domingo, 5 de abril de 2015



Marco Polo



VIAJES



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Índice



Viajes

- I -

Aquí empieza la rúbrica de este libro denominado: la división del

mundo

- II -

De cómo micer Nicolás y micer Mafeo fueron de Constantinopla en

busca del mundo

- III -

De cómo se fueron micer Nicolás y micer Mafeo de la Soldadía

- IV -

De cómo los dos hermanos pasaron el desierto y llegaron a la ciudad

de Bojaria

- V -

De cómo los dos hermanos prestaron fe al emisario del Gran Khan

- VI -

De cómo los dos hermanos llegaron en territorio del Gran Khan

- VII -

De cómo se informa el Gran Khan de los asuntos de los cristianos

- VIII -

De cómo el Gran Khan envió a los dos hermanos como embajadores al

Papa de Roma

- IX -

De cómo el Gran Khan da a los dos hermanos las tabletas de oro de su

mensaje

- X -

De cómo los dos hermanos llegaron a la ciudad de Acre

- XI -

De cómo los dos hermanos partieron de Venecia para regresar al país

del Gran Khan y se llevaron a Marcos, el hijo de micer Nicolás

- XII -

De cómo los dos hermanos y Marcos partieron de Acre

- XIII -

De cómo los dos hermanos fueron a Roma a ver al Papa

- XIV -

De cómo los dos hermanos y Marcos llegaron a la ciudad de Clemeinfú,

en donde se hallaba a la sazón el Gran Khan

- XV -

De cómo los dos hermanos y Marcos fueron al palacio del Gran Khan

- XVI -

De cómo el Gran Khan envía a Marcos como embajador

- XVII -

De cómo volvió Marcos de su misión y lo que refirió al Gran Khan

- XVIII -

De cómo micer Nicolás y micer Mafeo piden permiso al Gran Khan para

volver a su tierra

- XIX -

Donde trata de la despedida, de los hermanos y Marco Polo del Gran

Khan

- XX -

Aquí se habla de la Armenia Menor

- XXI -

En donde se habla de la provincia de Turcomania

- XXII -

La Armenia Mayor

- XXIII -

Donde se habla del rey de Georgia y de su hacienda

- XXIV -

En donde se habla del reino de Mosul

- XXV -

De cómo fue tomada, la gran ciudad de Bagdad

- XXVI -

De la gran maravilla que sucedió en las montañas de Bagdad

- XXVII -

Del miedo que tuvieron los cristianos de cuanto les dijo el califa

- XXVIII -

De cómo vino la revelación a un obispo de que un zapatero haría

mover la montaña

- XXIX -

De cómo la oración del cristiano hizo mover la montaña

- XXX -

En donde se habla de la ciudad de Tauris

- XXXI -

Dejemos a Tauris y pasemos a Persia

- XXXII -

Relación de los Reyes Magos que vinieron a adorar a Dios

- XXXIII -

Los ocho reinos de Persia

- XXXIV -

De la ciudad de Yasdi

- XXXV -

Del reino de Kerman

- XXXVI -

De la ciudad de Camandi

- XXXVII -

De la segunda meseta inclinada

- XXXVIII -

De cómo se internó por una comarca salvaje y pobre

- XXXIX -

La grande y noble ciudad de Cobinan

- XL -

De cómo se pasa por un desierto

- XLI -

En donde se trata del Viejo de la montaña y de sus asesinos

- XLII -

De cómo el Viejo de la montaña convierte a la obediencia y a la

disciplina a sus asesinos

- XLIII -

De cómo los asesinos se entrenan para el mal

- XLIV -

De la villa de Sapurgan

- XLV -

De la noble y gran ciudad de Balc

- XLVI -

En donde se menciona la montaña de sal

- XLVII -

De la gran provincia de Balacian (Badakchan)

- XLVIII -

En donde se habla de la provincia de Pasciai

- XLIX -

De la provincia de Kesimur (Cachimira)

- L -

Del gran río Balacian (Badakchan)

- LI -

Del reino de Cascar (Caschgar)

- LII -

De la gran ciudad de Samarcanda

- LIII -

Aquí trata de la provincia de Yarcan (Yarken)

- LIV -

De la provincia de Cotan (Khotan)

- LV -

De la provincia de Pem

- LVI -

Aquí empieza el relato de la provincia de Ciarcian

- LVII -

De la ciudad de Lop

- LVIII -

De la provincia de Tangut

- LIX -

En donde se menciona la provincia de Camul (Khamil)

- LX -

En donde se habla de la Provincia de Gkingkintalas

- LXI -

De la provincia de Succu

- LXII -

De la ciudad de Campiciú

- LXIII -

De la ciudad de Eçina

- LXIV -

De la ciudad de Caracoron

- LXV -

De cómo Gengis fue el primer Khan de los tártaros

- LXVI -

De cómo Gengis Khan arma su gente para ir contra el Preste Juan

- LXVII -

De cómo el Preste Juan, con sus gentes, fue al encuentro de Gengis

Khan

- LXVIII -

De la gran batalla entre el Preste Juan y Gengis Khan

- LXIX -

Relato de los Khanes que reinaron después de Gengis Khan

- LXX -

Del dios de los tártaros y de su ley

- LXXI -

De la llanura de Bargu y de varias costumbres de los indígenas

- LXXII -

Del gran reino de Erginul

- LXXIII -

De la provincia de Grigaia

- LXXIV -

De la provincia de Tenduc

- LXXV -

De la ciudad de Ciandu y del maravilloso palacio del Gran Khan

- LXXVI -

Donde trata de los hechos del Gran Khan que reina presentemente,

llamado Cublai Khan, de cómo rige a su corte y administra justicia;

de sus gestas y proezas

- LXXVII -

De la gran batalla librada entre el Gran Khan y el rey Nayan, su tío

- LXXVIII -

De cómo el Gran Khan fue al encuentro de Nayan

- LXXIX -

En donde empieza la batalla del Gran Khan y de su tío Nayan

- LXXX -

De cómo el Gran Khan hizo matar a Nayan

- LXXXI -

De cómo el Gran Khan vuelve a la ciudad de Cambaluc

- LXXXII -

De la prestancia y majestad del Gran Khan

- LXXXIII -

De los hijos del Gran Khan

- LXXXIV -

Del palacio del Gran Khan

- LXXXV -

Del palacio del hijo del Gran Khan, que reinará después de su muerte

- LXXXVI -

De cómo el Gran Khan se hace guardar por 12.000 hombres a caballo

- LXXXVII -

Relato de la gran fiesta que celebra el Gran Khan el día de su

aniversario

- LXXXVIII -

Continuación de la fiesta que celebra el Gran Khan el día de su

aniversario

- LXXXIX -

De la fiesta que celebra el Gran Khan el primero de año

- XC -

De los 12.000 barones que asisten a las fiestas

- XCI -

De cómo el Gran Khan dispone para que le traigan los venados

- XCII -

De los leones, leopardos, lobos, linces, gerifaltes, halcones,

búhos, gavilanes y otros pájaros

- XCIII -

De los hermanos del Gran Khan que están al cuidado de los perros de

caza

- XCIV -

De cómo se ocupa de cetrería

- XCV -

Más relatos sobre la corte del Gran Khan

- XCVI -

De la ciudad de Cambaluc, de su grandeza y su numerosa población

- XCVII -

De cómo el gran señor acuña moneda

- XCVIII -

De los 12 barones que asisten en sus actos al Gran Khan

- XCIX -

De cómo desde la ciudad de Cambalue se va por diferentes vías a las

provincias

- C -

De cómo el Gran Khan ayuda a sus súbditos cuando tienen malas

cosechas o pierden el ganado

- CI -

De como el Gran Khan hace plantar árboles en los caminos

- CII -

Del vino que beben en Catai

- CIII -

De una especie de piedra que arde como la madera

- CIV -

De cómo el Gran Khan hace almacenar trigo para proveer a su gente en

tiempo de calamidades

- CV -

De cómo el Gran Khan hace la caridad a los pobres de su Imperio

- CVI -

De la provincia de Catai y del río Pulisanghin

- CVII -

De la gran ciudad de Giongiu

- CVIII -

En donde se habla del reino de Taianfu

- CIX -

En donde trata de un castillo llamado Caiciu

- CX -

De cómo el Preste Juan hizo apresar al rey Dor

- CXI -

En donde se habla del gran río de Caramoran

- CXII -

De la gran ciudad de Quengianfu

- CXIII -

De los confines de Catai y Mangi

- CXIV -

De la provincia de Acbaluc Mangi

- CXV -

De la gran provincia de Sindufu

- CXVI -

De la provincia del Tíbet

- CXVII -

En donde sigue la relación del Tíbet

- CXVIII -

De la provincia de Gaindu

- CXIX -

De la gran provincia de Caragian

- CXX -

En donde se sigue la descripción de la provincia de Caragian

- CXXI -

En donde se habla de la gran provincia de Cardandan

- CXXII -

De cómo el Gran Khan conquistó el reino de Mien y de Bengala

- CXXIII -

De la batalla entre el Gran Khan y el rey de Mien

- CXXIV -

En donde prosigue el relato de la misma batalla

- CXXV -

De cómo se desciende por una gran pendiente

- CXXVI -

De la ciudad de Mien

- CXXVII -

En donde se habla de la gran provincia de Bangala (Bengala)

- CXXVIII -

De la provincia de Cangigu

- CXXIX -

De la provincia de Aniu

- CXXX -

De la provincia de Toloman

- CXXXI -

De la provincia de Ciugiu

- CXXXII -

Donde se habla de la ciudad de Cacianfu

- CXXXIII -

De la ciudad de Ciangiu

- CXXXIV -

De la ciudad de Ciangli

- CXXXV -

De la ciudad de Tandinfu

- CXXXVI -

De la noble ciudad de Singiumato

- CXXXVII -

De la gran ciudad de Lingin

- CXXXVIII -

De la ciudad de Pingiu

- CXXXIX -

De la ciudad de Cingiu

- CXL -

De cómo conquistó el Gran Khan la provincia de Mangi

- CXLI -

De la ciudad de Coigangiu

- CXLII -

De la ciudad de Pauchin

- CXLIII -

De la ciudad de Caiu

- CXLIV -

De la ciudad de Tingiu

- CXLV -

De la ciudad de Yangiu

- CXLVI -

De la provincia de Nanghin

- CXLVII -

De la ciudad de Saianfu

- CXLVIII -

De la ciudad de Singiu

- CXLIX -

En donde se trata de la ciudad de Caygiu

- CL -

De la ciudad de Cinghianfu

- CLI -

De la ciudad de Cangiu

- CLII -

De la ciudad de Sugiu

- CLIII -

En donde se habla de la muy noble ciudad de Quinsai

- CLIV -

De las alcabalas que saca el Gran Khan de Quinsai

- CLV -

De la ciudad de Tanpingiu

- CLVI -

Del reino de Fugiu

- CLVII -

De la ciudad de Fugiu

- CLVIII -

De la ciudad de Çaiton (Cantón)

- CLIX -

Aquí empieza el libro sobre la India, que hablará de todas las

maravillas que contiene y de las costumbres de sus gentes

- CLX -

En donde se trata de la isla de Cipango (Japón)

- CLXI -

De cómo la gente del Gran Khan que había escapado al temporal tomó

la ciudad de sus enemigos

- CLXII -

Donde se habla del culto de los idólatras

- CLXIII -

De la región de Ciamba

- CLXIV -

De la isla de Java

- CLXV -

De la isla de Sondur y de la de Condur

- CLXVI -

De la isla de Pentan

- CLXVII -

Aquí se menciona la isla de Java la menor

- CLXVIII -

En donde se habla del reino de Sumatra

- CLXIX -

Del reino de Dagroian

- CLXX -

Donde se habla de Lambri

- CLXXI -

Del reino de Fansur

- CLXXII -

De la isla de Necuveran

- CLXXIII -

De la isla de Angaman

- CXXIV -

De la isla de Seilán (Ceilán)

- CLXXV -

De la provincia de Maabar (Malabar)

- CLXXVI -

Del reino de Mutfili

- CLXXVII -

Donde se trata del lugar que guarda el cuerpo de Santo Tomás Apóstol

- CLXXVIII -

De la provincia de Lar, en donde nacieron los abrayamanes

- CLXXIX -

En donde se habla nuevamente de la isla de Seilán

- CLXXX -

De la muy noble ciudad de Cail

- CLXXXI -

Del reino de Coilum

- CLXXXII -

De la ciudad de Comari

- CLXXXIII -

En donde se habla del reino de Eli

- CLXXXIV -

Del reino de Melibar

- CLXXXV -

Del reino de Goçurat

- CLXXXVI -

Del reino de Tana

- CLXXXVII -

Del reino de Cambaet

- CLXXXVIII -

Del reino de Semenat

- CLXXXIX -

En donde se habla del reino de Kesmacoran

- CXC -

En donde se habla de las islas llamada Varón y Mujer

- CXCI -

De la isla de Socotora

- CXCII -

De la isla de Mogdasio (Madagascar)

- CXCIII -

De la isla de Zanzíbar

- CXCIV -

Aquí empieza la descripción de Abasce, que pertenece a la India

Central

- CXCV -

En donde se habla de la provincia de Aden

- CXCVI -

De la ciudad de Escier

- CXCVII -

De la ciudad de Dufar

- CXCVIII -

De la ciudad de Calatu

- CXCIX -

De la ciudad de Curmos

- CC -

En donde se habla de la Gran Turquía

- CCI -

Lo que dice el Gran Khan del daño que le hizo Caidu

- CCII -

La historia de la hija del rey Caidu, de su fuerza y valentía

- CCIII -

De cómo Abaga envió a su hijo Argón a la guerra

- CCIV -

De cómo Argón heredó la señoría de su padre

- CCV -

De cómo Acomat va con su ejército para combatir a Argón

- CCVI -

De cómo Argón reunió en Consejo a sus barones para pelear contra

Acomat

- CCVII -

De cómo respondieron los barones de Argón

- CCVIII -

De los emisarios que Argón envió a Acomat

- CCIX -

De cómo Acomat contestó a los emisarios

- CCX -

De la gran batalla entre Argón y Acomat

- CCXI -

De cómo concertaron los barones de que Argón recobrara su libertad

- CCXII -

De cómo Argón fue libertado

- CCXIII -

De cómo Argón recobró la soberanía

- CCXIV -

De cómo Argón hizo matar a su tío Acomat

- CCXV -

Del pleito homenaje que rindieron los barones a Argón

- CCXVI -

De cómo Cuiaratu tomó el poder después de la muerte de Argón

- CCXVII -

De cómo Baidu tomó la señoría después de Cuiacatu

- CCXVIII -

Del rey Canci que reina en tramontana

- CCXIX -

En donde se trata de la provincia que está en la oscuridad

- CCXX -

En donde se habla de la gran provincia de Rusia y de su gente

- CCXXI -

En donde se habla del estrecho del Mar Grande

- CCXXII -

De los reyes de los tártaros de Poniente

- CCXXIII -

De la guerra que surgió entre Alan y Berca y de las batallas que

libraron

- CCXXIV -

De cómo Berca y sus huestes encuentran a Alan

- CCXXV -

De cómo Alan habla a sus gentes

- CCXXVI -

De la gran batalla que hubo entre Alan y Berca

- CCXXVII -

De cómo Berca se porta heroicamente

- CCXXVIII -

De cómo Totamangu fue señor de Poniente

- CCXXIX -

De cómo Toctai manda venir a Nogai para pedirle cuenta de la muerte

de Tolobuga

- CCXXX -

De cómo Toctai envía otro mensaje a Nogai

- CCXXXI -

De cómo Toctai fue al encuentro de Nogai

- CCXXII -

De cómo Toctai habló a su gente

- CCXXXIII -

Del arrojo y valor del rey Nogai





**************

















La división del mundo

- I -

Aquí empieza la rúbrica de este libro denominado: la división del mundo

Señores emperadores, reyes, duques y marqueses, condes, hijosdalgos y

burgueses y gentes que deseáis saber las diferentes generaciones humanas y

las diversidades de las regiones del mundo, tomad este libro y mandad que

os lo lean, y encontraréis en él todas las grandes maravillas y

curiosidades de la gran Armenia y de la Persia, de los tártaros y de la

India y varias otras provincias; así os lo expondrá nuestro libro y os lo

explicará clara y ordenadamente como lo cuenta Marco Polo, sabio y noble

ciudadano de Venecia, tal como lo vieron sus mortales ojos.

Hay cosas, sin embargo, que no vio, mas las escuchó de otros hombres

sinceros y veraces. Por lo cual referimos las cosas vistas por vistas y

las oídas por oídas para que nuestro libro resulte verídico, sin tretas ni

engaños.

Y todo hombre que leyere y entendiere este libro debe creer en él,

pues todas estas cosas son verdad, y os certifico que desde que Dios

nuestro Señor plasmó con sus manos a Adán y Eva, nuestros primeros padres,

hasta hoy día, no hubo cristiano ni pagano ni tártaro ni indio ni hombre

alguno de ninguna generación que tanto supiere ni buscare como el dicho mi

señor Marcos averiguó y supo; por eso os digo que sería gran desventura no

quedaran escritas todas las grandes maravillas que vio y oyó para quelas

gentes que no las vieron ni conocieron tengan de ellas razón en este

libro. Y os repito que para enterarse de ello vivió en estas diferentes

regiones y provincias más de veintiséis años.

Y ello fue que, estando encarcelado en Génova, hizo exponer todas

estas cosas a maese Rustichello de Pisa, que se hallaba también en la

misma prisión en el año 1298 del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.







- II -

De cómo micer Nicolás y micer Mafeo fueron de Constantinopla en busca del

mundo

Fue en tiempo de Baduino, emperador deConstantinopla en el año 1250

de la Encarnación de nuestroSeñor Jesucristo: Hallándose con sus

mercancías en Constantinopla, procedentes de la ciudad de Venecia, micer

Nicolás Pol (padre de Marco Polo) y su hermano micer Mafeo Pol, prudentes,

nobles y avisados comerciantes, reuniéronse en consejo y decidieron

embarcar en la mar grande para hacer prosperar sus asuntos. Después que

hubieron comprado joyas de gran valor, partieron de Constantinopla en un

barco hacia la tierra de Soldadía.







- III -

De cómo se fueron micer Nicolás y micer Mafeo de la Soldadía

Cuando hubieron residido un tiempo en Soldadía decidieron irse aún

más lejos. Pusiéronse en camino, y tanto cabalgaron que no hubo aventura

que les detuviese hasta que llegaron al reino de Barca Caan, que era dueño

de una parte de Tartaria, situada entre Bolgara y Sara. Barca Caan recibió

con grandes honores a micer Nicolás y micer Mafeo y celebró con regocijo

su llegada. Los dos hermanos diéronle las joyas que habían traído.

Aceptolas Barca con gran complacencia y le plugieron muchísimo. Hízoles

entonces entregar dos veces tanto cuanto valían las joyas y les invitó a

pasar una temporada en varias partes del reino, en donde halláronse con

gran contentamiento.

Al año de residir en tierras de Barca encendiose una guerra entre

Barca y Alan, señor de los tártaros de Levante. Fuéronse el uno contra el

otro con gran violencia, combatiéronse ferozmente y hubo gran pérdida de

gentes de una parte y otra, y Alan fue vencedor. Y en estas circunstancias

no hubo hombre que pudiera pasar por esos caminos sin caer prisionero, y

como ésa era la dirección por donde habían venido y sólo podían seguir en

dirección contraria, los dos hermanos se dijeron: «Ya que no podemos

volver a Constantinopla con nuestras mercancías, sigamos hacia Levante;

así podremos volver quizá a tierras del soldán.» Se equiparon

convenientemente y se separaron de Barca, yéndose a una ciudad denominada

Uchacca, que era al confín sur del reino de este señor. Y partiéronse de

Uchacca pasando el Tigre, atravesando un desierto que era largo diecisiete

jornadas, no encontrando a su paso ni ciudades ni castillos, sino tribus

tártaras que vivían del pastoreo en sus tiendas de campaña.







- IV -

De cómo los dos hermanos pasaron el desierto y llegaron a la ciudad de

Bojaria

Y cuando hubieron pasado el desierto llegaron a una ciudad que se

llamaba Bojaria, noble y hermosa ciudad. También la provincia denominábase

Bojaria y el rey se llamaba Barac. Era ésta la más bella ciudad de Persia.

Una vez llegados a ella no podían ya ni adelantar ni retroceder, y en

vista de esto permanecieron en ella tres años. Mientras esto sucedía vino

un emisario de Alan, el señor de Levante, que era enviado por el gran

señor de todos los tártaros, llamado Cublai. Y fue gran asombro el de este

emisario cuando vio a micer Nicolás y a Micer Mafeo, pues jamás habíase

visto un latino en esos parajes. Dijo a los dos hermanos: «Señores, os

advierto que el gran señor de los tártaros jamás vio un latino y tiene

gran deseo de trabar conocimiento con ellos; así que si queréis venir

conmigo, os aseguro que os verá muy de su agrado y os llenará de honores y

bienes»

Los dos hermanos contestáronle que lo harían gustosos si era cosa

factible, y él replicó que llegarían sanos y salvos y sin ninguna

impedimenta si se iban en su compañía.







- V -

De cómo los dos hermanos prestaron fe al emisario del Gran Khan

Cuando oyeron las razones del mensajero enviado, aparejaron sus

caballerías y decidieron seguirle. Pusiéronse en camino y viajaron durante

un año a través de las montañas, y tomando por atajos y vericuetos

llegaron al cabo de él. Y encontraron grandes maravillas y cosas

extraordinarias, que no os referimos porque micer Marcos, hijo de micer

Nicolás, que ha visto también todas estas cosas, os las contará más

adelante en este mismo libro.







- VI -

De cómo los dos hermanos llegaron en territorio del Gran Khan

Y cuando llegaron en presencia del Gran Khan, éste les hizo muchas

fiestas y les recibió con grandes honores y cortesía, y fue grande su

alegría al verles. Les hizo varias preguntas sobre muchas cosas. Ante todo

sobre los emperadores, de cómo mantienen el poder y administran justicia,

cómo combaten y, en fin, cómo viven y lo que hacen, y los interrogó luego

respecto a los reyes, a los príncipes y barones.







- VII -

De cómo se informa el Gran Khan de los asuntos de los cristianos

Y se informó luego del Papa y de todos los hechos de la cristiandad y

de la Iglesia romana y de las costumbres de los latinos. Micer Nicolás y

Mafeo le dijeron toda la verdad y cada uno a su vez, como conviene a

hombres prudentes y cultos conocedores de la lengua de los tártaros: el

tártaro.







- VIII -

De cómo el Gran Khan envió a los dos hermanos como embajadores al Papa de

Roma

Cuando el gran señor que tenía por nombre Cublai Khan, señor de todos

los tártaros del mundo y de todas las provincias, reinos y regiones de

esta gran parte del mundo, hubo escuchado las gestas de los latinos

contadas por los dos hermanos tan llanamente, quedó muy complacido y

prometiose a sí mismo enviarles como embajadores al Papa. Y pidioles a los

hermanos encargarse de esta misión con uno de sus barones. Contestáronle

que lo harían como les mandase, como si fuera su propio señor, el Dux.

Entonces el Gran Khan hizo llamar a uno de sus barones, llamado Cogatai, y

le dijo quería fuera acompañando a los hermanos a ver al Papa. Éste le

contestó: «Vuestro siervo soy y pronto a vuestro mandato.» Hizo luego el

gran señor preparar sus credenciales en turco y las dio a los dos hermanos

y a su barón, y les encargó lo que debían decir de su parte al Pontífice.

Es menester que os diga lo que contenía el documento y la embajada que

enviaba: Pedía que le enviara hasta cien sabios de la cristiandad que

supieran las siete artes, que supieran discutir a los idólatras y a los

gentiles que todos los ídolos que tenían en sus casas eran obras del

diablo y que supieran probar por razonamientos que la ley cristiana es

mejor que la de ellos. Además, encargó a los hermanos que trajeran aceite

de la lámpara que alumbra el sepulcro de Dios nuestro Señor en Jerusalén.

Ya estáis enterados de lo que decía el mensaje que el gran señor enviaba

al Papa por medio de los dos hermanos.







- IX -

De cómo el Gran Khan da a los dos hermanos las tabletas de oro de su

mensaje

Cuando les hubo entregado el mensaje que enviaba al Papa les hizo dar

unas tabletas de oro en las cuales decía que los tres embajadores deberían

recibir allí donde fueran y donde pasaran: caballos, arreos y escolta de

un país a otro. Y cuando micer Nicolás y Mafeo estuvieron listos y bien

guarnecidos de cuanto necesitaron, se despidieron del gran señor, montaron

a caballo y emprendieron el camino. Al poco tiempo el barón tártaro cayó

enfermo y no pudo continuar. Quedose atrás en una ciudad, y cuando los

hermanos vieron que no se reponía, le dejaron y continuaron su viaje, y os

diré que por doquier se velan honrados y bien servidos en cuanto se les

antojaba. Cabalgaron tanto, que llegaron a Laias, para lo cual emplearon

tres años, y esto sucedió porque no siempre podían proseguir su ruta, por

el mal tiempo y la nieve y porque los ríos que tenían que vadear eran

considerables.







- X -

De cómo los dos hermanos llegaron a la ciudad de Acre

Y dejaron Laias para llegar a la ciudad de Acre, y esto sucedió en el

mes de agosto del año 1200 de la Encarnación. Allí se enteraron que el

Papa había fallecido, y cuando supieron que el Papa, que tenía por nombre

Clemente, había muerto, se encaminaron en busca del Legado de la Iglesia

romana en el reino de Egipto. Este varón ilustre, de mucha autoridad, se

llamaba Tealdo de Plasencia. Le expusieron de qué importante misión eran

mandatarios de parte del Gran Khan al Papa, y cuando el Legado les hubo

oído, le pareció gran maravilla y que lo que los hermanos decían era de

gran honra y provecho para la cristiandad. «Señores - les dijo -, ya que

veis que el Papa ha muerto, os aconsejo esperar que haya otro Papa, y

entonces le lleváis vuestra embajada.» Viendo que el Legado les decía cosa

razonable, pensaron que en ese intervalo irían a Venecia a ver a sus

familias. Y fueron de Acre a Negroponte. Y en Negroponte se embarcaron en

una galera, que les llevó a Venecia. Micer Nicolás encontró que en este

interregno su mujer había muerto y le quedaba un hijo de edad de quince

años, que se llamaba Marcos, y éste es el que habla en este libro. Micer

Nicolás y micer Mafeo quedaron cerca de dos años en Venecia, en espera de

la elección de un nuevo Pontífice.







- XI -

De cómo los dos hermanos partieron de Venecia para regresar al país del

Gran Khan y se llevaron a Marcos, el hijo de micer Nicolás

Después de esperar el tiempo que habéis oído, y viendo que no elegían

nuevo Papa, pensaron que habían demorado bastante para regresar cerca del

Gran Khan, y decidieron volver. Entonces se fueron de Venecia, llevándose

a su hijo Marcos, directamente a San Juan de Acre, en busca del Legado

antedicho. Con él platicaron sobre estos asuntos y le pidieron venia de ir

a Jerusalén a recoger el aceite de la lámpara del sepulcro de Jesucristo,

ya que el Gran Khan había expresado el deseo de poseerlo. El Legado les

dio permiso. Fueron luego al Santo Sepulcro, a Jerusalén, y habiendo

cogido el aceite volvieron a Acre a decirle al Legado: «Señor, mucho hemos

tardado en volver a ver al Gran Khan, y como aún no hay Papa, creemos es

nuestro deber el írselo a decir.» Y el Legado (que es el más importante

personaje de la Iglesia de Roma) les dijo: «Puesto que queréis volver

hacia la tierra del Gran Khan, os doy mi pláceme.» Escribió entonces su

misiva al Gran Khan, explicándole de cómo micer Nicolás y micer Mafeo le

habían. traído su embajada; pero no pudieron cumplirla por entero por no

haber aún un nuevo Papa.







- XII -

De cómo los dos hermanos y Marcos partieron de Acre

En cuanto los dos hermanos estuvieron en posesión de las

credenciales, pusiéronse en camino para volver a la tierra del Gran Khan.

Y tanto anduvieron, que llegaron a Laias. Mas no bien hubieron llegado,

fue elegido Papa el Legado que tenía por nombre Gregorio de Plasencia.

Grande fue la alegría que experimentaron al oír esta nueva, y no tardó en

llegar a Laias un emisario del Papa diciendo a micer Nicolás y Mafeo que

retrocedieran a ver al Pontífice. No quiero deciros la alegría que esto

les causó, y le contestaron que allá iban de buen grado. Entonces el rey

de Armenia hizo armar una galera para que en ella embarcaran y los envió

así, con grandes honores, al Legado.







- XIII -

De cómo los dos hermanos fueron a Roma a ver al Papa

Y cuando llegaron a Acre fueron a Su Santidad el Papa y se

prosternaron humildemente ante él. Les recibió con gran deferencia,

dándoles su bendición y haciéndoles gran fiesta. Y el Papa acordó darles

para que les acompañaran a dos de los predicadores, los más sabios de toda

la provincia, y éstos se llamaban Nicolás de Vicenza y Guillermo de

Trípoli. El Papa expidió sus breves y cédulas que contenían el mensaje que

enviaba al Gran Khan, y dando a todos su santa bendición, se fueron los

cuatro con Marcos, hijo de micer Nicolás. Encamináronse seguidamente a

Laias; mas no bien hubieron llegado, cuando Bondocdero, sultán de

Babilonia, vino a Armenia con un numeroso ejército, que causó estragos en

toda la comarca, y nuestros embajadores viéronse en peligro de muerte.

Considerando esto, los dos hermanos predicadores dudaron si debían

proseguir. Entregaron por fin a micer Nicolás y Mafeo sus breves y cartas

y se separaron de ellos, regresando con el maestre de campo.







- XIV -

De cómo los dos hermanos y Marcos llegaron a la ciudad de Clemeinfú, en

donde se hallaba a la sazón el Gran Khan

Y micer Nicolás, Mafeo y Marcos, hijo de Nicolás, se pusieron en

camino y cabalgaron tanto toda la primavera y el estío hasta llegar a la

ciudad de Clemeinfú, en donde se encontraba el Gran Khan. No haré mención,

sino más adelante, de lo que encontraron en el camino, pues deseo

contároslo a su tiempo en mi libro. Sabed sólo que emplearon tres años y

medio en este viaje, pues las grandes nevadas y las lluvias y los ríos

desbordados les impedían cabalgar en invierno. Y, en verdad, cuando supo

el Gran Khan que llegaban les envió al encuentro un mensajero con cuarenta

días de anticipación, y fueron bien atendidos y servidos por todos.







- XV -

De cómo los dos hermanos y Marcos fueron al palacio del Gran Khan

Cuando Nicolás, Mafeo y Marcos llegaron a esa gran ciudad se fueron

al Palacio Principal, en donde se hallaba el Gran Khan rodeado de muchos

barones. Se arrodillaron y humillaron ante él; pero el Gran Khan les hizo

levantar, les colmó de honores y les recibió con grandísimo júbilo,

interrogándoles de cuanto habían hecho desde que se separaron. Los

hermanos le aseguraron de que todo había ido a pedir de boca, puesto que

volvían sanos y salvos. Entonces presentaron sus breves y cartas que el

Papa le enviaba, que le causaron gran alegría. Cuando el Gran Khan vio a

Marcos, que era el joven bachiller, les preguntó quién era. «Señor - dijo

micer Nicolás -, es mi hijo y esclavo vuestro.» «Sea bienvenido», dijo el

Gran Khan. Mas ¿por qué extenderme en referiros más tiempo las grandes

manifestaciones de cariño y los honores con que fueron recibidos por el

Gran Khan?







- XVI -

De cómo el Gran Khan envía a Marcos como embajador

Y Marcos, el hijo de micer Nicolás, aprendió tan a la perfección la

lengua y costumbres de los tártaros y su literatura, que a todos causaba

maravilla. Pues desde su llegada a la corte aprendió a escribir y a hablar

cuatro lenguas. Y como era sabio y prudente, el Gran Khan le cobró gran

cariño, estimando su valor. Y cuando vio el buen entendimiento de Marcos

le envió como embajador a una región donde era menester seis meses para

llegar. El joven bachiller cumplió su misión sabia y prudentemente. Había

oído decir repetidas veces que cuando el Gran Khan enviaba mensajeros por

las varias partes del niundo y éstos no sabían referirle más que el objeto

de la misión por la cual habían sido enviados, los trataba de necios e

ignorantes, pues más le placía oír las costumbres y curiosidades de las

cortes extranjeras que lo que se refiriera al pretexto que tomaba para

enviarles. Y Marcos, que sabía esto, se esmeró en contarle al Gran Khan

cuantas novedades y cosas extrañas y curiosidades había visto en su

embajada.







- XVII -

De cómo volvió Marcos de su misión y lo que refirió al Gran Khan

Cuando Marcos volvió de su misión y se halló en presencia del Gran

Khan, después de referirle la manera en que había negociado y conducido su

embajada, contó cuantas novedades había visto, tanto en el camino como en

las ciudades, tan sabia y elocuentemente que el Gran Khan quedó encantado,

y cuantos le oyeron decían entre ellos que este joven, si llegaba a tener

larga vida, no podía por menos de alcanzar fama de varón de provecho y de

gran sabiduría. ¿Y qué más os diré? Desde entonces el joven fue llamado

micer Marco Polo, y así le llamaremos más adelante en nuestro libro.

Sabed, en verdad, que don Marcos vivió con el Gran Khan diecisiete años, y

no cesó de ir y venir en misión, enviado por el Gran Khan, que viendo que

le traía continuamente noticias de doquier y cumplía tan cabalmente sus

negociaciones, le tuvo en gran estimación, le colmó de honores, no

queriendo separarse de él, por cuya razón los varones empezaron a

envidiarle. He aquí por qué causa don Marcos sabe más de esta región que

ningún otro hombre, y que quizá entienda más él que los mismos naturales,

pues se aplicaba en ello con todo entendimiento.







- XVIII -

De cómo micer Nicolás y micer Mafeo piden permiso al Gran Khan para volver

a su tierra

Y cuando micer Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos demoraron el

tiempo que sabéis con el Gran Khan, se dijeron que era hora de volver a su

tierra natal. Pidieron autorización repetidas veces y con gran cautela;

pero el Gran Khan los quería tanto y los veía con tanta complacencia en su

corte, que no quería por nada del mundo consentir en ello.

Empero la reina Bolgana, mujer de Argón, rey de Levante, murió y la

dicha reina puso en su testamento que ninguna dama pudiera ser de Argón ni

sentarse en el trono, que no fuera de su linaje.

Argón reunió a tres de sus barones: el primero llamábase Culatai; el

segundo, Apusca; el tercero, Coia, y les envió al Gran Khan, acompañados

de brillante escolta, para que le buscaran una dama que fuera del linaje

de la reina Bolgana, su difunta esposa.

Cuando los tres barones llegaron al Gran Khan y le explicaron el

objeto de su viaje, el Gran Khan les recibió admirablemente. Hizo venir a

su presencia a una dama que se llamaba Cogacin, y que era del linaje de la

reina Bolgana. Era joven y agraciada y no tenía más que diecisiete años. Y

dijo a los barones que era esta señora la que les convenía, y ellos la

encontraron muy de su agrado.

En ese entonces volvía micer Marcos de las Indias y de diferentes

mares y entretenía la corte con sus relatos sobre estas regiones, y los

tres barones, que habían trabado conocimiento con los sabios latinos micer

Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos, se dijeron entre ellos que desearían

navegar en su compañía y fueron al Gran Khan a pedirle en gracia que los

enviara por mar y que con ellos marcharan los tres latinos. El Gran Khan,

que ya sabéis cuánto los quería, accedió a esa gracia y permitió a los

latinos que se fueran con los barones y la gentil dama.







- XIX -

Donde trata de la despedida, de los hermanos y Marco Polo del Gran Khan

Cuando el Gran Khan se decidió a verles partir, les hizo venir a su

presencia y les entregó dos tabletas como salvoconducto para que

circularan libremente por sus dominios y para que en donde fueren hallaren

escolta, y tanto ésta como ellos, que todo fuera de libre de gastos. Y les







encomendó un embajada al rey de Francia, al rey de España y a otros reyes

cristianos, y luego hizo aparejar 14 veleros, de cuatro mástiles cada uno

y 12 velas, y os podría referir, pero sería demasiado largo entreteneros

sobre este particular.

Cuando las naves fueron aparejadas y los tres barones y la dama y

micer Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos se despidieron del Gran Khan,

embarcáronse con una dotación de 500 personas, y el Gran Khan les hizo

aprovisionar por un plazo de dos años.

Se dieron a la mar y navegaron cerca de tres meses, hasta llegar a

una isla, hacia Mediodía, que se llama Java y en esta isla vieron muchas

cosas maravillosas, que os contaré más adelante en este libro.

Dejaron luego, la isla y navegaron en el mar de la India dieciocho

meses antes de llegar a su destino.

Cuando llegaron encontráronse con que Argón había muerto, y la dama

fue dada en esposa a Casan, hijo de Argón. Pues no os miento diciéndoos

que cuando entraron en las naves eran 600 personas, sin la marinería, y

todos habían perecido, salvo 18 de entre ellos. Encontraron al señorío de

Argón regentado por Chiacato. Le recomendaron a la dama, y así cumplieron

su embajada.

Cuando micer Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos hubieron cumplido

con la misión que les confió el Gran Khan, dio a los tres embajadores

cuatro tabletas de oro, con la orden escrita en letras de oro, que los

tres mensajeros fueron honrados y servidos por doquier, como si se tratara

de su propia persona, y que los caballos y gastos que hicieren corrieren

de su cuenta.

Otro sí os referiré para que veáis en qué gran estimación les tenían,

en razón del aprecio que de ellos hacía el Gran Khan, que les confiaron la

reina Cocacin y a la hija del rey de Mangi para que las llevaran a Argón,

señor de Levante, y así lo cumplieron. Asegurándoos que servían a estas

señoras como si fueran sus propias hijas, cuidando de que llegaran sanas y

salvas. Y éstas, que eran jóvenes y bellas, los consideraban como a sus

propios padres y le obedecían y acataban sus voluntades como a tales.

Escoltáronlas hasta dejarlas en manos de sus barones. La reina Cocacin,

que era mujer de Casan - reinante a la sazón -,quería tanto a los tres

latinos, que se desvivía por complacerles y halagarles. Y cuando se

despidieron de ella para volver a su tierra, lloró amargamente.

Esto os lo cuento en elogio a la conducta de los tres caballeros

latinos, a los que fueron confiadas las damas para escoltarlas a países

tan remotos a sus reinos y señores. Dejemos ahora esto para proseguir

nuestra relación.

Cuando los tres mensajeros se despidieron de Ciacatu, pusiéronse en

camino y cabalgaron tanto que llegaron a Trebizonda y de Trebizonda a

Constantinopla, y de Constantinopla a Negroponte, y de Negroponte a

Venecia. Y esto fue el año de 1295 de la Encarnación de Cristo. Y ya que

os conté el prólogo, ahora comienza la relación del libro.







- XX -

Aquí se habla de la Armenia Menor

En verdad, hay dos Armenias: la Mayor y la Menor. De la Menor es rey

un señor, cuya jurisdicción está bajo la dependencia del Tártaro. La

región es rica en villas y castillos y abundante por todos conceptos. Es

tierra que produce cantidad de caza, de animales y pájaros. Pero es una

provincia de condición malsana. Antiguamente los hombres eran gallardos y

valientes capitanes; ahora son raquíticos y viles, y no tienen más

condición que la de ser grandes bebedores. Hay en la costa una ciudad

llamada Laias, que es notable por su comercio. Todas las especias y paños

de seda y brocateles pasan por esa ciudad, y otras tantas cosas preciosas.

Y todos los mercaderes de Venecia y Génova y otros lugares vienen a

adquirir aquí sus mercancías.

Y hombres y mercaderes que quieren ir a tierra firme empiezan su ruta por

esta ciudad. Os hemos informado de la Armenia Menor, y ahora os contaremos

lo referente a la Turcomania.







- XXI -

En donde se habla de la provincia de Turcomania

En Turcomania hay tres suertes de habitantes, que son: los turcos,

que rezan a Mahoma y observan su ley; son gentes sencillas y de lenguaje

rudo; viven en las mesetas en donde saben que hay abundantes pastizales,

porque se dedican al pastoreo. Crían especies caballares de gran enjundia.

