necesita algún método para reproducirse, alguna forma de prolongar su existencia. Debe transmitir valores, creencias y formas de conocimiento de una generación a la siguiente. La pregunta fundamental es si la educación fomentará la dependencia intelectual o la autonomía intelectual. ¿Aprenderán los estudiantes a ser consumidores pasivos de información o investigadores críticos de la realidad?

El lector que se limita a preguntar: "¿Qué quiere decir este autor?" ha dado un importante primer paso. El lector que pregunta: "¿Por qué surge este argumento en este momento histórico?" ha dado un segundo paso. Ambos deben ir más allá. El lector que pregunta: "¿Qué supuestos contribuye a reproducir este texto, qué relaciones de poder refleja, qué cosmovisión me invita a aceptar y por qué es importante?" ha comenzado a leer críticamente en el sentido más amplio.

El objetivo de un lector crítico no es ser cínico, ni descartar cada texto como propaganda ni reducir cada idea a intereses ocultos. Más bien, se trata de reconocer que la comprensión requiere un movimiento simultáneo en dos direcciones. Debemos adentrarnos en el mundo del autor para comprender su argumento, pero también debemos salir de ese mundo para comprender sus límites. Una buena lectura exige tanto empatía como suspicacia, comprensión y crítica.

Esto plantea una cuestión importante sobre por qué la lectura verdaderamente avanzada puede resultar inquietante. Una vez adquirida, rara vez se limita a los libros. Los hábitos desarrollados mediante la lectura crítica se extienden a otros ámbitos. Quien aprende a analizar un texto a menudo pronto empieza a analizar noticias, discursos políticos, teorías económicas, anuncios, programas educativos e incluso el sentido común. Se muestra menos dispuesto a aceptar afirmaciones simplemente porque las haya presentado una figura de autoridad y comienza a exigir explicaciones donde antes las daba por sentadas.

En su máxima expresión, la lectura deja de ser un mero consumo de información para convertirse en una práctica de autoemancipación intelectual. El lector ya no se enfrenta a un libro como un receptor pasivo que espera ser instruido; entabla un diálogo con el autor, la historia y la sociedad misma. Aprende a comprender el mundo que se le presenta y a investigar las fuerzas que lo moldearon.

Si la lectura crítica es una forma de autoemancipación intelectual, entonces la pregunta natural es: ¿cómo se practica realmente? ¿Cómo puede un lector ir más allá del mero consumo de información y alcanzar una comprensión genuina de la misma?

La respuesta de Adler fue que leer es una actividad, no una experiencia. La mayoría de la gente se acerca a los libros como si el conocimiento pudiera transferirse directamente de la página a la mente. Confunden el reconocimiento con la comprensión. Se topan con un concepto familiar, están de acuerdo con una conclusión o recuerdan un dato y concluyen que han aprendido algo. Adler comprendió que la verdadera comprensión requiere mucho más que obtener información. La tarea del lector consiste en identificar la pregunta central del autor, determinar los problemas que intenta resolver (o los conceptos que intenta aclarar), comprender cómo llegó a sus conclusiones y evaluar si estas se derivan sólidamente de las pruebas y los argumentos presentados.

Entiendo que esto pueda parecer obvio, pero es sorprendente la poca gente que lee de esta manera. Muchos se acercan a los libros buscando confirmación —para reforzar sus creencias— en lugar de comprensión. Buscan que se apruebe su visión del mundo o argumentos contra lo que les disgusta. Visto así, el libro se convierte en una herramienta para reafirmar convicciones previas, en lugar de una oportunidad para descubrir una nueva perspectiva. En estas condiciones, la lectura abandona la investigación crítica.

Para Adler, la primera responsabilidad del lector es la honestidad intelectual. Antes de estar de acuerdo o en desacuerdo con un autor, uno debe ser capaz de explicar su postura con precisión. Antes de criticar un argumento, uno debe comprenderlo en sus propios términos. Este es un estándar sorprendentemente exigente. Requiere paciencia, humildad y la voluntad de suspender el juicio el tiempo suficiente para comprender una perspectiva que, en última instancia, podría resultar errónea.

Sin embargo, la mera comprensión no basta. Una persona puede comprender perfectamente un texto y aun así no captar su significado más profundo. Se puede entender cada argumento de un tratado político sin tener en cuenta las circunstancias históricas que lo originaron. Se puede resumir con precisión una teoría económica sin reconocer los supuestos sobre la naturaleza humana en los que se basa. Se puede comprender un sistema filosófico sin considerar los intereses sociales que lo hacen persuasivo para un público determinado.

Por eso, la lectura crítica debe operar en múltiples niveles simultáneamente. El primer nivel pregunta: "¿Qué dice el autor?". El segundo pregunta: "¿Tiene razón el autor?". El tercero pregunta: "¿Por qué se plantea este argumento?". El cuarto pregunta: "¿Qué visión del mundo más amplia presupone este argumento y contribuye a reproducir?".

Estas preguntas son acumulativas, se construyen unas sobre otras. El lector que omite la primera pregunta no puede —de manera significativa— responder a las demás. No se puede criticar con perspicacia una postura que no se comprende. Al mismo tiempo, el lector que se detiene en la primera pregunta confunde la comprensión con la perspicacia. Entender un argumento es el comienzo del pensamiento crítico, pero no su conclusión.

Los grandes lectores de la historia lo han comprendido. Al leer obras económicas, Marx investigó las condiciones sociales que dieron origen a la economía política. Al analizar las instituciones políticas, Gramsci examinó las fuerzas culturales que les otorgaban legitimidad. Al analizar leyes y gobiernos, Foucault exploró los sistemas de conocimiento mediante los cuales los individuos se comprenden a sí mismos y a los demás. En cada caso, la lectura es mucho más que interpretación. Para las mentes más brillantes, la lectura se convirtió en un método para desvelar el mundo, profundizando en el texto en su superficie.

Desde esta perspectiva, la importancia de aprender a leer bien va mucho más allá de los libros. La lectura es una de las principales maneras en que los seres humanos acceden al conocimiento acumulado, las experiencias y las ideologías de su sociedad. Leer mal implica heredar esas ideas sin espíritu crítico. Leer bien significa estar en condiciones de evaluarlas. Es la diferencia fundamental entre aceptar una visión del mundo y elegir una conscientemente.

En definitiva, Adler tenía razón en lo más importante: leer es una actividad. Es un trabajo. La comprensión no surge automáticamente solo porque las palabras pasen ante nuestros ojos. Alcanzar la iluminación es un honor increíble, pues la comprensión debe ganarse mediante el esfuerzo, la atención y la dedicación. Sin embargo, ahí es donde Adler se detuvo, y ahí es donde comienza el significado más profundo de la lectura.

La lectura es un diálogo entre el lector y la historia, entre el lector y la sociedad, entre el lector y las innumerables fuerzas que han moldeado tanto el texto como a sí mismo. Cada texto es producto de un mundo particular, y cada acto de lectura es una oportunidad para comprender mejor ese mundo.

Aprender a leer bien es fundamental. Sería un error considerarlo una cuestión de rendimiento académico, ascenso profesional o acumulación de información. Si bien estos aspectos son importantes, son secundarios. El verdadero valor de la lectura reside en que amplía nuestra capacidad de comprender la realidad. Nos permite descubrir ideas que van más allá de nuestra experiencia inmediata, cuestionar supuestos que antes dábamos por sentados y reconocer posibilidades que antes parecían invisibles.

Una sociedad saturada de información pero sin lectores críticos no es una sociedad informada. La información por sí sola no sirve de mucho; los hechos no se interpretan solos; los datos no surgen de la nada sin contexto alguno. En resumen, sin la capacidad de evaluar, contextualizar y criticar lo que encontramos, seguimos siendo vulnerables a la manipulación, independientemente de la cantidad de información disponible. En la actualidad, donde la información es más accesible que nunca, pero nuestra capacidad de atención es peor que nunca, la capacidad de leer críticamente se vuelve aún más importante.

Por lo tanto, el esfuerzo por ser un mejor lector forma parte de una lucha más amplia por ser un ser humano más consciente. Leer de forma crítica implica rechazar la aceptación pasiva. Significa insistir en comprender antes de juzgar, en indagar antes de afirmar con certeza y en buscar pruebas antes de creer; significa cultivar el hábito de preguntarse no solo qué se dice, sino por qué se dice, quién se beneficia de ello y qué alternativas quedan por explorar.

Quizás por eso los grandes lectores de la historia rara vez se contentaron con ser solo lectores. La lectura transformó su comprensión del mundo, y eso transformó su forma de actuar en él. Los libros les brindaron mucho más que información; les proporcionaron nuevas maneras de ver el mundo y, en última instancia, de ser.

En definitiva, eso es lo que está en juego. El propósito de la lectura no es saber más, sino ver más; reconocer las suposiciones implícitas en el sentido común, las fuerzas históricas que subyacen a las instituciones y las posibilidades humanas ocultas en el mundo tal como existe actualmente. Aprender a leer bien es, en un sentido muy real, aprender a pensar por uno mismo , y pocas habilidades son más valiosas que esa.

12 de junio de 2026

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Fuente:

jueves, 23 de abril de 2026

ESPECIALISTAS EN NEUROCIENCIA Y PSICOLOGÍA COGNITIVA DESTACAN QUE IMPULSA EL DESARROLLO CEREBRAL, MEJORA LA CAPACIDAD DE ATENCIÓN Y MEMORIA

LA PODEROSA VENTAJA COGNITIVA QUE DESARROLLAN LOS ADOLESCENTES QUE LEEN, SEGÚN INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS
En el Día Mundial del Libro, cómo la lectura mejorar el bienestar físico y mental
Especialistas en neurociencia y psicología cognitiva destacan que impulsa el desarrollo cerebral, mejora la capacidad de atención y memoria

La lectura regular en la adolescencia está asociada a un mejor desarrollo cognitivo, según investigaciones recientes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Infobae.com
23 Abr, 2026 07:15 a.m. CO

Leer es una de las actividades más recomendadas por especialistas para el desarrollo mental durante la adolescencia

Aunque la tecnología gana cada vez más terreno, los adolescentes que eligen el libro de forma habitual pueden fortalecer una habilidad que la ciencia definió como ventaja cognitiva, con efectos medibles en el cerebro y la vida cotidiana.