El resto de la población se compone de armenios y griegos, mezclados a

ellos en villas y castillos. Viven del comercio y del arte, pues sabed que

fabrican los más bellos tapices, superiores a los del resto del mundo, y

también tejen paños de seda, púrpura y otros colores, bellos y ricos cual

ninguno, y muchísimas cosas más. Las ciudades son: Conio, Cesarea y

Sebasto, y hay otras tantas villas, ciudades y castillos, de los cuales os

hago gracia, para no ser demasiado extenso. Todos están sometidos al

Tártaro de Levante, que es su señor. Y dejemos esta provincia, para

ocuparnos de la Armenia Mayor.







- XXII -

La Armenia Mayor

La Armenia Mayor es una provincia muy extensa; empieza en una ciudad

llamada Arçinga, en la cual se fabrican los mejores bogaranes (cuchillo

ancho de dos filos a modo de rejón). También he visto las más bellas lacas

que hay en el mundo. Tiene minas de plata riquísimas. Los habitantes son

armenios y súbditos de los tártaros. Abundan en ciudades y castillos, y la

más noble es Arçinga, que tiene un arzobispo. Las otras son Argiron y

Darçiçi. Es una provincia muy rica. En verano la viven las huestes del

Tártaro de Levante, porque hay en ella ricos pastizales para el ganado,

pero en verano solamente, porque en invierno el frío es tan intenso y la

nieve tan abundante que no dejaría vivir a los animales. Y por eso emigran

en invierno a países cálidos, adonde encuentran pastos en abundancia. En

esta Armenia Mayor es donde se encuentra el Arca de Noé en una alta

montaña (el monte Ararat). Confina al Mediodía y a Levante con un reino

llamado Morul, que está habitado por cristianos, jacobinos y nestorianos,

de los cuales os contaré particularidades más adelante. En la zona

limítrofe a la Georgia hay una fuente de la cual mana aceite en abundancia

[¿petróleo?], de tal suerte que pueden cargarse cien naves a la vez, pero

no es comestible, mas combustible y sirve para ungir los camellos contra

la tiña y el forúnculo. Y los hombres vienen de muy lejos a recoger este

aceite y en toda la comarca no se quema más que esta sustancia.

Dejemos ahora bien a la gente de Armenia Mayor para ocuparnos de la

provincia de Georgia.







- XXIII -

Donde se habla del rey de Georgia y de su hacienda

En Georgia hay un rey que se llama David Melic, lo que significa, en

español, rey David. También está sometido al Tártaro. En lo antiguo todos

los reyes de esta provincia nacían con un signo de águila en el hombro

derecho. Es una raza fuerte y valiente, diestra en las armas, buenos

arqueros y excelentes en la lid. Son cristianos de rito griego. Llevan el

cabello peinado a la usanza de los clérigos. De esta provincia fue de la

que no pudo pasar Alejandro cuando quiso dirigirse a Poniente, por ser el

camino extrecho y en extremo peligroso, pues de un lado hay el mar y de

otro una altísima montaña donde es imposible cabalgar. El sendero es tan

menguado entre el mar y la montaña durante más de cuatro leguas, que un

puñado de hombres pueden tener en jaque a todo un ejército. Y fue la razón

que impidió pasar a Alejandro. Y éste hizo alzar una torre para cegar el

pasaje y construir una fortaleza, de modo que la gente no pudiera

atacarla, y fue llamada la Puerta de Hierro, lo cual refiere el libro de

Alejandro, de cómo encerró a los tártaros entre dos montañas.

Y no es cierto que fueran tártaros, sino un pueblo llamado Comain,

pues en aquella época allí no existían tártaros. Hay muchas ciudades y

plazas fuertes en donde tienen seda en abundancia y se tejen brocados de

seda y oro de los más hermosos que darse puedan. Tienen pájaros y

gavilanes y toda especie de cosas en gran abundancia. Viven del comercio y

de la industria. En la provincia hay montañas altísimas, desfiladeros

angostos y temibles, y os digo que los tártaros jamás pudieron apoderarse

de ella.

Hay también un monasterio llamado de San Leonardo, que contiene la

especie maravillosa que os referiré: Debajo del monasterio hay un lago,

que viene de una montaña, que no tiene en todo el año ni un pez, ni grande

ni chico. En cuanto viene la cuaresma, por el contrario, llegan en grandes

cantidades los peces hasta el sábado Santo, o sea la víspera de Pascua de

Resurrección. De modo que en esta época hay miles de peces y en el resto

del año, como os digo, no queda ni uno solo. El mar del cual os hablo que

está al lado de la montaña se llama Glevechelan, y es de 2.700 millas, más

o menos alejado de todo otro mar unas doce jornadas. El Eúfrates y otros

ríos desembocan en él. Últimamente la navegaron mercaderes genoveses hasta

muy lejos. De ahí viene la seda que llaman «ghelle».

Os hemos referido los límites de la Armenia a Poniente. Ahora os

hablaremos de otros confines que están hacia Mediodía y Levante.







- XXIV -

En donde se habla del reino de Mosul

Mosul es un gran reino habitado por diferentes pueblos, del cual os

hablaré ahora. Hay la población árabe que reza a Mahoma. Hay otra especie

de gente que son cristianos, pero no dependen de la Iglesia de Roma.

Tienen un patriarca que hace funciones de arzobispo, obispo y abate, que

ellos llaman católico y envía sus clérigos a la India, al Catai y a

Bagdad, lo mismo que hace el Papa de Roma. Y os digo que cuanto cristiano

encontréis en estas regiones es o bien nestoriano o bien jacobita.

Los tejidos de seda y oro que allí se fabrican son llamados

«muselinas»; son finísimos y transparentes. Todas las especias caras son

de este reino. En las montañas viven unas gentes llamadas kurdos: una

parte sarracena, que adora a Mahoma, está compuesta de mala gente: hombres

de armas terribles, que saquean, si pueden, a los mercaderes. Dejemos el

reino de Mosul y hablemos de la gran ciudad de Bagdad.







- XXV -

De cómo fue tomada, la gran ciudad de Bagdad

Bagdad es una gran ciudad, en donde se halla el califa de todos los

sarracenos del mundo, así como Roma es la cabeza de la cristiandad. En

medio de la ciudad pasa un gran río, por el cual se puede ir al mar de las

Indias, y mercaderes y mercancías van por él sin cesar. Habéis de saber

que hay, navegando por este río, dieciocho jornadas desde Bagdad a la mar,

de Indias. Y los mercaderes que quieren ir a las Indias van por esta vía

fluvial hasta una ciudad llamada Chisi, y entre ésta y Bagdad hay otra

gran ciudad llamada Basora y alrededor de ella se crían las mejores

palmeras que hay en el mundo.

En Bagdad se tejen los más variados brocateles y paños de oro y seda,

es decir, el nassit, nac y la púrpura, bordados de toda suerte de animales

y pájaros. Es la ciudad más noble y grande de la región.

El califa de Bagdad tiene un inmenso tesoro en oro, plata y piedras

preciosas, y os diré cómo y por qué. Es verdad que en 1295 de la era de

Cristo, el gran señor de los tártaros, cuyo nombre era Alan, hermano del

que reina hoy día, reunió un gran ejército y vino a Bagdad, la sitió y la

tomó por la fuerza. Y fue un hecho muy notorio, pues en Babilonia había

más de 100.000 jinetes e infantes. Y cuando hubo conquistado la ciudad

encontró en el palacio del califa una torre llena de oro, plata y otros

tesoros, tales, que jamás se vieron mayores reunidos en un solo lugar:

Cuando esto vio, hizo traer a su presencia al califa y le dijo: «¿Señor,

por qué reuniste tantos tesoros? ¿Qué hubieras debido hacer? ¿No sabías

que yo era tu enemigo y venía con un poderoso ejército para despojarte de

todo? Cuando esto supiste, ¿por qué no repartiste tus tesoros a tus

caballeros y soldados para defender la ciudad y tu persona?» El califa no

supo qué contestar a esto. Entonces Alan replicó: «Puesto que veo que amas

tanto a tus tesoros, voy a darte a comer de ellos.» Y al instante hizo

prender al califa, lo hizo encerrar en la torre del tesoro y mandó que

nada le dieran de comer ni de beber, y luego exclamó: «Califa, come de ese

tesoro, puesto que tanto te gustaba, ya que nunca más comerás otra cosa en

tu vida.» Dicho esto, le dejó en la torre, donde murió, después de cuatro

días. Y más hubiera valido que el califa diera los tesoros a sus hombres

para la defensa de sus tierras y sus gentes, en lugar de perecer con todos

ellos y verse así despojado. Y éste fue el último de los califas de

Bagdad.

Ahora os hablarenlos de Tauris. Os podía haber referido anteriormente

sus hechos y gestas, mas como la materia se presta a un largo relato,

abrevio el mismo.







- XXVI -

De la gran maravilla que sucedió en las montañas de Bagdad

Queremos relatar una gran maravilla que sucedió entre Bagdad y Mosul.

Hubo en 1275 de la Encarnación de Cristo un califa de Bagdad que odiaba a

los cristianos, y día y noche pensaba el modo de convertir a éstos en

sarracenos o hacerlos perecer si no lo conseguía. Todos los días reunía en

Consejo a sus ministros y a seis sabios para preparar sus planes, pues

todos ellos odiaban a los cristianos. Es verdad que todos los moros

detestan a los cristianos. El caso es que el califa y los sabios que le

rodeaban encontraron que en el Evangelio está escrito: «Si un cristiano

tiene tanta fe como un grano de anís, obtendrá de Dios con su oración que

se junten dos montañas.» Cuando hubo leído esto el califa, se alegró

inmensamente, porque vio en ello un pretexto para convertir a los

cristianos a la religión sarracena o perderlos a todos.

El califa mandó entonces reunir a todos los cristianos de su reino, y

cuando se hallaron en su presencia les enseñó el Evangelio y les hizo leer

el texto. Enterados de ello, les preguntaron si aquello era la verdad. Los

cristianos contestaron que ésa era la única verdad. «¿Decís, pues -

replicó el califa -, que un cristiano que tiene fe, por las oraciones

hechas a su Dios es capaz de juntar dos montañas?» «Esto es» -

respondieron los cristianos -, «Os ofrezco una alternativa - dijo el

califa -; puesto que sois cristianos, debe de haber entre vosotros quien

tenga un poco de fe; de modo que haréis mover esa montaña que veis desde

aquí, o si no,os haré morir de mala muerte, pues si no la hacéis mover es

que no tenéis fe. De modo que os haré perecer a todos, a menos que no os

convirtáis a la ley de Mahoma y así estaréis en la fe verdadera y os

salvaréis. Os doy, pues, diez días de tiempo para conseguir esto. Si en

tal término no lo habéis hecho, os condenaré a todos a muerte.» Dicho

esto, calló el califa y despidió a los cristianos.







- XXVII -

Del miedo que tuvieron los cristianos de cuanto les dijo el califa

Cuando esto oyeron los cristianos, tuvieron gran miedo de morir. Sin

embargo, confiaban en su Creador que los sacaría de tan duro trance. Los

sabios cristianos reuniéronse en consejo, pues había arzobispos, obispos y

sacerdotes entre ellos. No pudieron resolver más que rezar a Dios nuestro

Señor para que en su gran misericordia les inspirara en esta ocasión y les

hiciera escapar de una muerte segura si no hacían lo que el califa les

había exigido. Sabed, pues, que día y noche se hallaban en oración y

rezaban devotamente al salvador Dios del cielo y de la tierra para que les

auxiliara en el duro trance en que se veían.

Quedaron ocho días y ocho noches orando hombres, mujeres, niños

pequeños y grandes. Y sucedió que un ángel del Señor se apareció a un

obispo, que era hombre de vida santa e inmaculada, y le dijo: «Ve a un

zapatero que no tiene más que un ojo y le dirás que rece para que la

montaña se mueva, y la montaña cambiará de sitio.» Y os contaré cuál era

la vida de este zapatero.

En verdad os digo que era un hombre honrado y casto. Ayunaba con

frecuencia y su alma no estaba mancillada por pecado alguno. Iba a misa

diariamente y frecuentaba a menudo la iglesia. Tenía maneras tan gentiles

y una vida tan ejemplar, que no había otro mejor a cien leguas a la

redonda. Atestigua una cosa que hizo el derecho a decir que era hombre de

gran fe. Había oído varias veces que en el Evangelio decía: «Si el ojo os

hiciere pecar, hay que arrancarle o hacer de modo que no haga pecar.» Un

día llegó a su casa una bella señora a comprarse zapatos.

El maestro quiso verle el pie y la pierna para saber qué zapatos pudiera

calzar. Y se hizo enseñar la pierna y el pie, que eran tan hermosos que

jamás hubo otros más bellos. Cuando el maestro vio las piernas de esta

mujer, fue tentado, porque sus ojos se deleitaban en ellas. Entonces dejó

marchar a la dama y no quiso vender los zapatos. Y cuando se alejó, el

zapatero se dijo: «Ah, desleal y ladino, ¿en qué piensas? Tomaré gran

venganza en mis ojos, que me escandalizan.» Y cogiendo una lezna, se dio

un corte en el ojo, de tal suerte que se le reventó y no vio más con él.

Así, este buen zapatero se vació el ojo, y ciertamente era un santo varón.

Mas volvamos al relato.







- XXVIII -

De cómo vino la revelación a un obispo de que un zapatero haría mover la

montaña

Cuando tuvo el obispo la revelación de que la oración de un zapatero

tuerto haría mover la montaña, se lo comunicó a los cristianos. Y los

cristianos obtuvieron que hiciera venir el zapatero. Entonces le dijeron

que elevara una plegaria al Señor para hacer mover la montaña. Cuando el

zapatero se hubo enterado de lo que los cristianos pretendían de él,

contestó que no era tan santo para que el Señor le escuchase en tan gran

milagro. Los cristianos le instaron fervorosamente de interceder por

ellos, hasta que pudieron persuadirle de cumplir su voluntad y de elevar a

su Creador esta prez.







- XXIX -

De cómo la oración del cristiano hizo mover la montaña

Cuando expiró el plazo concedido por el califa, los cristianos se

levantaron de madrugada, y hombres y mujeres, pequeños y grandes, se

fueron al pie de la montaña en procesión, llevando la Cruz del Salvador.

Eran más de 100.000 reunidos en la llanura los que rodeaban la Santa Cruz.

El califa asistía por su lado con un sinnúmero de sarracenos, pronto a

exterminar a los cristianos en cuanto la montaña no se moviese.

Y los cristianos, grandes y chicos, tenían gran zozobra y miedo;

pero, sin embargo, esperaban en su Creador. Cuando todos, cristianos y

sarracenos, se hallaban reunidos en el valle, el zapatero se arrodilló

ante la Santa Cruz, y alzando sus brazos al cielo, imploró al Salvador

para que la montaña se moviera y para que los cristianos no tuvieran que

morir de muerte adversa. Y acabado que hubo de impetrar la clemencia del

cielo, la montaña empezó a agitarse y moverse violentamente. Y así que el

califa y los sarracenos vieron esto, llenáronse de maravilla y más de uno

se convirtió, y el califa mismo se hizo cristiano en secreto. Cuando murió

le hallaron encima una cruz, y los sarracenos no lo sepultaron en la tumba

de los demás califas, sino en lugar apartado.

Y así se produjo el milagro.







- XXX -

En donde se habla de la ciudad de Tauris

Tauris es una gran ciudad en una provincia llamada Irac, en la cual

hay numerosas villas y castillos; pero como Tauris es la más noble ciudad

de esta provincia, os hablaremos de ella y de sus hechos. Los hombres de

Tauris son comerciales e industriales: fabrican paños de oro y seda de

gran valor. La ciudad está tan bien situada, que desde la India, Bagdad,

Mosul, Cremosor y de otras muchas envían sus mercancías, así como los

mercaderes latinos vienen a adquirirlas desde países más lejanos. Hay

abundancia de piedras preciosas. Es ciudad en donde se enriquecen los

mercaderes y los navegantes. La población es una mezcla de mil razas: hay

armenios, nestorianos, jacobitas, georgios y persas; hay hombres que

adoran a Mahoma (y éstos son la mayoría), que llaman taorizinos. La ciudad

está rodeada de hermosos jardines, llenos de abundante fruto. Los

sarracenos de Tauris son malos y desleales; la ley que les dio el profeta

Mahoma les manda hacer todo el daño que puedan a los cristianos y a los

que no participen de su fe, y que si los despojan no será pecado. Y por

esta razón harían cosas perversas si no fuera por la Señoría, que se lo

impide. Todos los sarracenos del mundo observan esta ley.







- XXXI -

Dejemos a Tauris y pasemos a Persia

La Persia era antiguamente una inmensa provincia, noble e importante,

pero en el presente los tártaros la han destruido y diezmado. En Persia se

halla la ciudad de Sava, de donde partieron los tres Reyes Magos cuando

vinieron a adorar a Jesucristo. En esta ciudad están enterrados en tres

grandes y magníficos sepulcros. Encima de los cenotafios hay un templete

cuadrado, muy bien labrado. Estos sepulcros se hallan el uno junto al

otro. Los cuerpos de los Reyes están intactos, con sus barbas y sus

cabellos. El uno se llamaba Baltasar, el otro Gaspar y el tercero Melchor.

Micer Marcos interrogó a varias personas con respecto a estos tres Reyes

Magos, y nadie supo dar razón de ellos, exceptuando que eran Reyes y

fueron sepultados ahí en la Antigüedad. Pero os voy a referir lo que

averiguó más tarde sobre el particular:

Un poco más lejos, y a tres días de viaje, se halla un alcázar

llamado Cala Atapereistan, lo que en español significa: «Castillo de los

adoradores del fuego.» Y esto es la verdad, pues estos hombres adoran el

fuego. Os diré por qué lo adoran: Las gentes de ese castillo cuentan que

en la Antigüedad tres Reyes de esta región fueron a adorar a un profeta

que acababa de nacer y llevarle tres presentes: el oro, el incienso y la

mirra, para saber si ese profeta era Dios, rey terrestre o médico, pues

dijeron que si tomaba el oro, era rey terrenal; si el incienso, era un

Dios; si la mirra, entonces era un médico. Cuando llegaron al sitio en

donde había nacido el niño, el más joven de los Reyes se destacó de la

caravana y fue solo a ver al niño y vio que era semejante a él, pues tenía

su edad y estaba hecho como él, y esto lo llenó de asombro. Luego f ue el

segundo de los Reyes, que era de la misma edad, y contestó lo mismo. Y

creció al punto su sorpresa. Por fin, fue el tercero, que era el más

anciano, y le sucedió lo que a los otros dos. Y quedáronse pensativos...

Cuando se reunieron se contaron uno a otro lo que habían visto y se

maravillaron de ello.

Entonces decidieron ir los tres a un tiempo, encontrando al niño del

tamaño y edad que le correspondía (pues no tenía más que trece días). Ante

él se postraron ofreciéndole oro, incienso y mirra. El niño cogió las tres

cosas y, en cambio, les entregó un cofrecillo cerrado. Los Reyes Magos

volvieron después de esto a sus respectivos países.







- XXXII -

Relación de los Reyes Magos que vinieron a adorar a Dios

Cuando hubieron cabalgado algunas jornadas, se dijeron que querían

ver lo que el niño les habla dado. Abriendo el cofrecillo, se encontraron

que contenía una piedra. Sorprendidos, preguntáronse qué significaría

aquello, pues habiendo el niño cogido las tres ofrendas, comprendieron los

Reyes que el niño era Dios, Rey terrestre y Médico, y debía de tener

aquello un sentido oculto, y, en efecto, el niño dio a los tres Reyes la

piedra, significándoles que fueran firmes y constantes en su fe. Los tres

Reyes tomaron la piedra y la echaron a un pozo, ignorando aún su

significado, y cuando la piedra cayó al pozo, un fuego ardiente bajó del

cielo y penetró en el pozo. Cuando tal vieron los Reyes, quedaron

estupefactos y se arrepintieron de haber tirado la piedra, pues era un

talismán. Cogieron del fuego que salía del pozo para llevarlo a sus

respectivos países y ponerlo en un magnífico y rico templo. Y desde

entonces está ardiendo y le adoran como si fuera un dios. Y los

sacrificios y holocaustos que hacen son con ese fuego sagrado. Jamás toman

de otro fuego que no sea de este maravilloso, caminando leguas y leguas

para conseguirlo, cuando se les acaba, por la razón que ya os dije. Y son

numerosos los que adoran el fuego en esta región. Todo esto le contaron a

mi señor Marco Polo, y también de que los tres Reyes Magos el uno era de

Sava, el otro de Ava y el tercero de Cashan. Y ahora que os he contado

esta historia os citaré otras ciudades de la Persia, sus costumbres y

gestas.







- XXXIII -

Los ocho reinos de Persia

Sabed que en la Persia hay ocho reinos, porque es una extensa

provincia, y he aquí los nombres de ellos: el primero se llama Casvin; el

segundo, hacía Mediodía, Kurdistán; el tercero, Lor; el cuarto, Gulistán;

el quinto, Ispahon; el sexto, Ceraci; el séptimo, Sonkara; el octavo,

Tonquín. Todos estos reinos están hacia Mediodía, menos uno, que está

cerca del árbol solitario.

En este reino hay magníficos caballos que llevan a vender a la India.

Y sabed que son caballos de gran valor, porque se venden muy bien cada uno

en 200 libras. También tienen los asnos mejores del mundo, que valen hasta

30 marcos de plata cada uno, son grandes corredores y muy resistentes.

Estas gentes llevan los caballos hasta Chisi y a Curmosa, que son dos

ciudades en el litoral de la India; allí encuentran mercaderes que se los

compran, los llevan al interior de la India y los tornan a vender a buen

precio.

En este reino hay gente muy cruel y homicida, y siempre tienen

pendencias entre ellos, que si no fuera por el temor a la Señoría de los

tártaros de Levante matarían a todos los negociantes que viajan por esos

parajes. Y a pesar de la soberanía de los tártaros, no dejan de cometer

fechorías, que si los mercaderes no van bien provistos de armas y de

flechas los matan y los maltratan. Todos son musulmanes y observan la ley

del Profeta.

En la ciudad hay muchos mercaderes y artesanos que viven de su

trabajo y del tráfico de los mismos. Tejen el brocado de oro y seda de

toda especie. Hay en la comarca mucha abundancia: tienen maíz, trigo,

avena, cebada y alpiste y toda clase de vinos y frutas.

Dejemos estos reinos y os contaré de la gran ciudad de Yasdi y de

todo lo que la concierne.







- XXXIV -

De la ciudad de Yasdi

Yasdi es una noble y bella ciudad de la Persia. En ella se fabrican

brocados de seda que llaman «yasdi» y que los comerciantes transportan a

muchas regiones para sacar de ellos pingües beneficios. Adoran a Mahoma.

Alejándose de ella, hay que cabalgar siete jornadas en la llanura, y nohay

más que tres lugares con habitaciones donde repararse.

Hay buenos caballos que tratan magníficamente, mucha caza en los

bosques, perdices y tordos en abundancia. También hay buen número de

pollinos salvajes. Al cabo de siete jornadas de marcha hay un reino

llamado Kerman.







- XXXV -

Del reino de Kerman

Kerman es otro reino de la Persia y antiguamente tenía un senor

hereditario, pero después de la conquista de los tártaros ya no es así, y

tienen un gobernador impuesto por la voluntad del Tártaro. En este reino

hay semillero de piedras llamadas turquesas. Las encuentran en las

montañas picando la roca. Tienen además minas de acero y ónix. Todos los

arreos de los caballos son muy bien labrados y cincelados, tanto los

frenos como las espuelas, las sillas, las espadas, arcos, goldres y

aljabas, vainas y demás armaduras en usanza.

Las damas y damiselas bordan a la perfección sobre brocados de seda

de todos colores, animales, pájaros, flores y otros motivos. Fabrican las

gualdrapas de los barones y grandes capitanes, tan primorosamente, que es

maravilla el verlo. También confeccionan almohadones, edredones, cojines,

y todo esto con una habilidad increíble. En las montañas nacen los más

variados pájaros. Los que mejor vuelan son de una especie más pequeña:

halcones pintados de rojo en el pecho y debajo de la cola; vuelan con

tanta rapidez que no hay pájaro que los alcance y los sobrepuje.

Partiendo de la ciudad de Kerman se galopa otras siete jornadas,

encontrando al paso castillos, caseríos y alquerías en gran cantidad. El

cabalgar es muy agradable por estas regiones, habiendo abundante caza de

perdices. Al cabo de las siete jornadas de marcha por esa llanura, se da

con una inmensa calzada agreste, cuya ascensión dura dos jornadas y otras

dos para bajar a la vertiente opuesta. También aquí abunda la fruta. En

otros tiempos hubo habitaciones, pero ahora es terreno de mesta en donde

sólo pastan algunas majadas conducidas por sus pastores. En esta bajada de

la ciudad de Kerman reina en invierno tal frío que hay que proveerse de

mantas y abrigos para no sucumbir.







- XXXVI -

De la ciudad de Camandi

Al cabo de la pendiente, después de dos jornadas de montura, se halla

uno en un inmenso llano, en cuya desembocadura está la ciudad de Camandi,

que antaño fue muy grande y noble ciudad. Pero queda reducida hogaño,

porque los tártaros la saquearon en varias ocasiones. Esta llanura es muy

calurosa.

La provincia que mencionaremos ahora se llama Reobar. Sus frutos son

los dátiles, las manzanas, los pistachos y otras especies que no crecen en

nuestras regiones nórdicas. En este llano hay una especie de pájaro que se

llama francolín, que es diferente de los francolines de otros países, pues

son negros y blancos y tienen el pico y las patas encarnadas. Los animales

suelen también ser bastante diferentes de los nuestros, y os hablaré ante

todo de los bueyes. Los bueyes son muy grandes y blancos como nieve, el

pelo liso y corto, por el calor sin duda; las astas gordas y pequeñas y

nada puntiagudas. En el lomo tienen una prominencia redonda, alta dos

palmos, es decir, una joroba. Son hermosísimos, y cuando los quieren

cargar se echan como los camellos; luego álzanse por sí solos. Llevan muy

bien pesadas cargas, siendo robustísimos. Tienen el morro grande como el

de los pollinos, y la cola tan gruesa y larga que bien puede pesar treinta

libras; son grandes y gordos, y exquisitos como alimento. En esta llanura

hay varios castillos y villas fortificadas, con murallas altas y fuertes

para la defensa contra los caraunas, que son bandidos que merodean por el

país. ¿Y por qué se llaman caraunas? Porque sus madres son indias y sus

padres tártaros. Cuando esta gente recorre el país dedicándose al pillaje,

lo hacen con encantamientos y sortilegios y obras diabólicas, logrando que

la atmósfera se oscurezca de modo que nada se pueda divisar al horizonte.

Y consiguen que estas tinieblas perduren unos siete días. Conocen

perfectamente la región. Cuando han sumido al país en la oscuridad,

cabalgan apretados los unos contra los otros en grupos que llegan a formar

hasta un núcleo de 10.000 (a veces más y a veces menos), de tal suerte,

que ocupan casi toda la parte que desean devastar, no escapando a su

triste suerte ni hombre ni bestia ni objeto alguno. De suerte que después

de haber apresado a los hombres, matan a los viejos y se llevan a los

mozos, vendiéndolos como siervos y esclavos. Su rey se llama Nogodar. Este

Nogodar fue a la corte de Ciagatai, que era hermano del Gran Khan, con

10.000 hombres, y vivió con él, pues era su tío y, al mismo tiempo, un

gran señor. Cuando hubo obtenido la hospitalidad, Nogodar ideó y ejecutó

una gran felonía. Ya os diré cómo: Al separarse de su tío Ciagatai, que

vivía en la Armenia Mayor, se escapó con 10.000 hombres, todos crueles y

ladinos; pasó por Badasian y por una provincia que se llama Pasciai, por

otra denominada Kesciemur, perdiendo gente y ganado, porque los caminos

eran estrechos y malos y había muchos desfiladeros. Cuando hubieron pasado

todas estas provincias, entraron en la India limítrofe a una provincia

llamada Dilivar. Se apoderaron de una hermosa ciudad llamada Dilivar,

asentando en ella sus reales y desposeyendo al rey Asidin, sultán

poderoso. Ahí quedó Nogodar con sus huestes, y no hubo nadie que mandara

por encima de él, e hizo la guerra a los demás tártaros que vivían en los

vecinos reinos.

He aquí la historia de esa llanura y de las tribus que hacen la

oscuridad para dedicarse al bandolerismo. Micer Marcos fue preso por estas

gentes en la oscuridad, pero pudo escapar a un castillo llamado Canosalmi.

De sus compañeros pocos salvaron, fueron presos, muertos o vendidos. Y os

contaré ahora otras cosas más amenas.







- XXXVII -

De la segunda meseta inclinada

Esta llanura se extiende al Sur, en una longitud de cinco jornadas de

marcha. Y al cabo de estas cinco jornadas se encuentra una nueva meseta

que desciende 20 millas y ofrece caminos pésimos. En ellos guarecen gentes

maleantes, y el tránsito es poco seguro y peligroso.

A la bajada de esta pendiente hay una llanura muy bella, que se llama

la llanura de Formosa. Para llegar a ella se emplean dos jornadas; hay

magníficos ríos, bordeados de palmeras por doquier. Hay abundancia de

francolines, loros y otros pájaros que no existen en nuestra tierra.

Después de cabalgar otras dos jornadas, se llega al Océano, y en la

costa hay una ciudad llamada Cormos, que es puerto de mar. Los mercaderes

llegan a ella de las Indias en sus barcos, naves y galeras, y traen toda

suerte de especias y piedras finas y perlas y brocados de oro y seda,

colmillos de elefantes y otras mil mercaderías. Allí las entregan a los

naturales, que a su vez las desparraman por todo el universo. Es una

ciudad sumamente comercial. De ella dependen muchas otras villas y

castillos. Es la capital del reino, cuyo rey se llama Ruemedan Acomat. El

clima es tórrido, el sol implacable y la costa un poco encerrada, de modo

que no pasa el aire. Si un mercader extranjero llega a morir en ella, el

rey se incauta de toda su fortuna. En esta región hacen un vino de dátiles

y especias que es exquisito, y cuando los hombres lo toman se emborrachan

y se purgan a la vez, lo que les hace gran bien y les fortifica además los

músculos. Los hombres no comen como nosotros, pues si prueban el pan

candeal y la carne, enferman. Para conservarse sanos beben vino de palmera

y comen pescado. También comen muchas cebollas.

Su galeras son muy malas y se van a menudo a pique, porque no están

clavadas con puntas de hierro, sino cosidas con hilo que fabrican de la

corteza de Indias, que hacen macerar y se vuelven fuertes como crines de

caballo. De estos hilos o cordeles hacen una red, con la cual cubren la

carena; pero aunque dure bastante, al cabo del tiempoel hilo se deshace en

el agua del mar. Las naves tienen un árbol, una vela y un timón; carecen

de puente; cuando las cargan cubren las mercancías con cueros. No conocen

el acero, y por esta razón hacen el espolón de madera y de cuerdas

entretejidas. La navegación es muy agradable en estas galeras, pero, como

os he dicho, son inseguras y naufragan con frecuencia, tanto más que hay

grandes tempestades en el mar de la India.

La población es negra y adora a Mahoma. En verano la gente se aleja

de la ciudad porque el calor es tan intenso en ella que morirían; se van a

los alrededores, a sus jardines, en donde hay agua y ríos. A menudo sopla

en verano un vendaval de arena tan ardiente, que mataría a todo el mundo

si se quedara en la ciudad.

Siembran trigo, cebada y otros cereales en el mes de noviembre y lo

recogen en marzo, y así se hace con la recolección de todos los frutos,

pues se recoge y cuenta la cosecha en el mes de marzo; después de este mes

ya no encontráis ninguna sola hierba ni fruto, pues el sol lo abrasa todo.

Las galeras no están alquitranadas, sino untadas con una especie de

aceite de pescado.

Cuando muere algún indígena, los hombres y mujeres le guardan mucho

duelo. Las mujeres especialmente lloran a sus muertos más de cuatro años

después de la defunción, por lo menos una vez al día. Se reúnen para esta

ceremonia deudos, parientes y vecinos y celebran el duelo con gran pompa.

Dejemos ahora esta ciudad.

No os referiré aquí aún lo que atañe a las Indias, contándolo más

adelante en este libro en su tiempo y lugar. Volveremos a pasar la montaña

y regresaremos por otro camino a la ciudad de Kerman, de la cual os hablé

ya, pues para alcanzar esa región, de la que quiero hablaros, hay que

volver por la ciudad de Kerman.

Ya os dije que el rey Ruemedan Acomat, del cual nos separamos

entonces, es el que reina en Kerman. El camino de regreso de Cremosa a

Kerman está compuesto por bellas llanuras ricas en víveres. Hay baños

calientes. Hay perdices, frutos, dátiles en cantidad. El pan de trigo es

tan amargo, que nadie puede comerlo; por lo tanto, no se consume, y esto

es debido a que el agua con que se amasa es amarga. Los baños de que os

hablo son fuentes termales calientes. Son excelentes para varias

enfermedades y eczemas.

Deseo hablaros ahora de otras comarcas que os iré nombrando en mi

libro hacia tramontana.







- XXXVIII -

De cómo se internó por una comarca salvaje y pobre

Desde Kerman cabalgamos siete jornadas por caminos feos y aburridos.

Durante tres días no encontramos ni un solo río, y las fuentes que se

hallan al paso son saladas; el agua es de color verde como el pasto, y tan

amarga, que nadie puede beberla. Si por casualidad llega a probarla el

viajero, se enferma. La sal que da esta agua una vez evaporada es tan

fuerte, que un solo grano produce cólicos terribles. Por esta razón los

hombres se llevan agua en las alforjas de sus cabalgaduras. También sus

caballerías beben a veces de ella cuando están sedientas y les produce

igualmente cólicos. Durante tres días no se encuentra ninguna habitación;

todo alrededor es desierto y de aspecto árido. No se ve rastro alguno de

animales, pues no encontrarían alimento.

Al cabo de estas tres jornadas hay otra tirada de cuatro, en las

mismas condiciones. Todo es aridez, desolación; el agua amarga, no hay ni

árboles ni animales, a excepción de algunos borricos salvajes. Por fin,

después de estas cuatro jornadas acaba el reino de Kerman y empieza la

ciudad de Cobinan.







- XXXIX -

La grande y noble ciudad de Cobinan

Cobinan es una gran ciudad. Los habitantes adoran a Mahoma. Hay

hierro, acero e imán en gran cantidad. Fabrican espejos de acero grandes y

bellos. Aquí se hace la atutía, muy buena para los ojos. Os diré cómo la

obtienen: toman una tierra compuesta de cobre y calamina, que sirve para

hacer el latón; lo ponen en un horno muy fuerte, sobre el cual hay una

rejilla de hierro. El humo y la humedad que se adhieren a la rejilla

forman una sustancia llamada «atutía», y lo que queda de la tierra en el

fuego es la «escoria», con la que se hace el latón.

Dejemos esta ciudad y prosigamos.







- XL -

De cómo se pasa por un desierto

Cuando se aleja uno de Cobinan se atraviesa un desierto por espacio

de más de ocho días, seco, árido, sin fruta ni árboles, las aguas amargas

y pésimas, y hay que llevarse toda clase de provisiones para comer y

beber, excepto el agua para las caballerías, que, a pesar de tener mal

sabor, ellas beben con gran avidez.

Al cabo de las ocho jornadas se encuentra una provincia llamada

Tonocain. En ella hay cantidad de castillos y ciudades; confina con la

Persia hacia el poniente. En la llanura vastísima crece el árbol que los

cristianos llaman el árbol seco (álamo). Os diré cómo es: es muy grande y

gordo, sus hojas son de un lado blancuzcas y del otro verdes. La corteza

es como la del castaño, pero la madera es fuerte y amarillenta; a 100

millas a la redonda no se ve otro árbol, salvo en una dirección, a unas 10

millas, en donde hay un arbolado de otras especies. En este lugar es

donde, según se dice, se efectuó el encuentro entre Alejandro y Darío. Las

ciudades y castillos son ricas en cosas buenas; el clima es templado, ni

demasiado frío ni demasiado caliente. Las gentes rezan a Mahoma. El tipo

de los indígenas es gallardo; las mujeres, especialmente, son de gran

hermosura.

Dejemos esta región y os hablaremos de otra llamada Muleet, en donde

tenía por costumbre vivir el Viejo de la montaña.







- XLI -

En donde se trata del Viejo de la montaña y de sus asesinos

Muleet significa herético, según la ley de Sarain. Os contaré su

historia, tal como la oyó repetidas veces micer Marcos.

Al viejo le llamaban en su lengua Aladino. Había hecho construir

entre dos montañas, en un valle, el más bello jardín que jamás se vio. En

él había los mejores frutos de la tierra. En medio del parque había hecho

edificar las más suntuosas mansiones y palacios que jamás vieron los

hombres, dorados y pintados de los más maravillosos colores. Había en el

centro del jardín una fuente, por cuyas cañerías pasaba el vino, por otra

la leche, por otra la miel y por otra el agua. Había recogido en él a las

doncellas más bellas del mundo, que sabían tañer todos los instrumentos y

cantaban como los ángeles, y el Viejo hacía creer a sus súbditos que

aquello era el Paraíso. Y lo había hecho creer, porque Mahoma dejó escrito

a los sarracenos que los que van al cielo tendrán cuantas mujeres hermosas

apetezcan y encontrarán en él caños manando agua, miel, vino y leche. Y

por esta razón había mandado construir ese jardín, semejante al Paraíso

descrito por Mahoma, y los sarracenos creían realmente que aquel jardín

era el Paraíso.

En el jardín no entraba hombre alguno, más que aquellos que habían de

convertirse en asesinos. Había un alcázar a la entrada, tan inexpugnable,

que nadie podía entrar en él, ni por él. El Viejo tenía consigo a una

corte de jóvenes de doce a veinte años; era los que adiestraba en el

manejo de las armas, convencidos ellos también por lo que dice Mahoma, que

aquello era el Paraíso. El Viejo los hacía introducir de a cuatro, de a

diez y de a veinte en su mansión; les daba un brebaje para nadormecerles,

y cuando despertaban se hallaban en el jardín, sin saber por dónde habían

entrado.







- XLII -

De cómo el Viejo de la montaña convierte a la obediencia y a la disciplina

a sus asesinos

Cuando los jóvenes despertaban y se encontraban en el recinto,

creían, por las cosas que os he dicho, que se hallaban en el cielo. Y

damas y damiselas vivían todo el día con ellos, tocando y cantando y

dándoles todos los gustos, sometidas a su albedrío. De suerte que estos

jóvenes tenían cuanto deseaban, y jamás se hubieran ido de allí

voluntariamente. El Viejo, que tiene su corte en una espléndida morada,

hace creer a esos simples montañeses que es el Profeta. Y así lo creen en

verdad.

Cuando el Viejo quiere enviar un emisario a cierto lugar para matar a

un hombre, hace que tomen el brebaje un determinado número de entre ellos,

y cuando están dormidos les hace llevar a su palacio. Y cuando despiertan

y les dice que van a tener que ir en misión, se asombran, y no siempre

están contentos, pues por su voluntad ninguno se alejaría del Paraíso en

donde se hallan. Se humillan, sin embargo, ante el Viejo, pues creen que

es el Profeta. El Viejo les pregunta de dónde vienen; ellos contestan:

«del Paraíso», y aseguran que ese paraíso es realmente como el que Mahoma

describió a sus antepasados, haciéndoles lenguas de cuantas maravillas

contiene. Y los que no conocen aún, tienen deseos de morir y de ir al

cielo para alcanzarle pronto. Así es que cuando el Viejo quiere hacer

matar a un gran señor, escoge por asesinos a los mozos que sean más

garridos. Los envía por el país y les manda matar a ese hombre. Ellos van

y ejecutan el mandato de su señor y vuelven luego a su corte (por lo menos

los que escapan con vida, pues hay muchos de entre ellos que son

ejecutados después de haber cometido el reato).







- XLIII -

De cómo los asesinos se entrenan para el mal

Cuando los que se han salvado vuelven a su señor, dicen que han

cumplido con su misión. El Viejo demuestra gran regocijo y festeja la

hazaña. Ya le han enterado de quién puso más ardimiento y diligencia en la

ejecución, pues envía a la zaga hombres que le informan de quién fue el

más arrojado.

Cuando el Viejo quería quitar de en medio a algún señor u otro hombre

que le estorbaba, escogía entre sus asesinos a los más aguerridos, los

mandaba a donde quería, diciéndoles que les enviaba al Paraíso y que

matarán a tal o cual hombre, y que si éste desaparecía les estaba

reservado el cielo. Lo que les mandaba lo cumplían de muy buena gana, de

manera que la víctima no escapaba a su mala suerte cuando el Viejo así lo

disponía. Así tenía en jaque a varios reyes y varones, que no tenían ni

idea de que quisiera exterminarlos.