Distintos estudios en psicología cognitiva y neuroeducación coinciden en que los adolescentes que leen con regularidad no solo amplían su vocabulario, sino que desarrollan una ventaja cognitiva significativa en comparación con quienes no tienen este hábito.

Según una investigación de la Universidad de Cambridge publicada por Infobae, este beneficio abarca desde mejores resultados académicos hasta una mayor salud mental y emocional.

En un contexto en el que la inmediatez digital y la dispersión de la atención dominan el tiempo libre, la lectura tradicional se consolida como un hábito que aporta equilibrio y bienestar. La diferencia clave radica en el tipo de actividad mental: leer exige concentración sostenida, interpretación y creatividad, mientras que otros consumos digitales suelen promover la fragmentación de la atención.

Qué es la ventaja cognitiva y por qué la lectura la potencia

La neurociencia demuestra que leer activa múltiples áreas cerebrales y fortalece conexiones neuronales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando los expertos hablan de “ventaja cognitiva”, se refieren a un conjunto de habilidades mentales que permiten procesar, comprender y analizar información de forma más eficiente. Esto incluye memoria, atención, comprensión lectora, capacidad de inferencia y pensamiento crítico. Según un artículo de la Universidad de La Sabana, Colombia, la lectura habitual actúa como un entrenamiento cerebral, obligando a sostener la atención, interpretar contextos y relacionar ideas complejas.

La lectura exige construir significado a partir de símbolos, imaginar escenarios y seguir secuencias narrativas o argumentativas. Estos procesos fortalecen las conexiones neuronales vinculadas con el lenguaje y la comprensión, lo que puede traducirse en mejor desempeño escolar y mayor capacidad para resolver problemas.

Cómo impacta la lectura en el desarrollo cerebral y académico de los adolescentes

Leer por placer durante la infancia y la adolescencia puede influir en el rendimiento escolar a largo plazo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Desde una perspectiva neurocientífica, la lectura no es una habilidad automática, sino un proceso adquirido que data de hace aproximadamente 6.000 años. La literatura técnica indica que no existen áreas cerebrales especializadas para leer: el cerebro debe reorganizarse mediante un proceso llamado “subespecialización”, en el cual zonas previamente maduras se adaptan para decodificar y comprender palabras escritas.

El estudio de la Universidad de Cambridge, que analizó a más de 10.000 adolescentes en Estados Unidos, demostró que quienes comenzaron a leer por placer a una edad temprana presentaron mayor volumen cortical en áreas asociadas al lenguaje, la atención y la función ejecutiva, además de un rendimiento cognitivo superior.

Otros beneficios señalados incluyen mayor concentración, memoria y atención sostenida, especialmente si el hábito se cultiva desde la infancia.

En términos prácticos, los adolescentes lectores tienden a comprender textos complejos con mayor facilidad y a expresar sus ideas de manera más clara, lo que repercute directamente en su desempeño académico y en la resolución de problemas cotidianos.

Beneficios emocionales y sociales: reducción del estrés y fomento de la empatía

El desarrollo de la empatía es uno de los beneficios emocionales vinculados al hábito de la lectura (Freepik)

La lectura frecuente no solo fortalece el intelecto, sino que también tiene un impacto positivo en la salud emocional. Según un estudio liderado por David Lewis, neuropsicólogo cognitivo de la Universidad de Sussex, dedicar tan solo seis minutos diarios a la lectura puede reducir los niveles de estrés en un 68%. El mismo estudio sostiene que leer disminuye la ansiedad, baja la frecuencia cardíaca y restringe la secreción de cortisol, la hormona relacionada con el estrés.

Durante la pandemia de COVID-19, la Universidad de Montclair observó que la lectura desempeñó un papel crucial en la salud mental de los jóvenes y favoreció el desarrollo de habilidades sociales. Sumergirse en historias permite a los adolescentes involucrarse tanto individual como colectivamente, fortaleciendo las relaciones con sus pares y promoviendo la empatía y la compasión.

La Universidad de La Sabana destaca que la lectura activa áreas cerebrales vinculadas con la teoría de la mente, facilitando el reconocimiento de emociones y pensamientos ajenos. Esta capacidad resulta útil en la vida cotidiana y en la terapia psicológica, incrementando la introspección y la sensibilidad social.