Os he referido las artimañas del Viejo de la montaña y de sus

asesinos; ahora os contaré cómo fue derrotado y por quién. Otra cosa se me

olvidaba deciros: este Viejo tenía a otros dos sicarios, que eran sus

cómplices y tenían sus malas costumbres. El uno lo envió a Damasco y el

otro al Kurdistán. Pero dejemos esto, y veamos cómo acabó. Hacia el año

1262 del nacimiento de Cristo, Alan, el señor de los tártaros de Levante,

enterado de las horribles hazañas de este Viejo, decidió que había que

destruirle. Reunió a sus barones, los envió bien provistos de gentes de

armas y pusieron cerco al castillo durante tres años; pero era tan fuerte,

que no pudieron tomarle. No hubiesen podido apoderarse de él si los

sitiados hubieran estado bien provistos de todo; pero al cabo de los tres

años se acabaron los víveres, y entonces el Viejo de la montaña, de nombre

Aladino, hubo de rendirse con toda su gente, y pereció infamemente.

Desde aquella época hasta hoy no hubo más asesinos y acabó el terror

que el Viejo de la montaña sembrara en el pasado.

Y dejemos ahora esto y prosigamos nuestra relación.







- XLIV -

De la villa de Sapurgan

Dejando este castillo se cabalga por hermosos llanos y valles con

ricos pastizales, frutos, hierbas en gran abundancia. Los ejércitos se

complacen en quedarse en ellos por la gran cantidad de cosas que hallan

para su sustento. Esta región se cabalga en ocho días, pasando por villas

y castillos. Los habitantes adoran a Mahoma.

Hay trozos en que hay que cabalgar por un desierto de 60.000 millas,

en donde escasea el agua, que conviene llevar consigo. En cuanto a los

animales, aguantan sin beber hasta encontrar una fuente.

Después de cabalgar ocho días se llega a una ciudad llamada Sapurgan.

Es una ciudad rica y abundante. En ella se encuentran los mejores melones

del mundo, en gran cantidad, que ellos tienen por costumbre de secar del

modo siguiente: los cortan alrededor como correas, los ponen luego al sol

a secar y sevuelven más dulces que la miel. Con ellos comercian y los

venden en los alrededores. También hay multitud de pájaros y caza. Dejemos

esta villa y os contaremos de otra llamada Balc.







- XLV -

De la noble y gran ciudad de Balc

Balc es una noble y gran ciudad. En lo antiguo fue más próspera, pero

la invasión de los tártaros y otros pueblos la han echado a perder. Tenía

antes magníficos palacios y casas de mármol, pero éstas fueron destruidas.

Aquí fue donde Alejandro tomó por esposa a la hija de Darío. Los

habitantes adoran a Mahoma. Hasta aquí llega la tierra del señor de los

tártaros de Levante, y esta ciudad es limítrofe a la Persia.

Dejemos esta ciudad y hablemos de otro país llamado Dogana.

Abandonando la ciudad de Balc, se cabalgan doce jornadas sin encontrar

rastro alguno de habitaciones, porque la gente huyó toda a la montaña y se

refugió en las fortalezas, por miedo a los bandidos, que les tenían

atemorizadas.

Hay agua en gran cantidad, caza y leones.

No se hallan víveres con facilidad durante estos doce días, así que

hay que proveerse de ellos para sí y las caballerías.







- XLVI -

En donde se menciona la montaña de sal

Después de andar doce días se halla una ciudad fortificada, llamada

Taican; en ella hay alhóndiga. Es una región muy hermosa, y las montañas

de Mediodía son grandes y dan mucha sal. De todas partes vienen a cogerla,

hasta de veinte jornadas de distancia, porque la sal es excelente. Es tan

dura, que no puede partirse más que con la picota de hierro, y la hay en

tanta abundancia, que durará hasta el fin del mundo.

Hay tres jornadas de marcha desde esta ciudad, entre Nordeste y

Levante, siempre entre poblados y una comarca rica en frutas, trigo y

viñedos. Beben mucho y frecuentan a menudo las tabernas, pues tienen muy

buen vino cocido. No se tocan la cabeza más que con una banda retorcida de

diez palmos de larga, con la cual se la envuelven. Son buenos cazadores, y

se dedican también a la cetrería. No se visten más que con pieles de

animales, que ellos mismos cazan, cosen y adaptan para cubrirse el cuerpo;

con las mismas se calzan también; todos saben coser las pieles.

A tres jornadas de marcha se encuentra una ciudad llamada Scasem, que

pertenece a un conde, y los demás castillos y ciudades están en la falda

de la montaña. Por medio de esa ciudad pasa un gran río.

Hay muchos erizos. Los cazadores los persiguen con sus perros;

entonces el animal se repliega sobre sí mismo y lanza sobre la jauría las

púas que cubren su dorso; así logra herir mortalmente a más de un perro.

Scasem está en una gran provincia que lleva el mismo nombre. Tiene

idioma propio. El pueblo se dedica al pastoreo, es montaraz y posee en la

montaña espaciosas habitaciones. También viven en cavernas, que ellos

mismos se escarban fácilmente en la montaña, que es de arcilla blanda.

Partiendo de esta ciudad se vuelve a caer en despoblado durante leguas y

leguas, sin encontrar ni habitación ni alimento ni que beber, si no se

lleva consigo.

Al otro extremo de la provincia se encuentra Balacian, que os

describiré.







- XLVII -

De la gran provincia de Balacian (Badakchan)

Balacian es una provincia en donde adoran a Mahoma. Tiene idioma

propio. Es un gran reino hereditario, es decir, que la dinastía desciende

directamente de Alejandro y de la hija de Darío, el gran rey de Persia.

Todos estos reyes se llaman en sarraceno Qulcarnein, lo que significa en

español Alejandro, por amor del gran rey.

En esta provincia nacen las piedras preciosas llamadas «balax», que

son bellas y de gran valor. Nacen en las rocas de la montaña. Los

naturales perforan grandes galerías y taladran la montaña para buscarlas,

como se hace con las venas argentíferas. Se encuentran en una montaña

llamada Sighinan. El rey la manda taladrar sólo para él, y nadie puede ir

a esta montaña para buscar los «balax», so pena de muerte. Al que las

cogiera se le aplicaría la pena capital. El rey las envía en obsequio a

los demás reyes, príncipes y grandes señores; a éste por cortesía, al otro

para granjearse su amistad; pero también las hace vender para comprar oro

y plata. Por eso no las deja coger por cualquiera y vender por todo el

mundo, porque así quitaría a estos «balax» su valor. Y, por tanto, se

esfuerza en que nadie las transporte sin su permiso. Sabed que en esta

región hay otras montañas en donde se encuentra el lapizlázuli del más

fino y mejor, la piedra de la cual se saca el azur, que está en filones en

la montaña, como los demás minerales.

También hay minas de plata.

Es una comarca muy fría; nacen en ellas caballos que son grandes

corredores y no van herrados. Tienen el pie muy firme en la montaña.

También nacen halcones sagrados, que son muy hermosos y vuelan muy alto.

Hay gran cantidad de aves y de pájaros de toda especie. Tienen trigo y

cebada.

No tienen aceite de oliva, pero lo hacen de nueces y de cinamomo. En

esta tierra hay desfiladeros, tan angostos en varios lugares, que nadie

puede penetrar en ellos, y tajos fantásticos, y las ciudades y castillos

en las montañas son fortalezas inexpugnables. Son buenos arqueros y

tiradores; se visten con cueros de animales, porque el paño es muy caro.

Las grandes damas y los gentiles llevan pantalones, como os contaré más

adelante. Hay algunas que se cubren las piernas con 100 brazadas de tela;

otras con 80 ó 60, y lo hacen para demostrar que son gruesas, porque a los

hombres les gustan las mujeres entradas en carnes.

Después de haberos descrito este reino, os contaremos de gente varia

que se halla al Mediodía, a diez jornadas de esta provincia.







- XLVIII -

En donde se habla de la provincia de Pasciai

A diez jornadas de Balacian hay una provincia llamada Pasciai. Los

indígenas son idólatras y tienen idioma propio. Los hombres llevan en las

orejas unos zarcillos de oro y plata, perlas y piedras preciosas. Son

maliciosos, listos y prudentes. Esta provincia tiene clima cálido. Se

alimentan de carne y arroz. Dejemos esta relación para hablaros de otra

provincia, a siete jornadas de distancia hacia el viento griego y que

tiene por nombre Kesimur.







- XLIX -

De la provincia de Kesimur (Cachimira)

Es una provincia que aún tiene idólatras. También con idioma propio.

Se entregan a toda especie de encantamientos, brujerías y artimañas

diabólicas. Hacen hablar a los ídolos. Por sus consejas hacen cambiar el

tiempo y pueden producir la oscuridad en la atmósfera. Hacen mil cosas por

poder de magia o por ciencias ocultas. Son jefes de otras tribus idólatras

y les abastecen de ídolos. Desde este país se podría ir al mar de Indias.

Los naturales son morenos y delgados: las mujeres, muy bellas y morenas

también. Sus alimentos consisten en carne y arroz. Es tierra templada, en

donde no hace frío ni calor. Tienen bosques frondosos. Son autónomos, y su

rey hace observar la justicia. Hay ermitaños que viven en sus cenobios y

observan abstinencia absoluta; son muy castos y no pecan contra su fe. Los

tienen por muy santos; viven muchos años, y la abstención de pecar la

hacen por amor a sus ídolos. Han construido muchas abadías y monasterios

de su religión.

En esta comarca se venden más corales que en ninguna otra parte.

Dejaremos esta provincia y no continuaremos hacia la India. No quiero

aún tocar este punto, porque a la vuelta os hablaré de todo lo referente a

la India. Por eso retrocedamos a nuestra provincia, hacia Balacian, porque

es imposible ir por otra región.







- L -

Del gran río Balacian (Badakchan)

Dejando a Balacian, se navega doce jornadas entre Levante y sobre un

río que es del hermano del señor de Balacian, en cuyas orillas hay muchas

casas y castillos. Los hombres son valientes y rezan a Mahoma. Al cabo de

las doce jornadas se llega a una provincia, que no tiene mucha extensión,

pues se recorre en tres jornadas en todos sentidos, y se llama Vocan.

Tienen idioma propio y sus habitantes son de raza guerrera. Tienen por

jefe a un señor que llaman None, lo que en español significa conde, pero

son vasallos del señor de Balacian. Tienen animales en cantidad, caza y

venados de todo especie.

Alejándonos de este lugar, caminamos doce días hacia Nordeste, por

sitios montañosos, y llegamos a un lugar que es el más elevado del mundo.

Allí hay un valle entre dos montañas, por el cual corre un magnífico río y

las mejores praderas de ricos pastizales, pues un animal flaco engorda en

diez días. Hay gran abundancia de fieras. Multitud de carneros salvajes,

muy grandes, con cuernos hasta de seis palmos y, por lo general, de tres o

cuatro. De estas astas hacen los pastores cuencos, en los cuales comen;

aquí encierran a sus animales en cercados. Esta meseta se llama de Pamir,

y durante doce jornadas no hay ningún poblado, y conviene que los viajeros

lleven provisiones. No hay pájaros voladores por la latitud y el frío. El

fuego no es tan claro como en otras partes por el frío intenso, y las

cosas tardan mucho en cocer.

Dejemos este relato para entreteneros de otras cosas hacia Nordeste y

Levante. Al cabo de las doce jornadas conviene cabalgar otras cuarenta más

entre Nordeste y Levante por montes, cuestas y valles, vadeando ríos,

recorriendo desiertos sin habitaciones ni manera de aprovisionarse, por lo

que le conviene al viajero llevar consigo víveres. A esta región la llaman

Belor. Los hombres viven a una latitud muy elevada. Son idólatras y muy

salvajes; no viven de la caza; son malísimos.

Dejemos esta inhospitalaria región, para contaros de la provincia de

Cascar.







- LI -

Del reino de Cascar (Caschgar)

Cascar fue antaño un reino; ahora pertenece al Gran Khan. Las gentes

adoran a Mahoma. Hay muchas poblaciones y castillos, y la más importante

ciudad es Cascar. Están también situados entre Nordeste y Levante; crecen

muchas plantas de algodón y salen de esta región mercaderes que van por

todo el mundo haciendo negocio con esta planta. La población es miserable

y pobre, muy sobria en el comer. En este país hay cristianos nestorianos,

que tienen su Iglesia y su credo. Los de la provincia hablan un idioma

propio. En su totalidad se recorre en cinco jornadas. Dejémosla para

tratar de Samarcanda.







- LII -

De la gran ciudad de Samarcanda

Samarcanda es una grande y noble ciudad. Los habitantes son

cristianos y sarracenos, y son vasallos del sobrino del Gran Khan, que, no

obstante, no es su amigo, pues varias veces ha probado su enemistad hacia

él. Es el verdadero amo. Os contaré un gran milagro que sucedió en esta

ciudad.

Hace en verdad poco tiempo que Ciagatai, hermano carnal del Gran

Khan, se hizo cristiano. Era señor de esta región y de varias otras

comarcas. Cuando los cristianos de la ciudad de Samarcanda se enteraron de

que su señor era cristiano, llenáronse de alegría y construyeron en esta

ciudad una gran iglesia en honor a San Juan Bautista. Tomaron un bello

trozo de piedra que pertenecía a los sarracenos y lo pusieron como pilar a

una columna que había en medio de la iglesia y que sostenía la bóveda de

la misma. Mas sucedió que Ciagatai dejó de existir, y cuando los

sarracenos supieron que había muerto, airados por saber esa piedra en la

iglesia cristiana, se dijeron que la arrebatarían a la fuerza. Lo que les

era muy fácil, pues sobrepujaban quince veces en número a los cristianos.

Entonces las personas principales entre los sarracenos fueron a la iglesia

de San Juan, expusieron sus títulos ante los cristianos y les exigieron la

devolución del pilar. Los cristianos replicaron que le darían cuanto

quisieran, pero les suplicaban les dejasen esa piedra, pues sería gran

lástima se la quitaran de la iglesia. Los sarracenos replicaron que no

querían ni oro ni tesoro, sino esa piedra a todo trance. El mando y

señorío pertenecía a ese sobrino del Gran Khan. Éste ordenó que dentro de

dos días fuera devuelta la piedra a los sarracenos. Y cuando esta orden

llegó a los cristianos, se encolerizaron y no supieron qué hacer... Pero

se produjo el milagro que os voy a contar: Cuando llegó la madrugada del

día fijado, la columna que descansaba sobre el pilar, por voluntad de

nuestro Señor Jesucristo se apartó del pilar y se elevó en el aire casi a

tres palmos de tierra, y así se sostuvo, como si la piedra hubiera estado

debajo. Desde aquel día la columna quedó suspendida, y así permanece

todavía, lo que por todos fue considerado un gran milagro.

Dejemos esto para contar las particulardades de una provincia llamada

Yarcan.







- LIII -

Aquí trata de la provincia de Yarcan (Yarken)

Yarcan es una provincia que se recorre en cinco jornadas. La

población obedece a la ley de Mahoma. Hay algunos cristianos nestorianos.

Pertenecen a la jurisdicción del sobrino del Gran Khan, del cual os hablé

anteriormente. Viven en la abundancia, pero no hay nada notable que

contar; por eso pasamos de largo y os hablaremos de Cotan (Khotan).







- LIV -

De la provincia de Cotan (Khotan)

Cotan es una provincia entre Levante y Nordeste, larga diez jornadas.

Pertenece al Gran Khan. Los habitantes adoran a Mahoma. Hay numerosos

castillos y ciudades, y la más noble entre ellas, cabeza del reino, se

llama Cotan. Hay abundancia de productos, algodoneros en cantidad; tienen

propiedades, viñas y jardines. Viven del comercio y la industria. No son

guerreros.

De aquí salimos para Pem, otra provincia de la cual os hablaremos.







- LV -

De la provincia de Pem

Pem es una provincia que se recorre en cinco jornadas entre Levante y

Nordeste; los habitantes adoran a Mahoma y son vasallos del Gran Khan. Es

rica en ciudades y castillos, y la capital del reino se llama Pem. Hay un

río en ella, cuyas aguas llevan el diaspro y la calcedonia. Hay abundancia

de productos. El algodón crece por doquier. Viven del comercio y de la

industria. Tienen una costumbre singular: cuando una mujer tiene un marido

que se separa de ella para ir de viaje por más de veinte días, tiene

derecho a escoger otro marido. Así es la costumbre.

Esta provincia de Cascar pertenece hasta ahora a la Gran Turquía.

Dejemos estos para contaros de la provincia de Ciarcian.







- LVI -

Aquí empieza el relato de la provincia de Ciarcian

Ciarcian es una provincia de la Gran Turquía, entre Nordeste y

Levante. Los habitantes adoran a Mahoma. Posee numerosas ciudades y

castillos, y la más hermosa de entre ellas es la capital, llamada

Ciarcian.

Hay un río que lleva en sus aguas el diaspro y la calcedonia, que se

vende en Catá, y produce mucha riqueza, porque lo hay en cantidad y es

excelente. Toda esta provincia es arenosa, y de Cotan a Pem hay dunas de

arena, así como en el mismo Pem. Hay aguas estancadas y amargas, pero

también las hay potables y dulces. Cuando llega un ejército enemigo, se

refugian con sus mujeres e hijos y caballerías entre las dunas durante dos

o tres días, en donde saben que hay agua y podrán subsistir. Nadie puede

descubrir su paradero, porque el viento borra los rastros por donde han

pasado, como si jamás hubiera habido una pisada humana por esos parajes.

De esta forma escapan al enemigo. Y si sucediera que un ejército pasara

por ahí y que fuera un ejército amigo, esconden a los animales, pues no

quieren que los cojan y coman, pues los guerreros no suelen pagar lo que

toman.

Desde Ciarcian hay cinco jornadas de marcha entre las dunas, donde

hay aguas fétidas y amargas. No hay nada digno de mención, por lo demás,

en esta provincia. Al cabo de cinco días se encuentra una ciudad al

extremo del desierto, donde es menester que los hombres se aprovisionen de

víveres para poderle pasar.

Prosigamos el relato y dejemos esto.







- LVII -

De la ciudad de Lop

Lop es una gran ciudad a orillas del gran desierto llamado de Lop,

entre Levante y Nordeste. Esta ciudad pertenece al Gran Khan. Los

habitantes adoran a Mahoma. Los que desean pasar el desierto descansan en

ésta durante una semana para refrescarse y aliviar la carga de sus

cabalgaduras. Al cabo de la semana se abastecen de víveres para un mes y

dejan la ciudad para entrar en el desierto.

Éste es tan inmenso, que en un año no se llega a recorrerlo en toda

su extensión.

En donde es más estrecho hay que emplear un mes en la travesía. Está

lleno de dunas, montañas y valle No hay nada que comer en él. Al cabo de

un día y una noche de marcha se encuentra, sin embargo, agua, de sabor

algo agrio, pero que puede apagar la sed a unos 50 ó 100 hombres, con sus

caballerías. Sólo en otros dos sitios se encuentra agua amarga; las otras

son buenas, y hay hasta 28 abrevaderos. No hay fauna ni pájaro alguno,

porque no encuentran qué comer.

Pero oiréis de él una maravilla que os contaré:

Si cabalgando de noche por ese desierto alguien se aleja de la

caravana y se queda distante de sus compañeros para dormir o para otra

necesidad, al querer alcanzarlos oye voces que le hablan como si fueran

sus compañeros de viaje, y que le llaman hasta por su nombre. Esto les

hace perderse más y más, de forma que se extravían por completo. De este

modo perecieron y se perdieron muchos viajeros. Hasta durante el día oís

las voces de esos espíritus y os parece oír instrumentos extraños, así

como tambores.

Así se pasa el desierto con grandes fatigas. Dejémosle, pues os he

contado sus particularidades, y os mencionaré la provincia que se

encuentra en este desierto.







- LVIII -

De la provincia de Tangut

Después de tres días de marcha en el desierto ya nombrado, se

encuentra una ciudad llamada Saciú, que pertenece al Gran Khan; la

provincia se llama Tangut. En ella son todos idólatras. Hay, sin embargo,

algunos cristianos nestorianos. También hay sarracenos. Los idólatras

tienen un lenguaje propio. No viven del comercio, sino de la agricultura.

Hay muchas abadías y monasterios llenos de ídolos de muchas clases, a los

cuales sacrifican y por los que sienten gran reverencia. En cuanto a un

hombre le nace un hijo, engordan un carnero para ofrecérselo al ídolo. Al

cabo del año, en el día de la fiesta del ídolo, el que ha criado el

cordero se lo lleva en gran pompa con sus hijos al templo. Luego le

cuecen, le llevan ante el dios con gran respeto y le dejan ahí hasta hacer

sus oraciones, para que el ídolo proteja a su niño, pues creen que los

ídolos comen la sustancia de la carne. Después de esto cogen la carne, se

la llevan a su casa en triunfo y convidan a parientes y amigos a comerla

con gran alboroto, y cuando han comido la carne guardan cuidadosamente los

huesos en un armario, en lugar seguro, porque fueron tocados por el ídolo.

Los idólatras de todo el mundo se hacen incinerar cuando fallecen y

les llevan después de muertos al sitio en donde han de ser quemados. En un

lugar indicado hacen sus parientes una casita de madera, que cubren de

seda y telas de oro, y cuando el difunto está depositado en este túmulo la

concurrencia le trae vinos y viandas. Lo hacen esto porque pretenden que

así le han de recibir en el otro mundo. También cuando el cadáver llega al

sitio donde tiene que ser quemado, sus parientes y allegados hacen cortar

en papel formas humanas, caballos, monedas grandes como bizancios, y otros

simulacros, que hacen quemar junto con el cuerpo del difunto, y pretenden

que en el otro mundo el muerto tendrá tantos carneros, esclavos, animales

y objetos como los que queman en efigie de cartón.

Cuando llevan el cuerpo a incinerar tañen cuantos instrumentos tienen

y hacen música a su alrededor.

Otrosí; cuando estos idólatras mueren, los deudos llaman a los

astrólogos, les dicen la fecha del nacimiento, el mes, el día y la hora, y

según eso los astrólogos adivinan, por arte diabólico, cuál es la fecha en

que han de quemar el cuerpo. Y así permanece el cadáver en su casa una

semana, un mes y hasta seis meses sin quemar, pues jamás le incinerarían

sin que el adivino les advirtiera que era llegada la hora. Mientras tanto

queda el cuerpo depositado en la casa del modo siguiente: hacenuna caja

con gruesos tablones de un palmo bien calzado, ponen en ella el cuerpo del

difunto y le cubren de lienzos empapados en alcanfor y otras materias

aromáticas, de forma que el cuerpo no despida mal olor.

Los parientes del difunto, tantos días como guardan el cuerpo en su

casa, tantos como le hacen participar de las comidas, poniendo el ataúd

cerca de la mesa, dándole de comer como si estuviera vivo. Este simulacro

dura un rato, porque pretenden que el alma come de estos alimentos.

Algunas veces el astrólogo les dice que no conviene que el muerto salga

por la puerta, y la hacen cegar con una plancha, sacándole por otra

puertas o a veces abriendo un boquete en la pared.

Todos los idólatras tienen estas mismas costumbres.

Dejaremos esta materia para tratar de otras ciudades que están

allende en el desierto.







- LIX -

En donde se menciona la provincia de Camul (Khamil)

Camul es una provincia que fue antaño un reino con ciudades y

castillos numérosos; su capital se llama Camul igualmente. La provincia

está enclavada en el desierto; de un lado hay el gran desierto y de otro

uno más pequeño, que se recorre en tres jornadas. Los indígenas son

idólatras y tienen idioma propio; viven de fruta, pues la hay en

abundancia, alimento que ellos venden también a los viajeros que pisan por

allí. Son hombres de carácter alegre, que no saben más que cantar, tocar

toda clase de instrumentos y darse a las delicias del cuerpo. Son

hospitalarios, y si un extranjero viene a hospedarse en su casa, están

encantados, ordenando a sus mujeres que hagan la voluntad del huésped.

Ellos se van de la casa a ocuparse de sus asuntos, no regresando en dos o

tres días. El forastero queda solo en casa de la mujer y hace lo que le

parece; se acuesta con ella como si fuera su mujer propia, y ellos lo

toman esto a mucha honra. Todos los de esta ciudad son burlados por sus

mujeres, pero no se ofuscan por eso. Las mujeres suelen ser hermosas y muy

alegres.

Y aconteció que en tiempos de Mongu Khan, señor de los tártaros, le

fue referido que la gente de Camul permitía a sus mujeres cometer

adulterio con los forasteros. Y Mongu les prohibió, so gran pena, de no

albergar más a extranjeros en su casa. Cuando esto oyeron los de la

población se indignaron. Reuniéronse todos en consejo y decidieron lo

siguiente: llevar a Mongu un gran presente, pidiéndole que les dejara usar

de sus mujeres como bien les parecía, según la costumbre de sus

antepasados, que les mandaban dejar a los extranjeros disfrutar de sus

mujeres y de sus bienes. Que los ídolos veían este proceder con

complacencia y con eso se multiplicaban sus haberes en vez de menguar.

Cuando Mongu Khan oyó estas razones, dijo: «Puesto que queréis vuestra

vergüenza y vituperio, tenedlos.» Y consintió que hicieran su voluntad y

mantuvieran sus costumbres, como lo hacen hasta nuestros días.

Dejemos Camul y vamos hacia tramontana, a una provincia perteneciente

al Gran Khan.







- LX -

En donde se habla de la Provincia de Gkingkintalas

Gkingkintalas es una provincia que está más hacia Poniente cerca del

desierto, a una distancia de dieciséis jornadas. Pertenece al Gran Khan;

hay en ella castillos y ciudades y tres clases de religiones: los

cristianos nestorianos, los que adoran a Mahoma y los idólatras.

En el confín de esta provincia hay hacia Poniente una montaña en la

cual se encuentran filones de acero y ónix.

También de la misma se saca el mineral que sirve para hacer la

salamandra (el amianto). Y sabed que la salamandra no es un animal como se

dice, sino lo que os voy a explicar. Es cierto que ningún animal puede

vivir en el fuego, porque su naturaleza está compuesta por los cuatro

elementos. Como la gente no sabía lo que era una salamandra, decían que

era un animal, pero no es así. Tenía un compañero de viaje cuyo nombre era

Curficar, un turco muy sabio que vivió tres años con el gran Khan para

explotar la salamandra, el ónix, el acero y otras cosas. El Gran Khan le

había encargado de gobernar durante tres años esta provincia, para

ocuparse de la salamandra, y mi companero me explicó el hecho y le vi con

mis propios ojos. Cuando se taladra la montaña se saca un mineral que, una

vez desmenuzado, se mantiene unido por filamentos como la lana. Por eso

cuando se tritura este mineral se deja secar, luego se machaca en grandes

morteros de cobre, luego se lava bien y se seca y quedan esas hebras de

las cuales os hablo. Luego ese hilo que se parece a la lana se hila y con

él se hacen hermosas telas. Estas telas no son, empero, muy blancas. Mas

las ponen en el fuego y las dejan allí algún tiempo y se vuelven blancas

como la nieve. Es menester, sin embargo, que esta tela de salamandra no

tenga costura alguna, ni roto, para poderla meter en el fuego y que se

vuelva blanca. Ésta es la verdad; la salamandra y todo lo demás son

cuentos y fábulas. Os diré además que en Roma hay un gran lienzo que el

Gran Khan envió al Papa como presente para poner en él el sudario de

nuestro Señor Jesucristo.

Dejemos esta provincia y os contaré de otra entre Levante y Nordeste.







- LXI -

De la provincia de Succu

Alejándonos de esta provincia por el espacio de diez jornadas entre

Levante y Nordeste no se encuentra poblado alguno. Nada hay digno de

mención; al cabo de estas diez jornadas nos encontramos con una provincia

llamada Succu, en la cual hay numerosas ciudades y castillos, y la capital

tiene por nombre Succu. Hay en ellas cristianos e idólatras; son vasallos

del Gran Khan. La provincia a la cual pertenece ésta, y que mencioné más

arriba, se llama Tangut. Por las montañas que la cubren se recoge el

ruibarbo en cantidad. Allí lo adquieren los mercaderes para llevarlo a

vender por el mundo. Los indígenas viven de la agricultura. Dejando estos

lugares, os hablaremos de una ciudad llamada Campiciú.







- LXII -

De la ciudad de Campiciú

Campiciú es una ciudad que se halla en Tangut. Sus habitantes son

idólatras y algunos de entre ellos adoran a Mahoma. Hay también cristianos

que tienen tres grandes y hermosas iglesias. Los idólatras también tienen

sus templos y rezan según sus ritos. Poseen una cantidad de ídolos; los

hay enormes, los unos de madera, los otros de piedra o de barro, todos

cubiertos de oro y muy bien labrados. El ídolo gigante está en medio de

varios otros pequeños que parecen rendirle pleitesía. Y ya que os hablo de

los ídolos, voy a contaros más pormenores sobre ellos.

Sabed que el clero regular de los idólatras vive más honestamente que

las demás gentes. Evitan la lujuria, aunque no la tienen por gran pecado.

Pero si un hombre yace con una mujer contra natura, lo condenan a muerte.

Tienen un almanaque para contar las lunas y los meses como nosotros. Hay

una época del lunario en la cual los idólatras no matan a los animales ni

a los pájaros durante cinco días, ni comen de una res que haya sido

sacrificada durante esos días, y viven durante ellos más honestamente que

los demás días. Tienen derecho a tener treinta mujeres, más o menos, según

la proporción de su matrimonio y puedan mantenerlas. Los hombres dan a sus

mujeres para su manutención ganado, esclavos y dinero según sus medios.

Por lo general tienen a la primera mujer por lamejor. Si ven que una de

sus mujeres no tiene buena conducta o deja de gustarle, pueden, repudiarla

y hacer según su albedrío. Se casan con sus primas y también con las

viudas de sus padres. No tienen en cuenta ciertos pecados graves para

nosotros, porque viven como los animales.

Hagamos punto y os contaremos otros hechos hacia Poniente. Micer

Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos vivieron un año en esta ciudad por un

hecho que es inútil mencionar. Y prosigamos a sesenta jornadas hacia

Poniente.







- LXIII -

De la ciudad de Eçina

Partiendo de Campiciú, se cabalgan doce jornadas hasta llegar a una

ciudad llamada Eçina, que está limitando con el desierto de arena hacia

tramontana y pertenece a la provincia de Tangut. Los indígenas son

idólatras. Tienen ganado caballar y lanar. Se crían excelentes halcones

laneros, alfaneques o negris. Viven de la agricultura y no se dedican al

comercio.

En esta ciudad hay que abastecerse para cuarenta días, pues en

dejándola se atraviesa un desierto hacía Poniente durante cuarenta días,

donde no hay ni habitaciones, ni ventas, ni rastros humanos, más que en

verano en los valles y montañas. Se encuentran, sin embargo, a menudo

burros salvajes y animales extraños. Hay también bosques de pinos. Después

de cuarenta días por este desierto se llega a una provincia hacia

Poniente, y oiréis cuál.







- LXIV -

De la ciudad de Caracoron

Caracoron es una ciudad que tiene tres millas de circunferencia. Es

la primera plaza fuerte que los tártaros arrebataron al enemigo al salir

de su patrimonio. Os contaré las gestas de los tártaros de cómo

conquistaron al mundo y cómo realizaron su expansión. Los tártaros vivían

hacia Poniente en los alrededores de Ciorcia; en esta región había una

gran llanura pelada, sin habitaciones ni ciudades ni fortalezas: pero los

pastos eran excelentes, los ríos caudalosos. No tenían señor, pero es lo

cierto que pagaban un tributo a un señor que en su idioma llamaban Khan,

lo que en español significa el gran señor. Y fue éste el Preste Juan, del

cual hablan todos en el gran Imperio. Los tártaros le daban una renta de

diez cabezas de ganado, y adivino que se multiplicaron, y cuando esto vio

el Preste Juan, decidió dividirlos en varias regiones. Envió a ellas para

regentarlos a sus barones. Y cuando los tártaros oyeron lo que hacía con

ellos el Preste Juan, montaron en cólera. Emigraron entonces todos juntos

y fueron hacia el desierto de tramontana, adonde el Preste Juan no podía

ni alcanzarles ni perjudicarles. Se declararon en rebelión, no pagaron ya

sus alcabalas y así quedaron por algún tiempo.







- LXV -

De cómo Gengis fue el primer Khan de los tártaros

Y sucedió que en el año de 1187 de la Encarnación de Jesucristo los

tártaros eligieron como rey a un hombre que en su lengua se llamaba Gengis

Khan. Era hombre de gran valor, de buen sentido y valiente como el que

más. Y cuando le eligieron rey, todos los tártaros del mundo que se

hallaban desparramados en países extranjeros se llegaron a él y le

aclamaron como gran señor. Y Gengis Khan mantenía su autoridad franca y

llanamente. Los tártaros acudieron numerosísimos, y cuando Gengis Khan vio

que había tal multitud, se calzó las espuelas, se armó de arco y coraza y

fue a la conquista de otras partes del reino. Y conquistaron ocho jornadas

de tierra. Pero como con los vencidos usaba de clemencia y no les hacía

daño alguno, se sumaban a sus huestes y proseguían la conquista de otros

pueblos. De esta manera conquistaron la multitud de pueblos que habéis

oído mencionar, y las gentes, viendo el buen gobierno de este señor y su

bondad, se sometían voluntariamente a él. Cuando tuvo como súbditos a

tanta multitud de gentes capaces de cubrir la tierra entera, dijo que

quería conquistar la mayor parte del mundo. Entonces envió emisarios al

Preste Juan, y esto fue en el año 1200 del nacimiento de Cristo. Y le

propuso de tomar por esposa a su hija. Cuando el Preste Juan oyó que

Gengis Khan le pedía la mano de su hija: «¿Cómo no tiene vergüenza Gengis

Khan de pedirme a mi hija por mujer? ¿No sabe él, por si acaso, que es mi

siervo y vasallo? volved a él y decidle que antes quemaría a mi hija que

dársela por esposa. Decidle también que le condeno a muerte por traidor y

desleal a su señor.» Luego instó a los embajadores que se fueran y no

volvieran a reaparecer más en su presencia. Partieron los emisarios a toda

prisa y no pararon hasta hallarse en presencia de su señor, contándole

cuanto les había dicho el Preste Juan, sin omitir palabra.







- LXVI -

De cómo Gengis Khan arma su gente para ir contra el Preste Juan

Y cuando Gengis Khan oyó las palabras violentas que Juan pronunciara

contra él, parecióle que de rabia iba a estallársele el corazón dentro del

pecho, pues os repito que era un gran señor. Y habló enfurecido a los que

le rodeaban, diciendo que todo lo abandonaría, su dominio y señoría, si no

le hiciera pagar bien caro al Preste Juan la afrenta que le había hecho, y

que pronto le demostraría si era o no su siervo. Y reuniendo a su gente,

juntó el mayor ejército que nunca se viera, con todos los armamentos

temibles de que disponía, e hizo saber al Preste Juan que iba en contra

suya con todas sus fuerzas y que se preparara a defenderse. Cuando el

Preste Juan supo que venía contra él con todas sus huestes, dijo con aire

socarrón que aquello no era nada, que no eran guerreros y que no había por

qué temerles; sin embargo, se preparó con un esfuerzo suprerno, no

queriendo morir de muerte infame, e hizo convocar a todas las gentes de

países extranjeros. Así reunió a un numeroso ejército. Y de este modo se

preparaban de una parte y otra. Y Gengis Khan desplegó sus fuerzas en una

gran llanura llamada Tangut, que pertenecía al Preste Juan. Y allí sentó

sus reales. Y eran sus hombres en tan gran número que no podían contarse.

Allí supo con regocijo que el Preste Juan venía a su encuentro y holgóse

de que fuera en esta bella y ancha llanura donde podía librar una gran

batalla; ya le tardaba en luchar cuerpo a cuerpo con él. Y dejemos a

Gengis Khan y sus huestes y volvamos al Preste Juan.







- LXVII -

De cómo el Preste Juan, con sus gentes, fue al encuentro de Gengis Khan

Y cuentan que cuando el Preste Juan supo que Gengis Khan venía a su

encuentro con toda su gente, caminaron tanto hasta llegar a la llanura de

Tangu t y asentaron el campamento a la vera del de Gengis Khan, a 20

millas de distancia. Cada ejército descansó para estar dispuesto el día de

la batalla.

Y así, prontos a la lucha, esperaban los dos ejércitos. Un día Gengis

Khan hizo venir a su presencia a sus astrónomos, el uno cristiano y el

otro sarraceno, y les hizo decir cuál sería el vencedor en la contienda.

Los astrólogos consultaron los signos de las estrellas. El astrólogo

sarraceno no supo decirle la verdad, pero el cristiano fue más feliz y se

la enseñó abiertamente. Cogió una caña, que partió en dos pedazos iguales,

y las puso de un lado y otro sin que nadie las tocara. La una llevaba una

inscripción con el nombre de Gengis Khan y la otra con el del Preste Juan.

Y dijo a Gengis Khan: «Señor, mirad esta caña que lleva vuestro nombre,

así como la otra del Preste Juan; cuando hayamos hecho nuestras

invocaciones de las dos, la que venza es la que indicará el que gane la

batalla.» Gengis Khan dijo que ansiaba ver el resultado, y apresuraron la

experiencia lo antes posible. Los astrólogos tomaron el salterio y leyeron

ciertos salmos e hicieron sus invocaciones. Entonces la caña de Gengis

Khan, sin que nadie la tocara, se puso encima de la del Preste Juan. Y

cuantos presenciaron el hecho esto vieron. Y vístolo, Gengis Khan no cabía

de gozo y alegría. Y como tenía a los cristianos por hombres honrados, les

colmó de honores y les tuvo la mayor consideración como caballeros

honestos y veraces.







- LXVIII -

De la gran batalla entre el Preste Juan y Gengis Khan

Después de dos días, las dos partidas se armaron y batieron

duramente. Y fue la batalla más grande y encarnizada que jamás vio el

género humano. Y hubo grandes bajas de una parte y otra, mas al fin venció

GengisKhan la batalla y en ella pereció el Preste Juan y fue desposeído, y

Gengis Khan continuó sus conquistas. Después de la victoria reinó seis

años Gengis Khan y se apoderó de castillos, ciudades y provincias. Mas al

cabo de seis años fue a un castillo llamado Coagin y fue herido por una

flecha en la rodilla, de cuyas resultas murió. Y fue esto una gran

desventura, porque era sabio y valiente.

Os he contado de cómo los tártaros eligieron a su primer gran señor,

de cómo vencieron al Preste Juan. Ahora os contaré de sus usos y

costumbres.







- LXIX -

Relato de los Khanes que reinaron después de Gengis Khan

Después de Gengis Khan reinó Cui-Khan; el tercero, Batui-Khan; el

cuarto, Ocati-Khan; el quinto, Mongukhan; el sexto, Cublai-Khan, que es el

más grande y poderoso de todos ellos, pues todos juntos no tuvieron tan

gran poder como este Cublai, y aun más que todos los emperadores

cristianos, moros y sarracenos no podrán tener ni tendrán tanto poder como

Cublai. Y os lo demostraré en este libro.

Sabed en verdad que todos los grandes señores que descienden de la

dinastía de Gengis Khan son sepultados a su muerte en la montaña llamada

Altai. Cuando mueren los grandes señores de los tártaros, aunque se hallen

a cien jornadas de esta montaña, convienen en que les lleven allí. Y es

gran maravilla que cuando el cuerpo de estos señores es llevado a esta

montaña -aunque esté a cuarenta días de distancia-, todos los hombres que

encuentra el cortejo fúnebre a su paso son pasados por las armas y

atravesados por una espada por los que conducen el cadáver, que les dicen:

«Id a servir a vuestro señor al otro mundo», pues creen firmemente que el

que así muere irá al lugar de la bienaventuranza a servir a su señor. Y la

misma suerte corren los caballos: cuando muere el gran señor, sus mejores

caballos son sacrificados para que vayan a servirle al otro mundo. Y sabed

que cuando finó Mongu-Khan, más de 20.000 hombres murieron hallándose al

paso del cuerpo que llevaban a la sepultura.