Qué tipo de lecturas potencian más la ventaja cognitiva

La exposición a textos complejos estimula la adquisición de un vocabulario avanzado y habilidades de interpretación (Imagen Ilustrativa Infobae)

No todas las lecturas generan el mismo impacto en el desarrollo cognitivo. Especialistas en neuroeducación señalan que los textos que más potencian esta ventaja son aquellos que exigen comprensión profunda, como novelas, ensayos y textos argumentativos. Estos contenidos obligan a interpretar, anticipar y relacionar ideas, lo que fortalece el pensamiento crítico y la creatividad.

Por el contrario, las lecturas fragmentadas o superficiales, frecuentes en redes sociales, no activan el mismo nivel de procesamiento mental. La profesora Jill Sonke, de la Universidad de Stanford, sostiene que los clubes de lectura y la discusión reflexiva alrededor de obras literarias combinan introspección individual e interacción social, potenciando los beneficios tanto cognitivos como emocionales.

La complejidad estilística de los textos literarios, lejos de ser un obstáculo, representa un valor añadido para lectores experimentados y motivados, aunque puede dificultar el disfrute para quienes tienen menos experiencia, como puntualizó el filólogo Massimo Salgaro. Por ello, se recomienda combinar diferentes formatos, pero dedicar tiempo a lecturas más extensas y desafiantes resulta clave para desarrollar al máximo estas habilidades.

La lectura como herramienta de desarrollo a lo largo de la vida

La literatura infantil y juvenil provee una riqueza lingüística mayor que la mayoría de los intercambios orales habituales (Imagen Ilustrativa Infobae)

El hábito de la lectura en la adolescencia contribuye a la formación de reserva cognitiva, un concepto que describe la capacidad del cerebro para resistir el envejecimiento y la demencia, según estudios publicados por la Universidad de Salamanca. Una mayor reserva cognitiva, alimentada por el conocimiento adquirido a lo largo de la vida, puede retrasar el deterioro cognitivo en etapas posteriores.

Los beneficios de la lectura se observan también en la infancia, donde la exposición a la palabra escrita es esencial para adquirir un lenguaje avanzado y formar pensamientos complejos. Esta base se consolida en la adultez, permitiendo mantener la agilidad mental y la calidad de vida.

Las investigaciones más recientes coinciden en que la lectura, lejos de ser solo una fuente de placer o un requisito académico, es un hábito esencial para el bienestar integral y el desarrollo de habilidades que acompañarán a los adolescentes a lo largo de toda la vida.

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viernes, 20 de marzo de 2026

LA CIENCIA CONFIRMA QUE MOTIVAR EN CLASE REDUCE BRECHAS SOCIALES

Un estudio de la Universidad Carlos III de Madrid y el WZB de Alemania demuestra que incentivos y recompensas simbólicas en el aula cierran la brecha de esfuerzo entre niños de distinto origen social y abren oportunidades de crecimiento igualitarias

Imagen RPNE con Nano Banana2 de google 

Nelson Hernández
cambio16.com

El trabajo publicado en American Sociological Review expone resultados claros. Niños de familias con mayores recursos muestran más concentración en tareas sin premios externos. No obstante, pequeños obsequios o elogios igualan el rendimiento de todos los participantes en pocos minutos.

Investigadores aplicaron pruebas a 1.360 alumnos de quinto curso en Madrid y Berlín. 60 clases de 32 centros participaron en 3 escenarios distintos. Primero sin recompensa, luego con juguetes y después con competencia simbólica. Los datos revelan que la diferencia inicial apenas supera el 10%.

Jonas Radl, profesor titular en la Universidad Carlos III de Madrid, afirma que recursos familiares y seguridad diaria condicionan el comportamiento. Por eso, niños con menos apoyo enfrentan costos subjetivos mayores al concentrarse. Sin embargo, el mismo entorno ofrece herramientas para equilibrar la situación cuando se activan recompensas.

  Pequeños obsequios o elogios igualan el rendimiento de todos los alumnos y pueden marcar la diferencia / oposmadrid.es

Education at a Glance 2025 de la OCDE indica que solo el 26% de jóvenes cuyos padres carecen de estudios superiores alcanzan título universitario. En cambio, el 70% de aquellos con padres graduados lo logran. El estatus socioeconómico explica más del 20% de la variación en notas de matemáticas, según PISA.

Sociedades que adoptan gamificación y reconocimiento personal avanzan hacia movilidad genuina. A continuación, docentes pueden implementar estas ideas sin grandes presupuestos. Por lo tanto, el cambio de perspectiva genera equidad concreta y fortalece la confianza de familias enteras en el sistema educativo.

El experimento que mide el empeño real de los escolares

Tareas simples evaluaron atención y autocontrol durante sesiones controladas. Primero los alumnos trabajaron sin incentivo alguno y mostraron patrones claros según origen. Luego los investigadores introdujeron obsequios materiales. En consecuencia, el grupo desfavorecido elevó su implicación hasta igualar al resto.

Participantes procedentes de entornos vulnerables respondieron especialmente bien ante reconocimiento público en el aula y pequeñas recompensas, lo que abre un abanico de oportunidades de desarrollo cognitivo. Además, la diferencia se redujo en más del 80% bajo condiciones de juego. Por el contrario, rasgos de personalidad o coeficiente intelectual no explicaron las variaciones observadas.

El proyecto EFFORT, financiado por el Consejo Europeo de Investigación, recopiló evidencia sólida. Ya que el objetivo consiste en entender cómo se reproduce la desigualdad, los autores evitan narrativas que culpan al individuo. Así que destacan factores externos modificables mediante acción escolar directa.

Las recompensas simbólicas se transforman en oportunidades de crecimiento en el aula / zinkevych / Freepik

En Berlín y Madrid los centros reflejaron diversidad socioeconómica real. Por ejemplo, clases completas realizaron las mismas actividades en el mismo día. De modo que los resultados poseen validez comparativa alta y ofrecen pistas prácticas para cualquier país.

Radl concluye que la meritocracia simple ignora barreras reales. Sin embargo, incentivos demuestran que esfuerzo se activa cuando el contexto ayuda. En efecto, esta evidencia abre puertas a reformas que benefician a millones sin esperar cambios estructurales profundos.

Incentivos lúdicos

/ crisweb.me

Gamificación convierte lecciones en desafíos atractivos y aprovecha el instinto competitivo natural. Además, insignias o puntos simbólicos motivan a niños que antes abandonaban rápido. Por eso, aulas que aplican estas técnicas registran mayor participación general.

Pequeños premios como lápices especiales o tiempo extra de recreo bastan para activar compromiso. Asimismo, profesores que elogian progresos individuales en lugar de notas absolutas reducen presión. En consecuencia, alumnos con menos recursos ganan confianza visible semana tras semana.

Políticas que premian avance personal en vez de ranking final diluyen influencia del origen. Aunque algunos sistemas tradicionales resisten, la evidencia acumulada muestra beneficios rápidos. Siempre que se implemente de forma consistente, la equidad crece sin costos elevados.

Niñas y niños responden de manera similar ante reconocimiento social compartido. Por otro lado, familias perciben mayor justicia y apoyan más la escuela. De este modo, el círculo positivo se expande más allá de las paredes del aula.

Autores recomiendan integrar estas herramientas en planes nacionales. Porque el esfuerzo se vuelve accesible para todos cuando el sistema lo facilita. Así que educadores de cualquier nivel pueden empezar mañana mismo y observar mejoras medibles.

Datos globales que confirman el peso del origen y su posible alivio

La OCDE 2025 revela que la brecha de alfabetización entre adultos con y sin estudios superiores alcanza 76 puntos. Además, en muchos países pasan cuatro generaciones para que hijos de hogares pobres alcancen ingresos medios. No obstante, intervenciones tempranas acortan este ciclo.

PISA 2022 registró que estudiantes aventajados superan en 93 puntos de matemáticas a los desfavorecidos. Sin embargo, naciones como Estonia redujeron esa diferencia mediante apoyo focalizado. Por lo tanto, políticas probadas existen y solo esperan adopción amplia.

 
/ aicad.es

La inversión en educación inicial para niños vulnerables genera retornos superiores al 10% vía impuestos futuros. Ya que el desarrollo cognitivo arranca antes de primaria, gobiernos que priorizan esta etapa observan menos abandono escolar después.

Mujeres de entornos bajos enfrentan doble desventaja en campos técnicos. En cambio, programas que combinan incentivos y mentoría elevan su participación en ingeniería hasta equilibrar cifras. A condición de que se mantenga el seguimiento, resultados perduran.

Inmigrantes de primera generación muestran menor acceso a estudios largos. No obstante, escuelas que aplican gamificación inclusiva logran tasas de graduación similares a nativos. En efecto, estos ajustes fomentan cohesión social y talento diverso.

Acciones concretas que convierten desigualdad en empoderamiento colectivo

Docentes que diseñan actividades con elementos de juego observan mayor concentración sostenida. Además, centros que celebran mejoras semanales fortalecen autoestima de todos. Por eso, comunidades enteras perciben la escuela como aliada real.

Administraciones que redistribuyen recursos hacia aulas vulnerables aceleran el impacto. Asimismo, la formación continua para profesores en técnicas motivacionales multiplica los efectos positivos. En consecuencia, los sistemas educativos avanzan hacia la inclusión efectiva sin discursos vacíos.
 
Las actividades lúdicas y las recompensas justas en el aula brindan oportunidades por igual a niños de distintas clases sociales de brillar y desarrollarse / mirincondeaprendizaje.com

Familias de cualquier barrio ganan cuando ven que sus hijos responden a estímulos justos. Aunque el cambio inicia en el aula, se extiende al hogar y al barrio. De modo que la sociedad completa se beneficia de ciudadanos más capaces.

El mensaje optimista radica en que brechas existen, pero se acortan con medidas accesibles. Ciertamente, la evidencia científica respalda la esperanza fundada. Siempre que se apliquen estas ideas, nuevas generaciones rompen ciclos repetidos durante décadas.