Más cosas os contaré de los tártaros: los tártaros viven en invierno

en llanuras fértiles y regiones templadas, en donde hay buenos pastizales

para su ganado. En verano viven en lugares frescos de la montaña y en el

valle, en donde encuentran agua, bosques y pastos para las majadas. Tienen

casas de madera, que recubren de fieltro, de forma cilíndrica, y que

transportan con ellos adonde van. Atan las vigas con tanto orden, que son

fácilmente transportables. Y cuando arman y tienden sus casas colocan la

puerta hacia el Mediodía. Tienen carretas cubiertas de fieltro oscuro, así

que cuando llueve no se estropea nada en su interior. Estos carros son

uncidos por bueyes o tirados por camellos, sobre ellos llevan a sus

mujeres e hijos. La mujer es en el hogar la que compra, vende o fabrica

todo lo necesario al amo de la casa y a la familia, pues los hombres no se

ocupan más que de caza, guerra y cetrería.

Viven de carne, leche y caza. Comen ratas de faraón, de las que

abundan en las llanuras y por doquier. Comen indistintamente carne de

caballo y de perro, es decir, toda clase de carne, y beben de la leche de

yegua. Se guardan muy bien de tocar a la mujer del prójimo, pues esto lo

tienen por gran villanía. Las damas son buenas y leales con sus barones y

son sumamente habilidosas en los quehaceres de la casa. Los matrimonios se

hacen del siguiente modo: cada hombre tiene derecho a tener hasta cien

mujeres si le place y tiene con qué mantenerlas. Los maridos pagan la dote

a la suegra y la mujer no da nada al marido. Pero tienen a la primer mujer

por la mejor y la más venerable. Tienen más hijos que los demás hombres

por el número de mujeres que poseen. Toman por esposas a sus primas y a

sus madrastras. Se casan también con sus cuñadas, siempre que haya muerto

el hermano, y cuando se casan, celebran las bodas con mucho boato.







- LXX -

Del dios de los tártaros y de su ley

Y ésta es la ley: creen en un solo dios, que llaman Nacygai; le dicen

el rey terrestre que cuida de sus hijos, su trigo y su ganado. Sienten por

él el más profundo respeto y cada cual tiene uno de estos dioses en sus

casas. Lo representan en general moldeado con fieltros y trapos, y también

a su mujer e hijos. Le sientan a la mujer a la izquierda y los hijos

delante. Cuando comen, como acto de veneración, le untan la boca al dios

con carne gorda, y a su mujer e hijos, y siembran pan ante la puerta de su

casa. Hecho esto, dicen que el dios y su familia han tenido su parte.

Luego se ponen ellos mismos a comer y a hacer sus libaciones. Beben leche

de yegua, pero la preparan de tal suerte que parece vino blanco y que es

riquísimo. A éste le llaman chemis.

Sus avíos son los siguientes: los ricos visten con paño de oro y

brocatel de seda y grodetures, sombreros de cebelinas, armiño y zorro;

todo su indumento es magnífico y de gran precio.

Sus armas son el arco, la espada y la maza. Pero se sirven más del

arco que de otra arma, porque son excelentes arqueros. En la espalda

llevan una armadura de cuero de búfalo u otras pieles muy bien curtidas.

Son magníficos hombres de armas y valientes guerreros, y pueden

resistir más que otros mortales. Muchas veces, cuando están en campaña,

resisten hasta un mes sin comer, y se sustentan tan sólo con leche de

yegua y algo de carne de perdiz. Su caballo pastará lo que halle, pues no

está acostumbrado ni a la cebada ni la paja. Son muy disciplinados y

obedientes a su señor, y cuando están en campaña pasan la noche a caballo,

armados de pies a cabeza; el caballo pace las hierbas que encuentra al

paso. Son aguerridos, curtidos, incansables en la faena y la gente mejor

preparada para conquistar reinos e imperios.

Se dividen jerárquicamente en la siguiente forma: cuando un señor de

los tártaros va a la guerra lleva 100.000 jinetes y los distribuyen en el

siguiente orden: cada 10 hombres tienen un jefe, un grupo de un centenar

tiene otro jefe, otro manda a 1.000 hombres y otro a 10.000, de suerte que

el general no necesita reunir en consejo más que a 10 hombres. El que

tiene a su cargo a 10.000 no tiene que hacerlo más que con 10 y el de cien

con otros tantos, y así cada uno, respectivamente, obedece a su jefe

inmediato. Cuando el señor de 100.000 hombres quiere mandar sólo a un ala

de su ejército, manda venir al jefe de los 10.000 hombres, que le entrega

1.000, y el jefe de los 10.000 manda al jefe de 1.000 que le proporcione

10 hombres, y el jefe de 100 manda al de 10, y cada uno lleva contingente

a la parte de 1.000 hombres y saben cuánto le pueden dar y obedecen

ciegamente al mandato más que a nadie en el mundo. Al conjunto de 100.000

hombres le llaman «Tut» y a los 10.000 un «Toman», y los «Tomanes» se

pueden contar por millares, por centenas y por docenas. Y cuando el

ejército va a una acción, sea en la montaña o en el llano, manda 200

hombres de vigía, llamados «excaregaites», así detrás como delante. Y esto

lo hacen para evitar una sorpresa. Cuando van muy lejos a guerrear no

llevan armamento: llevan dos botellas de cuero, en donde ponen la leche

para beber, y una pequeña cacerola para los víveres, y la tienda de

campaña para guarecerse en tiempo de lluvia. Os diré que cuando es

menester cabalgan hasta diez días sin víveres y sin encender fogatas;

viven de la sangre de sus caballos, a los cuales les pinchan una vena y

chupan esa sangre sin desmontar de ellos. También llevan la leche

congelada como una especie de pasta seca, de modo que al mojarla se

derrite en el agua y les sirve de bebida sustanciosa.

Cuando se baten con sus enemigos los vencen de la siguiente manera:

simulan la huida y de pronto se vuelven y asaltan al enemigo. Tienen

amaestrados a sus caballos de modo que se vuelven al enemigo como si

fueran perros. Así que cuando el enemigo los cree vencidos y en huida es

él el que está perdido. Y cuando los tártaros ven que han conseguido matar

algunos hombres y caballos, presos de nuevo ardor, combaten tan

valientemente que vencen al enemigo.

Todo lo que os he contado se refiere a las usanzas y costumbres de

los tártaros antiguos; pero al presente se han envilecido. Las costumbres

de Catai son las de los idólatras; las que se practican hacia Levante son,

en cambio, a la manera sarracena.

Administran la justicia del siguiente modo: cuando algún hombre roba

algún objeto insignificante, pero que con ello perjudica a otro, se le dan

siete bastonazos, o 37, o 47, hasta 107, según valga la cosa robada, y a

algunos les suele costar la vida. Si roban un caballo les condenan a ser

cortados por medio de una espada. Si el ladrón tiene con qué pagar, paga

nueve veces el valor del objeto robado, y entonces es dejado en libertad.

Cada señor y los propietarios de cierta cantidad de ganado lo hacen

marcar con un sello o una cifra: así hacen con los caballos, las yeguas,

los camellos, las vacas, los toros y otros animales. Luego los sueltan

para que pasten, sin el cuidado de ningún pastor; si por casualidad se

mezclan los rebaños, cada uno devuelve la pieza, según la marca que lleva,

al propietario. Los corderos, carneros y cabras están al cuidado de un

pastor. Todo este ganado es grande y gordo y presenta hermosos ejemplares.

Os diré otra curiosa usanza que tienen, y que se me olvidó contaros:

cuando entre dos vecinos hay uno que ha perdido un hijo de cuatro años o

más y al otro se le ha muerto una hija, los casan juntos. Dan la muchacha

muerta al hijo difunto por esposa y hacen levantar acta de ello. Luego

queman el documento, y el humo que se levanta en los aires dicen que va

hacia el hijo, al otro mundo, a atestiguar que se tengan por marido y

mujer. Luego celebran un gran festín y desparraman las viandas por aquí y

por acullá, diciendo que de ello participan sus hijos en el cielo. También

hacen pintar en un papel el retrato del hijo y caballos y gualdrapas y

monedas, que queman igualmente, y dicen que todas estas cosas que hicieron

quemar serán propiedad de sus hijos en el otro mundo. Y hecho esto, se

consideran parientes y se tratan con cariño, como si sus hijos vivieran en

realidad.

Os he contado extensamente las costumbres de los tártaros; pero aún

queda que contaros las gestas del Gran Khan, que es el gran señor de todos

los tártaros de su poderosa corte imperial; pero os lo contaré en este

libro en su tiempo y lugar, pues son narraciones interesantes de contar.

Y volvamos a la gran llanura en donde nos hallábamos cuando empecé a

contaros las costumbres de los tártaros.















- LXXI -

De la llanura de Bargu y de varias costumbres de los indígenas

Alejándonos de Caracoren y de Altai, en donde ponen los cuerpos de

los tártaros, nos dirigimos a una región llamada Bargu, que tiene de

extensión cuarenta jornadas.

Los habitantes se llaman Mecrit y son salvajes. Viven del pastoreo y

de la caza. Cabalgan ciervos. Las costumbres son las de los tártaros. Son

vasallos del Gran Khan. Desconocen el trigo y el vino. En verano se nutren

de venado y pájaros, pero en invierno carecen de todo, por el frío

intenso. Y cuando se cabalgan cuarenta jornadas se llega al Océano. Allí,

en las montañas, anidan los halcones marinos, pues no hay ni mujeres ni

hombres ni bestias ni pájaros, a excepción del llamado «Bargherlac», que

es alimento de los halcones. Es del tamaño de la perdiz; sus patas, como

las de los loros; la cola, como la de la golondrina, y vuelan muy bien, y

cuando el Gran Khan desea tener halcones peregrinos los reclama a esa

comarca, pues nacen en una isla que hay en el mar, así como los

gerifaltes. Esta comarca está situada tan a Septentrión, que la estrella

del Norte queda un poco atrás hacia el Mediodía. Los gerifaltes nacen en

esta ciudad en tanta abundancia, que el Gran Khan tiene cuantos quiere.

Así, que los cristianos que los traen de sus tierras no los llevan al Gran

Khan, sino a Argón, señor de Levante.

Ya os hemos referido todo lo concerniente a la provincia de

Septentrión hasta el Océano. Volveremos atrás hasta el Gran Khan, en una

provincia llamada Campiciú.







- LXXII -

Del gran reino de Erginul

Cuando se deja Campiciú, del cual os he hablado ya, se marcha cinco

jornadas por un camino donde se oyen hablar ciertos espíritus malignos, y

al cabo, hacia Levante, se encuentra el gran reino llamado Erginul.

Pertenece al Gran Khan; forma parte de la provincia de Tangut, que está

dividida en varios reinos. Los habitantes son cristianos nestorianos,

idólatras y mahometanos. Son muchas las ciudades que hay en ella, y la

capital es Erginul. De esta ciudad se va al país de Catai.

Yendo al Catai se encuentra al paso una ciudad llamada Cilingiu. La

provincia también se denomina así. Aquí también hay numerosas villas y

fortalezas. También forman parte de Tangut y pertenecen al Gran Khan.

Hay otros salvajes, con astas enormes y magníficos pelos largos,

salvo en la espalda, y pintados de blanco y negro. Tienen el pelamen de

tres palmos de largo. Los naturales han domesticado varios de estos toros;

los cogen salvajes y se reproducen de tal modo que tienen gran cantidad de

ellos. Con ellos cazan y trabajan, y como tienen mucha fuerza rinden el

doble trabajo que los demás animales.

En esta región se produce el almizcle mejor y más fino. Sabed que el

almizcle se recoge así: hay un animalito del tamaño de una gacela, que

tiene el pelo muy áspero, las patas de gacela, sin cuernos, con cola de

gacela, cuatro dientes, dos abajo y otros dos en la mandíbula superior, de

tres dedos de largo y muy puntiagudos. Van siempre por parejas. Es un

hermoso animal. Cuando se le apresa, el animal tiene escondido en el medio

del vientre, en una bolsita entre el cuero y la carne, el humor, que se

corta con el pellejo y se aparta, y este humor es el almizcle, del que

mana una fragancia muy persistente. En esta región lo hay en cantidad.

Los naturales viven de la industria y del comercio, y tienen trigo en

abundancia. Es una provincia grande de veinticinco jornadas. Hay faisanes

dos veces mayores que los nuestros, del tamaño de un pavo real. Tienen la

cola de lo palmos de larga y comúnmente de nueve, ocho y siete, por lo

menos. Los hay también más pequeños y como el faisán de nuestra tierra.

Hay inmensa variedad de pájaros de los más bellos matices y colores.

Los naturales son idólatras. Son gruesos, tienen la nariz roma y el

pelo negrísimo. Son barbilampiños, excepto algún que otro pelo en la

barbilla. Las mujeres no tienen ningún bello; sólo tienen pelos en la

cabeza. Son blancas, de hermosa piel y de miembros proporcionados. Son muy

inclinados a la lujuria y tienen cantidad de mujeres, y ni sus leyes ni

costumbres son contrarias a eso. Pueden tomar cuantas mujeres quieran y

cuantas puedan mantener. Si hay una mujer hermosa y de humilde condición,

la toman por su hermosura los más conspicuos varones y hombres notables de

gran prestigio; por ello dan dinero a la madre según lo estipulen.

Proseguiremos nuestro viaje y hablaremos de otra provincia hacia

Levante.







- LXXIII -

De la provincia de Grigaia

Dejando a Arginul y yendo hacia Levante durante ocho jornadas, se

encuentra una provincia donde hay numerosas villas y castillos, y es la de

Tangut. La ciudad principal se llama Calaciai. Los naturales son idólatras

y hay tres iglesias de cristianos nestorianos. Son feudatarios del Gran

Tártaro. Hacen camelotes de piel de camello, blancos, buenos y de la mejor

calidad. De allí los llevan a los mercaderes de todos los países, a Cati y

a todas partes.

De esta provincia iremos a otra hacia Levante, que llaman Tenduc,

entrando en las tierras del Preste Juan.







- LXXIV -

De la provincia de Tenduc

Tenduc es una provincia de Levante rica en castillos y ciudades.

Pertenece el Gran Khan, pues los descendientes del Preste Juan son sus

vasallos. Su capital es Tenduc. El rey de esta provincia desciende del

Preste Juan y él mismo se da este nombre. Es cristiano; su nombre es

Georgie. Gobierno en nombre del Gran Khan, pero no sobre el dominio del

Preste Juan: tan sólo en una parte de él, pues el Gran Khan dio por

esposas a sus hijas y parientas a los reyes que descienden del Preste

Juan.

En esta provincia se encuentran las piedras de las que se saca el

cobalto, y las hay de excelente calidad. Tejen camelotes muy finos de piel

de camello. Viven del pastoreo y de la agricultura. También parte de entre

ellos se dedican al comercio y a la industria.

El señor es cristiano, como os he dicho ya; pero en la población hay

idólatras en gran número y hombres que adoran a Mahoma. Hay una clase de

gente llamada Argón, que quiere decir en español «guasmul», es decir,

mestizos de dos tribus: la de Tenduc, idólatra, y la mahometana. Son muy

hermosos, mucho más que los demás del país; más finos, más cultos y

hábiles comerciantes. Sabed que en esta provincia vivía el sabio maestro

del Preste Juan cuando éste reinaba sobre los tártaros y todas las

provincias y reinos circunvecinos. Y aún moran ahí sus descendientes, y el

Georgie que os nombré es de la estirpe del Preste Juan y heredó de la

señoría del mismo. Es el lugar que en nuestro país llamamos Gogo y Magogo,

pero ellos lo llaman Ung y Mungul. Y en cada una de estas provincias hay

una familia de esta gente: en Ung los gogos, y en el Mungul los tártaros.

Y cabalgando por esta provincia siete jornadas hacia Levante, hacia

Catai, nos encontramos con varias ciudades y castillos, en donde adoran a

Mahoma y a los ídolos; pero aún existen algunos cristianos nestorianos.

Viven del comercio y la industria. Fabrican el brocado de oro, que

llaman nascisi, fin y nac, y paños de seda de varias suertes; también

tejen el brocatel de seda y oro y bayetas de lana de muchas clases.

Son vasallos del Gran Khan. Hay una ciudad llamada Sindaciu; en ésta

se hacen trabajos de toda especie de talabartería y los arreos necesarios

del ejército. En una montaña de esta provincia hay un lugar llamado Ydifu,

en el cual hay filones argentíferos, de los cuales se saca muchísima

plata. También tienen caza en abundancia.

Abandonaremos esta provincia y ciudad para irnos a tres jornadas y

llegar a una ciudad llamada Ciagannor, en la cual hay un gran palacio, que

pertenece al Gran Khan, y es la residencia de predilección del gran señor,

porque hay lagos y ríos llenos de cisnes. En el llano hay grullas,

faisanes y perdices y toda clase de pájaros. Y por eso el Gran Khan la

habita de preferencia; ahí se complace en cetrear con el gerifalte y el

halcón, y es uno de sus entretenimientos favoritos. Hay cinco clases de

grullas: una negra, como los cuervos, y de gran tamaño; la otra, toda

blanca, las alas preciosas, con plumaje lleno de ojos redondos como la

cola del pavo real, pero de color dorado; la cabeza es negra y roja, el

cuello negro y blanco y larguísimo. La tercera especie es semejante a la

nuestra; la cuarta, pequeña, con un penacho rojo y el cuerpo negro. La

quinta es gris, con la cabeza bermeja y negra, el cuerpo grande y bien

plantado.

En esta ciudad hay un valle, en donde el Gran Khan ha hecho construir

varios pabellones para criar pájaros, que llamamos perdices reales. Las

hacen guardar, y hay en cantidad fabulosa, y cuando viene a cazar tiene

todas las que quiere a su albedrío.

Y nos iremos hacia tramontana y Nordeste hacia donde sopla el viento

griego:







- LXXV -

De la ciudad de Ciandu y del maravilloso palacio del Gran Khan

Y cuando nos alejamos de la ciudad arriba mentada por espacio de tres

jornadas, llegamos a otra llamada Ciandu, que ha fundado el Gran Khan.

Este Khan se llama Cublai-Khan.

En esta ciudad elevó un palacio de mármol y piedras, cuyas alas y

estancias están enteramente doradas.

Es maravillosamente bello y bien decorado. Desde este alcázar parte

una muralla que tiene cerca de 16 millas de circunvalación, en cuyo

recinto hay fuentes, ríos y valles. El Gran Khan ha reunido en él toda

suerte de animales: ciervos, corzos y gamos, que dan en pasto a los

gerifaltes y halcones, que aquí tiene en número de 200. Él mismo va a

verlos una vez por semana y va galopando por esta pradera, que corre a lo

largo del muro, y muy a menudo trae consigo un leopardo en la grupa de su

caballo. Así se divierte en ver cómo los ciervos son devorados por los

gerifaltes.

Sabed que en esta pradera cercada de muros ha hecho construir un

palacio de vigas, pero dorado en su interior y decorado con toda especie

de aves y pájaros, hábilmente recortados sobre el oro. La armazón es de

cañas y tablones barnizados, tan bien unidos que el agua no puede echarlos

a perder. Estos tablones son de más de tres palmos de espesor por 10 a 15

de longitud. A veces su longitud cubre toda la casa de un lado a otro; el

palacio está enteramente compuesto de estas cañas doradas y vigas y

dispuesto en tal forma que el Gran Khan puede hacerlo desarmar cuando

quiere, y está ligado por 200 gruesos cordones de seda.

En él habita el Gran Khan tres meses del año: junio, julio y agosto.

Porque no hace calor y porque goza con la estancia en él. En estos tres

meses se arma el pabellón de caña, que luego se desarma en los demás meses

del año. Así lo hizo construir, para armarle y desarmarle. El Gran Khan

abandona el día 28 del mes de agosto de cada año la ciudad y el palacio. Y

os diré el por qué más adelante.

Tiene una cuadra de caballos y yeguas blancas como la nieve (jamás de

otro color), en número de 10.000; no puede beber de la leche de estas

yeguas más que el Gran Khan y sus allegados que sean de la familia del

emperador y su estirpe. Y sólo otra categoría de gente tiene este

privilegio, y son los llamados «Horiat», por especial favor acordado

después de una gran victoria ganada antaño por ellos con Gengis Khan.

Y os digo que honran tanto a estas yeguas blancas, que si un gran

señor las encuentra a su paso cuando las llevan a pastar, nunca pasaría

por en medio de ellas, sino cederá el paso. Y los astrólogos y los ídolos

han sugerido al Gran Khan que cada año el 28 de agosto hay que regar la

tierra y desparramar en el aire esa leche para que la beban los espíritus.

Y los ídolos dijeron que así los espíritus protegerían a sus mujeres, sus

ganados, su trigo y sus casas y hacienda.

De ahí se traslada el Gran Khan a otra residencia.

Pero os contaré un milagro, que he tardado en referiros: sabed que

estando el Gran Khan en su palacio hubo una gran nevada y muy mal tiempo.

Tenía un sabio astrólogo y un brujo, que por su sabiduría y sus

sortilegios hacían despejar las nubes sobre su palacio, de modo que allí

nunca hacía mal tiempo, aunque todo alrededor reinara la tormenta. Estos

sabios se llamaban Tebet y Quesmur y eran de familia idólatra. Eran

maestros en artes diabólicas y en hechizos, pero hacían creer que el poder

de encantamiento era debido a su santidad y al caso que los dioses hacían

de ellos. Estos hombres tienen por costumbre, cuando hay un condenado a

muerte, de hacerle cocer y comerle luego; pero si hubiere muerto de muerte

natural, entonces no lo comen. Y estos bacsis logran con sus sortilegios

hacer el milagro siguiente: cuando el Gran Khan está sentado en la inmensa

sala en su estrado alto y ponen las copas llenas de vino y de leche y

otras bebidas en el suelo, en medio de la sala, a 10 pasos de la mesa,

estos bacsis hacen, por sus artificios y encantamientos, que esas copas

llenas se levanten del suelo y se posen ellas solas ante el Gran Khan, sin

que nadie las toque. De este hecho pueden atestiguar más de 10.000 hombres

que lo presenciaron. Y los hombres sabios que entienden de nigromancia os

dirán que esto puede hacerse.

También os digo que cuando vuelven estos bacsis de las fiestas de sus

ídolos, le dicen al Gran Khan: «Señor, el tal ídolo desea se celebre la

tal fiesta en su honor.» Y nombran al ídolo que desean honrar, y añaden:

«Sabed, gran señor, que este ídolo tiene por costumbre traer el mal tiempo

y las calamidades que destruyen a nuestro ganado, y el granizo y el

pedrisco, y si no se le ofrecen holocaustos nos mira airado; por eso os

pedimos nos deis tantos carneros de cabeza negra, tanto incienso, tanta

madera de zábila y tanto de esto y tanto de lo otro para que podamos

inmolar y sacrificar con gran pompa a nuestro ídolo para que nos proteja.»

Y los bacsis se lo dicen a los barones que rodean al Gran Khan y a sus

mayordomos y consiguen cuanto piden para honrar la fiesta de sus ídolos.

Entonces hay gran jubileo, con cantos y letanías. Inciensan y perfuman de

especies el ambiente, hacen cocer la carne y la presentan a los ídolos,

derramando el jugo aquí y allá, para que así se alimenten. Y así es como

los honran en sus ceremonias. De modo que cada ídolo tiene su fiesta en un

día determinado, como nuestros santos, pues tienen grandes templos,

abadías y monasterios, que forman pequeñas ciudades, en las que hay más de

2.000 monjes que viven más honestamente que los demás ciudadanos.

Estos monjes llevan afeitada la cabeza y la barba. Celebran una

ceremonia con cantos y luces, con la pompa que jamás podréis figuraros.

Entre ellos hay algunos que pueden casarse; por lo general lo hacen y

tienen muchos hijos.

Hay otra suerte de religiosos, llamados «sensin», que guardan

rigurosa abstinencia y llevan una vida ejemplar. No comen en toda la vida

más que sémola, que es el afrecho o restos que quedan en la cáscara del

trigo. Esto lo meten en remojo en agua caliente algún tiempo y luego comen

esa papilla. Ayunan varias veces al año y no toman otra cosa que esa

sémola. Tienen grandes y numerosos ídolos y a veces adoran al fuego. Los

seglares dicen que los que viven en tan grande abstinencia y de vida tan

estrecha son como los «ratarinos», porque adoran los ídolos de manera

diferente a la suya y dicen que son locos, porque afligen así a sus

cuerpos. Tienen un gran respeto por ellos. Éstos no tomarían mujer por

nada en el mundo. Y se tonsuran la cabeza y la barba. Llevan vestidos

negros y blusas de estameña, y si fueran de seda las llevarían del mismo

color. Duermen sobre tablas de madera y llevan una vida austera.

Sus iglesias e ídolos son todos femeninos; es decir, que llevan

nombres de mujeres.

Y dejemos este argumento para contaros los grandes hechos y

maravillas del gran señor de todos los tártaros el Gran Khan llamado

Cublai.







- LXXVI -

Donde trata de los hechos del Gran Khan que reina presentemente, llamado

Cublai Khan, de cómo rige a su corte y administra justicia; de sus gestas

y proezas

Os quiero relatar en nuestro libro todas las grandes proezas y

maravillas del Gran Khan que reina en la actualidad, llamado Cublai, que

en nuestro idioma quiere decir el señor de los señores. Y lleva ese título

justificadamente, pues es sabido de todos que es el hombre más poderoso en

tierras, huestes y tesoros que jamás haya existido desde Adán, nuestro

primer padre, hasta nuestros días.

Os demostraré en mi libro lo que es un hecho.







- LXXVII -

De la gran batalla librada entre el Gran Khan y el rey Nayan, su tío

Sabed, en verdad, que desciende en línea recta del emperador Gengis

Khan, y que por su descendencia debe ser el señor de todos los tártaros.

Heredó la señoría el año 1256 del nacimiento de Cristo y empezó a reinar

ese año. Mereció el mando por su valor, sus proezas y su inmensa

sabiduría, pues sus parientes se lo quisieron arrebatar, aunque la señoría

le venía de derecho. Reinó desde esa fecha cuarenta y dos años, hasta el

año 1298. Debe de tener ochenta y cinco años. Antes de heredar el reino

tomó parte en varios hechos de armas y fue bizarro capitán, y desde que

reina no ha hecho más que una campaña, en el año 1286, y os diré por qué.

Un hombre que llamaban Nayan y era tío de Cublai Khan, se vio, muy

joven aún, dueño y señor de varias tierras y provincias, de suerte que

podía armar hasta 400.000 hombres. Sus antepasados habían sido antaño

vasallos del Gran Khan, y él mismo lo era. Pero, como os cuento, era un

joven de treinta años. Viéndose tan gran señor, no quiso más someterse al

Gran Khan, y pensó en quitarle el poder. Entonces Nayan envió emisarios a

Caidu, que era otro grande y poderoso señor y sobrino del Gran Khan, de

natural rebelde, que también le odiaba. Le mandó ponerse de su lado y que

fuera por otra parte a arrancarle su tierra y señorío al Gran Khan. Y

Caidu le respondió que estaba de acuerdo y pronto con sus gentes en la

fecha que le había indicado para ir contra el Gran Khan. Y éste tenía el

poder de armar a 100.000 hombres. Y tanto Nayan como Caidu se preparaban y

reunían cantidad de caballeros e infantes para ir en contra del Gran Khan.







- LXXVIII -

De cómo el Gran Khan fue al encuentro de Nayan

No se inmutó el Gran Khan al oír tamaña felonía, y como hombre

prudente y de gran valor se preparó con sus gentes y juró que no quería

llevar su corona ni reinar en sus tierras mientras no diera muerte a los

dos traidores. Y el Gran Khan hizo sus preparativos en veintidós días, tan

secretamente, que tan sólo su Consejo estaba enterado de ello. Reunió a

350.000 hombres y caballos y a 100.000 infantes; y aún tuvo tan pocos,

porque éstos guardaban al huésped que tenía en su casa, y sus otros

ejércitos, que eran numerosos, estaban lejos, conquistando tierras y, por

consiguiente, no había tiempo para reunirlos, pues si hubiera podido

reunir a todas sus fuerzas, hubiese tenido cuantos soldados quería y se

habría juntado una tal multitud, imposible de contar. Y entre estos

350.000 hombres estaban sus halconeros y otros que le rodeaban en su

corte. Cuando reunió a su gente hizo venir a los astrólogos para ver si

vencería al enemigo y si estaba destinado a aniquilarlos, y le

pronosticaron que haría cuanto se propusiera. Entonces el Gran Khan se

puso en camino con sus huestes y anduvieron veinte días, hasta llegar a

una llanura, donde se hallaba Nayan con toda su tropa, que consistía en

400.000 hombres. Llegaron de madrugada, y tan secretamente, que el enemigo

ignoró su llegada, porque el Gran Khan había hecho ocupar sus caminos de

modo que nadie pudiera ir y venir sin caer prisionero. Y fue por lo que

los enemigos no sospecharon siquiera su llegada. Se hallaban muy cerca del

campo cuando Nayan, despreocupado en su tienda de campana, holgábase con

su mujer y regocijábase en su belleza, pues sentía por ella gran pasión.







- LXXIX -

En donde empieza la batalla del Gran Khan y de su tío Nayan

Cuando llegó el alba del día señalado para librar la batalla,

apareció el Gran Khan en una plataforma, en la misma llanura donde Nayan

había acampado (ajeno a lo que le esperaba, creyéndose muy a salvo de toda

sorpresa). No habían tenido siquiera la precaución de poner centinelas ni

vigías ni delante ni atrás. El Gran Khan surgía de una plataforma, como os

dije, en un pabellón sujeto a cuatro elefantes. Su señera flotaba tan en

lo alto, que podía verse desde todas partes. Sus hombres alineados y

escalonados en orden de batalla a 30 millas a la redonda, envolvían el

campamento de Nayan por todos coltados. Cada hombre, a caballo con su

peón, lanza en ristre. Todos en plan de batalla, cercando al enemigo para

combatirle. Cuando Nayan y sus hombres se vieron acosados por el Gran

Khan, ciñendo el campamento, quedaron atónitos. Corrieron a las armas. Se

armaron hasta los dientes y pronto se alistaron en plan de batalla.

Una vez que las dos partes contrarias se hallaron frente a frente, se

procedió al ataque; entonces oyóse sonar los clarines, tañer instrumentos

de toda clase y cantar en alta voz. Porque las costumbres de los tártaros

predican que cuando están listos en orden de batalla, no entran en él

hasta que los capitanes no suenan las nácaras; luego tocan sus atabales,

hacen música de chirimías, de arpas y de laúdes, cantan cantos guerreros.

Por eso los cantos y sonidos se hacían oír de una parte y de otra. De

pronto empezaron a tocar las nácaras del Gran Khan. Y cuando éstas sonaron

se entabló la lucha, con arcos, espadas, mazas y juego de lanzas, y los

hombres de a pie tenían ballestas, ristres y otras armas, en cantidad.

Comenzaron la lucha, cruel y sangrienta; llovían flechas por doquier. Los

gritos y ayes lastimeros hendían el aire. Los caballeros y sus

cabalgaduras caían muertos a granel. Y los gritos y alaridos eran tan

grandes, que no se hubiera oído al dios tonante. Y como Nayan era

cristiano bautizado, su señera llevaba bordada la cruz de Cristo.

Y para no prolongar el relato: Sabed sólo que esta batalla fue la más

grande y encarnizada que jamás libraron los tiempos antiguos. Y jamás

viose tal multitud de jinetes y soldados. Tantos murieron, que da horror

el recordarlo. La refriega duró desde la madrugada al mediodía. Y el Gran

Khan salió vencedor. Cuando Nayan y sus soldados vieron que no podían

resistir, huyeron a cual mejor; mas nada les sirvió, pues le aprisionaron

con sus barones y sus soldados y todos sus armamentos, y tuvieron que

rendirse al Gran Khan.







- LXXX -

De cómo el Gran Khan hizo matar a Nayan

Cuando el Gran Khan supo que Nayan había caído prisionero, mandó que

le dieran muerte. Le condenaron a morir de la manera siguiente:

envolviéronle en un capote, y tanto le mantearon hasta darle la muerte. Y

así lo hicieron, porque no querían que la sangre del emperador se

derramara en tierra, ni que el sol y el aire lo vieran, pues sabed que

Nayan era de la estirpe del gran Señor.

Cuando el Gran Khan venció la batalla, como os lo he referido, todos

los hombres de Nayan le rindieron pleito homenaje y le juraron fidelidad.

Pertenecían a cuatro provincias: primera, la Ciorcia; segunda, Cauli;

tercera, Barscol; cuarta, Sichintingin.

Y después que el Gran Khan hubo vencido en la batalla, hubo judíos,

sarracenos e idólatras que no creían en Dios, que se burlaban de la cruz

que Nayan traía bordada en su pendón. Y decían a los cristianos: «¡Mirad

cómo la cruz de vuestro Dios ayudó a Nayan, que era cristiano!» Y tanto se

mofaron y hacían burla de ello, que llegó hasta oídos del Gran Khan, y el

Gran Khan riñó severamente a los que se permitieron esas chanzas en su

presencia. E hizo venir a un grupo de cristianos que se hallaban en el

sitio y les consoló diciendo: «Con razón la cruz de vuestro Dios no ayudó

a Nayan, porque, en su sabiduría, sabía que no era menester ayudarle

contra el derecho. Nayan fue desleal y traidor y se volvió contra su

señor; tuvo, pues, la suerte que se merecía.» Éstas fueron las palabras

del Gran Khan a los cristianos con respecto a la cruz que Nayan llevaba en

su estandarte.







- LXXXI -

De cómo el Gran Khan vuelve a la ciudad de Cambaluc

Después de su victoria sobre Nayan volvióse el Gran Khan a su capital

de Cambaluc, y allí demoró contento, en medio de grandes festejos. Otro

barón, llamado Caidu, que era también rey, al oír la derrota de Nayan y su

muerte, montó en gran cólera; mas se guardó de preparar la guerra, pues

temía correr la misma suerte que Nayan.

Ya os dije que ésta fue la única vez que él Gran Khan fue a la

guerra, pues para las demás empresas guerreras enviaba a sus hijos y a sus

barones; pero en aquella ocasión quiso ir en persona, porque la audacia de

aquel príncipe le pareció grave en demasía. Dejemos ya esta aventura y

volvamos a los hechos notables del Gran Khan.

Os contamos ya sus orígenes y su edad. Diremos ahora lo que hace con

los barones que se distinguen en las batallas y con los que son felones y

malvados. Al que se porta bien y manda 100 hombres le da el mando de los

1.000 y le regala además vajilla de plata y una tabla de mando, que

equivale a una ejecutoria de nobleza.

Porque el comandante de 100 hombres tiene una tableta de plata, el

que tiene mando de 1.000 una de plata dorada, y el que manda 10.000, una

tableta de oro con cabeza de león. Y os diré el peso de estas tablas. Los

del mando de 100 y de 1.000 tienen tablas que pesan 120 «sazos», y los de

cabeza de león pesan 220 «sazos», y en todas estas tablas hay

inscripciones con una sentencia que dice: «Por la fuerza y por la gracia

que Dios ha dado a nuestro emperador, el nombre de Khan sea bendecido y

loado, y los que le desobedezcan morirán o verán su perdición. Y los que

posean estas tablas tienen privilegios y un reglamento de todo lo que

deben hacer por su cargo y dignidad.»

Ahora os instruiremos de otras cosas. El que tiene el mando de

100.000 hombres o que manda a un gran ejército tiene una tabla que pesa

300 «sazos» y lleva inscrita la sentencia de que os he hablado más ariba.

Al pie de la tabla hay un león labrado, y en el tablero están

representados el Sol y la Luna. Y los que tienen este privilegio son

grandes jefes, con mando muy extenso, y los que poseen esa tabla deben

tocar su cabeza con un sombrero de paja. Cuando se sientan deben hacerlo

siempre en silla de plata, y el gran señor da a éstos una mesa de

gerifaltes, y los que a ésta se sientan tienen plenos poderes, son grandes

varones y pueden representarle como a su propia persona. Cuando envía a un

embajador, puede proveerse de los caballos del rey, y os digo rey, porque

puede tomarlos, desde el rey para abajo, a cualquier otro hombre.

Dejemos este negocio y veremos la continencia del Gran Khan y su

majestad y prestancia.







- LXXXII -

De la prestancia y majestad del Gran Khan

El señor de los señores, llamado Cublai Khan, es de buena estatura,

ni grande ni pequeño, sino mediano. Es proporcionado, de miembros ágiles;

la cara, blanca y bermeja como una rosa; los ojos, negros; la nariz, recta

y bien delineada.

Tiene cuatro mujeres legítimas, y el mayor de los hijos de estas

mujeres tiene derecho a ser dueño del Imperio cuando deje de existir el

Gran Khan. Las mujeres llevan el título de emperatriz, y cada uno le añade

su nombre propio para distinguirlas. Estas damas tienen su corte aparte,

con 300 doncellas, hermosas y bien parecidas, a su servicio. Luego

criados, escuderos y otros hombres y mujeres, de modo que cada séquito

alcanza a 10.000 personas. Cada vez que el señor quiere acostarse con una

de sus mujeres la hace venir a su alcoba, y a veces va también al cuarto

de ellas.

Tiene, además, muchas amigas, y os diré en qué forma. Hay una raza de

tártaras que son muy hermosas; cada año eligen cien doncellas de las más

agraciadas que hay en el reino, y son traídas al Gran Khan. Las hace

guardar por las mujeres de sus barones, manda que con ellas se acuesten

para saber si tienen buen aliento, si son vírgenes y sanas en todos sus

miembros. Y las más hermosas, buenas y sanas las dedican al servicio del

señor. Cada tres días y tres noches, seis de estas doncellas sirven al

señor en su aposento, en su lecho y en todo cuanto necesitare. El Gran

Khan hace de ellas lo que quiere, y ellas lo tienen en gran honor. Al cabo

de tres días y tres noches estas damiselas se dan el cambio y son

remplazadas por otras seis.







- LXXXIII -

De los hijos del Gran Khan

El Gran Khan tiene 22 hijos varones de sus mujeres. El mayorazgo

tenía por nombre Gengis, en recuerdo del buen Gengis Khan, y debía ser el

futuro Gran Khan y señor de todo el Imperio; pero murió y recayó en un

hijo suyo llamado Temur, y éste es el que está designado para heredar el

Imperio y ser Gran Khan y señor. Y es por derecho, porque este Temur es

hijo del hijo mayor del Gran Khan. Este príncipe es sabio, valiente y

esforzado, y ya lo ha demostrado en varias batallas y acciones de guerra.

El Gran Khan tiene otros 25 hijos más de sus amigas, que son buenos y

valientes, y cada uno tiene el título de gran barón y algún mando en el

ejército.

De los hijos que tiene de sus cuatro mujeres, siete son reyes de

grandes provincias y reinos. Todos gobiernan con sabiduría, porque son

barones, esforzados yvirtuosos. Y esto no es de extrañar, porque su padre,

el Gran Khan, es hombre extraordinario y el mejor gobernante del Imperio,

así como el más valiente entre los tártaros. Os hablé del Gran Khan y de

sus hijos; ahora os diré cómo tiene su corte.







- LXXXIV -

Del palacio del Gran Khan

El Gran Khan vive en la ciudad principal del Catai, llamada Cambaluc,

durante tres meses del año: diciembre, enero y febrero; en esta ciudad

tiene su palacio, del cual os quiero contar.

Hay ante todo un gran muro cuadrado, que por cada costado mide una

milla, es decir que en su totalidad es de cuatro millas. Este muro es

grueso y tiene por lo menos 10 pasos de elevación; es blanco y almenado.

En cada esquina de la muralla hay un grande y magnífico palacio, en el

cual guardan los arreos, las armas, las sillas y frenos de los caballos,

cuerdas de arco, ballestas y todo lo necesario al ejército. En medio de

cada muro hay un palacio semejante al del Gran Khan, de modo que en el

recinto hay ocho palacios. Todos ellos contienen las colecciones de armas

del Gran Khan, y es que uno lo dedica a las sillas, otro a los arreos

únicamente y otro a coches y palanquines.

Esta muralla tiene cinco puertas al Sur; en el centro hay una puerta

mayor, que no se abre más que para dar paso al Gran Khan; a los lados de

esta puerta hay otras dos más pequeñas, por donde pasa la demás gente, y

más allá hay otras dos grandes puertas, por donde pasan todos los que van

a palacio.

Dentro de este recinto hay otro muro, más largo que ancho, dispuesto

de la misma manera, con ocho pabellones y cinco puertas al Sur, idéntico

al primero, sólo que por los costados no tiene más que una sola puerta. En

medio de todos estos muros está el palacio del Gran Khan, que os

describiré. Es inmenso, rodeado de un gran foso; no tiene entresuelo, pero

el piso se eleva a 10 palmos del suelo. El techo es altísimo. Los muros de

los salones y estancias están recubiertos de oro y plata y hay en ellos

bellísimas pinturas de dragones, animales, pájaros, caballeros y damas y

figuras de toda especie. La sala central es tan grande, que 6.000 hombres

pueden comer en ella. Tiene tantos aposentos y habitaciones, por lo demás,

que no hay mortal que supiera hacer otro mayor ni mejor ordenado.