Investigadores invitan a dejar atrás visiones punitivas del esfuerzo. Porque cada niño lleva potencial idéntico cuando el entorno lo libera. La educación actual puede convertirse en motor poderoso de justicia social duradera.

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martes, 3 de febrero de 2026

MÁS ALLÁ DE LAS PANTALLAS: ALFABETIZACIÓN DIGITAL CRÍTICA, PODER Y EDUCACIÓN

Entre el solucionismo tecnológico, la presión de las plataformas y la falsa idea de una competencia digital “innata”, la escuela corre el riesgo de formar usuarios hábiles pero no ciudadanos críticos, incapaces de comprender cómo los algoritmos, los datos y los intereses económicos moldean la información, el aprendizaje y la propia identidad

Foto: Pabak Sarkar | Flickr

Fernando Fraga Varela
eldiariodelaeducación.com/02/02/2026

Imaginemos un estudiante ante la necesidad de buscar información sobre el cambio climático. La búsqueda autónoma le devuelve información contradictoria, con una gran diversidad de fuentes documentales cuya fiabilidad resulta difícil de evaluar.

Una búsqueda condicionada por un algoritmo que se alimenta de su actividad en redes sociales donde convive con influencers y creadores de contenido que ponen sistemáticamente en duda esta realidad. Un historial previo de navegación y cesión de datos por el que nunca se ha preocupado, sin conciencia de cómo le influye en la experiencia.

Tecnologías en el aula

En medio, la irrupción masiva de las tecnologías digitales en las aulas se ha presentado a lo largo de los últimos 20 años como la gran solución a todos los males del sistema educativo. Olvidando un contexto social que va más allá del aula y que requiere competencias que se ignoran.

Administraciones de variados colores políticos se han visto tentadas ante la posibilidad de inundar los espacios escolares con aparatos y pantallas. Y en varias olas tecnológicas: pizarras digitales, portátiles sin y con libros digitales, programación, robótica y ahora la IA, entre otras tendencias, se han presentado como la última y definitiva moda para resolver todo tipo de problemas. Nuevos remedios donde la «modernización» se ha asociado y vendido como garantía de un aprendizaje fluido, eficiente, motivador y personalizado, también con algoritmos y plataformas.

Curiosamente han sido las propias familias las que se han organizado y han puesto dudas. Y las administraciones han correspondido: pantallas sí o no, una escolarización desconectada o híbrida son eslóganes que esconden una visión instrumental que deja de lado las dimensiones afectivas, sociales y éticas que permitirían al alumnado situarse con sentido crítico ante una realidad social donde la tecnología está presente de forma natural.

Abriendo la escuela a la realidad

En un giro de timón, se ha dejado a la escuela fuera del debate. Las nuevas decisiones se imponen confiando en que el solo hecho de que el alumnado haya crecido rodeado de pantallas es suficiente para una especie de competencia innata.

La supresión tecnológica evita la reflexión colectiva y favorece la pérdida de una oportunidad: el alumnado puede ser hábil simplemente consumiendo contenido o utilizando aplicaciones de todo tipo, pero carece de las herramientas para evaluar la veracidad de la información, comprender las estructuras de poder latentes o proteger y desarrollar su propia identidad digital.

La alfabetización es, ante todo, una práctica social y política

La respuesta escolar predominante se ha centrado en aprender a usar dispositivos, una plataforma escolar o hacer las socorridas búsquedas sin más en la unidad didáctica de turno. En el camino quedan relegadas preguntas fundamentales como el «por qué» y el «para quién».

Una visión tecnocrática y descontextualizada que ignora que la alfabetización es, ante todo, una práctica social y política. Educar en la era digital no debería ser un mecanismo de depósito de habilidades técnicas en el alumnado en línea con lo que Paulo Freire llamaría educación bancaria, sino un proceso que permita leer el mundo digital que nos rodea y descubrir, detrás de los actuales desarrollos tecnológicos nuevas estrategias de control y poder que configuran nuestra realidad.

Las políticas educativas contemporáneas están impregnadas de lo que se conoce como solucionismo tecnológico, en palabras de Morozov: la idea de que los problemas sociales y pedagógicos, con independencia de su complejidad, pueden resolverse mediante el despliegue de algún tipo de tecnología.

Esta perspectiva desplaza el foco de las decisiones pedagógicas hacia los algoritmos, como podemos ver en la actualidad en las esperanzas que hemos depositado en la IA, sin debatir acerca de lo que significa para la forma del qué y cómo aprenden los estudiantes.

La digitalización no es neutral

Este enfoque no es neutral. La digitalización de la educación a menudo responde a intereses de grandes corporaciones tecnológicas que buscan convertir las escuelas en mercados cautivos para sus productos y en minas de datos para el capitalismo de vigilancia.

Al adoptar ciegamente estas herramientas sin una reflexión crítica, la institución escolar corre el riesgo de mercantilizar la educación y despojarla de su autonomía.