El techo exterior está pintado de rojo, gualdo, azul y otros colores,

tan bien barnizados, que relucen como cristales, y es tan sólido el

barniz, que durará para muchos siglos.

Entre las dos murallas hay ricas praderas y alamedas de árboles

preciosísimos, en los cuales corren y se solazan toda clase de animales:

ciervos, llamas, gacelas, gamos y cebellinas, pero en recintos apartados y

no por donde deben pasar los hombres. Hacia la diestra hay un lago que

contiene toda clase de peces, pues el gran señor hizo que le llenaran de

peces de toda especie, para tenerlos a su voluntad cada vez que los

pidiera. Un gran río atraviesa el lago; pero todo está tan ingeniosamente

dispuesto para que los peces no puedan escaparse, pues la embocadura del

lado está protegida por un enrejado de alambre de cobre.

Hacia Poniente, lejos del palacio y en una colina, ha hecho levantar

una explanada a más de cien pasos de altura y de un perímetro de una

milla. Esta colina está cubierta de árboles que no pierden jamás su verdor

y están perennemente lozanos. Cuando se mienta ante el Gran Khan un árbol

curioso o bello, que se haya visto por alguna parte, lo hace traer por

medio de los elefantes, con todas sus raíces y mucha tierra, para

plantarle en esta colina. (Y por grande que fuera el árbol lo traería de

esta manera.) De modo que posee los mejores árboles del mundo. Las paredes

que suben a la colina son de mármoles verdes y malaquita, y así, entre el

verde de los árboles y las piedras del mismo tono, todo aparece verde de

color esmeralda, y por eso le llaman el Monte Verde.

Remata a este monte un soberbio palacio, verde también, y monte,

palacio y árboles son tan bellos, que hacen las delicias de la vista. Y el

gran señor los hizo construir para regalarse en ellos y complacerse.







- LXXXV -

Del palacio del hijo del Gran Khan, que reinará después de su muerte

Debajo de su palacio hizo construir otro semejante al suyo, el cual

es también perfecto. Éste es para su hijo, cuando llegue a reinar y sea

gran señor. Por eso está hecho de igual modo y magnificencia que el suyo.

Y Temur, hijo del Gran Khan, lo habitaba y seguía en él el mismo

ceremonial y costumbres que su padre. Y esto lo hacía por orden del Gran

Khan, que deseaba le guardaran a su hijo la misma consideración y le

eligieran Gran Khan después de su muerte. También éste tiene la bola y los

sellos del Imperio; pero no con la plenitud de poderes que tiene el gran

señor.

Ya os he descrito los palacios, y ahora os describiré la ciudad de

Katai, por qué fue fundada y cómo. En verdad, existía allí una grande y

noble ciudad que llamaban Cambaluc, que en nuestro idioma significa la

ciudad y por sus astrólogos supo que esta ciudad se sublevaría y crearía

grandes dificultades al Imperio. Por esta razón el Gran Khan hizo

construir otra ciudad más abajo, e hizo que los habitantes de aquélla se

trasladaran a ésta; la de abajo se llama Taidu.

Tiene 23 millas de cintura; es cuadrada, y sus cuatro lados son

perfectamente iguales. Está amurallada con muros de adobe y de tierra que

miden 10 pasos de ancho por 20 de alto. En su base no tienen igual espesor

que en la cúspide, pues miden sólo tres pasos en la parte superior. Estos

muros son blancos y almenados. Tienen 12 puertas, y a cada lado de ellas

se halla un hermoso palacio, de modo que a cada tres puertas corresponden

cinco palacios, y éstos tienen grandes salas y arsenales, donde viven los

guardianes.

Las calles de la ciudad están tiradas a cordel y son anchas, de modo

que en ellas se abarca toda la perspectiva, y desde cada puerta se ve la

otra que está enfrente. En la ciudad hay bellos palacios, hermosas

mansiones, casas magníficas y amplias habitaciones. En medio de la ciudad

encontraréis una torre que tiene una campana grandísima, que repica por

las noches, para que nadie salga a la calle después de los tres toques.

Y cuando la campana sonó, nadie se atreve a salir, como lo mandan las

ordenanzas, excepción hecha de un caso apurado por asistir a un enfermo o

a una mujer que esté de parto. Y si esto hacen, deben proveerse de una luz

o un farol. Cada puerta de la ciudad está guardada por 1.000 hombres, y no

es por desconfianza, sino por honrar al gran señor que vive ahí y porque

no quieren que los ladrones cometan villanías.

Os he contado de las ordenanzas de la ciudad; os contaré de la corte

y otros hechos.







- LXXXVI -

De cómo el Gran Khan se hace guardar por 12.000 hombres a caballo

El Gran Khan se hace guardar por 12.000 hombres a caballo, que llaman

quesican, o sea caballeros fieles al señor, y esto no lo hace por temor,

sino para demostrar su grandeza. Los 12.000 hombres son mandados por

cuatro capitanes, tocándole 3.000 a cada uno. Éstos montan por turno la

guardia cada tres días y tres noches, y allí están a mesa y mantel. Así

turnan los 3.000 continuamente durante todo el año.

Cuando el Gran Khan se sienta a comer en cualquiera de sus cortes,

tiene mesa aparte en un estrado más elevado que los demás y colocado

mirando hacia Mediodía. Su primera mujer se sienta a la izquierda, un poco

más abajo; un escalón más abajo se sientan sus hijos, nietos, sobrinos y

parientes, personajes del linaje imperial, pero siempre de modo que sus

cabezas lleguen a los pies del señor. Los demás dignatarios de la corte se

sientan en otras mesas y aun algunos más abajo (sobre tapetes) que los

príncipes de sangre imperial, y así de las mujeres. Todas las mujeres del

hijo del gran señor y de sus hijos y parientes se sientan a la izquierda y

más abajo, y así las mujeres de los dignatarios, y cada uno sabe el puesto

que le corresponde según dispuso el gran señor. Las mesas están colocadas

de modo que el gran señor las abarca todas con la vista, aunque son

numerosísimas. Aparte de esto, comen en la corte otros 40.000 hombres más,

pues acudeu forasteros con grandes presentes y de países lejanos y son

gente de consideración; estos magnates vienen, por lo general, cuando el

Gran Khan celebra sus ceremonias de corte.

En el centro de la sala donde el gran señor se sienta a la mesa, hay

un gran recipiente de oro en forma de barril, con vasos más pequeños a los

costados. Del guadamanil se saca el vino u otro brebaje para llenar una

vasija de oro como para satisfacer a ocho o diez hombres. Ésta es llevada

por dos coperos, del cual uno sirve y el otro tiene la copa de oro; así

sirven a los caballeros y a las damas.

Todas estas vasijas, jarros y copas son de grandísimo valor, pues el

Gran Khan posee una tal cantidad de vajilla de oro y plata que aun

viéndolo no se puede creer.

Los que sirven los manjares y brebajes al Gran Khan son nobles

barones y llevan la boca y nariz tapadas con servilletas recamadas de seda

y oro para que con sus alientos no desfloren las comidas y brebajes del

Gran Khan.

Cuando el Gran Khan bebe, todos los instrumentos se ponen a tocar, y

los hay a fe en gran cantidad. Cuando el señor alza su copa en la mano,

todos los barones y los circunstantes se arrodillan y prosternan ante él.

En el banquete imperial los platos se sirven en gran abundancia y son

innumerables.

Las damas acompañan siempre a sus barones a la corte. Una vez

concluida la comida se reúnen en la gran sala central delante del gran

señor, donde juglares, bufones y truhanes hacen toda clase de juegos y

farsas y divierten a la corte, y todos hacen fiesta al gran señor.







- LXXXVII -

Relato de la gran fiesta que celebra el Gran Khan el día de su aniversario

Los tártaros acostumbran a festejar su aniversario. El gran señor

nació el día 28 de la luna del mes de septiembre, y ese día celebran la

fiesta mayor, a excepción de la de primero de año, como os contaré luego.

El día del aniversario de su nacimiento se viste el Gran Khan con un

magnífico traje de paño de oro. Y más de 12.000 barones y dignatarios se

atavían igualmente del mismo color y de manera parecida a la de su señor.

No es que los atavíos sean tan suntuosos, pero son, sin embargo, de color

y brocatel de oro y seda, con un gran cinturón todo de oro. Estos trajes

los regala el gran señor a sus cortesanos. Hay trajes de éstos de

ceremonia que son de gran valor, y las piedras preciosas y las perlas que

llevan encima valen más de 10.000 bizancios de oro. Hay variedad de ellos,

pues el Gran Khan regala 13 veces al año estos ricos trajes a estos 12.000

barones y caballeros para que se vistan como él. No hay otro señor que tal

haga y que pueda sostener tan inmenso gasto.







- LXXXVIII -

Continuación de la fiesta que celebra el Gran Khan el día de su

aniversario

Todos los tártaros del mundo y todas las provincias y regiones hacen

grandes presentes el día del cumpleaños del Gran Khan, cada uno según está

estipulado y como conviene que lo haga. El gran señor ha destinado a 12

barones para dar la señoría a estos hombres según lo que trae cada uno de

ellos. Y ese día oran los idólatras, los cristianos y los sarracenos y el

pueblo para que le conserve la vida y le colme de alegrías y de

prosperidad. Esas horas pasan en medio del regocijo general, festejándolas

con gran pompa. Pero dejemos esto para hablar de otra gran fiesta que

celebran al empezar el año, que ellos llaman la fiesta blanca.







- LXXXIX -

De la fiesta que celebra el Gran Khan el primero de año

El primero de año es para ellos en febrero, y lo celebran muchísimo.

Es costumbre que ese día, tanto el Gran Khan como todos sus súbditos,

hombres y mujeres, se vistan de blanco. Lo hacen porque consideran que el

blanco es símbolo de gran alegría, y, además, porque creen que todo el año

gozarán de bienaventuranza si lo empiezan bien. En esa fecha todos los

vasallos de las provincias y regiones más lejanas le traen magníficas

ofrendas de oro, plata y piedras raras y ricos brocateles blancos. Así,

para todo el año tiene una cantidad de tesoros. También entre el pueblo y

los barones y nobles señores es costumbre se regalen entre ellos objetos

blancos, deseándose mutuamente salud y prosperidad.

Es asimismo usanza presentar al Gran Khan en obsequio más de 100.000

caballos blancos. Y ese día llegan comitivas de más de 5.000 elefantes

cubiertos de magníficas gualdrapas bordadas de pájaros y flores. Lleva

cada uno en el lomo dos ricas alforjas bordadas con estuches muy bellos y

lujosamente trabajados conteniendo vajilla, arreos magníficos, que suelen

ser comúnmente blancos. Y llegan caravanas de camellos cubiertos de ricos

paños de oro y cargados con las cosas necesarias a la fiesta,y todos pasan

ante el Gran Khan. Esta comitiva es la coga más grandiosa que darse pueda,

y por la mañana, antes que las mesas estén preparadas, todos los reyes,

duques, marqueses, condes, barones y caballeros, astrólogos, médicos,

buhoneros y otros oficiales y comandantes de tierra y mar vienen a la gran

sala delante del señor, y los que no caben en ella se quedan afuera de

manera que pueda verlos el Gran Khan, a presentar sus credenciales y

oficios. La comitiva se forma de este modo: Ante todo, sus hijos, sus

sobrinos y los de su linaje imperial. Luego, los reyes; después los buques

y las maestranzas, unos tras otros como tienen que seguir según la

jerarquía. Y cuando todos se han colocado en sus respectivos puestos viene

un sacerdote que dice en alta voz: «Inclinaos y adorad.» Y a la voz del

sacerdote todos se inclinan, tocando la tierra con la frente, y adoran al

Gran Khan como si fuera un dios. Y esto lo hacen cuatro veces seguidas.

Van luego a un altar que está muy adornado, y sobre este altar hay una

tabla bermeja en la cual está escrito el nombre del Gran Khan y delante un

magnífico incensario. Con él inciensan la tabla y el altar con reverencia

y vuelven a sus sitios respectivos, presentando sus ofrendas que son de la

riqueza que podéis suponeros.

Hecho esto, y habiendo visto el gran señor con gran complacencia todo

este ceremonial, se ponen a comer y se sientan por orden y jerarquía, como

os he contado ya en el otro capítulo. Os he hablado de la fiesta blanca;

os contaré ahora de los trajes que el Gran Khan regala a los barones para

que asistan a estas ceremonias.







- XC -

De los 12.000 barones que asisten a las fiestas

Sabed en verdad que el Gran Khan ha dispuesto 13 fiestas a las cuales

deben asistir los 12.000 barones que llaman quecican, o sea, los más

próximos feudatarios del Imperio. A cada uno le da 13 trajes de colores

variados bordados en perlas, alfójar y piedras preciosas de grandísimo

valor. Les regala también calzas de gamuza bordadas finamente con hilos de

plata, y todo esto tan recamado y rico, que cuando se han revestido con

estos adornos tan nobles y suntuosos parece cada uno rey. Hay un traje

designado para cada una de las 13 fiestas, teniendo el Gran Khan otros

semejantes y parecidos, aunque bordados con más magnificencia; pero es de

rigor que los barones ostenten el mismo día un traje parecido al del gran

señor y en los mismos colores que esté.

Os he hablado de los 13 trajes que tienen los 12.000 barones, lo que

hacen 156.000 trajes, que valen un tesoro. Sin contar calzas, botas y

cinturones de oro, que valen otros tantos patrimonios, y todo esto lo hace

el gran señor para que sus ceremonias resulten brillantes y fastuosas.

Os diré una cosa más maravillosa aún de las que os llevo contadas en

este libro. Sabed que un gran león es traído al pie del señor en estas

ceremonias, y cuando le ve se hecha a sus pies y se humilla como si lo

reconociera por dueño y señor. Y así queda postrado ante él sin cadena y

en plena libertad, lo que es verdaderamente prodigioso.

Dejemos esto y os contaré de una gran cacería ordenada y dirigida por

el Gran Khan.







- XCI -

De cómo el Gran Khan dispone para que le traigan los venados

Mientras el Gran Khan vive en la ciudad de Catai los tres meses de

diciembre, enero y febrero, ha establecido que sesenta días todos sus

oficiales deben cazar y dedicarse a la cetrería. Y es costumbre que cada

señor o capitán le traiga grandes piezas, como jabalíes, ciervos, corzos,

gamuzas, osos y otros animales de caza mayor. Así, que todos deben

dedicarse a la caza. Y estos animales, después de destripados y bien

mondos, los ponen en carretelas y los envían al gran señor. Y esto durante

treinta días, así que llegan en grandes proporciones. Los que viven en

reinos más retirados se las mandan ya cocidas y adobadas, porque el camino

es largo y se echarían a perder. Os he hablado de la caza y de los

venados; os hablaré de las fieras que tiene el gran señor.







- XCII -

De los leones, leopardos, lobos, linces, gerifaltes, halcones, búhos,

gavilanes y otros pájaros

El gran señor tiene leopardos en cantidad, que sirven para cazar y

coger otras piezas. Tiene lobos adiestrados en la presa de otros animales

y que son excelentes cazadores. Tiene grandes leones, más fieros que los

de Babilonia, de pelo de bello color, leonado de blanco, negro y bermejo.

Éstos suelen estar adiestrados para la caza del jabalí; tiene bueyes

salvajes, pollinos, osos, ciervos, cervatos, garnos y otros venados.

Y es cosa bella el mirar cómo estos leones apresan a las fieras. Van

de caza con los leones en carretas, acompañados de un perrito. Hay además

águilas que están adiestradas para cazar lobos, zorros y gacelas, y las

que combaten contra los lobos son grandes y terribles, pues no hay lobo

que se salve de las garras del águila.

Os quiero hablar ahora de las jaurías de perros que tiene el gran

señor.







- XCIII -

De los hermanos del Gran Khan que están al cuidado de los perros de caza

El gran señor tiene dos barones que son sus hermanos carnales, el uno

llamado Baian y el otro Mingan. Tienen el título de «ciunci», es decir,

los que guardan al perro mastín. Cada hermano tiene 10.000 hombres a sus

órdenes, que visten de rojo y azul; cada vez que van de caza con el gran

señor visten este atavío. De estos 10.000 hombres hay 2.000 que llevan a

la mano un perro mastín o dos. Cuando el Gran Khan va de caza, uno de sus

hermanos, llevando sus 10.000 hombres con sus 5.000 perros, le acompaña,

mientras el otro, con igual cantidad de hombres y perros, va por el otro

lado. Y van tan bien ordenados, que se despliegan en fila en una jornada

de marcha y no hay fiera que quede viva a su paso. Y es un espectáculo

admirable ver cómo perros y cazadores se desenvuelven en esta cacería. Es

sorprendente, cuando cabalga el gran señor en las landas, ver venir a su

encuentro a sus perros con presas de ciervos y otros animales; lo que

resulta, sin duda alguna, un espectáculo tremendamente bello.

Os conté de los perros de caza; os diré en lo que emplea el tiempo

otros meses del año.







- XCIV -

De cómo se ocupa de cetrería

Pasados los tres meses de residencia en la ciudad que os nombré, se

va en el mes de marzo hacia Mediodía hasta el mar Océano, llevando consigo

10.000 halconeros y 5.000 entre gerifaltes y halcones peregrinos, halcones

sagrados para cazar en el río. Y no los tiene sólo consigo, sino que los

divide en grupos de 200, 100 y más; éstos apresan a los pájaros y los

traen al gran señor. Mientras éste caza con su gerifalte, hay 10.000

hombres distribuidos de dos en dos, que se llaman «toscador», o sea

buhoneros, que vigilan y guardan, y cada uno lleva su reclamo o señuelo a

capirote para que cuando fuera menester pueda cobrar su halcón. Y cuando

el señor suelta sus pájaros no ha menester que los siga, que ya están ahí

sus hombres para recogerles y socorrerles si así lo necesitan.

Y todos los pájaros del Gran Khan tienen en las patas un escudete de

oro pegado a los cascabeles, y también así acostumbran tenerlo los de los

barones, en el cual dice el nombre del pájaro y el de su propietario. De

modo que si se extravía puede ser devuelto a éste, y si no se encontrara

el dueño hay un barón llamado «bularguci» que se encarga de hacerlo buscar

a los guardas. Y cuando se extravía un caballo, una espada, un venablo o

un pájaro, o cualquier cosa, se lo llevan a este oficial para que lo

guarde hasta encontrar su dueño, y aquel que no se lo llevare

inmediatamente es tenido por un ladrón y pueden prenderle. Así es que el

que haya perdido un objeto acude a este barón, que se lo entrega al

instante. Y éste se encuentra siempre muy a la vista con su pendón para

que todos puedan acudir a él con presteza. De modo que nada se pierde que

no sea restituido.

Si el Gran Khan caza cerca del mar Océano tiene mil ocasiones para

apresar cuantos pájaros quiera, y no hay placer comparable a éste.

El Gran Khan va siempre encima de su elefante en un pabellón de caza

forrado en su interior por brocatel de oro repujado y cubierto

exteriormente de piel de león. Allí se custodian los mejores gerifaltes.

Sale a la caza en un elefante, rodeado de los barones, y cuando éstos le

señalan las grullas, hace que entreabran el techo de su pabellón y lanza

los gerifaltes y azores. Y allí contempla con gran regocijo y

satisfacción, tendido en su lecho, el espectáculo del gerifalte

persiguiendo a las grullas. Y sus barones le dan escolta. Nadie en el

mundo puede experimentar mayor deleite cual este señor cuando va de caza.

Hay otro paraje, llamado Cacciar Hodun, donde también posee uno de

estos pabellones, y allí encuentra a sus amigas y a su numerosa corte,

compuesta de 10.000 personas. Os describiré el tal pabellón: es tan

amplio, que sus cámaras son capaces de contener 1.000 caballeros, y la

puerta mira hacía Mediodía. Cerca de ésta hay otra hacia el Oeste, en

donde mora el señor en persona. Allí es donde da audiencia a sus vasallos,

y detrás de esta sala se halla aparejada la alhania o alcoba. Todo

alrededor hay otros pabellones que sirven para el séquito. Las tiendas son

hechas de esta manera: en medio tienen tres columnas de madera olorosa,

muy bien labrada; exteriormente están cubiertas con pieles leonadas,

blancas, rojas y negras, también trabajadas, que ni el viento ni la lluvia

las puede dañar. En el interior las paredes van recubiertas de armiño y de

cebellinas, que son las dos pieles más preciadas que existen, pues la piel

de cebellina que se necesita para hacer un traje de hombre costaría 2.000

bizancios si es de la mejor y 1.000 si es de calidad inferior. Y el

tártaro la llama la reina de las pieles. De estas dos clases de pieles

están recubiertas las dos grandes cámaras del Gran Khan, cosidas con tal

destreza que encanta el verlas, y la alhanía donde duerme el señor es

también por fuera de piel de león y por dentro de cebellinas y de armiño.

Los cordones que ligan las cañas del pabellón son trenzados en seda y

burato y de tan primorosa labor que ni un rey podría pagarse este lujo.

Rodean a estos pabellones otros semejantes, y las amigas del Gran

Khan tienen los suyos, así como los gerifaltes que se hallan custodiados

en otros más lejos. Este campamento está lleno de gente; es toda una

población de astrólogos, médicos, halconeros y otros oficiales la que

compone el séquito del Gran Khan. Y la estancia del señor en esos parajes

dura hasta la primavera, que cae por nuestra Pascua de Resurrección. Y

pasa el tiempo en estas delicias cazando en los lagos y en tierra,

apresando grullas, cisnes y otros mil pájaros.

Ningún mercader, ni artesano, ni villano puede tener ni perros de

caza, ni halcones, ni pájaros, ni dedicarse a la cetrería a 20 leguas a la

redonda de donde mora el señor. Sólo en otras provincias remotas pueden

cazar y adiestrar pájaros a voluntad.

Y hasta donde alcanzan sus feudos no hay rey, ni duque, ni barón que

se atreva a cazar liebres, ni reses, ni venado en tiempo de veda. Y el que

contraviniere a este edicto se arrepentiría en verdad, porque así lo ha

dispuesto el gran señor. Y es tal la obediencia y el acato a su soberana

voluntad, que liebres, gamos y otros animales vienen pacíficamente hasta

entre los hombres, que les pueden acariciar, pero se guardarían muy bien

de hacerles ningún daño.

Y hasta Pascua de Resurrección queda el gran señor disfrutando de

esos pagos, para volver a su ciudad de Cambaluc, con sus gentes y su

corte, por la misma ruta que había emprendido al venir.







- XCV -

Más relatos sobre la corte del Gran Khan

Al volver a su muy amada villa de Cambaluc se instala en el palacio

mayor y celebra tres días de fiesta con su corte y sus mujeres.

Y pasados los tres días se recoge en la ciudad alta, que, como os

dije, hízose construir, llamada Ciandu, o sea el palacio de mimbres

rodeado por la gran pradera. Allí pasa el estío, porque es una región

fresca preservada de la canícula. Allí queda desde el primero hasta el

veintiocho de agosto, día en que hace desparramar la leche de sus yeguas

blancas, como os conté más arriba en mi narración. Vuelve luego durante

seis meses a la ciudad de Cambaluc para celebrar en ella su aniversario en

el mes de septiembre, y permanece allí octubre, noviembre, diciembre,

enero y febrero, que es el mes en que cae la fiesta blanca. Desde el

primero de marzo a mitad de mayo va a orilla del Océano, como os tengo

contado; luego vuelve durante tres días a su capital, celebrando fiestas,

saraos y entretenimientos con sus mujeres, y son días de júbilo y de

alegría para toda la corte, pues maravilla el ver con la solemnidad con

que celebran estos tres días.







- XCVI -

De la ciudad de Cambaluc, de su grandeza y su numerosa población







Hay una multitud de casas entre el centro, la villa y los arrabales

de esta ciudad; hay tantos arrabales como puertas, y en éstos vive tanta

gente como en la ciudad. En ellos se hospedan los mercaderes que vienen a

sus negocios, y acuden en gran número a causa del Gran Khan, que hace que

la ciudad sea un espléndido mercado.

Los palacios en los arrabales y en la ciudad son también muy

hermosos, pero no llegan al del Gran Khan.

En la ciudad no se entierra a ningún hombre. Y a los idólatras los

van a incinerar más allá de los arrabales; allí también dan enterramiento

a los demás muertos.

En el recinto de la ciudad no puede vivir ninguna pecadora o mujer de

malas costumbres; son las damas del gran mundo quienes sirven a los

hombres por dinero, y aun éstas viven en los arrabales. Eso sí, allí las

hallaréis en gran número: hay 20.000 cortesanas que mercan sus favores. Y

son muy necesarias por el tráfico inmenso de la ciudad. Podréis daros

cuenta de la cantidad de gente que reside en Cambaluc y pasa por ella, por

el número crecido de sus meretrices.

En Cambaluc se mercan los objellos más raros yde más valor.

Primeramente, de las Indias vienen cargamentos de alhaites, piedras

preciosas, perlas finas, joyas y preseas; son traídas a esta ciudad.

De la provincia de Catai y de los demás reinos afluyen todas las

mercaderías. Naturalmente que esto sucede por la gran cantidad de

compradores y de gente allí reunida en la corte del Gran Khan, por los

huéspedes ilustres, las damas, sus barones y dignatarios y por lo que

compra el gran señor.

Cada día entran más de 1.000 carretas de sederías o de ingredientes

para fabricarlas, porque en Cambaluc se teje el paño de oro, las bayetas

de seda, los grodetures y tafetanes. En los alrededores de la ciudad hay

otras pequeñas villas que viven todas de lo que compra la capital.

Y ahora os hablaré de la «Ceca» y de la moneda que se acuña en esta

misma ciudad y veréis las riquezas del gran señor y cómo puede gastar

cuanto se le ocurra y más de lo que os dije.







- XCVII -

De cómo el gran señor acuña moneda

También es Cambaluc la Ceca del gran señor. Arreglolo de tal manera

que el Gran Khan posee el secreto del alquimista más avisado. Hace acuñar

monedas del modo siguiente: toman la corteza de los árboles (moreras por

lo general, de las que el gusano de seda devora la copa), y de la membrana

que hay entre la corteza y el tronco suelen hacer una pasta como la del

papiro, de color muy moreno, casi negro. A estos papeles o tarjetas las

hace cortar de varios tamaños, por lo general como tarjetas largas y

estrechas. Una pequeña, a la cual le da el valor de la mitad de un sueldo;

otra mayor, que vale un sueldo; otra de medio ducado de Venecia, y otra de

dos ducados, y otra de cinco, y otra de diez. Otra hay que vale un

bizancio, y otra de tres bizancios, y así hasta diez bizancios. Todos

estos papeles o tarjetas son sellados con el signo del Gran Khan. Hace

fabricar tal número de ellos, que puede comprar fácilmente todos los

tesoros de la tierra. Y una vez estampillados, los hace repartir por todas

las provincias, reinos y señoríos y paga con ellos todas sus cuentas.

Nadie puede desechar esta moneda, so pena de muerte. Y todos los

mercaderes toman esos papeles en pago de sus mercancías y con ellos se

pagan las perlas, las joyas, el oro y la plata. Y el papel que vale diez

bizancios no pesa ni uno. Y mientras varías veces al año llegan los

mercaderes con perlas, piedras finas, oro y plata, el gran señor llama a

12 sabios que son los elegidos para estas cosas y son muy duchos en la

materia, les manda que examinen las cosas que traen los mercaderes y que

las justiprecien y les paguen lo que valen. Y estos 12 barones les pagan

el precio en esa moneda de papel.

Los comerciantes lo aceptan con gran placer, porque con ellas pueden

a su vez comprar cuanto quieran. Y así el Gran Khan hace pagar con esas

tarjetas mercancías que valen sus 400.000 bizancios.

Y una vez al año se publica un bando diciendo que todos los que

posean oro, piedras y plata lo lleven a la Ceca y le serán trocados por

ese papel moneda. De esta manera el gran señor acumula tesoros

incalculables de plata, oro y piedras finas.

Cuando estos papeles se rompen, o ensucian, o deterioran, se los

llevan a la Ceca, donde los cambian por nuevos con una disminución del 3

por 100. Y cuando un hombre quiere adquirir un cinturón de oro, una

vajilla de plata o joyas y preseas se va a la Ceca del Gran Khan y le

lleva los papeles en pago del oro y plata que compra al barón que dirige

la Ceca.

Y ya veis cómo el gran señor puede tener, y tiene, los mayores

tesoros del mundo.

Os he contado de las cosas referentes a la moneda, y ahora os contaré

de la nobleza y señorío.







- XCVIII -

De los 12 barones que asisten en sus actos al Gran Khan

El gran señor escogió a 12 hombres de los más principales de su reino

entendidos en todos los negocios que conciernen las 33 provincias. Os diré

su ordenamiento y facultades.

En primer lugar habéis de saber que los 12 barones viven en un

palacio espacioso, con inmensas salas, en la ciudad de Cambaluc; cada

provincia tiene un juez, un notario y un escribano, que viven en este

mismo palacio, pero cada cual en su departamento. Y este juez y escribano

deciden de todos los negocios que conciernen a las provincias de las que

son diputados, pero están a su vez sometidos al mando de los 12 barones.

Estos 12 barones son poderosos: ellos eligen a los señores y gobernadores

de las provincias. Les señalan según sus méritos al Gran Khan, que los

ratifica en sus cargos, dándoles una tableta de oro, tal como conviene a

su señorío. Y estos barones deben también reunir y formar las huestes para

la guerra, siempre con la venia del gran señor.

Al Consejo le llaman «Scieng», es decir, la Suprema Corte, y nadie

hay más poderoso que ellos, salvo el Gran Khan. El palacio en que viven se

llama también «Scieng», y ésta es la mayor dignidad que hay en la corte

del gran señor, pues tienen derecho de hacer cuanto les place. No os

hablaré del gobierno de las provincias, porque lo dejo para más adelante

con más pormenores. Y dejemos esto para contaros cómo el Gran Khan envía a

sus estafetas y de qué modo aparejan sus caballos.







- XCIX -

De cómo desde la ciudad de Cambalue se va por diferentes vías a las

provincias

De la ciudad de Cambaluc, parten varias carreteras, que van por

determinadas provincias, y cada una se llama con el nombre de provincia

adonde lleva. Y es cosa hecha con muy buen juicio y muy bien ordenada.

Cuando un correo parte de Cambaluc y ha recorrido 25 millas, encuentra un

puesto llamado «iant» en su lengua, y en la nuestra posta. Y en cada posta

encuentra un palacio muy grande, en donde los embajadores y emisarios del

Gran Khan pueden alojarse. En estas ventas tienen camas con colchas de

seda y demasquinos y todo lo que conviene para hospedar a personas de

importancia. Y si un rey bajara en ellas quedaría satisfecho. Cada posta

cuenta con 400 caballos de repuesto, según lo ha establecido el gran

señor, siempre prontos a continuar la ruta. A cada 25 o 30 millas hay las

tales postas (en las carreteras principales se entiende). Y esto en todo

el Imperio del Gran Khan.

Hasta en parajes, alejados, donde escasea el poblado y no hay

hospedería ni albergues, ha dispuesto el Gran Khan que haya estas postas,

con sus casas cómodas y caballerías y arneses.

Así es que los embajadores, heraldos y estafetas del Gran Khan

encuentran en todas partes donde cobijarse y caballos de repuesto.

Esto no hay emperador, ni rey, ni ningún otro hombre que lo disfrute

con tanta largueza.

De modo que hay más de 200.000 caballos dedicados a las postas para

los correos y estafetas, y más de 10.000 palacios amueblados a este

objeto.

Hay en las pequeñas aldeas, de tres en tres millas, un hombre con un

relevo. Lleva una gran cintura llena de monedas o colgantes de hierro,

para que suenen de lejos cuando galopa. Éstos van como el viento, pero

nunca más allá de tres millas, y el que le oye venir se apronta a

relevarle. Se entregan de uno a otro por medio del escriba, que tiene

obligación de reseñarlo, una pequeña tarjeta, y por medio de estas

estafetas tiene el Gran Khan las nuevas de diez jornadas de distancia en

un día y una noche (pues no emplean más estos hombres en hacer el

recorrido de cinco jornadas). Y en dos días y dos noches llegan las

noticias de veinte jornadas, y en diez días y sus noches las que vienen de

cien días de distancia. De modo que estos hombres rinden en un día el

fruto de diez jornadas. Éstos están exentos de toda alcabala, y el Gran

Khan les remunera con largueza.

Y para los caballos que esperan el relevo se arregla el gran señor

del modo siguiente, y pregunta: «¿Cuál es la ciudad más próxima a la

posta?» Averigua con qué cantidad de caballos puede contar como tributo en

esa ciudad, y así provee la posta. De modo que no le cuesta nada al gran

señor, a menos de que no se trate de lugares apartados y distantes en los

cuales esté obligado a proveer las postas con sus propios caballos.

Cuando es menester que un heraldo llegue pronto para traer la noticia

de la rebelión de una provincia, corren 200 millas en un día y hasta 250.

Cuando quieren correr la posta tan rápidamente y hacer tantas millas en un

día, les entregan la tabla del gerifalte con la expresa nota que tienen

algo importante que comunicar y es menester lleguen como el rayo. Si son

dos, se ponen en camino con dos buenos caballos fuertes y resistentes. Se

vendan el vientre y atan la cabeza y corren hasta llegar al puesto o a la

posta de 25 millas, y allí encuentran el relevo de caballos frescos y

aparejados. Montan en la silla y continúan a todo correr hasta la posta

siguiente, en donde encuentran otro relevo pronto, y así hasta la noche. Y

de este modo estas estafetas hacen 250 millas para traer las noticias al

gran señor.

Dejemos esto de las postas, que os hemos relatado minuciosamente, y

os contaré una gracia que el gran señor concede dos veces al año.







- C -

De cómo el Gran Khan ayuda a sus súbditos cuando tienen malas cosechas o

pierden el ganado

Tiene el Gran Khan por costumbre mandar emisarios para enterarse del

estado de las cosechas en sus provincias, y si han sido perjudicados los

labradores por el granizo, pedrisco u otra calamidad, y si hay gente que

ha sufrido de estos males les perdona por ese año el pagar el tributo, les

hace dar grano para la siembra, para que coman, y esto por bondad de

corazón. Esto en el estío; en invierno hace la misma cosa para el ganado.

Si un hombre ha perdido sus animales o sus bestias por una epidemia o por

accidente, les hace dar el suyo propio y les perdona el pecho por este

año.







- CI -

De como el Gran Khan hace plantar árboles en los caminos

Ha ordenado que por las carreteras por donde pasa la posta, los

mercaderes y los peregrinos, se planten árboles, de dos en dos, a los

lados del camino. Estos árboles son tan grandes, que se ven de lejos. Y

esto para que nadie pierda de vista la carretera y no se aparte de ella. Y

los encontraréis en regiones desiertas, muy útiles para los viandantes,

que no pierden el camino, y los hay en todas las provincias y en todos los

reinos.







- CII -

Del vino que beben en Catai

Los habitantes de Catai beben un vino que preparan del modo

siguiente: Hacen una bebida con arroz fermentado y otras especias, y lo

elaboran de tal manera que es mejor que cualquier otro vino, porque es muy

ardiente.

Y ahora os contaré de unas extrañas piedras, que ellos logran quemar

como la madera.







- CIII -

De una especie de piedra que arde como la madera

Hay en toda la provincia de Catai una clase de piedras negras, que

sacan de la montaña, como los minerales, y queman como si fueran zoquetes

de madera. Es decir, que el f uego es más intenso y resistente que el de

la madera, y si las encendéis por la noche y prenden bien, os durará la

candela hasta la mañana siguiente. Y en toda la provincia de Catai queman

de esas piedras. No faltan, sin embargo, bosques para quemar madera; pero

esas piedras cuestan menos y duran más.

También os contaré de cómo el Gran Khan se ocupa de que el trigo se

abarate.







- CIV -

De cómo el Gran Khan hace almacenar trigo para proveer a su gente en

tiempo de calamidades

Cuando llega un buen año y cosecha abundante, y el gran señor ve que

hay mucho en el mercado, hace recoger una buena cantidad y llenar bien los

graneros y arreglarlos de modo que puedan durar tres o cuatro años. Con

esto quiero decir que hace almacenar toda clase de cereales: trigo,

cebada, alpiste, arroz y demás, y de todo esto recogen en gran cantidad.

Cuando el trigo llega a faltar o sube mucho de precio, saca él de sus

graneros, y si la fanega cuesta un bizancio, hace distribuir cuatro

fanegas a cada hombre. Y así todos tienen trigo en abundancia. De este

modo, el gran señor provee para que en tiempo de hambre sus súbditos no

padezcan. Y lo mismo ordena que se haga en sus tierras y señoríos.







- CV -

De cómo el Gran Khan hace la caridad a los pobres de su Imperio

Y os contaré cómo hace la caridad a los pobres en la ciudad de

Cambaluc. Se preocupa de las familias pobres de seis, de ocho y de diez

miembros, y si no tienen que comer les hace dar trigo y toda clase de

vituallas. También los que van por pan a la corte o a palacio nunca

vuelven con las manos vacías, y eso que van más de 30.000 personas diarias

durante todo el año. Y es gran bondad del señor hacia su pueblo, que así

le quiere y le venera como a un dios.

De Cambaluc iremos a Catai, a ver las grandes cosas que contiene.







- CVI -

De la provincia de Catai y del río Pulisanghin

Sabed que micer Marcos en persona fue enviado como embajador por el

Gran Khan hacia Poniente, y se ausentó de Cambaluc y viajó por espacio de

cuatro meses. Os referiré lo que vio a la idea y al retorno.

Partiendo de la ciudad de Cambaluc, a 10 millas, hay un río llamado

Pulisanghin, que desemboca en el Océano, y sobre el cual transportan

muchas mercaderías.

Mide 300 pasos de largo por ocho de ancho. En este río hay un hermoso

puente de piedra de 24 arcos y 24 pilastras de mármol gris, magníficamente

entrelazadas. A cada lado del puente hay una columnata de mármol, que

corre a lo largo del pretil; cada columna tiene por base la figura de un

león y está rematada en su cúspide por otro león grande y bien labrado; a

un paso y medio de esta columna hay otro semejante, con los leones por

base y remate, y de una columna a otra hay un parapeto de mármol gris,

para que los hombres no caigan al agua. Y así, una tras otra, hasta el

cabo del puente,que es de una bella construcción.







- CVII -

De la gran ciudad de Giongiu

A 30 millas hacia Poniente de este puente se encuentran habitaciones

lujosas y viñedos y campos y una gran ciudad llamada Giongiu. En ella hay

varias abadías idólatras. Viven del comercio y la industria. Tejen en ella

el paño de oro y los brochados de seda; hacen magníficos cendales y hay

muchas hospederías para los viajeros.

Al salir de la ciudad y a una milla de ella hay dos caminos, uno

hacia Poniente y otro hacia Occidente; el de Poniente llega hasta Catai, y

el de Occidente a la provincia de Catai, siempre cuajadas de ciudades,

castillos, fábricas, alhóndigas y grandes zocos, campos, viñedos y muchos

monumentos.

Os contaremos del reino llamado de Taianfu.







- CVIII -

En donde se habla del reino de Taianfu

Al salir de Giongiu, después de diez jornadas de marcha, se halla el

reino de Taianfu. La capital tiene también el mismo nombre; es grande y

bella; en ella hay mucho tráfico y mucho arte. En esta ciudad fabrican

arneses, necesarios al ejército del gran señor. Hay viñedos y vino

excelente, y la misma ciudad es la que surte a la provincia. Hay criaderos

de gusanos de seda y mucha industria en buratos y sedas.

De Taianfu se cabalgan siete jornadas a Poniente, en una rica región

con villas, castillos, fábricas y almacenes. Hay un continuo vaivén de

mercaderes, y al cabo de siete jornadas se encuentra una ciudad llamada

Pianfu, también muy comercial. En ella fabrican sedas en cantidad. Y ahora

hablaremos de otra gran ciudad, llamada Cacianfu; pero ante todo

mencionaremos un magnífico castillo llamado Caiciu.







- CIX -

En donde trata de un castillo llamado Caiciu

A dos jornadas a Poniente de Pianfu hay un bello castillo, llamado

Caiciu, que hizo construir antaño un rey llamado Dor. En este castillo hay

un gran palacio, que en una de sus amplias salas contiene una colección de

retratos y pinturas de todos los reyes que reinaron antiguamente en esta

provincia y han ido dejándolos a su paso. Del rey Dor os contaré una

historia interesante que pasé entre él y el Preste Juan, y que narran las

gentes del lugar. Es verdad que este rey Dor era enemigo del Preste Juan,

pero estaba tan bien fortificado en su castillo que aquél no podía hacerle

daño alguno, por lo cual se sentía muy molesto y furioso. Siete criados

del Preste Juan le retaron y le dijeron que le traerían vivo al rey Dor.

El Preste Juan les contestó que si esto hacían no les había de pesar y

sabría recompensarlos, así que decidieron hacer lo siguiente: se fueron en

compañía de sus escuderos y le dijeron al rey Dor que venían del

extranjero para servirle. El rey les acogió gozoso y les contestó que eran

los bienvenidos.

De esta manera los siete criados empezaron a servirle. Dos años

quedaron a su servicio, y el rey les tomó gran apego y se fiaba de ellos

como de sus propios hijos. Y escuchad lo que hicieron estos malvados (¡que

nadie puede librarse de los hombres desleales!) Cuando vieron que el rey

estaba indefenso, dieron por llegado el momento de ejecutar su proyecto.

Dijéronle al pronto al rey que tendría que seguirles y que si no le

matarían. El rey, extrañadísimo, exclamó: «¡Cómo, amados hijos! ¿Adónde

queréis que vaya?»«Vendrás -dijeron- con nosotros hasta nuestro señor el

Preste Juan.»







- CX -

De cómo el Preste Juan hizo apresar al rey Dor

Cuando esto oyó entró en gran aflicción: «¡Tened piedad de mí! ¿Cómo

es posible que habiéndoos colmado de honores en mi palacio queráis

librarme en manos de mi enemigo? ¡Si esto hacéis, seréis unos villanos y

malandrines!» Éstos dijeron que así debía ser. Y le llevaron ante el

Preste Juan. Y al verle el Preste Juan, gozábase en su venganza. Mandó que

le encerraran en un calabozo y que le guardaran las fieras, para

significarle su desprecio y que le consideraba tan vil como a ellas. Así

le tuvo dos años, y al cabo de ellos le hizo venir a su presencia y le

dijo: «Ya ves que no eres de talla como para hacerme la guerra y no puedes

medirte conmigo.» Así lo reconoció humildemente el rey Dor. Entonces el

Preste Juan, al verle tan bueno y mansueto, le dio ricos caballos y

arneses, le vistió de brocado de oro y, haciéndole acompañar por brillante

escolta, le devolvió a su reinado, y desde ese tiempo fue su amigo y

aliado.







- CXI -

En donde se habla del gran río de Caramoran

A 20 millas hacia Poniente se encuentra un río llamado Caramoran, que

es tan grande que desemboca en el Océano. A sus orillas hay grandes

poblaciones y mucho tráfico. En sus riberas crece el jengibre y el

cinamomo. Hay tanta multitud de pájaros, que por tres faisanes se da un

sueldo, es decir, un aspro, que vale un poco más.

A dos jornadas del río se encuentra la noble ciudad de Cacianfu. Los

naturales son idólatras, y los de la provincia de Catai lo son igualmente.

Es una ciudad industriosa y comercial; hay gran mercado de sedas. Tejen en

ella brocados de oro y de seda de todas clases, y de allí vamos a la

cabeza del reino, llamada Quengianfu.







- CXII -

De la gran ciudad de Quengianfu

Y cuando se deja la ciudad de Cacianfu se cabalgan ocho jornadas

hacia Poniente, encontrando siempre amenas praderas, poblaciones,

ciudades, aldeas y castillos, jardines y campos fertilísimos, y se llega a

la ciudad de Quengianfu. Toda la comarca está llena de moreras, en las

cuales anidan los gusanos de seda; los habitantes son idólatras. Hay

abundancia de pájaros y toda suerte de bichos. Es gran ciudad comercial e

industrial. Quengianfu fue capital poderosa del reino y tuvo muchos reyes

buenos y justos, y hoy la rige un hijo del gran señor, llamado Mangalai;

su padre le confió este reino y le hizo coronar aquí; es muy amado de sus

súbditos. Los huéspedes que moran en torno a su palacio tienen gran solaz

de venación. En el arrabal en donde está este palacio hay una llanura

rodeada de lagos, ríos y riachuelos; por él corren numerosas fuentes. Hay

una muralla robusta, que rodea la ciudad, y tan hermosa que no puede

dibujarse mejor. Las estancias son amplias y pintadas, con friso de oro

repujado. El rey Mangalai es justo y ecuánime y muy querido de sus

súbditos; la guardia vive en los alrededores de palacio y se alimenta de

la caza, que tiene a su albedrío.

Nos internaremos en la montaña para contaros una provincia muy

pintoresca, entre riscos, que se llama Cuncun.







- CXIII -

De los confines de Catai y Mangi

Dejando Mangalai, se marchan tres días hacia Poniente por una hermosa

llanura cubierta de ciudades, villas, castillos y aldeas, ricas en sedas y

abundante en frutas. Al cabo de las tres jornadas se llega a un país de

altas montañas, y valles muy hondos, que es la provincia de Cuncun. Entre

los riscos y peñascales hay aldeas y fortalezas. La gente es idólatra y

vive de la caza y de la agricultura. En los bosques hay muchas fieras:

leones, osos, lobos, gamos, ciervos, de modo que la gente que los caza

vende sus pieles y saca gran provecho de ellas. Cabalgando veinte jornadas

entre riscos no se deja, sin embargo, de encontrar castillos y poblados, y

en ellos muy buenas hospederías para el viandante, en donde puede

descansar y solazarse. Y vamos a otra provincia.







- CXIV -

De la provincia de Acbaluc Mangi

Después de veinte jornadas entre las montañas de Cuncun se llega a la

provincia de Acbaluc Mangi, que abarca una inmensa llanura. También esta

zona está muy poblada. Los indígenas son idólatras. Viven del comercio y

de la industria, y crece una tal cantidad de jengibre, que abastece a toda

la provincia de Catai, que saca de esta planta mucho provecho. Es un

mercado rico en trigo, arroz y toda clase de cereales. La capital se llama

igualmente Acbaluc Mangi, lo que significa ciudad blanca. Esta provincia

es hermosísima y rica en bosques y valles, y durante veinte jornadas

siempre es el paisaje rico y poblado. Aquí también hay osos, leones,

ciervos y gamos, y el animal del que se saca el almizcle.

Sigamos por orden y llegaremos a la ciudad de Sindufu.







- CXV -

De la gran provincia de Sindufu

Después de veinte jornadas hacia Poniente, en el confín de Mangi,

está la provincia llamada de Sindufu. La capital se llama también Sindufu,

y tiene grandes y poderosos reyes. Tiene 20 millas de circunvolución; está

dividida de la siguiente manera: el rey dejó a su muerte tres hijos, y

entonces la ciudad se dividió en tres partes; cada cual tiene un muro de

defensa, separando la que toca a cada cual; pero estos muros, a su vez,

están dentro de la muralla de la ciudad. El rey, que era muy rico y

poderoso, dejó grandes tesoros para sus tres hijos. Pero el Gran Khan

conquistó este reino y destronó a los tres reyes.

La ciudad está dividida por un río que lleva aguas dulces y tiene

muchos peces; es ancho media milla y muy profundo; llega al Océano, que

está a ochenta o cien jornadas de distancia, y se llama Quiansui. A

orillas de este río hay numerosas villas, ciudades y castillos. Navegan en

él muchos bajeles y hermosas naves. Parece un mar más que un río, por su

anchura. Os describiré el puente que está encima de él.

El puente, enteramente de piedra, tiene ocho pasos de ancho y una

media milla de largo; en su pretil hay columnas de mármol, que sostienen

el techo del puente, pues es cubierto, y el techo, de madera, está pintado

de mil colores y adornos; en el interior, a lo largo, hay pabellones

ocupados por mercaderes y artesanos. Estos pabellones se desarman por la

noche y se arman de día con vigas dispuestas para ello, y los hombres que

mercan en él pechan al gran señor por lo que venden, que le rinde bien

1.000 bizancios de oro. Los indígenas son idólatras.

De esta ciudad se cabalgan cinco jornadas por llanos y valles no

perdiendo nunca la traza de castillos y villas. Los hombres se dedican a

cultivar la tierra. Son también industriales, porque trabajan los más

bellos cendales y otros paños. Hay fieras en cantidad, leones y leopardos.

De aquí a cinco jornadas se llega a una provincia desierta, llamada

Tíbet.







- CXVI -

De la provincia del Tíbet

Después de cinco jornadas se entra en una provincia muy devastada,

porque Mongut Khan la ha arrasado. Hay castillos y villas destruidos por

la guerra. Hay bambúes tan grandes y gordos, que tienen tres palmos de

circunferencia y 15 pasos de altura. De un nudo a otro miden tres palmos.

Los viajeros que pasan de noche por esta región arrancan las cañas de

estos bambúes y con ellas hacen fuego, pues cuando arden chisporrotean de

tal suerte y producen tanta humareda que los leones y osos huyen

despavoridos y no hay cuidado que se acerquen. Es tremendo el ruido que

producen al estallar en el fuego. Y os contaré algo curioso a este

propósito:

Cuando se cogen estas cañas verdes y se ponen en haces, prendiéndoles

fuego con unas astillas, en seguida empiezan a retorcerse y a crujir, de

tal suerle que se las oye hasta a 10 millas de distancia en el silencio de

la noche, y el que no está acostumbrado a oír esas detonaciones se queda

pasmado. Los caballos, que nunca oyeron tal ruido, huyen espantados,

rompen sus bridas y las cuerdas con que los amarran, así que es buena

precaución vendarles los ojos y atarles bien fuerte las patas para que no

puedan huir. Con estas fogatas es la manera más segura de escapar a las

fieras, que viven en abundancia en esos bosques. Hay que proveerse de

víveres para los veinte días porque no hay ni venta ni hospedería ni quien

dé de comer a las caballerías. Se encuentra por todo este camino a muchas

fieras dañinas y peligrosas, aun cerca de los poblados.

Os contaré cómo casan a las mujeres. Ningún hombre tomaría por esposa

a una virgen; dicen que no valen nada si no han conocido a otros hombres

antes de casarse. Y por esta razón se aplican las mujeres a perder pronto

su virginidad. Cuando pasan extranjeros por esta región y despliegan sus

tiendas de campaña para descansar y hacer un alto en el camino, las viejas

de los castillos y poblados bajan y traen a sus hijas hasta el campamento

y las entregan a los forasteros para que con ellas se acuesten, y ellos

las retienen y usan de ellas, pero no pueden llevárselas: antes de

separarse de ellas es conveniente den a la moza con la cual han dormido un

regalo o una prenda para que puedan demostrar, cuando quieran casarse, que

han tenido un amante. Por lo general les regalan piedras para collares. De

este modo, si una joven lleva colgadas de su cuello veinte señales, para

demostrar que ha tenido muchos amantes, es la que se llevará la palma y

será la que más pretendientes tenga. Y ellos dirán que es más agraciada

que las otras. Pero cuando ya han hecho de ella su mujer, la quieren

muchísimo, y malhaya al que tocare a la mujer de otro, de lo cual se

guardan mucho. Os he contado de esos singulares matrimonios. Las jóvenes

tienen de dieciséis a veinticuatro años.

La gente es idólatra y de mala entraña. Desconocen el bien, y para

ellos robar y cometer villanía es muy natural. Son los mayores ladrones

que existen. Aquí también abundan los «gudderis», del cual se saca el

almizcle. Estos malos hombres tienen buenos perros, que le apresan al

dremán, y con eso consiguen tener almizcle en grandes cantidades. No

tienen ni papel moneda ni oro, pero se lo procuran con esa sustancia

aromática. Se visten muy pobremente; de pieles de animales, por lo

general, y de bocoran. Tienen idioma propio. Este Tíbet es una provincia

muy extensa.







- CXVII -

En donde sigue la relación del Tíbet

Los indígenas son idólatras. La provincia limita con Mangi y otras, y

cuenta con ocho reinos, numerosísimos castillos y ciudades. Hay en varios

parajes ríos y montañas en que se encuentran pepitas de oro. Se recoge la

canela. Les gusta mucho los adornos de coral, que ponen al cuello de sus

mujeres y de sus ídolos y pagan muy caro. En esta provincia tejen el

camelote en cantidad y el paño de oro y brocado de seda. Aquí nacen los

más sabios astrólogos y adivinos, los más sutiles de todas las provincias

circunvecinas; hacen los más terribles sortilegios y, por arte diabólica,

hacen ver y oír cosas maravillosas. Tienen malas costumbres, crían grandes

mastines, muy recios para la lucha y para pelear con las fieras. Tienen

mucha clase de perros y buenos halcones, que vuelan bien y cazan mejor.

Dejaremos esta provincia, de la cual os hemos contado, a grandes

rasgos, sus particularidades, e iremos a la provincia de Gaindu.

Todo el Tíbet y demás provincias pertenecen al Gran Khan, y todas las

regiones descritas hasta ahora, menos las del principio del libro, que

pertenecen al hijo de Argón, como os llevo dicho.







- CXVIII -

De la provincia de Gaindu

Gaindu está hacia Poniente; no tiene más que un rey, vasallo del gran

señor. Son idólatras. Tienen un lago, en donde se encuentran hermosas

perlas; pero el Gran Khan tiene prohibido que las pesquen, porque así

sacarían cuantas podrían y se volverían vulgares y bajarían de precio. Así

que cuando el Gran Khan las quiere para él, las manda pescar, prohibiendo,

so pena capital, que las pesquen sin su consentimiento. Hay montañas de

turquesas, que son piedras muy bellas. Tampoco éstas las deja coger el

Gran Khan, más que cuando él lo manda.

En esa provincia no tienen a mal que un forastero los avergüence con

sus mujeres, hermanas o hijas, ni mujer que viva en la casa. Y se alegran

cuando un forastero se acuesta con ellas, pues dicen que sus ídolos y

dioses les dan por ello bienes en abundancia.

Y por eso son largos con sus mujeres con los extranjeros. Cuando un

hombre ve llegar a un forastero a su casa y pedir hospitalidad, se marcha

en seguida y ordena a la mujer hacer lo que le mande el forastero. Se

aleja de la casa y va a su viña o al campo, y no vuelve hasta que el

extranjero abandona la casa, y a menudo el peregrino vive en ella tres

días y se acuesta en el lecho de la mujer del villano. Y el que ocupa la

casa pone la señal para significar que se halla en ella, es decir, que

cuelga su sombrero en la puerta. Y el villano que ve la señal en la puerta

de su casa no vuelve hasta que en ella no queda el forastero.

Tienen oro en barras y lo pesan en «sazos», y vale según el peso. No

tienen ni monedas ni papel. Fabrican una pequeña moneda, que os

describiré: toman sal y la hacen cocer en un cacharro que puede contener

una libra más o menos, y 84 de estas medidas de sal valen un «sazo» de oro

fino, y es lo que emplean como moneda corriente.

Tienen dremanes, que producen el almizcle en cantidad. Buenos peces,

que pescan del lago en donde hay perlas. Hay toda clase de fieras y

pájaros de cetrería. No tienen vino de uva, pero hacen vino de trigo y

arroz con especias, y es vino excelente. En esta provincia nacen muchos

algarrobos. Hay un arbusto que es muy frondoso y tiene florecillas

blancas. Hay canela, jengibre, cinamomo y otras especias que no se ven por

nuestro continente, y por eso es inútil mencionar.

Dejemos esta región, de la cual hemos referido la fauna y flora, y

pasemos más adelante en la misma zona.

Dejando atrás a Gaindu se cabalgan cinco jornadas, encontrando al

paso castillos y alquerías. Los naturales son tan raros en sus costumbres

como lo son los que os he contado ya. Tienen caza en abundancia. Después

de diez jornadas se encuentra un río, Brius, que marca el limite de la

provincia de Gaindu; éste lleva en sus aguas muchas pepitas de oro. Hay

canela en abundancia. El río desemboca en el Océano.

Dejemos este río, que no tiene nada de notable, y vamos a otra

provincia, llamada Caragian.







- CXIX -

De la gran provincia de Caragian

Cuando pasamos este río nos internamos en la provincia de Caragian,

que es tan extensa que comprende seis reinos. Está hacia Poniente. Sus

habitantes son idólatras y pertenecen al Gran Khan. El rey es hijo suyo y

se llama Esentemur, gran rey, rico y poderoso; es hombre sabio, prudente y

discreto y administra bien la justicia. Hacia Poniente, separándose del

río cinco jornadas, hay ciudades y castillos, en donde se crían magníficos

caballos. Viven del pastoreo y de los frutos de la tierra. Tiene lengua

propia, dificilísima de entender. Al cabo de cinco jornadas se encuentra

la capital, llamada Iaci. Hay mercaderes e industriales en ella.

Mahometanos idólatras y cristianos nestorianos. Muchos arrozales; el pan

de trigo es malo en esta provincia; pero comen mucho arroz y hacen un vino

muy bueno con especias. Un vino claro y capaz de emborrachar a un hombre,

como nuestro vino.

La moneda que emplean es la siguiente: Toman conchas marinas,

pequeñas como porcelanas, que también cuelgan en los collares de los

perros, y éstas valen: 80 conchas, un «sazo» de plata, que son dos cequies

venecianos gordos y ocho «sazos» de plata fina valen un «sazo» de oro

fino.

Tienen salinas, de las que sacan la sal, y todos viven de estas

salinas. También el rey saca gran provecho de esta sal.

No les importa nada que usen de sus mujeres con tal de que éstas

consientan en ello.

E iremos al reino de Caragian, pero antes os contaré una cosa que

había diferido hasta ahora: hay un lago de cerca de 100 millas de

circunferencia que tiene una gran cantidad de pescados riquísimos. Son de

grandes tamaños y de todas clases. Los indígenas comen carne cruda, de

pollos, de carneros y de búfalo. Los pobres van a la carnicería, cogen el

hígado crudo tal como cuelga del animal, lo cortan en trocitos,

comiéndolos con una salsa de ajo. Y así comen las demás carnes. Y los

nobles también comen carne cruda, pero la hacen picar y preparar con salsa

de ajos y especias y la devoran con fruición, como nosotros la carne

cocida.







- CXX -

En donde se sigue la descripción de la provincia de Caragian

Dejando la ciudad de Iaci y yendo diez jornadas a Poniente se

encuentra la provincia de Caragian y su capital del mismo nombre. Son

idólatras y pertenecen al Gran Khan. El rey es Cogacin, hijo del gran

señor. En esta provincia hay pepitas de oro en el río y en un lago; pero

en las montañas lo hay en más grandes cantidades todavía. Tienen tanto

oro, que dan un «sazo» de oro por seis de plata. También aquí se emplean

las monedas de porcelana de que os hablo, pero las traen de la India.

En esta provincia hay grandes culebras y serpientes, tan enormes que

causan terror. Son horribles, de 10 pasos de largo y gordas como un haz de

trigo; tienen dos piernas delanteras cerca de la cabeza, pero sin piesy

sólo con una una como las del león o del halcón. La cabeza enorme y los

ojos como un pan. La boca tan amplia, que se tragarían a un hombre entero

de una vez. Los dientes, grandísimos. Son tan desmesuradamente largas, que

no hay hombre ni animal que no les cause pavor. Las hay más pequeñas: de

ocho, seis y cinco pies.

La manera de cazarlas es la siguiente. Habéis de saber que de día

permanecen ocultas en la tierra por causa del gran calor; por la noche

salen a buscar su pitanza y devoran a todos los animales que se les ponen

por delante.

Van a beber al río, a los lagos y a las fuentes. Es tan gorda esta

serpiente, que cuando viene arrastrándose por la arena, para comer o beber

en la noche, marca un surco en los arenales como si hubiera pasado una

barrica llena de vino. Y los cazadores que las cogen ponen trampas allá

donde ven sus huellas. Clavan en el suelo un palo de madera muy fuerte y

gordo, en el cual hay clavado un cuchillo de acero a modo de navaja o un

hierro de pica; todo esto lo cubren de arena para que la culebra no lo

vea. Y de éstos ponen varios. Cuando llega el pitón y se engancha en el

hierro pega tan terribles golpes, que el acero le entra en el pecho y le

desgarra hasta el vientre, de manera que muere en seguida.

Una vez apresada, le quitan la hiel del vientre y la venden muy cara,

pues sabed que de ella componen una gran medicina. Si un hombre ha sido

mordido por un perro rabioso, le dan de beber de esta poción por valor de

un pequeño dinero, y con esto basta para salvarle. Cuando una mujer tiene

un parto difícil y grita muy fuerte, le dan un poco de esta hiel y en

seguida sale de cuidado. La tercera virtud de esta hiel es que si se

aplica en una llaga en dos días está cicatrizada. Y por eso este remedio

tiene gran precio en esta provincia. También la carne de la serpiente es

muy apreciada; se vende muy cara y la comen con fruición, encontrándola

exquisita.

Y estos animales van a la guarida de los leones, osos y otras fieras

cuando tienen cría y se tragan a grandes y pequeños y lo que pueden

alcanzar. En esta provincia nacen caballos grandes y fuertes de los que

llevan a vender a la India. Les cortan dos o tres vértebras de la cola

para que con ella no puedan azotar al jinete y no la puedan agitar cuando

galopan, lo que ellos consideran una cosa muy fea. Esta gente monta a la

franca.

Tienen armas forradas de piel de búfalo, lanzas y escudos y albardas,

y todos llevan flechas. Y os diré una patraña que ejecutaban antes de que

el Gran Khan les conquistara: cuando sucedía que un gentilhombre bien

parecido pedía hospitalidad en la casa de uno de esta provincia, lo

mataban durante la noche, no para robarle, sino porque pretendían que su

sombra, gracia e inteligencia, así como sus armas, quedaban en la casa. Y

así mataron a muchos antes de que el Gran Khan les conquistara. Eso pasaba

hace treinta y cinco años más o menos, pero ya no lo hacen porque temen su

justicia.







- CXXI -

En donde se habla de la gran provincia de Cardandan

A cinco jornadas de Caragian, hacia Poniente, se encuentra la

provincia de Cardandan, en donde la gente es idólatra y pertenece al Gran

Khan. La capital de esta provincia se llama Vocian. Toda la gente tiene

dientes de oro, es decir que se los cubren con oro. Tienen una especie de

moldes de oro con los cuales se cubren la dentadura superior e inferior.

Esto hacen los hombres, pero no las mujeres. Los hombres son todos nobles

y no se ocupan más que de caza y de cetrería. Las mujeres lo hacen todo, y

sólo las ayudan los esclavos. Cuando las damas tienen un hijo varón lo

lavan y lo envuelven en un pañal, y el marido se acuesta en la cama con el

niño y se queda en ella durante cuarenta días, no levantándose más que

para las precisas necesidades. Y amigos y parientes le vienen a ver y le

hacen fiesta y solaz, y esto lo hacen porque dicen que sus mujeres han

pasado fatigas llevando el niño en su vientre y no quieren que sufran

cuarenta días. Pero la mujer, en cuanto ha parido, se levanta, hace todos

los menesteres de la casa y sirve a su varón en la cama.

Comen carne cruda y cocida y arroz cocido con la carne y otros

condimentos. Beben el vino de arroz y especias. Sus monedas son el oro y

las conchas. Dan un «sazo» de oro por cinco de plata; porque tienen los

plateros a cinco meses de distancia, por eso los mercaderes traen la plata

en abundancia, pues que ellos la truecan por oro y con eso sacan ventaja.

Éstos no tienen ni ídolos ni iglesias, pero rezan a los antepasados,

diciendo que de éstos descendemos. No tienen alfabeto y no saben escribir,

y esto no es maravilla, porque están muy desviados y apartados del resto

del mundo, entre grandes selvas y montañas que no pueden franquear, porque

el aire es tan malsano que morirían.

Cuando tienen un negocio entre ellos, toman un pedazo de madera, o

cuadrado o redondo, y le parten por en medio y cada cual se guarda un

trozo. Llegado el día del pago, el que tiene que entregar el dinero se

hace dar la otra mitad del disco o del trozo de madera a cambio de

satisfacer la cantidad estipulada.

En estas provincias de Caragian, Vocian e Iaci no tienen médico.

Cuando alguien cae enfermo llaman a los magos y adivinos que guardan a los

ídolos. Cuando llegan éstos, el enfermo le dice su padecimiento. Entonces

los magos tocan instrumentos y bailan y cantan hasta que uno de ellos cae

al suelo, echa espuma por la boca y queda como muerto. Entonces está en el

poder del diablo. Cuando los otros magos ven que uno de ellos ha caído en

la forma que habéis oído, le preguntan cuál es la enfermedad que padece el

enfermo, y éste contesta: «El espírítu tal lo ha tocado, porque no le ha

hecho ningún caso.» Y los magos contestan a coro: «Te rogamos que le

perdonen y tomen para sanar su sangre las cosas que se te antojen en su

alrededor.» Luego pronuncian muchas sentencias para que los espíritus que

habitan en el mago que está en éxtasis respodan si el enfermo ha de morir;

entonces el mago, con voz plañidera, dice: «Este enfermo ha hecho tantos

agravios a tal espíritu y es tan mal hombre, que no quiere perdonarle.» Y

si, en cambio, debe sanar, le dicen que si quiere volver a la salud tome

dos corderos o tres, haga diez brebajes buenos y raros, y añaden que los

corderos tengan la cabeza negra y que con ellos sacrifique a tal o cual

ídolo o a tal espíritu, y hagan gran fiesta a estos dioses, y les alaben y

canten sus loas.

Cuando los deudos y amigos han oído esta sentencia se apresuran a

hacer lo que les han dicho los magos. Matan los corderos, riegan con su

sangre el suelo en honor a tal o cual espíritu. Luego los aderezan y

convidan a los magos y a las mujeres que traían a los ídolos a cantar y a

bailar. Encienden las luces, preparan los brebajes, tañen los

instrumentos, hasta llegar al paroxismo. Llega un momento en que caen los

unos encima de otros como borrachos, y entonces preguntan si el enfermo

puede esperar en una salvación, y responden que aún no le ha sido

perdonado, que le queda esto y estotro por hacer, y cumplídolo, al fin le

declaran que sanará. Dicho esto vuelven a tocar la música y a empezar el

baile y las luminarias y el incienso; comen y beben hasta hartarse. Luego,

satisfechos, se retira cada uno a su casa, y cuando todo ha concluido, el

enfermo sana inmediatamente.

Dejemos estos magos y sus artimañas y prosigamos nuestro relato.







- CXXII -

De cómo el Gran Khan conquistó el reino de Mien y de Bengala

Omitimos involuntariamente contaros una gran batalla en el reino de

Vocian, que debe quedar escrita en este libro, y os narraremos cómo

acaeció el hecho y de qué manera:

En el año 1272 de la Encarnación de Cristo, envió el Gran Khan un

gran ejército al reino de Vocian y Caragian. Porque aún no había enviado a

sus hijos, como hizo en lo futuro, nombrando como rey de Sentemur al hijo

de su hijo difunto. Y sucedió que el rey de Mien y de Bengala, que era un

rey muy podereso en tierras y tesoros, no quería someterse al Gran Khan, y

se portó tan mal, que el Gran Khan le quitó los dos reinos arriba

mencionados.

Cuando supo el rey de Bengala que el Khan estaba en Vocian se dijo

que era imprescindible ir contra sus huestes y aniquilarlas, de modo que

al Gran Khan no le quedaran ganas de guerrear contra él. E hizo grandes

preparativos, y os diré cuáles: Tenía 2.000 elefantes muy grandes, y

encima de cada cual hizo construir un castillete de madera muy fuerte, que

sirviese para combatir. En cada uno apostó 12 hombres prontos al combate y

en algunos hasta 16 o más. Concertó unos cuadros de batalla con 40 hombres

a caballo y otros tantos a pie.Todo este aparato respondía al de un gran

rey,cual era este rey de Bengala.

Terminado que hubo los preparativos, se puso en marcha en busca del

ejército del Gran Khan. Caminaron largo trecho sin que se produjera una

aventura digna de mención; pero al llegar a tres jornadas del ejército del

tártaro, sentaron el campo para descansar.







- CXXIII -

De la batalla entre el Gran Khan y el rey de Mien

Cuando el señor de los tártaros supo con certeza que este rey venía

contra él con tan gran número de soldados tuvo miedo, porque él no contaba

más que con 10.000 hombres a caballo. En cuanto a él, no había cuidado,

pues era valiente condotiero. Defendió a la desesperada al país y a sus

gentes. Los tártaros se apostaron en la llanura de Cocian y allí esperaron

al enemigo. Esto lo hicieron con mucha prudencia y entendimiento. Al pie

de esta llanura había un bosque muy espeso, a cuyas orillas esperaban los

tártaros alineados en orden de batalla.

Cuando hubieron descansado, las huestes del rey Mien se pusieron en

marcha para ir al llano de Vocian, donde se habían desplegado los

tártaros. Y frente a éstos dispuso el rey a su gente en orden de batalla.

Cuando los tártaros los vieron llegar fingieron no asombrarse y

demostraron su valor y arrojo. No flaquearon ni un momento, viendo que la

batalla era inevitable. Pero así que los caballos de los tártaros vieron a

los elefantes con las máquinas de guerra, no quisieron avanzar y

retrocedieron espantados, mientras los elefantes se les echaban encima.







- CXXIV -

En donde prosigue el relato de la misma batalla

Y así que los tártaros los vieron llegar fingieron no asombrarse y

demostraron gran valor y arrojo. Viendo que no les obedecian sus caballos,

por un momento se creyeron perdidos. Pero he ahí lo que idearon: bajaron

de sus monturas y ataron los caballos a los árboles; cogieron los

arcabuces y flechas en mano y arremetieron contra los elefantes; mas los

soldados del rey no se arredraron por esto y tiraban sin cesar sobre los

tártaros, asaltándolos duramente. Pero los tártaros, que eran mejores

hombres de guerra que sus enemigos, aguantaban con ardimiento el duro

ataque.

Al sentirse heridos, los monstruosos elefantes retrocedieron con

tanto ímpetu que empezaron a romper las líneas del ejército del rey, y no

pararon hasta refugiarse en el bosque, en donde, enfurecidos, destrozaron

los pabellones que llevaban encima y cuanto se les ponía por delante. Los

tártaros volvieron a montar a caballo y arreciaron nuevamente contra

ellos; agotadas las saetas, pusieron mano a la espada y al machete y se

echaron encima con furia indecible. Caballeros y caballos caen al suelo en

la refriega, cercenaban brazos y piernas y el suelo estaba sembrado de

cadáveres. ¡Ni el Dios tonante metiera más ruido! Se oían alaridos, gritos

desgarradores por doquier. Y, sin embargo, los tártaros tenían la ventaja

a pesar de todo, pues el ejército del rey, mayor en número, había quedado

diezmado. En llegando el mediodía, el rey y sus milicias quedaban en tan

mal estado, que ya no podían aguantar y vieron que permaneciendo allí no

quedaría ni uno solo con vida. Entonces se dieron a la fuga y los tártaros

arreciaron contra ellos; mas de pronto se acordaron de los elefantes que

estaban en el bosque y fueron por ellos. Cortaban los grandes árboles para

impedir que éstos se les escaparan, y los elefantes, al reconocer a la

gente del rey que traían prisionera, se apaciguaban, porque estas bestias

tienen gran entendimiento; de modo que pudieron cogerlos a todos. Y de

esta batalla tuvo el gran Khan no pocos elefantes. Y así acabó esta

contienda tal como lo habéis oído.







- CXXV -

De cómo se desciende por una gran pendiente

Desde esta provincia se baja una pendiente muy rápida, que dura unos

dos días y medio. No hay nada digno de mención sino un gran mercado en

donde se reúnen los hombres tres días por semana. Ycambian el oro por la

plata, dando un «sazo» de oro por cinco de plata.Vienen de muy lejos a

cambiar el oro por la plata, obteniendo con ello grandes ganancias. Nadie

conoce las casas de los que custodian el oro, pues lo tienen tan escondido

en lugares apartados y torres fortificadas, que no hay ser humano que

penetre en ellos más que ellos mismos.

En los confines de la India, hacia Mediodía, se encuentra una

provincia llamada Mien. Hay quince jornadas de camino por pasos desolados

y grandes selvas, en donde moran elefantes salvajes y rinocerontes. No hay

alma viviente ni habitaciones, y por eso dejaremos estos yermos

inhospitalarios y os contaremos una historia que os interesará.







- CXXVI -

De la ciudad de Mien

Después de cabalgar quince jornadas por sitios solitarios, se da con

la ciudad de Mien, noble cabeza del reino. Los naturales son idólatras,

sometidos al Gran Khan. Hubo en esta ciudad un rey muy poderoso. Cuando

murió dejó dispuesto que sobre su tumba se elevaran dos torres, una de oro

y la otra de plata. Se entiende que debían ser de piedra cubiertas de una

lámina de oro de un dedo de espesor para que la torre pareciera de oro.

Era de diez pasos de altura y gruesa en proporción. La remataba una cúpula

y era redonda; en la cúpula había muchas campanillas, que al menor soplo

del viento se movían y sonaban suavemente. La otra torre era de plata,

hecha en la misma forma y del mismo tamaño. Y el rey mandó que esto se

hiciera en recuerdo de su grandeza y en honor de su alma. Y eran las

torres más bellas que verse puedan.

El gran Khan conquistó esta provincia, y veréis de qué suerte. En la

corte del gran señor había una cantidad de juglares y bufones, y el Gran

Khan les mandó que conquistaran la provincia de Mien; les proveyó de

capitanes y fuerzas. Los juglares se pusieron en camino, pusieron cerco a

la provincia de Mien y la conquistaron. Cuando llegaron a la ciudad de las

dos torres se quedaron maravillados de su belleza, llevándole al Gran Khan

noticias de su valor y hermosura y que si quería las desharían para

mandarle el oro y la plata; pero el Gran Khan, que sabía que ese rey las

mandó construir en honor a su alma y para que quedaran en recuerdo después

de su muerte, dijo que se cuidaran muy bien de tocarlas y menos de

deshacerlas, pues deseaba quedaran como las había mandado construir el rey

difunto. (Y no es extraño, porque los tártaros respetan las disposiciones

de sus muertos y se guardan de tocar a sus cosas.)

En esta provincia tienen elefantes y bueyes salvajes, grandes y

hermosos; ciervos, gamuzas, cabritos y toda clase de animales en gran

abundancia.

Ya que os he contado de la provincia de Mien, la dejaremos y os

contaré de una provincia llamada Bangala.







- CXXVII -

En donde se habla de la gran provincia de Bangala (Bengala)

Bangala es una provincia al Mediodía, que hacia el año 1209 del

nacimiento de Cristo, en que micer Marcos estaba en la corte del Gran

Khan, no pertenecía aún a éste; sin embargo, sus huestes se preparaban

entonces para conquistarla. Esta provincia tiene un rey y lengua propia.

Son los más encarnizados idólatras. Confinan con la India. Aquí hay muchos

eunucos, y de allí los traen los barones y señores para sus cortes. Los

bueyes son tan grandes como elefantes, pero no tan gordos. Los indígenas

viven de carne, leche y arroz; son muy ricos, pues comercian en especias,

jengibre, azúcar y otras variadas cosas, todas de gran precio. Los indios

vienen a comprar aquí eunucos y esclavos para volverlos a vender más

lejos. Y ya que no hay nada más que mencionar en esta provincia, nos

iremos y os contaremos de otra llamada Cangigu.







- CXXVIII -

De la provincia de Cangigu

Cangigu es una provincia de Levante. Tiene sus reyes. La gente es

idólatra. Tiene lengua propia. Se rindieron al Gran Khan y le pagan cada

año un tributo.El rey es tan dado a la lujuria que tiene 300 mujeres, y

cuando ve a una mujer hermosa en su país, la hace venir en seguida a su

palacio. Esta provincia es abundante en oro. Recogen especias muy caras en

gran abundancia; pero como están muy lejos del mar, sus mercaderías valen

poco, pues no tienen salida. Tienen elefantes y otros animales. Viven de

carne, de arroz y de leche. No tienen vino de uva, pero sí de arroz con

especias. Los varones y hembras se pintan la piel, es decir, que con

agujas candentes dibujan en la piel leones, dragos, trasgos y pájaros e

imágenes; luego les pasan tintas de colores y las graban tan profundamente

que el color ya no se borra. También hacen lo mismo con la cara, el cuello

y el vientre, en las manos y piernas y en todas las partes del cuerpo, y

esto en ellos es distintivo de nobleza. Cuanto más pintados están más

consideración merecen y pasan por más hermosos.

Dejemos esta provincia y os contaremos de otra a Levante, llamada

Aniu.







- CXXIX -

De la provincia de Aniu

Aniu es una provincia hacia Levante que pertenece al Gran Khan. Son

idólatras. Viven del pastoreo y la agricultura. Tienen lengua propia. Las

mujeres llevan brazaletes de oro y plata en las piernas y en los brazos, y

los hombres igualmente, pero más ricos y de más valor. Tienen muchos y

hermosos caballos y los venden a los indios en gran cantidad. Tienen

búfalos, bueyes y vacas, con ricos y fuertes pastos para criarlos. Gran

abundancia en víveres. Desde Aniu a Cangigu, que está a quince jornadas, y

de Cangigu a Bengala, que es la tercera parte de la provincia, hay treinta

jornadas.

Dejaremos a Aniu e iremos a otra provincia llamada Toloman, que se

encuentra de ésta a ocho jornadas hacia Levante.







- CXXX -

De la provincia de Toloman

Toloman es una provincia de Levante. Los indígenas son idólatras,

tienen idioma propio y pertenecen al Gran Khan. Son tipos de gente muy

garrida, no muy blancos, mas morenos y bien plantados. Poseen ciudades,

pero más que todo fortalezas y castillos en la montaña. Cuando mueren se

hacen incinerar y recogen los huesos en unas arquetas, que llevan a lo

alto de una montaña y guardan en grandes cavernas y covachas, tan

escondidas y empinadas, que ni hombre ni bestia pueden alcanzarlas.

Tienen oro en cantidad. Las monedas son de porcelana. En todas estas

provincias, es decir, en Bengala, Cangigu y Aniu, se sirven de la misma

moneda de oro y conchas. Hay algunos comerciantes y éstos son riquísimos.

Viven de carne, leche y arroz, y en lugar de vino tienen la bebida de

arroz fermentado con especias. Dejemos esta provincia para ir hacia

Levante. Y os hablaré de una provincia llamada Ciugiu.







- CXXXI -

De la provincia de Ciugiu

Ciugiu es una provincia de Levante distanciada de Toloman doce

jornadas. Corre por ella un río, cuyas orillas están cuajadas de

poblaciones. Después de navegar doce días por río se llega a la ciudad de

Ciugiu, que es muy grande y noble. Son también idólatras y vasallos del

Gran Khan. Tejen de la cáscara de los árboles unas telas magnificas, que

llevan puestas en verano. Son guerreros; no conocen más moneda que el

papel del Gran Khan, pues ya entramos en tierras donde circula la moneda

papel del Gran Khan.

Hay en esta provincia tantos leones, que nadie puede dormir al aire

libre porque sería devorado inmediatamente. Y cuando los hombres van por

el río y no se alejan bien de la costa, el león nada hasta la barca, coge

al hombre y se lo lleva. Por eso toman las mayores precauciones y tienen

unos perros tan fieros que pueden al león. Llevan siempre una pareja de

ellos, y un hombre y dos perros pueden cazar al león. Cuando ven a un león

que va delante de ellos, los perros se tiran a él y le muerden en las

piernas y nalgas con tanta furia y destreza que el animal no puede

volverse contra ellos; entonces busca la fiera un árbol para parapetarse y

hacerles frente; mas ellos no le sueltan las partes traseras. Entonces el

jinete que los sigue saca sus flechas y saetas y le manda una, dos o tres

y traspasa con ellas cuantas veces puede al león para matarle. Jamás puede

defenderse contra un hombre a caballo que tenga dos buenos perros.

Tienen en esta región seda en abundancia, que llevan a diestra y

siniestra por el río, también el poblado en sus orillas de villas y

aldeas. La gente es idólatra y pertenece al Gran Khan. A las doce jornadas

de navegación se llega por el río a la ciudad de Sindufu, de la cual os he

hablado antes. De Sindufu se cabalga setenta jornadas por provincias y

tierras por las que hemos estado ya y hemos descrito antes en este libro.

Al cabo de setenta jornadas se llega a Giongu; de Giongu se va cuatro

jornadas entre castillos y ciudades. La gente es muy artista y muy

comerciante. Son idólatras y tiene papel moneda. Al cabo de cuatro

jornadas se llega a la ciudad de Cacianfu, que está al Mediodía y

pertenece a la provincia de Catai y os contaremos de este Cacianfu todo lo

que sabemos.