La alfabetización digital debe, por tanto, incluir el desarrollo de una visión crítica de las plataformas, también las que gestionan las administraciones educativas o las que ingenuamente emplea el profesorado de forma masiva para el diseño de procesos de enseñanza, situaciones de aprendizaje, herramientas de evaluación cuando no son las propias plataformas las que desarrollan este trabajo sin ningún tipo de intervención humana.

El reto, en este contexto, es desarrollar en el alumnado y también en el profesorado, la capacidad de comprender cómo se gestionan y procesan sus datos, desde qué perspectiva y cómo los algoritmos y sesgos presentes moldean su comportamiento y visión del mundo.

Algunas posibilidades: analizar las lógicas de recomendación en las redes sociales, trabajar casos reales de desinformación y manipulación con criterios que les permitan desarrollar procesos de verificación o debatir sobre la privacidad o el uso de datos personales en situaciones cotidianas y plataformas habituales, también en el caso de la IA, explorando alternativas tecnológicas más respetuosas en este sentido.

¿Por qué dejar a la escuela fuera de este debate y privar al alumnado del desarrollo de una verdadera alfabetización digital crítica? No se trata de pensar en dispositivos sí o no, en la presencia de pantallas, que por supuesto también puede formar parte del debate.

Tenemos que entrar en el núcleo de la cuestión y pensar si la respuesta curricular y las prácticas de aula realmente están afrontando el problema y si no nos estamos excusando para, precisamente, evitar la necesidad de repensar lo que acontece.

Optar por políticas de protección o prohibición absoluta, viendo toda esta realidad tecnológica como una fuente de distracción es una forma de evitar la realidad.

Las restricciones pueden impedir que el alumnado aprenda a manejar los riesgos de manera autónoma en un entorno seguro y supervisado, coherente con la legislación actual y retadora ante el papel de las administraciones que evitan sistemáticamente la toma de medidas proporcionadas a nivel social dejando a los ciudadanos solos ante una esperanza de autorregulación que nunca llega.

Hacia una alfabetización digital situada y social

Para que la alfabetización digital sea realmente crítica, debe ser situada y coherente con la vida de los estudiantes fuera de la escuela. No podemos enseñar tecnología como algo separado de las desigualdades sociales que marcan el acceso y su uso. La desinformación, la manipulación algorítmica, la privacidad y la cesión de datos personales son algunos de los retos que se presentan.

Este cambio de paradigma requiere, inevitablemente, un giro en las políticas que faciliten el desarrollo profesional del profesorado. Ya hace años que venimos hablando de favorecer la perspectiva de un profesor investigador, no un mero técnico que aplica sin más habilidades certificadas mientras los algoritmos y las plataformas deciden el trabajo a desarrollar por el alumnado. Se necesita una mediación crítica que ayude a deconstruir la realidad digital que les rodea y que también los conforma en el desarrollo de su identidad.

La verdadera alfabetización digital crítica es un acto radical de empoderamiento. Exige que la institución escolar rompa con el determinismo tecnológico y asuma que lo digital es inseparable de la experiencia humana contemporánea, rodeada de riesgos pero también de potencialidades.

Fernando Fraga Varela
RETINDE. Red Transdisciplinar de Investigación Educativa Vicepresidente de RUTE

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viernes, 16 de enero de 2026

LA GENERACIÓN Z LLEGA A LA UNIVERSIDAD SIN PODER SIQUIERA LEER UNA ORACIÓN

Los profesores advierten que esto podría dar lugar a una generación de graduados ansiosos y solitarios

Por Preston Fore
fortune.com/9 de enero de 2026, 12:40 p. m. ET

Muchos estudiantes universitarios de la Generación Z no pueden comprender sus tareas de lectura, lo que obliga a los académicos a adaptar los estándares, una medida que los críticos describen como “mimar” a la próxima generación de trabajadores.JackF—Getty Images

A medida que la Generación Z abandona los libros a niveles récord, los estudiantes llegan a las aulas sin poder completar las lecturas asignadas según las expectativas previas. Esto obliga a las universidades a reducir sus expectativas.

Un profesor sorprendido describió cómo los jóvenes llegaban a clase sin poder leer una sola frase.

"Ni siquiera es una incapacidad para pensar críticamente", declaró a Fortune Jessica Hooten Wilson, profesora de grandes libros y humanidades en la Universidad Pepperdine . "Es una incapacidad para leer oraciones".

Su observación refleja una tendencia más amplia: casi la mitad de los estadounidenses no leyeron ni un solo libro en 2025, y este hábito se desplomó un 40 % en la última década. Incluso con la incorporación de BookTok, una subcomunidad de TikTok dedicada a los libros y la literatura, los hábitos de lectura de la Generación Z siguen estando por detrás de los de las demás generaciones. Los estadounidenses de entre 18 y 29 años leyeron una media de tan solo 5,8 libros en 2025, según YouGov.