- CXXXII -

Donde se habla de la ciudad de Cacianfu

Cacianfu es una grande y noble ciudad del Catai. Los naturales son

idólatras y queman a sus muertos. Pertenecen al Gran Khan, y usan su

moneda. Tienen sedas en abundancia. Tejen paños de oro y de seda y cendal.

Hay muchos castillos y ciudades en la señoría.

A tres jornadas hacia Mediodía nos encontramos con la ciudad de

Ciangiu.







- CXXXIII -

De la ciudad de Ciangiu

Ciangiu es una populosa ciudad del Mediodía, que pertenece al Gran

Khan, situada en la provincia de Catai. Usan papel moneda. Son idólatras y

hacen quemar los cuerpos de sus difuntos. Aquí fabrican la sal, y os diré

de qué manera: toman una especie de tierra de salitre, que disponen en

montículos; a éstos los riegan con agua hasta empaparlos bien. Recogen

luego esa agua en un caldero de hierro y la hacen hervir y la sal queda en

el fondo, muy blanca y menuda. Luego la llevan a vender y recaban de ella

mucho dinero.

De esta ciudad, que ya no tiene nada que mentar, vamos a la de

Ciangli, que está hacia Mediodía. Y os contaremos sus hechos.







- CXXXIV -

De la ciudad de Ciangli

Ciangli es una ciudad de Catai, hacia Mediodía. Está a cinco jornadas

de Ciangiu; pero este trayecto está cubierto de aldeas, villas y

castillos, que pertenecen al Gran Khan, y son tierras fertilísimas. En

medio de la ciudad de Ciangli pasa un gran río, que transporta gran

cantidad de mercaderías, sedas, especias y otras cosas de gran valor.

Y nos iremos de esta ciudad, para llegar a Tandinfu.







- CXXXV -

De la ciudad de Tandinfu

A seis jornadas de Ciangli, hacia Mediodía, atravesando villas,

fortalezas y castillos de grandes proporciones, llegamos a la ciudad de

Tandinfu. Los naturales son idólatras y queman a sus muertos. Pertenecen

al Gran Khan y usan papel moneda. Viven de negocios y de industria. Tienen

víveres en abundancia.

Tandinfu era la capital de un gran reino; pero el Gran Khan la

conquistó y la tomó por las armas, y aunque sufrió rudo cerco es, a pesar

de todo, la más noble ciudad de la región. Sus habitantes son riquísimos

mercaderes. Hay tanta seda en la comarca, que es maravilla.

La ciudad está cubierta de preciosos jardines, llenos de árboles

frutales. De la ciudad de Tandinfu dependen 11 villas imperiales, que

están bajo su señorío.

En el año 1272 de la Encarnación del Señor, el Gran Khan envió a esta

ciudad y su provincia a un barón llamado Liitan Sangón, y puso a su mando

80.000 hombres a caballo para guardarla. Toda vez que Liitan sentó sus

cabales y permaneció un poco de tiempo entre esa gente, le pasó una mala

idea por la cabeza y pensó en cometer una gran villanía y traición. Reunió

a su Consejo y a los notables de la provincia y les sugirió rebelarse

contra el Gran Khan. Y así lo hicieron, y todo el pueblo se sublevó contra

el gran señor, y ya no le obedeció. Enterado de esto, envió el Gran Khan a

dos de sus barones, que tenían por nombre Anguil y Mongatai, a la cabeza

de 100.000 hombres, para combatir al traidor. Liitan sufrió una gran

derrota, y fue decapitado, con todos sus secuaces. El Gran Khan hizo luego

abrir una encuesta, y a los culpables que habían tomado parte en la

sedición les hizo morir de muerte violenta, y a los inocentes les perdonó

y vivieron tranquilos, sometidos al gran señor, como buenos vasallos.

Y dejemos a esta ciudad, para adentrarnos hacia Mediodía y hablaros

de la ciudad de Singiumato.







- CXXXVI -

De la noble ciudad de Singiumato

Partiendo de Tandinfu hacia Mediodía y cabalgando tres jornadas por

ciudades y castillos hermosos y poblados amenos, en una región

industriosa, llegamos a una gran ciudad llamada Singiumato, llena de

bellas cosas de arte e industria. Son idólatras y pertenecen al Gran Khan.

Usan papel moneda. La ciudad está dividida en dos partes por un gran río,

y sus habitantes se han arreglado de modo que en la parte donde las aguas

miran a Levante éstos llevan sus mercaderías a Levante, y en la orilla

opuesta se dedican al comercio con Poniente. De modo que unos llevan sus

productos a Mangi y los otros a Catai, y hay multitud de naves y galeotas

que surcan dicho río. No son muy altas de carena, porque así lo pide la

corriente. Pero estas flotillas llevan a Mangi y a Catai abundantes

cargamentos.

Y cuando regresan, vuelven cargados de otras mercancías, y es

maravilla ver todas cosas que se llevan por este río arriba y abajo.

Y nos iremos de Singiumato y os contaremos de otra comarca, hacia

Mediodía, y ha de ser la provincia llamada Lingin.







- CXXXVII -

De la gran ciudad de Lingin

Partiendo de la ciudad de Singiumato se va ocho jornadas hacia

Mediodía, encontrando ciudades, aldeas y poblados ricos en comercio e

industria. Son idólatras y hacen quemar a sus cadáveres. Pertenecen al

Gran Khan. Usan papel moneda. A las ocho jornadas, como os dije, se

encuentra una ciudad llamada Lingin y es la capital del reino. Sus

habitantes son diestros en guerrear. Hay comercio e industria en

abundancia; tienen toda clase de víveres, y se halla también a orillas del

río que os nombré más arriba; aquí las naves son mayores que las de la

ciudad anterior. Dejemos esta ciudad para ir a otra llamada Pingiu.







- CXXXVIII -

De la ciudad de Pingiu

Partiendo de Lingin y pasando siempre por numerosas ciudades, villas

y castillos, se llega, a las tres jornadas hacia Mediodía, a la ciudad de

Pingiu. Los habitantes son de Catai; son idólatras, queman a sus muertos,

tienen papel moneda y pertenecen al Gran Khan.

Hay muy rica caza y venado. Tienen cuanto necesitan para la vida en

gran abundancia. En la ciudad de Pingiu hay mucha industria de la seda.

Esta ciudad se halla en la embocadura de la provincia de Mangi y tiene

gran tráfico con ésta, por medio de carretas, en las cuales transportan

las mercaderías. Esta ciudad es de gran provecho para el Gran Khan, porque

paga enormes tributos. Pero como no hay otra cosa digna de mencionar, nos

iremos y os contaremos de otra ciudad situada al Mediodía y que es llamada

Cingiu.







- CXXXIX -

De la ciudad de Cingiu

A dos días después de Pingiu, y siempre por valles fertilísimos y

ciudades florecientes, se halla la ciudad de Cingiu, rica en comercio e

industria. Sus habitantes son idólatras y hacen quemar sus cadáveres. Su

moneda es papel. Son vasallos del Gran Khan. Los campos y llanos son

fertilísimos; es un delicioso país, en el que crecen el trigo y otros

cereales. Y vamos a otras tierras.

Cuando se aleja uno de la ciudad de Cingiu, se andan tres jornadas al

Mediodía por un paisaje cuajado de villas, castillos y alquerías. Son

idólatras y sujetos al Gran Khan.

A las tres jornadas se encuentra el río de Caramoran, que nace en

tierras del Preste Juan. Es río muy caudaloso y que mide una milla de

anchura. Y sabed que es muy profundo, y por él pueden navegar grandes

galeras y bajeles. Tiene peces grandes y en cantidad. Por este río navegan

15.000 bajeles, pertenecientes al Gran Khan, para transportar tropas al

mar, que se halla a una jornada de distancia. Cada galera tiene de

dotación 20 marineros y 15 hombres, con sus caballos y sus víveres. Aquí y

allá hay diseminadas ciudades por las orillas de este río; una es llamada

Coigangiu; un poco más distante está Caigiu, y sabed que una es gran

ciudad y la otra pequeña. Y en adelante, pasando el río, se entra en la

gran provincia de Mangi, y os contaré cómo conquistó el Gran Khan a esta

provincia de Mangi.







- CXL -

De cómo conquistó el Gran Khan la provincia de Mangi

El rey de esta provincia era Facfur, grande y poderoso señor, rico en

cuantiosos tesoros, tierras y gentes, como los hay pocos en el mundo

exceptuando al Gran Khan. Pero no era valiente; las mujeres hacían sus

delicias, y era muy bondadoso y caritativo con los pobres. En su provincia

sus vasallos no estaban acostumbrados a guerrear, ni había armas ni

pertrechos de guerra, porque la provincia de Mangi es un lugar bien

fortificado; todas las ciudades están rodeadas de anchurosos fosos, llenos

de agua, de modo que no hay ciudad que no tenga una zanja más ancha que un

tiro de ballesta y bien profunda que la defiende. De suerte que si los

hombres hubiesen sido valientes, jamás la hubieran perdido. Pero como eran

cobardes y no estaban acostumbrados a pelear, la perdieron. A todas estas

ciudades se llega por un puente.

Y sucedió que el año 1268 de la Encarnación de Cristo, el Gran Khan

que reinaba en ese entonces, es decir, Cublai, envió a un barón llamado

Baian Cincsan. Baian quiere decir cien ojos. Y al rey de Mangi le habían

vaticinado los astrólogos que no perdería su reino más que por medio de un

hombre que tuviera cien ojos. Y Baian se vino a Mangi, provisto por el

Gran Khan de numerosos hombres de a caballo y a pie. También tenía una

flota con hermosísimas naves, que transportaban hombres y caballos y

cuanto era menester. Y cuando apareció Baian con toda su gente a la

entrada de Mangi, es decir, en la ciudad de Coigangiu (en donde nos

hallamos al presente, y de la que hablaremos más tarde), les puso cerco y

les intimó a que se rindieran al Gran Khan. Éstos respondieron que no lo

harían, y viendo esto Baian, no dijo nada, pasó de largo y se fue a otra

ciudad, que tampoco quiso rendirse, y continuó así su marcha. Esto lo

hacía porque sabía que el Gran Khan enviaba a retaguardia un poderoso

ejército, y así anduvo de villa en villa y de ciudad en ciudad, hasta

contar cinco de ellas, sin poderlas tomar y sin que se rindieran; pero a

la sexta Baian la cercó y la tomó por la fuerza, y así otra y otra más,

hasta llegar a doce, una tras otra, y no quiero extremarme, pero sabed

sólo que cuando Baían hubo conquistado todas estas ciudades se fue derecho

a la ciudad del reino llamada Quinsai, en donde se hallaban a la sazón el

rey y la reina. En cuanto el rey vio a Baian y a su ejército, fue presa de

gran terror y se escapó de la ciudad con sus hombres, embarcando sobre un

millar de naves, e hizo vela hacia el Océano para refugiarse entre las

islas que hay en él. La reina, que se había quedado en la ciudad, por el

contrario, hacía cuanto esfuerzo podía por defenderla. Entonces la

soberana preguntó por curiosidad cuál era el nombre del ejército que venía

en contra de ellos, y le dijeron que Baian, o sea cien ojos. Recordó

entonces la profecía del astrólogo, que decía que un hombre así llamado le

arrebataría el reino. Y se rindió a Baian, y con la reina se rindieron las

demás ciudades, y el resto del reino no opuso más resistencia. Y fue una

conquista espléndida, pues en todo el orbe no había un reino que valiera

la mitad que aquél.

Y os diré las cosas notables que producía y lo que el rey gastaba del

inmenso patrimonio.

Cada año hacía dar de comer a 20.000 niños, y os diré por qué. En

esta provincia las mujeres pobres que no pueden dar de comer a sus hijos

los abandonan al nacer en mitad de la calle. El rey los hacía recoger e

inscribir en un registro. Hacía que el escriba apuntara bajo qué

constelación y qué signo y planeta había nacido, y los hacía criar en

diferentes sitios, teniendo muchas amas a este propósito. Cuando un

potentado no tenía hijos, iba a ver al rey y se hacía entregar cuantos

niños quisiera, y escogía entre los que más le gustaban. Y en llegando a

la edad de casarse, el rey escogía al joven y a la moza que hablan de

casarse y les instituía una renta para que pudieran vivir con holgura. Y

de esta manera educaba a más de 20.000 jóvenes de ambos sexos. Y más hacía

este buen rey: cuando cabalgaba por un camino y encontraba dos buenas

casas y entre ellas había una más modesta, preguntaba por qué esta casa

era más pequeña y no alcanzaba a las otras, y le contestaban que

pertenecía a un pobre hombre que no tenía los medios para hacerla mayor.

El rey mandaba entonces que la casita fuera construida tan bella y alta

como sus vecinas.

Este buen rey se hacía servir por 1.000 damiselas y doncellas.

Permitía que los comercios quedaran abiertos toda la noche, y estaban tan

bien surtidos como de día. No es posible contar la inmensa riqueza de este

reino.

Os conté del rey; ahora debo deciros algo de la reina. La reina fue

conducida a presencia del Gran Khan, y cuando el señor la vio le hizo

rendir toda clase de honores y servir como a dama de gran calidad. Pero

del rey su esposo jamás volvió a oír hablar desde su huida a la isla del

Océano, donde murió.

Y por eso dejaremos a la familia real y sus vicisitudes, y volveremos

a la provincia de Mangi, a referir sus costumbres y modas. Y las fiestas

que tuvieron lugar en lo sucesivo. Y empezaron por la ciudad de Coigangiu.







- CXLI -

De la ciudad de Coigangiu

Coigangiu es una gran ciudad, noble y rica, que está a orillas de la

provincia de Mangi. Los naturales son idólatras y hacen quemar sus

cadáveres. Pertenecen desde entonces al Gran Khan. En ella mojan gran

cantidad de bajeles, naves y galeras, pues ya sabéis que la atraviesa el

río Caramoran. Y afluye a ella gran cantidad de mercancías, pues todas las

ciudades las mandan allí para repartirlas luego por el mundo. En ésta se

hace la sal, de la cual se benefician lo menos 40 ciudades. El Gran Khan

tiene una conspicua renta de esta ciudad, que paga muchas alcabalas entre

la sal y los negocios de toda especie que se contratan allí. Y ahora que

os he contado de esta ciudad, nos iremos y os contaré de otra llamada

Pauchin.







- CXLII -

De la ciudad de Pauchin

Cuando se abandona Coigangiu, durante una semana se costea un camino

que está a la entrada del Mangi; la calzada está hecha de bellísimas

piedras, y debajo y por un lado y otro hay agua. No se puede entrar en la

provincia más que por esta calzada. Al cabo de un día se encuentra una

ciudad llamada Pauchin, que es muy bella y grande. Sus habitantes son

idólatras e incineran a sus cadáveres. Son súbditos del Gran Khan y

emplean papel moneda. Viven del comercio y la industria. Tienen seda en

abundancia, bayetas de seda y oro de todas clases. Víveres, cuantos

quieran. Y ya que no queda más que mentar, dejaremos estas provincias y

hablaremos de otra llamada Caiu.







- CXLIII -

De la ciudad de Caiu

Cuando se deja la ciudad de Pauchin, se va hacia el Sudeste, hallando

una ciudad llamada Caiu, espaciosa y bella. Son idólatras, tiene papel

moneda y pertenecen al Gran Khan. Viven del comercio y la industria.

Tienen abundancia de víveres, especialmente pescado y caza. Tres faisanes

valen un veneciano de plata.

Nos iremos de esta ciudad y os contaremos de otra llamada Tingiu.







- CXLIV -

De la ciudad de Tingiu

Sabed que cuando se deja la ciudad de Caiu, a una jornada se

encuentran muchas alquerías, campos y bellos paisajes, hasta llegar a la

ciudad de Tingiu, que no es muy vasta, pero sí rica en frutos de la

tierra. La gente es idólatra, pertenece al Gran Khan y tiene papel moneda.

Viven del comercio y la industria y sacan mucho provecho de los negocios

que les procuran sus mercaderías. Tienen muchas naves y peces y pájaros a

porfía.

A izquierda, hacia Levante, a tres jornadas de distancia está el

Océano. Y en todo la costa hasta aquí hay salinas, explotadas por los

indígenas. Hay una ciudad en ese lugar que se llama Tingiu, que produce

tanta sal como para satisfacer las necesidades de toda ella, y en verdad

que el Gran Khan saca buen provecho y sumas tan enormes de tributo, que no

podía creerse si no se viera.

Y de aquí volveremos a Tingiu y a otra ciudad llamada Yangiu.







- CXLV -

De la ciudad de Yangiu

Partiendo de Tingiu, se camina por una región fertilisima, poblada de

castillos y granjas en gran cantidad, y se llega a una ciudad populosa,

llamada Yangiu. Es tan grande, que bajo su dominio tiene a 27 señoríos.

Villas grandes y buenas y de gran comercio. A esta ciudad la gobierna uno

de los 12 barones del Gran Khan, porque es la elegida por uno de los 12

sabios. Y micer Marco Polo, el mismo del que trata este libro, la rigió

durante tres años. Son todos idólatras y la moneda es la del Gran Khan.

Viven del negocio y de la industria. Los talabarteros de la ciudad hacen

arneses y equipos para los caballos y hombres de guerra, de las más finas

labores y recamados con gran fantasía. Y en la ciudad y sus alrededores

viven hombres importantes y magnates. Ya no hay nada digno de mención, y

nos iremos a dos grandes provincias, que pertenecen al mismo Mangi. Éstas

son hacia Poniente, y como hay muchas cosas que contar de ellas sobre sus

usos y costumbres, empezaremos por Nanghin.







- CXLVI -

De la provincia de Nanghin

Nanghin es una provincia de Poniente, que pertenece a Mangi; es muy

noble y rica. Son idólatras. Tienen papel moneda y pertenecen al Gran

Khan. Viven del comercio y la industria. Tienen seda en abundancia y tejen

el paño de oro y la seda de todas suertes. Hay mucho trigo en sus graneros

y muchos víveres, pues es una provincia opulenta. También tienen abundante

caza. Queman los cadáveres. Hay muchos leones en el campo. Hay ricos

marchantes, que pagan grandes impuestos y, por tanto, contribuyen a

aumentar las rentas del gran señor.

Nos iremos, pues ya no hay nada digno que mencionar, y os contaremos

de la muy noble ciudad de Saianfu, digna de ser inscrita en este libro por

su importancia capital.







- CXLVII -

De la ciudad de Saianfu

Saianfu es una ciudad admirable, que tiene bajo su señorío a dos

grandes ciudades extensas y ricas. Es muy industriosa, y su comercio

próspero. Son idólatras y emplean papel moneda. Hacen incinerar a sus

muertos y son vasallos del Gran Khan. Fabrican en cantidad el brocatel de

oro y de seda y toda suerte de tafetanes. Son ricos en caza y en cuanto

conviene a una noble ciudad.

Y os diré que ésta resistió tres años, después de que todo Mangi se

hubo entregado. Y eso que la cercó un innumerable ejército del Gran Khan.

Pero como éste no podía desplegarse, debiendo tenerse a orillas de un

inmenso lago muy profundo, el ejército del Gran Khan no podía cercarla más

que por tramontana, y las otras tres partes de la ciudad estaban al amparo

del lago y se surtían en él de víveres. Y no hubieran levantado el cerco

si no fuera por lo que voy a contaros: Cuando el ejército del Gran Khan le

puso el cerco durante tres años, el gran señor entró en mucha cólera, no

pudiendo ocuparla en todo este tiempo. Entonces micer Nicolás, micer Mafeo

y micer Marcos dijeron: «Encontraremos el medio de que se rindan.» Y el

ejército dijo que esto les llenaba de gozo. Todos estos discursos se

cruzaban en presencia del Gran Khan, pues los parlamentarios habían venido

a decir al gran señor que no lograban rendir la plaza, porque los sitiados

siempre tenían donde aprovisionarse. El gran señor dijo turbado: «Es

menester inventar algo para tomar la ciudad.» Entonces los dos hermanos y

micer Marcos, su hijo, replicaron: «Gran señor, tenemos con nosotros en

nuestras casas hombres que harán tales máquinas que lanzarán piedras tan

gordas, que los de la ciudad no podrán resistir y cederán.» El Gran Khan

dijo a micer Nicolás y a su hermano que lo vería con agrado; que hicieran

esa máquina de guerra lo antes posible. Entonces micer Nicolás y su

hermano e hijo, que tenían en su casa a un alemán y a un cristiano

nestoriano que sabían hacer ingeniosamente estas cosas, les ordenó que

hicieran dos o tres catapultas para lanzar piedras de 300 libras. Y estos

dos hombres hicieron tres piezas magníficas. Y cuando estuvieron listas

las hizo llevar al ejército que cercaba a Caianfu y no lograba rendirla.

Cuando hicieron armar las máquinas de guerra, les pareció a los tártaros

la mayor maravilla del mundo. ¿Y qué os diré? Cuando las catapultas se

irguieron y empezaron a funcionar lanzando la primera piedra en la ciudad,

la primera que llegó alcanzó una casa, aplastándola, y esto suscitó gran

tumulto. Y los hombres de la ciudad, que veían esta nueva desventura que

se les venía encima, se llenaron de espanto y asombro y no sabían qué

hacer, ni decir. Se reunieron en Consejo, no sabiendo qué partido tomar

para escapar a este nuevo artificio de guerra. Se dieron todos por muertos

si no se rendían, y decidieron capitular. Entonces mandaron un pregón o

heraldo para decirle al jefe del ejército que querían rendirse, como lo

habían hecho las demás ciudades de la provincia, y ser vasallos del Gran

Khan, y el general y el capitán dijeron que así lo deseaban, y recibieron

a una delegación de parlamentarios, que los invitaron a entrar en la

ciudad. Esto lo consiguieron los tártaros gracias a micer Nicolás, Mafeo y

Marcos, y no es poco decir, pues sabed que ésta es una de las mejores

provincias que posee el Gran Khan y le procuran mayor renta y provecho.

Os he referido de cómo la ciudad se rindió, gracias a las catapultas

que hicieron armar micer Nicolás, micer Mafeo y micer Marcos. Y dejaremos

está materia para tratar de la ciudad llamada Singiu.







- CXLVIII -

De la ciudad de Singiu

Sabed que cuando se parte de la ciudad de Yangiu y se tuerce hacia

Sudeste 15 millas se encuentra una ciudad llamada Singiu; no es muy

grande, pero hay en ella muchísimas naves y muchas mercaderías. Los

habitantes son idólatras, sometidos al Gran Khan. Tienen papel moneda.

Está situada sobre el río mayor del mundo, llamado Cuian. En ciertos

puntos es ancho diez millas; en otros, ocho, y en otros, seis, y largo más

de cien jornadas. Por este río es por donde surcan las galeras que traen a

la ciudad muchas preciadas mercancías y, por consiguiente, tiene el Gran

Khan renta y tributos pingües de esta ciudad. Os digo que este río va tan

lejos y a tantas partes y pasa por tantas ciudades que por él afluyen las

mayores riquezas, y por sus aguas navegan más bájeles que por todos los

mares y ríos de la cristiandad. Pues yo doy fe que vi más de 5.000 bajeles

navegando a la vez por este río. Os podéis imaginar que teniendo esta

pequeña ciudad un tal tráfico, ¿qué no serán las demás? Pues este río pasa

por más de 16 provincias, y hay en sus orillas 200 ciudades muy grandes,

que tienen más naves que éstas en sus aguas.

Estas naves son cubiertas y tienen una sola arboladura o mástil; pero

son de mucha cala y pueden llevar hasta 4.000 cántaros y hasta 12.000

barricas de pescado, según contamos en nuestro país.

Nos iremos de aquí, pues referimos cuanto hay de notable, y

contaremos de otra ciudad llamada Caygiu; pero se me olvidaba mentaros una

cosa: sabed que todas las naves, cuya arboladura está llena de cabos de

cáñamo,así como las velas, tienen como amarras, con las cuales las sacan a

la orilla, unas cañas largas y gruesas, que a veces miden 15 pies, y con

esas mismas vuelven a ponerlas a flote en el río. A éstas las cortan por

el medio y las atan fuertemente unas a otras, y así consiguen hacerlas

largas hasta 300 pies. Y estas cañas son más fuertes que los cabos de

cáñamo.

Dejemos esto y volvamos a Caygiu.







- CXLIX -

En donde se trata de la ciudad de Caygiu

Caygiu es una pequeña ciudad que está situada hacia Sudeste. Los

habitantes son idólatras y pertenecen al Gran Khan. Tienen papel moneda.

Está también a orillas del río. En esta ciudad se recoge gran cantidad de

arroz y de trigo, y desde ella se va navegando a la ciudad de Cambaluc, a

la corte del Gran Khan. Y no por mar, sino por el río y un lago. El trigo

que llega por esa vía viene principalmente de la corte del Gran Khan, y el

Gran Khan ha hecho que esta vía fluvial sea navegable hasta Cambaluc. Hizo

dragar y cavar un gran foso muy profundo, de un río a otro y de un lago a

otro, y de esta manera es navegable. Sobre él van grandes naves desde

Mangi hasta la ciudad de Cambaluc. También se puede ir por tierra,

costeando el río, pues no hay una calzada, y así, tanto por tierra como

por agua hay medio de llegar. En medio de este río existe una isla,

escarpada de rocas, en la cual hay un monasterio de ídolos, en donde están

cobijados 200 monjes. Y sabed que este monasterio manda a muchos otros, de

modo que es como un arzobispado.

Pasemos el río y os contaremos de otra ciudad llamada Cinghianfu.







- CL -

De la ciudad de Cinghianfu

Cinghianfu es una ciudad del Mangi. Sus gentes son idólatras y

súbditos del Gran Khan. Tienen papel moneda. Viven del arte y del

comercio. Tienen bastante seda. Tejen rasos y rasetes, paños de oro y

sedas de todas clases. Hay mercaderes ricos y de mucha consideración. Hay

caza, trigo en cantidades y cuanto necesita para vivir con holgura. Hay

dos iglesias de cristianos nestorianos y éstas se alzaron el año 1278 de

la Encarnación de Cristo, y os diré cómo se construyeron. En verdad que no

hubo nunca ni iglesia ni fieles hasta 1278, época en que fue gobernador

del Gran Khan durante tres años Marsarchis, que era cristiano nestoriano y

es este Marsarchis quien mandó hacer estas dos iglesias, y desde entonces

hubo dos iglesias cristianas allí donde jamás existieron.

Y dejaremos esta materia para tratar de otra gran ciudad llamada

Cangiu.







- CLI -

De la ciudad de Cangiu

Cuando se sale de Cinghianfu hay tres jornadas hacia Sudeste y salen

al paso ciudades, castillos, ricos en arte y en industria; son todos

idólatras y sirven al Gran Khan. Al cabo de tres jornadas se yergue la

noble ciudad de Cangiu. Tienen bastantes sedas y fabrican tela de oro,

grodetures, rasos y rasetes, bayetas de seda y dasmasquino.

Tienen venados y caza menuda y aves en cantidad. No carecen de nada,

pues tienen tierra gorda y fecunda.

Os contaré una mala acción que hicieron estas gentes y lo cara que la

pagaron. Cuando la provincia de Mangi fue conquistada por los hombres del

Gran Khan, y Baian quedó como jefe de la misma, envió una partida de su

gente, que eran alainos y cristianos, para cercarla. Y aconteció que los

dichos alainos tomáronla y entraron en ella, encontrando muy buen vino, y

tanto bebieron, que se emborracharon y se durmieron profundamente.

Cuando los habitantes de la ciudad se percataron de que los que la

habían tomado estaban tan ebrios que parecían muertos, los mataron a todos

alevosamente y no escapó ni uno solo.

Y enterado Baian, el señor del gran ejército, de que sus hombres

habían sido diezmados tan miserablemente, mandó a otro puñado de hombres,

que tomaron a saco la ciudad y pasaron por las armas a todos sus

habitantes. Y de esta manera, como habéis oído, murieron tantos en esta

ciudad.

La dejaremos y os contaremos de una ciudad llamada Sugiu.







- CLII -

De la ciudad de Sugiu

Sugiu es una hermosa ciudad. Sus habitantes son idólatras y sujetos

al Gran Khan. Tienen papel moneda, viven del comercio e industria. Tejen

ricas sedas para sus vestimentas. Hay en ella poderosos negociantes. Es

tan grande, que mide de circunferencia 40.000 millas. Y el número de sus

habitantes no se puede contar.Os digo que si estos hombres fueran

guerreros hubieran conquistado el mundo. Pero no son militares, sino

ingenios sutiles y vivos mercaderes diestros en todas las artes. Son

también dados a la filosofía y a las ciencias y conocen todos los secretos

de la Naturaleza. Os digo en verdad que esta ciudad posee más de 6.000

puentes de piedra, por los cuales puede pasar una galera o dos. En los

arrabales, en la montaña, crece el ruibarbo y el jengibre en gran

abundancia, y por un marco veneciano tendréis 40 libras de jengibre

fresco, que es exquisito. Sabed que esta ciudad tiene bajo su señoría a 16

ciudades muy grandes e importantes, y su nombre, que es Sugiu, quiere

decir en español la tierra, y otra ciudad vecina se llama el cielo, y

tienen ese nombre hiperbólico por su gran nobleza. Así que ahora

describiremos la otra ciudad llamada el cielo. De Suiu nos dirigirnos a

Vugiu, que dista una jornada de Sugiu. Es hermosa ciudad, muy industriosa

y comercial. No hay nada nuevo que mencionar; nos alejaremos de ella y

contaremos de otra ciudad llamada Vughin.

Vughin es otra preciosa ciudad. Sus habitantes son idólatras y

súbditos del Gran Khan. Usan papel moneda. Hay seda en cantidad y muchas

otras materias preciosas que suelen mercar. Son cultos, mercaderes hábiles

e industriosos.

Dejemos a esta ciudad y describamos la ciudad de Ciangan. Sabed que

esta ciudad es grande y rica. Sus habitantes son idólatras y vasallos del

Gran Khan. Emplean también el papel moneda. Viven del comercio y de las

artes. Tejen cendales de todas clases y hechuras, y en gran número.

No queda nada que mencionar y os contaremos de otras ciudades, y será

la muy noble ciudad de Quinsai, que es la capital del rey de Mangi.







- CLIII -

En donde se habla de la muy noble ciudad de Quinsai

Partiendo de Ciangan desfilan durante tres días ante nosotros, en un

paisaje risueño y fecundo, castillos ciudades y villas ricas y nobles, que

viven del comercio y sus artes. Los habitantes son idólatras y pertenecen

al Gran Khan. Como los demás del reino, usan papel moneda. Tienen víveres

a granel. A las tres jornadas se entra en Quinsai, que quiere decir en

español la ciudad del cielo. Y ya que hemos llegado a ella os contaré su

magnificencia, pues es, sin mentir, la más noble y bella ciudad del mundo.

Y os expondrernos sus cualidades tal y como la reina de esta región se las

puso por escrito a Baian cuando la conquistó, y Baian a su vez se lo

transmitió al Gran Khan para qué respetaran a esta ciudad y no la

destruyesen y la echaran a perder. Según el contenido del escrito os lo he

de contar, y puedo dar fe de su veracidad según la vi yo mismo, Marco

Polo, con mis propios ojos.

Decía el escrito: Que la ciudad de Quinsai tiene cerca de 100 millas

de cintura y 12.000 puentes de piedra y mármol, por cuyos arcos pueden

pasar la mayoría de las naves y por los menores las embarcaciones de menor

importancia. Y nadie se maraville de que tenga tantos puentes, pues está

toda sobre el agua y rodeada de agua y para transitar en ella se necesitan

estos puentes.

Hay 12 ramos de industrias u oficios, uno de cada arte, y éstas

tienen sus correspondientes casas y almacenes. De modo que para la venta

hay 12.000 casas de éstas y otros 12.000 almacenes. Éstos están regidos

por un maestro, que tiene a su cargo 10, 20, 30 y hasta 40 oficiales.

Esta gran actividad es debida a que toda la provincia se surte de

esta ciudad y además otras muchas ciudades del reino. Hay muchos ricos

mercaderes en ella que hacen muy grandes negocios. Los hombres que rigen

estos almacenes son personajes importantes, y ellos y sus mujeres no

trabajan manualmente y viven como si fueran reyes. Sus mujeres son muy

bellas, transparentes y angelicales. El rey ha establecido que cada cual

debe seguir el oficio de su padre y aunque poseyera 100.000 bizancios de

oro no podría elegir otro oficio sino el que tuvo su padre.

Y tengo que deciros que hacia Mediodía hay un lago de 300 millas de

cintura, rodeado de maravillosos palacios y grandes y espaciosas casas,

tan bien construidas, que no podía pedirse mayor proporción ni más

riqueza. Éstas pertenecen a los grandes señoses y gentiles hombres. Hay

también numerosos monasterios y abadías y templos de ídolos. En medio del

lago hay dos islas en las cuales hay un palacio espléndido, tan bien

adornado que parece el de un emperador. Y cuando quieren celebrar una boda

o un banquete, van a ese palacio y celebran sus bodas o ágapes,

encontrando los enseres destinados a tal efecto, es decir: vajillas,

manteles, jarros, garrafas y escudillas.

Hay muchas casas de lujo en la ciudad, y por aquí y acullá torres de

piedra para resguardar los muebles y enseres de la gente cuando ha habido

un incendio en sus casas. Y es que hay a menudo fuegos, por haber en la

ciudad varias construcciones de madera.

Los indígenas son idólatras, vasallos del Gran Khan. Tienen papel

moneda. Comen carne de perro, de caballo y de otros animales extraños que

ningún cristiano comería por todo el oro del mundo.

En cada uno de los 12.000 puentes tienen 10 centinelas de día y de

noche. La ciudad está bien guardada, para que los ladrones no cometan

delitos ni haya gente maleante que intente soliviantar los ánimos para la

sublevación. Hay una torre en la ciudad y en ella una gran tabla de madera

que un hombre tiene entre sus manos, y pega en ella bien fuerte para que

se oiga de lejos cada vez que hay un incendio en la ciudad o que hay

alguna algarada. Entonces el vigía de la torre avisa a los que guardan la

ciudad.

El Gran Khan hace que la ciudad esté bien custodiada, y para esto

emplea gran cantidad de gente, porque es la capital y centro de toda la

provincia de Mangi. Y como contiene grandes tesoros, paga al Gran Khan

tributos tan elevados, tan conspicuos, que si los oyerais mentar no lo

podríais creer. También la hace guardar por miedo a que se levanten contra

él.

Y sabed que todas las calles están empedradas o con adoquines o con

ladrillos de barro cocido, que se puede transitar en ellas sin enlodarse a

pie y a caballo. También añadiré que cuenta con 3.000 baños; son baños

calientes, que son muy agradables a los hombres y los toman varias veces

al mes, porque son muy aseados y limpios de sus personas. Estos baños son

grandes y espaciosos y pueden dar cabida a 100 hombres y a 100 mujeres a

la vez.

Y os haré saber que el Océano está a 25 millas de esta ciudad entre

Nordeste y Levante. Y en esa dirección hay una ciudad llamada Ganfu, que

tiene un magnífico puerto en donde amarran enormes naves con costosas

mercaderías. Desde ese puerto a la ciudad hay un río caudaloso, de modo

que las naves pueden remontarlo, y siguen su curso navegable hasta más

arriba de esta ciudad.

El Gran Khan dividió esta provincia de Mangi en nueve reinos. Es

decir, que a cada rey le confirió el mando de un gran reino, pero a su vez

estos reyes están sometidos al Gran Khan, de tal suerte que cada año

tienen que rendirle cuentas de sus rentas y de cuanto pasa en el reino. En

esta ciudad tiene su residencia uno de los nueve reyes que gobierna más de

140 ciudades grandes y ricas.

Os causará maravilla que os cuente que en la provincia de Mangi hay

1.200 ciudades. En cada una de ellas tiene un alcaide, nombrado por el

Gran Khan, con las atribuciones siguientes: Cada una de estas ciudades

tiene, por lo menos, 1.000 hombres para guardarla; otras más importantes,

10.000; otras, 20.000, y otras, 30.000; de suerte que están bien

guardadas. Pero no creáis que estos hombres son todos tártaros, sino del

Catai; tampoco todos son gente de a caballo, sino una gran parte a pie, y

todos forman parte de las huestes del Gran Khan.

El rendimiento de la provincia de Mangi para las arcas del Gran Khan

es tan enorme, que no hay quien lo pueda imaginar. Hay un intendente que

administra estas rentas, a más del rey de Mangi. Y apenas puedo contaros

de la gran riqueza de esta provincia; pero antes de proseguir tengo que

enteraros de una cosa singular.

Habéis de saber que todos los habitantes de Mangi tienen por

costumbre que cuando nace un niño el padre o la madre hacen inscribir en

un registro el día de su nacimiento, y el lugar y la hora y bajo qué signo

del Zodiaco ha nacido y bajo qué planeta o constelación. De modo que cada

cual conoce el día de su nacimiento; así pueden advertirle los astrólogos,

cuando quiere emprender un viaje, si puede hacerlo o no, y a veces les

impiden así viajar, pues sus astrólogos son muy sabios y avisados y duchos

en hechizos diabólicos, de modo que advierten a los hombres de las cosas

que pueden regir sus destinos, y ellos les creen de muy buena fe.

Cuando van a acompañar a sus muertos para incinerarlos, todos los

parientes, hombres y mujeres, se visten de estameña para demostrar su

duelo, y van acompañando al cadáver, que llevan en andas, con cortejo de

instrumentos, cantando invocaciones a los ídolos. En llegando al lugar que

han destinado para ser incinerados se detienen. Hacen recortar en cartón

dorado caballos, esclavos, hombres, mujeres, camellos y todo lo que el

difunto hubo deseado en su existencia. Queman luego el cadáver con todas

estas imágenes de su deseo. Mientras ven consumirse en la pira el cuerpo

con todos estos atributos, dicen que en el otro mundo el muerto tendrá

todas estas cosas y que cuantos honores le rindan en éste se los rendirán

en el otro los ídolos y los dioses.

En esta ciudad se halla el palacio del rey que huyó y que era señor

de todo el Mangi, que es el reino mejor y más noble del mundo. Os lo

describiré: Sabed que el palacio tiene, por lo menos, 10 millas de cintura

y está rodeado de altos muros almenados. En el recinto de estas murallas

hay bellos jardines, con las mejores flores y frutos que puedan idearse,

fuentes y lagos llenos de peces. En medio del lago hay otro palacio grande

y suntuoso. Tiene éste un salón central tan grande y hermoso que a la mesa

se puede sentar gran cantidad de gente y puede hospedar un sinnúmero de

ellos. La sala es miniada en oro con historias y jeroglíficos y animales,

pájaros, caballeros, damas y damiselas maravillosamente ejecutados. No hay

cosa más digna de verse. En todas las paredes y artesonados no hay más que

pinturas de oro; ¿y qué más os diré? No sé si sabré describiros fielmente

la belleza y nobleza de este palacio, y os diré sumariamente toda la

verdad. Tiene este palacio 20 estancias, todas del mismo tamaño, tan

enormes, que 10.000 hombres pueden comer en ellas con holgura. Están

enteramente recubiertas de preciosas pinturas y oro repujado; además de

estos aposentos, hay hasta 1.000 habitaciones, que son otros tantos

departamentos para comer y dormir. De los frutos y peces ya os he contado.

Hay además en esta ciudad 160 hogares, es decir, que están en grupos

de viviendas y forman manzanas, por lo cual la manzana, que es de 10.000

tomanes, forma un total de 1.600.000 casas, entre las cuales se cuentan

infinidad de bellos palacios. No hay más que una iglesia de cristianos

nestorianos.

Después de contaros lo concerniente a esta ciudad os diré algo

curioso: Cada vecino tiene en la puerta de su casa un letrero con su

nombre y el de su mujer, hijos, nueras, sus esclavos y la nomenclatura de

todo lo que haya en ella, inclusive el número de caballos. Y si alguien

fallece borran su nombre, y de esta manera los gobernadores de cada ciudad

saben los vecinos que tienen en su jurisdicción. Y así es costumbre en

toda la provincia de Mangi y de Catai. Otro buen acuerdo y sabia

disposición es la siguiente: Todos los que tienen hospedería y albergue

inscriben el nombre de los que hospeda y en qué día y mes han llegado.

Así, el Gran Khan sabe quién entra y sale en su reino, y es cosa muy

importante para un hombre prudente.

Os he relatado esto ahora, y quiero deciros algo sobre la gran renta

que paga esta ciudad al Gran Khan, que es la que corresponde como una de

las nueve partes de Mangi.