"Me siento como si bailara claqué y tuviera que leer las cosas en voz alta porque es imposible que alguien las haya leído la noche anterior", admitió Wilson. "Incluso cuando se las lees en clase, hay tantas cosas que no pueden procesar sobre las mismas palabras que están escritas".

Los estudiantes tienen dificultades para leer pasajes largos

Ante las dificultades de los estudiantes, los académicos se han visto obligados a adaptarse, una medida que los críticos describen como “ mimosa ”.

Por su parte, Wilson ha recurrido a la lectura en voz alta de pasajes juntos, discutiéndolos línea por línea o volviendo repetidamente a un solo poema o texto a lo largo de un semestre, en parte para que los estudiantes puedan comenzar a desarrollar las habilidades para leer críticamente por su cuenta y estar preparados para su carrera de posgrado.

"No pretendo rebajar mis estándares. Simplemente necesito diferentes enfoques pedagógicos para lograr el mismo objetivo", dijo Wilson, añadiendo que ha impartido clases en cinco instituciones durante sus 22 años de trayectoria, y las más selectivas, como Pepperdine, suelen tener estudiantes mejor preparados.

Para Timothy O'Malley, profesor de teología de la Universidad de Notre Dame, adaptarse a los cambios en el comportamiento estudiantil no ha sido especialmente difícil. Siempre ha sido su trabajo adaptar las clases a las necesidades de los estudiantes, argumentó. Es más, dijo que no es nada nuevo que los estudiantes lleguen a clase sin preparación.

Al principio de su carrera, O'Malley solía asignar entre 25 y 40 páginas de lectura por clase, y los estudiantes lo hacían o admitían que les costaba hacerlo.

“Hoy en día, si se les asigna esa cantidad de lectura, a menudo no saben qué hacer”, dijo O'Malley, señalando que muchos estudiantes, en cambio, simplemente se apoyan en los resúmenes de IA y pierden el sentido de la lectura asignada.

Él atribuye parte del problema a las etapas tempranas de la educación, donde la lectura se ha visto como un medio para un fin en lugar de un placer o un hábito. Años de pruebas estandarizadas , argumentó, también han entrenado a los estudiantes para buscar información en busca de información en lugar de sentarse con textos complejos.

"Se han formado en una especie de enfoque de escaneo para la lectura", dijo, útil para navegar por artículos de noticias en línea, pero mucho menos efectivo para interactuar con novelas densas u obras filosóficas.

La lectura está en declive y esto podría tener consecuencias de amplio alcance

Uno de los principales problemas entre los estudiantes universitarios no es tanto la hostilidad hacia la lectura como la falta de confianza y resistencia.

Cuando los profesores reducen la ansiedad en torno a las calificaciones, los estudiantes a menudo están dispuestos a darle una oportunidad a la lista de lectura, según Brad East, profesor de teología en la Universidad Cristiana de Abilene.

En su curso, no ha cambiado la longitud ni la dificultad de la lectura, sino que ha ajustado las tareas a la luz de la IA generativa para estimular el pensamiento crítico real.

"No me importa tener exámenes acumulativos estresantes, ni me preocupa especialmente la inflación de calificaciones", declaró East a Fortune . "Quiero que aprendan".

El problema de la confianza es algo que Brooke Vuckovic, profesora de la Escuela de Administración Kellogg de Northwestern , ha observado entre los estudiantes de las escuelas de negocios. Cada trimestre, entre el 40 % y el 50 % de sus estudiantes se describen como lectores principiantes o reticentes, pero una vez que se les anima a empezar a leer, afirmó, el cambio puede ser inmediato.

Y a pesar del alejamiento de la lectura por parte de la Generación Z, este hábito sigue siendo popular entre los ultrarricos. Una encuesta de JPMorgan a más de 100 multimillonarios, publicada el mes pasado, reveló que la lectura se posiciona como el principal hábito que comparten las personas de élite con éxito.

Las consecuencias del deterioro de la alfabetización se extienden mucho más allá de las calificaciones, el rendimiento académico o incluso las futuras carreras profesionales . Leer, afirmó Wilson, es una forma de ver las ideas desde la perspectiva de otras personas, lo que genera mayor empatía y un sentimiento de comunidad.

“Creo que perder esa polarización, la ansiedad, la soledad, la falta de amistad, todas estas cosas suceden cuando no tienes una sociedad que lea junta”.

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Acerca del autor
Preston Fore
Reportero de éxito
Preston Fore es reportero de Fortune y cubre temas relacionados con el éxito, incluyendo educación, finanzas personales y emprendimiento. Preston creció en Chattanooga, Tennessee, y se graduó de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, donde estudió periodismo y estudios globales.

Trabajó en The Daily Tar Heel durante casi cuatro años e incluso reportó desde la Corte Suprema de Estados Unidos. También colabora con CNN , donde anteriormente realizó prácticas. Preston dedica su tiempo libre a explorar nuevos países, ver baloncesto de los Tar Heels e intentar dominar la preparación de espresso en casa.

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