- CLIV -

De las alcabalas que saca el Gran Khan de Quinsai

Quiero ahora contaros la enorme renta que saca el Gran Khan de esta

ciudad de Quinsai y las tierras que están bajo su señorío, que forman la

novena parte de Mangi. Ante todo, mentaré la sal, que es el tributo más

fuerte. Sabed en verdad que la sal de esta ciudad renta anualmente, por

costumbre, 80 tomines de oro, y cada tomín vale 70.000 «sazos» de oro, lo

que hace que los 80 tomines representan 5.600.000 «sazos» de oro. Cada

«sazo» vale más de un florín de oro o ducado de oro, y es una cosa

maravillosa la cantidad de moneda que esto representa.

Después del tributo de la sal os hablaré de otros sobre varias

mercaderías. En esta provincia crece y se hace más azúcar que en ninguna

otra parte y es otra gran renta para el tesoro. Y no os hablaré de las

cosas en particular, sino por grupos. Por ejemplo: Todas las especias

reunidas rinden tres o el tercio por ciento y el resto de las mercancías

igualmente: del vino, del arroz, del carbón y de las 12 artes y oficios y

los 12.000 almacenes de las mismas. De los telares de seda tiene grandes

rentas, pues todo paga un tributo. ¿Y por qué prolongar la nomenclatura?

Sabed que la seda da el 10 por 100, lo que asciende a una cantidad

fabulosa, y muchas otras cosas tienen el 10 por 100 también, así que yo,

Marco Polo, que he visto hacer las cuentas más de una vez, os digo en

verdad que todas estas cosas, aparte de la sal, rinden 210 tomines de oro,

que valen 14.700.000 «sazos», y considero que ésta es la renta más

desmesurada que jamás he oído contar. Esto se refiere sólo a la novena

parte de la provincia.

Dejemos esta ciudad de Quinsai de la cual explicamos las costumbres

por lo menudo, y prosigamos a la ciudad de Tanpingiu.







- CLV -

De la ciudad de Tanpingiu

Al dejar a Quinsai, andando una jornada hacia Sudeste, se encuentran

al paso casas y jardines preciosos. Hay víveres en abundancia. Al cabo del

día se encuentra la ciudad llamada Tanpingiu, que es grande y bella y está

bajo la jurisdicción de Quinsai. Sus habitantes pertenecen al Gran Khan y

tienen papel moneda. Son idólatras y queman a sus muertos. Viven del arte

y del comercio. Tienen toda clase de productos, pero no hay nada de

particular que contar, y por eso hablaremos de Viugiu.

Y cuando se parte de esta ciudad de Tanpingiu se va a tres jornadas

hasta Sudeste, encontrando al paso bellas ciudades, castillos grandes y

esbeltos. Por doquier reina la abundancia y todo es barato; los indígenas

son idólatras y pertenecen al Gran Khan. Son de la señoría de Quinsai; por

lo demás, no hay nada que la distinga de las demás poblaciones, y por eso

iremos más adelante y os contaremos de la ciudad de Ghiugiu.

A dos jornadas a Sudeste de Viugiu se pasa para llegar a ella por

ameno paisaje cubierto de ciudades y castillos. Hay de todo en abundancia.

La sola particularidad es que la caña es aquí más gorda y alta que en

ninguna otra parte. Hay algunas que miden cuatro palmos de anchura por 15

pies de altura. Al cabo de las dos jornadas se llega a una ciudad llamada

Ghiugiu, que es muy grande y bella. Pertenecen al Gran Khan, son idólatras

y están bajo el señorío de Quinsai. Tienen bastante seda. Viven de

mercancías y de arte. Tienen todo cuanto pueden apetecer en cuestión de

víveres. Y como no hay nada más digno de mención, nos iremos más adelante.

Dejando Ghiugiu se viaja cuatro días hacia Sudeste y al paso salen

castillos, villas, alquerías. Todo en abundancia. Son idólatras y

pertenecen al Gran Khan bajo el señorío de Quinsai. Viven del comercio y

del arte. Tienen caza de aves en abundancia. Hay leones y fieras en la

campiña. No se ve ni una oveja, ni un carnero en todo el Mangi, pero sí,

vacas, bueyes, cabras y puercos. No hay nada más digno de mención, y

prosigamos.

Partiendo de esta ciudad, Ghiugiu, se andan cuatro jornadas hacia

Sudeste, encontrando siempre ciudades y castillos y víveres en abundancia.

A cuatro jornadas se encuentra la ciudad de Cianscian, que es muy extensa

y hermosa; está en lo alto de una montaña, con un río que la divide por

medio, dejando un lado alto y otro bajo de la ciudad. También pertenecen a

la jurisdicción de Quisaid. Los habitantes son súbditos del Gran Khan e

idólatras; viven del comercio y de las artes. Y como no ya hay nada digno

de mención, pasaremos más adelante.

Cuando se deja Cianscian también el paisaje es ameno, lleno de

ciudades y castillos, y durante tres días es invariablemente bello. Son

idólatras y pertenecen al Gran Khan; son de la señoría de Quinsai. Tienen

víveres en gran abundancia, caza y venado, los mejores pájaros y plantas,

y como no hay nada más que mencionar, prosigamos.

De aquí a tres jornadas hay la ciudad de Cugiu, que es muy grande y

bella, cuyos habitantes son idólatras y pertenecen al Gran Khan. Hasta

aquí llega el dominio de Quinsai y empieza un nuevo reino, otro de los

nueve del Mangi, llamado Fugiu.







- CLVI -

Del reino de Fugiu

Dejando el reino de Quinsai, que es llamado también Cugiu, se

encuentra el reino de Fugiu. A seis jornadas a Sudeste se cabalga por

montañas y por valles, ciudades, castillos y caseríos. Son idólatras y

pertenecen al Gran Khan y a la señoría de Fugiu, en la cual acabamos de

entrar. Viven de arte y de comercio. Tienen todo en abundancia: caza,

aves, y en la campiña grandes y feroces leones. Recogen el jengibre y la

galanga en gran cantidad, pues por un ducado de oro podéis comprar 80

libras de jengibre. Tienen un fruto que da un color semejante al del

azafrán, pero vale tanto o más que el azafrán. Comen de todo, y hasta

carne humana si el hombre no ha muerto de muerte natural, pero si lo han

matado con arma blanca y es sano se lo comen todo entero y dicen que es

carne exquisita. Los hombres de armas suelen arreglarse de la siguiente

manera: Se dejan el pelo largo y en medio de la frente se hacen pintar en

azul una espada de hierro. Todos van a pie, menos los capitanes; van

armados de lanzas y espadas; son los hombres más crueles del mundo, pues

matan cuanto encuentran al paso, beben la sangre de sus víctimas y luego

se las comen.

Dejemos este horror y hablemos de otras cosas. Andando otras tres

jornadas sobre las seis antedichas, se llega a la ciudad de Quenlinfu, que

es una grande y noble ciudad, sometida al poder del Gran Khan. Esta ciudad

tiene tres magníficos puentes, largos una milla y ancho nueve pasos, todos

de piedra con una columnata de mármol en el pretil. Son tan espléndidos,

que valen un tesoro. También aquí se dedican al comercio y a las artes.

Tienen telares de seda. Recogen el jengibre y la galanga. Las mujeres son

muy bellas. Hay algo curioso que mencionar además. Tienen gallinas que no

tienen plumas, pero sí una piel como la del gato y muy negra. Ponen huevos

como los de nuestra tierra; su carne es muy sabrosa.Como ya no hay nada

que observar, iremos más adelante.

Durante tres jornadas, a más de las seis que ya he dicho, se marcha

por un paisaje encantador, con muchos castillos, villas y ciudades,

abundancia de mercaderías, caza, feroces leones que persiguen a los

viajeros. En la última jornada y a 15 millas se encuentra una ciudad

llamada Unquen, en donde se fabrica mucha azúcar. De aquí se surte el Gran

Khan y se llevan todo el que consumen en la corte, en tan gran cantidad

que esto por sí solo es un tesoro. No hay nada más digno de contarse, y

pasemos más adelante.

A 15 millas de la ciudad de Unquen encontramos la muy noble ciudad de

Fugiu, y os contaremos de ella lo que sabemos.







- CLVII -

De la ciudad de Fugiu

La ciudad de Fugiu es la capital del reino de Choncha, que es otra de

las nueve provincias del Mangi. En ésta hay mucho comercio, mercaderes y

artesanos. Son idólatras y vasallos del Gran Khan. Allí moran muchos

hombres de armas, pues las huestes del Gran Khan están en parte de esta

capital, porque en esta región los castillos y ciudades se levantan con

facilidad, de modo que estos hombres sofocan en seguida estas rebeliones.

Y por esto el Gran Khan tiene una nutrida guardia.

Por la ciudad cruza un río caudaloso, de una milla de ancho, y en el

cual hay arsenales en donde se arman las naves que navegan por su

corriente. Produce el azúcar en tan gran abundancia, que es difícil el

contarlo.

Aquí hay gran tráfico de perlas y piedras preciosas, y es porque los

mercaderes atracan con sus barcos provenientes de las islas de la India.

Esta ciudad, además, está cercada del puerto de Çaiton (Cantón), en el mar

Océano, y allí es un acudir de naves y gripos de toda la India con

mercancías variadas y preciosas que remontan los mercaderes río arriba

hasta Fugiu. Hay todo cuanto puede apetecer el hombre. Las orillas están

cuajadas de deliciosos jardines con frutas de todas clases. Es una ciudad

tan bien provista de todos los dones del cielo que es un encanto. Ya no

hay nada digno de mención en ella, y prosigamos la ruta.







- CLVIII -

De la ciudad de Çaiton (Cantón)

Pasando el río de Fugiu se andan cinco jornadas, encontrando por

doquier ciudades, castillos y granjas muy florecientes y donde hay

cantidad de productos. Se pasa por montes, valles y llanos e inmensos

bosques poblados de árboles, de los cuales se saca el alcanfor. La comarca

es abundante en caza, aves y pájaros. Sus habitantes viven del comercio y

la industria, son vasallos del Gran Khan, y bajo la jurisdicción de Fugiu

y a cinco jornadas hay una ciudad llamada Çaiton (Cantón), que es grande y

noble.

Es el puerto en donde vienen a parar las naves de la India,

descargando los tesoros de piedras finas y de gran valor y perlas muy

gordas y del mejor oriente. Es el puerto de expansión de todo el Mangi, es

decir, que todo lo que se produce a su alrededor acuda a él y hay un

movimiento continuo de mercaderías y un mercado de piedras preciosas que

es maravilloso. Y de este puerto van a toda la provincia de Mangi, y por

un cargamento de pimienta que va a Alejandría o a otro lugar para ser

exportado a tierra de cristianos hay cientos que vienen a Çaiton. Habéis

de saber que éste es uno de los puertos de más importancia del mundo.

Y el Gran Khan recibe de esta ciudad un tributo enorme, porque cada

nave que llega de la India paga sobre todas las mercaderías el 10 por 100,

así de las piedras preciosas como de lo demás. Estas naves pagan como

flete por mercadería y seda el 30 por 100, y por la pimienta el 44 por

100. Por la madera de áloe y por el sándalo y otras maderas aromáticas, el

40 por 100. De suerte que entre el flete y el tributo y la alcabala el

mercader paga la mitad de la ganancia de lo que trae. Así que para el Gran

Khan es esta ciudad un tesoro.

Son idólatras. La tierra es muy fecunda y tienen toda clase de

frutas. En esta provincia hay una ciudad llamada Tiungiu, en donde hacen

los platos de porcelana grandes y pequeños y los más bellos que verse

puedan. En ninguna parte se hacen iguales a éstos sino en esta ciudad, y

de ahí se desparraman por el mundo entero, y no son muy caros, pues por un

ducado veneciano tendréis tres fuentes tan bellas que no hallaríais nada

mejor. En esta ciudad hablan un idioma propio.

Os hablé del reino de Fugiu, que es una de las partes de los nueve

reinos. Y en verdad os digo que el Gran Khan saca pingües rentas, tantas

como las del reino de Quinsai.

No hemos descrito todavía los nueve reinos de Mangi, sino tan sólo

tres, que son Yangiu, Quinsaí y Fugiu, y de éstos ya habéis oído bastante.

De los otros seis también podríamos contar, pero como es muy largo el

relato nos callaremos. Del Mangi, de Catai y de otras provincias, de

gente, animales, pájaros, oro, plata y piedras preciosas y perlas y tantas

otras cosas, ya habéis oído. Pero como en nuestro libro no reza aún todo

lo que deseamos deciros, pues nos quedan todas las descripciones de las

cosas de la India, que son dignas de conocerse y que posee maravillas de

las cuales adolecen otras regiones, es bueno y saludable lo dejemos

escrito en este libro, y maese Rustichello lo expondrá así como lo cuenta

micer Marco Polo. Y os diré en verdad que micer Marcos vivió tanto tiempo

en la India, conoció tanto sus negocios, sus costumbres, que es el hombre

que más sabe sobre este país.

Ya sé qué hay tanta maravilla que la gente que oirá su relato lo

encontrará increíble; pero nosotros las pondremos una tras otra tal como

las refería micer Marcos. Y vamos a seguir en este libro.







- CLIX -

Aquí empieza el libro sobre la India, que hablará de todas las maravillas

que contiene y de las costumbres de sus gentes

Ya que hablamos de tantas provincias del continente como habéis oído,

dejaremos esta materia y entraremos en la India para contar sus maravillas

y empezar por la descripción de las naves que zarpan desde la India.

Construyen las naves de la siguiente manera: de madera de pino o de

alerce. Tienen un puente, y en este puente hay a menudo 40 entre cámaras y

camarotes, en donde un mercader puede vivir cómodamente. Van provistas de

un timón y de cuatro árboles y a veces le añaden dos palos de repuesto,

que se quitan y ponen cuando se quiere. Están espléndidamente clavados con

doble carena, es decir, dos tablas, una exterior y otra interior; están

calafateadas en las junturas por fuera y por dentro y clavadas con puntas

de hierro.

No están alquitranadas, porque no conocen la pez, pero las untan de

tal modo con otra sustancia que ellos consideran mejor que el alquitrán.

Toman estopa y cal y lo desmenuzan y lo mezclan con aceite de palmera, y

con esta mezcolanza entre las tres materias queda una sustancia tan

resistente y compacta como la pez. De esto untan las naves y es lo mismo

que si las alquitranaran.

Tienen 200 marineros de dotación y son tan grandes que pueden llevar

5.000 espuertas de pimienta, y algunas hasta 6.000, y van a remo, y en

cada remo van cuatro marineros. Y la nave está dotada de tan grandes

barcas que cada una de ellas puede llevar 1.000 espuertas de pimienta. Ya

os dije que llevaban 40 hombres de equipaje; cada barca va armada y

algunas veces remolcan a la gran nave. Siempre llevan encima y a los

costados varios botes, pero los unos mayores que los otros, y otras

pequeñas embarcaciones o almadías, con las cuales pescan para el servicio

de mesa de la nave, y estos botes están amarrados a los lados de ella.

Cuando quieren carenar la gran nave, es decir, limpiar la carena y que

haya navegado un año, la ponen en seco de la siguiente manera: clavan en

el costado de la eslora una tabla y al otro lado otra y con otras seis la

apuntalan y luego la untan y calafatean.

Os he hablado de la nave con la cual los mercaderes van y vienen de

la India. Y abandonaremos esta materia para contaros de la propia India.

Pero ante todo os hablaré de otras islas del mar Océano, en donde estamos

aún. Estas islas están a Levante, y empezaremos por una isla llamada

Cipango (Japón).







- CLX -

En donde se trata de la isla de Cipango (Japón)

Cipango es una isla a Levante que está a 1.500 millas apartada de la

tierra en alta mar. Es una isla muy grande. Los indígenas son blancos, de

buenas maneras y hermosos. Son idólatras y libres y no están bajo la

señoría de nadie. Tienen oro en abundancia, pero nadie lo explota, porque

no hay mercader ni extranjero que haya llegado al interior de la isla. Os

contaré de un maravilloso palacio que posee el señor de la isla. Existe un

gran palacio todo cubierto de oro fino, tal como nosotros cubrimos

nuestras casas e iglesias de plomo, y es de un valor incalculable. Los

pisos de sus salones, que son numerosos, están también cubiertos de una

capa de oro fino del espesor de más de dos dedos. Todas las demás partes

del palacio, salas, alféizares, todo está cuajado de oro. Es de una

riqueza tan deslumbrante, que no sabría exactamente cómo explicaros el

efecto asombroso que produce el verlo.

Tienen perlas en abundancia de un oriente rosa, preciosas, redondas y

muy gruesas. Son de tanto valor como las blancas, o más. Tienen varias

otras piedras preciosas. Es una isla muy rica, cuya riqueza es

incalculable.

Y como le diera razón al Gran Khan de la gran riqueza de esta isla

-Cublai, que entonces reinaba-, quiso apoderarse de ella. Y envió a dos

barones al mando de una flota con hombres a pie y a caballo. Uno de estos

barones se llamaba Abatan y el otro Volsanicin. Ambos eran sabios y

valientes. Navegaron de Çaiton a Quinsai, se hicieron a la vela y

abordaron a estas islas; se apoderaron de llanos y granjas, pero ningún

castillo ni ciudad había caído en sus manos todavía, cuando les sucedió el

percance que les contaré.

Habéis de saber, ante todo, que los dos barones se envidiaban

mutuamente y que ninguno de los dos hacía nada de común acuerdo con el

otro.

Y un día sopló la tramontana de tal manera, que los de la armada,

asustados, dijéronse que si no alzaban anclas se estrellarían todas las

embarcaciones. Entonces se refugiaron en las naves y se hicieron a la mar,

y habiendo navegado cuatro millas se encontraron otra isla de tamaño un

poco menor, y los que en ella pudieron escapar se salvaron, pero los otros

quedaron estrellados contra las rocas.

Sin embargo, se salvaron 30.000 hombres, y estos náufragos se daban

por perdidos, pues veían morir a sus compañeros y desaparecer las naves

que habían podido tomar el largo hacia su tierra.

Y así hicieron, en efecto; algunas de entre ellas, que pudieron

escapar, navegaron sin tregua hasta llegar otra vez a su país. Dejemos,

pues, a los que se fueron y volvamos a los que quedaron muertos de miedo

en la isla.







- CLXI -

De cómo la gente del Gran Khan que había escapado al temporal tomó la

ciudad de sus enemigos

Sabed, pues, que estos 30.000 hombres que escaparon a los elementos

se veían perdidos y no velan medio de remediar su triste suerte.

Desesperados y angustiados, no sabían qué hacer ni qué resolver.

Y estaban en situación tan apurada cuando el señor de la gran isla y

sus secuaces vieron a la armada tan desesperada y deshecha y se enteraron

que los náufragos estaban en la isla menor. Se llenaron de alegría y

regocijo. Y en cuanto la mar se calmó fuéronse en varias naves que tenían

en la isla e hicieron vela hacia ella para prender a los que allí se

hallaban. 

Cuando los 30.000 vieron que el enemigo había tomado tierra y se 

dirigía hacia ellos para prenderles, maniobraron de modo de marchar en 

sentido contrario de los que venían, y yendo hacia la playa se acercaron a 

las naves del enemigo, y entraron en ellas, y esto lo consiguieron con 

facilidad, pues no había quien las defendiera. 

Embarcados en las naves se alejaron de la isla a toda prisa para

abordar la isla mayor. Tomaron allí tierra y bajaron con el estandarte y

señeras del señor de la isla, dirigiéndose a la capital, y los que

reconocieron el pendón de su señor creyeron que eran sus propias gentes y

los dejaron entrar en la ciudad.

En ella no encontraron más que ancianos; entonces se apoderaron de la

ciudad, echaron a todos los que estaban en ella y sólo guardaron algunas

mujeres hermosas para que les sirvieran. Y así es como tomaron esta ciudad

los hombres de armas del Gran Khan.

Y cuando el señor y sus gentes se dieron cuenta que habían perdido su

capital y que el desastre era completo para ellos, se desesperaron y

creyeron morir de rabia. Entonces volvieron con otras naves a su isla y

cercaron la ciudad de modo que nadie podía entrar ni salir de ella si a

ellos no se les antojaba ¿Y qué más os diré? La gente del Gran Khan

resistió siete meses el sitio, buscando día y noche cómo podían enterar al

Gran Khan de la situación desesperada en que se hallaban y les ponía en

tan grande aprieto; mas nada les valió. Y cuando vieron que no había

salvación, parlamentaron con los de fuera, acordaron una tregua y se

rindieron, a condición de que les perdonaran la vida. Y bajo este pacto

quedaron allí para siempre. Y esto fue en el año 1269 de la Encarnación de

Nuestro Señor Jesucristo.

Así concluyó esta aventura desgraciada. El Gran Khan hizo decapitar a

uno de sus barones, que era el capitán mayor de la armada al otro lo mandó

a una isla en donde hacía desaparecer a la gente que le molestaba, y allí

le hizo dar muerte. Y esto porque se enteró que se habían portado mal el

uno contra el otro en esta aventura.

Y os diré otra gran maravilla: Estos dos barones tomaron un castillo

que allí se encontraba para defenderse, y como no quisieron ceder la

plaza, los dos barones dieron orden de que los mataran. Y así lo hicieron

y cercenaron sus cabezas, excepción hecha de ocho hombres, a los cuales no

lograban cortar la cabeza. Y esto sucedía en virtud de unas piedras

preciosas que tenían incrustadas en el brazo entre la carne y la piel, de

tal suerte que no se veían exteriormente, y estas piedras tenían poder de

magia, de modo que cuando uno las llevaba encima no podía morir por el

hierro. Los barones supieron por qué causas no podían matar a estos

hombres por medio de la espada; entonces mandaron que los mataran a

machetazos, y murieron en seguida. Hicieron que les retiraran las piedras

de los brazos y las conservaron con gran cuidado.

Habéis, pues oído esta historia de la derrota de la gente del Gran

Khan. Haremos punto y volveremos a proseguir la narración de nuestro

libro.







- CLXII -

Donde se habla del culto de los idólatras

Los ídolos de Catai y los de Mangi y los de estas islas son todos

semejantes. Estas islas tienen ídolos con cabeza de buey, otros con cabeza

de cerdo, de cordero, de perro y otros variados. Algunos tienen cabezas de

cuatro caras, otros de tres, es decir, una normal y dos a los costados;

algunos cuatro manos, otros 10 y otros 1.000. Éstos son los más venerados.

Cuando los cristianos les preguntan por qué hacen así a sus ídolos:

«Nuestros antepasados nos lo legaron de esta manera; así lo dejaremos a

nuestros hijos y a los que vendrán después de nosotros.»

Las patrañas de estos ídolos son tan curiosas y son obras del diablo,

que mejor es no escribirlas en este libro, porque sería piedra de

escándalo para los cristianos; así que dejaremos a los ídolos y os

contaremos otra cosa.

Pero os diré, porque deseo que no lo ignoréis; cuando uno de los

idólatras de estas islas secuestra a un hombre que no es amigo de ellos, y

éste no puede rescatarse por dinero, invita a sus amigos y congéneres a su

casa. Hace asesinar al hombre que ha caído en sus manos y se lo come, en

compañía de sus parientes; pero antes lo hace preparar y guisar

convenientemente y encuentran que es la mejor carne que darse puede. Y

volvamos a nuestro relato: Este mar en que está situada la isla se llama

el mar de la China, es decir, el mar que rodea a Mangi, pues los naturales

de esta isla, cuando quieren decir la China, dicen Mangi; pero la China

está hacia Levante, y tiene, según los pilotos y navegantes que la

conocen, 7.448 islas, de las cuales muchas habitadas, y en estas islas no

hay árbol que no sea aromático y que no tenga perfume fuerte y agudo, con

maderas de gran utilidad, grandes como el alerce, y más grandes aún. Hay

especias muy caras: pimienta blanca como la nieve y negra, ambas en gran

abundancia. El oro abunda tanto en ellas, que es maravilla, pero están tan

lejos y se pasan tantas fatigas para ir a ellas, que no hay muchos que se

lleguen allá. Y cuando las naves de Çaiton o de Guinsai atracan a ella es

siempre con gran provecho y ganancia. Pero para llegar a ellas tardan un

año, pues van en invierno y vuelven en verano, porque los vientos son en

esa época favorables, y al volver en estotra, uno sopla en popa en

invierno y otro en estío. Esta región está muy alejada del camino de la

India, y os dije que se llamaba mar de la China, y quiero que sepáis lo

que llamo mar Océano. Pues se dice mar de Inglaterra o mar de la Rochela;

así, aquí mar de China y mar de Indias, pero todos éstos son un común

denominador, que es el mar Océano.

Ya os contaremos de estas regiones, porque están demasiado alejadas y

no hemos llegado a ellas. Ni el Gran Khan tiene nada que ver allí, ni le

pagan tributo alguno. De modo que volvamos a Çaiton y a nuestro libro.







- CLXIII -

De la región de Ciamba

Partiendo de Çaiton y navegando hacia Poniente, en dirección al

garbí, a unas 1.500 millas, se llega a una región llamada Ciamba, que es

muy rica y de tierra muy fecunda. Tienen un rey, idioma propio y son

idólatras. Han cerrado un pacto con el Gran Khan, comprometiéndose a

entregarle cada año elefantes, y os diré de qué manera empezó el rey a

pagar este tributo.

En el año 1272 de la Encarnación de Cristo envió el Gran Khan a uno

de sus barones, llamado Sogatu, con escolta numerosa y a caballo y a pie,

contra este rey Ciamba, y se desató una gran guerra en el reino. El rey,

que era muy anciano y no tenía bastantes fuerzas armadas, no pudo

defenderse en una batalla cerrada, pero se parapetó en los castillos y

ciudades altas y fortalezas, de modo que no tenía cuidado y estaba al

amparo de los enemigos. Empero éstos devastaban y destruían todo en el

llano. Y cuando vio que éstos le diezmaban la población y arruinaban a su

reino, cayó en profunda postración. Entonces mandó a toda prisa a un

mensajero al Gran Khan, que le dijo: «Mi señor el rey saluda a su

soberano, y le hace saber que siendo muy anciano ha logrado que reine

siempre la paz en su señorío. Quisiera ser vuestro vasallo y daros cada

año en tributo sus mejores elefantes; os pide dulcemente y os conjura a

que hagáis salir de sus tierras a vuestras huestes y barones, que

destruyen, pillan y saquean a nuestro desgraciado reino.» El mensajero

calló y no agregó palabra. Cuando el Gran Khan oyó lo que el anciano rey

pedía, tuvo compasión de él. Ordenó a sus barones que en seguida se

retiraran del reino y prosiguieran más lejos sus conquistas. De modo que

acataron la voluntad de su señor y evacuaron el país. Y desde entonces

paga este rey cada año como tributo al Gran Khan 20 elefantes, entre los

mejores que encuentra en su reino. Y de esta suerte se sometió al Gran

Khan. Dejemos esto para describir su tierra.

Sabed que en este reino ninguna mujer se puede casar sin que antes la

vea el rey, y si le gusta la toma por mujer, y si no, le da una dote para

que pueda casarse con otro barón. En el año 1285, en que estuve yo, Marco

Polo, el rey tenía 326 hijos de los dos sexos, de los cuales 150 eran

hombres que podían manejar las armas.

En este reino hay elefantes en cantidad; hay madera de áloe. Tienen

muchos bosques y una especie de madera de manzanillo, que es muy negra y

de la cual se hacen los escálamos.

No hay va nada notable que mencionar, y nos iremos a la gran isla

llamada Java.







- CLXIV -

De la isla de Java

Cuando se parte de Ciamba, entre Mediodía y Sudoeste, a 1.500 millas

se llega a una isla llamada Java. Según los navegantes, es la isla mayor

que hay en el mundo, y tiene más de tres millas de costa. Pertenece a un

gran rey y los habitantes son idólatras y no pagan tributo a nadie. Esta

isla es de mucha riqueza. Tienen pimienta, nuez moscada y galanga,

azufaifas y clavos y toda clase de especias, muy raras. A ella vienen de

todas partes un sinnúmero de naves y mercaderes, que compran toda clase de

mercancías y hacen grandes negocios. Hay, por tanto, grandes tesoros en

ella. Y os digo que el Gran Khan no pudo tomarla, por la travesía

peligrosa y el largo camino que lleva a ella.

Ya os conté de esta isla lo que sabía, y abrevio, para volver sobre

el particular más adelante.







- CLXV -

De la isla de Sondur y de la de Condur

Partiendo de la isla de Java y navegando entre el Mediodía y el

Sudeste, a 700 millas se encuentran dos islas, una grande y otra más

pequeña, que se llaman Sondur y Condur.

Y de estas islas se tuerce hacia Sudeste y Oriente; a unas 500 millas

se encuentra una provincia llamada Locac, que es grande y rica. Tienen un

rey y lengua propia. Los habitantes son idólatras. Están libres de

tributos y no dependen de nadie, pues nadie puede ir a estas tierras para

conquistarlas, que si fuera fácil empresa, el Gran Khan ya las habría

conquistado y sometido a su vasallaje. En esta provincia nace el «berçi»

doméstico en gran cantidad. Tiene oro en gran abundancia. Tantísimo, que

nadie puede creerlo sin verlo. Tienen elefantes y caza. De este reino

provienen todas las conchas que se expenden en todas las provincias, como

os he dicho. No hay nada más que mencionar. Hay aquí lugares tan salvajes

y recónditos, que nadie ha puesto jamás el pie en ellos. Y el rey mismo no

quiere que nadie los frecuente, para que no sepan en dónde tiene su

tesoro.

Y nos iremos de aquí y os contaremos otra cosa.







- CLXVI -

De la isla de Pentan

Partiendo de Locac y yendo a 500 millas hacia Mediodía se encuentra

una isla llamada Pentan, que es muy salvaje. Está cubierta de selvas, con

plantas aromáticas, árboles de maderas olorosas y de gran utilidad.

De aquí nos internamos entre dos islas, a 60 millas. El agua en este

estuario es bajita y no tiene más que cuatro pasos de profundidad, así que

conviene que las galeotas y naves alcen el timón, porque no desplazan allí

más que cuatro pies. Yendo a Sudeste estas 40 millas, torciendo otras 30,

se encuentra una isla y reino que se llama Malaiur. Tienen idioma propio.

La ciudad es grande y noble y muy comercial. El tráfico de las especias es

su mayor riqueza.

Otra cosa no hay digna de mencionar, y por eso nos llegaremos a la

pequeña Java, de la cual os contaremos.







- CLXVII -

Aquí se menciona la isla de Java la menor

Partiendo de la isla de Pentan y torciendo a Sudeste, a 100 millas se

encuentra la isla de Java la Menor. Pero sabed que, aunque pequeña, mide

dos millas de costa, y os haremos el relato de lo que sabemos de ella.

En esta isla hay ocho reinos y ocho reyes coronados. Son idólatras y

tienen idioma propio. Es abundante en productos de toda clase: madera de

áloe o zábila, espicanardo y otras especies que jamás se ven en otros

países. Os contaré las costumbres de estos habitantes, que son muy

independientes. Primeramente os contaré una cosa que os parecerá extraña.

Esta isla se halla situada tan al Mediodía, que en ella no se ve la

estrella del Norte. Pero volvamos a las costumbres de los hombres, y os

contaremos del reino de Ferlec.

Hubo en este reino de Ferlec unos negociantes sarracenos, que

vinieron con sus naves y convirtieron a los indígenas a la ley de Mahoma

(los de la ciudad, que los de los montes son como animales). Son

antropófagos y comen toda clase de carnes, buenas y malas. Adoran varias

cosas. Cuando madrugan, la primera cosa que ven al levantarse la adoran.

Después de Ferlec os contaré del reino de Basman.

Saliendo de este reino de Ferlec se entra en el reino de Basman. Es

un reino independiente, de idioma propio. Son gente completamente salvaje,

sin ley como las bestias. Se dicen súbditos del Gran Khan, pero no le

pagan ningún tributo, porque estando tan separados del mundo, nadie puede

llegar hasta ellos; pero a veces le envían presentes de cosas

curiosísimas. Tienen elefantes salvajes y rinocerontes tan grandes como

los elefantes, con el pelo de búfalo y las patas como ellos; un cuerno en

medio de la frente, gordo y negro. Pero no es con el cuerno con el que

hieren, sino con la lengua; sobre ella tienen un aguijón muy largo, de

modo que el daño lo producen con la lengua. La cabeza parece la de un

jabalí salvaje; la lleva inclinada hacia la tierra. Es un animal muy feo.

No es verdad que se dejen tomar por una doncella virgen, pues son temibles

y lo contrario de lo que cuentan. Aquí hay cisnes de toda especie de

variado plumaje. Tienen gavilanes negros como el carbón; son muy grandes y

cetrean muy bien.

Quiero desmentiros lo que dicen los pigmeos de las Indias. Hay, en

realidad, en la isla una especie de monos muy pequeños, con la cara como

los hombres. Los hombres los cogen y les arrancan todo el pelo y sólo les

dejan los pelos en la barba y en el posterior; luego los hacen secar y los

adoban con alcanfor o con otras especias, de modo que tienen semblanza de

hombres. Pero es que al adobarlos y cocharlos y enviarlos a vender han

hecho creer que son hombres. Pero en la India nunca se ha visto un hombre,

por pequeño que sea, de este tamaño inverosímil.

No diremos más de este reino, pues ya no hay nada notable que apuntar

y seguiremos al reino llamado Sumatra.







- CLXVIII -

En donde se habla del reino de Sumatra

En las proximidades de Basman se encuentra el reino de Sumatra, que

pertenece a este grupo de islas, en donde yo mismo, Marco Polo, he vivido

cinco meses, en la época en que no nos dejaron continuar nuestro viaje. La

estrella del Norte sigue sin parecer. Aquí tienen un rey muy rico y

poderoso. Son salvajes y se dicen súbditos del Gran Khan. Por esta razón

nos quedamos cinco meses aquí. Pusimos pie en tierra y nos construimos una

casa de maderos y ramas y nos quedamos en ella por miedo a los malos

hombres y a las bestias. Aquí se pescan los mejores peces del mundo. No

hay trigo, pero viven de arroz. No tienen tampoco vino, pero se procuran

una bebida del modo siguiente: tienen una especie de árbol, al cual le

cortan una rama y le arriman a la herida un puchero y en la noche se llena

de líquido. Estos árboles se parecen a una pequeña datilera, y tronchando

una palma de las cuatro que suelen tener se obtiene cuanto vino se desea.

Y hay más: cuando la hendedura no segrega más jugo se le echa agua a la

raíz y al poco tiempo destila otra vez el zumo. Y hay una especie blanca y

otra roja. Tienen muchos cocos de India, gordos y sabrosos. Los indígenas

comen toda clase de carnes, buenas y malas.

Pues os hemos contado de este reino, lo dejaremos para contaros del

reino de Dagroian.







- CLXIX -

Del reino de Dagroian

Dagroian es un reino independiente, que tiene lengua propia;

pertenece al estuario de la isla de Java. Tienen un rey. Las gentes son

muy salvajes y se dicen sujetos del Gran Khan; son idólatras, y os contaré

sus costumbres.

Sabed en verdad, que si uno de entre ellos cae enfermo, los parientes

mandan a buscar a los magos y les preguntan si el enfermo podrá sanar. Y

estos magos, por sus hechizos o por medio de los ídolos, saben si sanarán

o si están condenados a morir. Cuando dicen que van a morir, los parientes

del enfermo llaman a ciertos hombres encargados de matarlo, puesto que

están perdidos. Y estos hombres vienen y le amordazan de forma que lo

ahogan. Y cuando se mueren lo hacen cocer y toda la familia viene a

comerlo. Y se comen hasta los tuétanos, porque no quieren que quede

sustancia alguna que críe gusanos, los cuales, ya no teniendo que comer,

se morirían, y pretenden que con ello el difunto se perjudicaría y moriría

en pecado. Luego recogen los huesos, los ponen en una bonita arqueta y se

los llevan a unas cavernas, tan altas, en la montaña, que ningún cuervo o

animal las puede alcanzar.

Y también si pueden cogen a un hombreque no sea de la región mátanle

para comérselo en seguida y ésta es una costumbre horrenda.

Dejemos a este triste reino e internémonos en Lambri.







- CLXX -

Donde se habla de Lambri

Lambri es un reino cuyo rey se dice súbdito del Gran Khan. Son

idólatras. Hay berçis en gran abundancia y alcanfor y otras especias, muy

finas y caras. Y el berçi crece en pequeños tallos, y cuando está crecido

en esta forma lo arrancan y lo plantan en otro lugar y allí le dejan tres

años y luego lo desentierran con toda la raíz. Llevamos esta simiente a

Venecia y la sembramos, pero no creció absolutamente nada, y esto creo que

fue por el frío.

Y os contaremos otra cosa, que es extraordinaria: En este reino hay

hombres que tienen una cola larga un palmo. Y no tienen pelo y son muchos.

No viven en la ciudad, sino en la montaña. Y las colas son gordas como las

de un perro. Tienen rinocerontes y caza en cantidad.

De Lambri iremos a Fansur.







- CLXXI -

Del reino de Fansur

Fansur es un reino independiente. Tiene rey y son idólatras y

vasallos del Gran Khan. Son de la misma isla de los arriba mentados. Y en

esta isla crece el mejor alcanfor del mundo, llamado canfora-fansuri, que

vale más que ninguno. Se vende a peso de oro, y no tiene, por lo demás, ni

trigo, ni cereales; se alimentan de arroz y de leche. Tiene vino de

palmera, como os conté anteriormente. Y otra cosa os referiré, que es

maravillosa:

En esta provincia tienen harina, que sacan de los árboles, de una

especie de árboles magníficos y esbeltos; estos producen una sustancia

harinosa. Tienen una corteza fina, y entre ésta y el tronco se halla un

polvillo de harina. Hacen con ella muchas pastas, muy ricas; nosotros

mismos las catamos y las comimos varias veces.

Hemos hablado de este reino, que forma parte de la isla; del lado

opuesto no contaremos nada, porque lo desconocemos, no habiendo llegado a

él. Dejaremos estas cosas para dirigirnos a una pequeña isla llamada

Ganenispola.







- CLXXII -

De la isla de Necuveran

Partiendo de Java y del reino de Lambri, yendo por tramontana cerca

de 150 millas, hay un trozo de tierra de 25 millas, que llaman Necuveran.

No hay nadie que rija a estos hombres, completamente salvajes, que andan

desnudos y no cubren absolutamente sus cuerpos. Son idólatras. Sus

inmensos bosques y selvas están poblados de árboles gigantescos, de las

más ricas maderas. Allí el sándalo bermejo, las nueces de Indias, el

clavo, el bergi, y otras especias. Pero nada notable hay que apuntar en

sus costumbres. Así que pasaremos de largo y hablaremos de otra isla

llamada Angaman.







- CLXXIII -

De la isla de Angaman

Angaman es una isla muy grande, sin ley ni rey. Son idólatras, viven

como los animales salvajes. Y tenemos que apuntar en el libro una extraña

visión de estas gentes. En esta isla los hombres tienen cabeza y dientes

de perro, y en su fisonomía parecen enormes mastines. Son muy crueles y

antropófagos y se comen cuantos hombres prenden que no sean de sus gentes.

Tienen especias variadas en abundancia. Se alimentan de arroz, leche y

toda clase de carnes. Las frutas que comen son muy diferentes a las

nuestras.







- CXXIV -

De la isla de Seilán (Ceilán)

A mil millas, más o menos de distancia (partiendo de Angaman) hacia

Poniente se encuentra la isla de Seilán, que es en realidad de una gran

hermosura. Es muy extensa, y trataré de demostrarlo con cifras. Mide cerca

de 2.400 millas, según los apuntes en los mapas y la cartografía de estos

mares. Pero el viento que sopla de tramontana es tan fuerte que ha

sumergido parte de la isla en el mar, y por eso ya no tiene esas

dimensiones de antaño.

Haremos, pues, la descripción de la isla: Tiene por rey un sujeto

llamado Sendemain. Son idólatras. No pagan tributo a nadie. Van

completamente desnudos, salvo en las partes naturales. No tienen trigo,

pero sí arroz y unas especies de cinamomos, de los que sacan el aceite.

Viven de leche y carne. Beben aquel vino de palmera del que os he hablado

ya. Tienen berçis en gran abundancia y exquisitos. Y apuntaremos la cosa

más preciada que poseen, que son los más bellos rubíes del mundo y

zafiros, topacios, amatistas y criptofacios y otras piedras finas. El rey

de esta isla posee el más preciado rubí y el mayor que he visto en mi

vida, ni veré. Os diré el tamaño de esta piedra: es ancha un palmo y gorda

como el brazo de un hombre; es la joya más hermosa que ver se pueda, sin

ninguna mancha, roja como el fuego, de un valor tan incalculable que no

habría dinero que lo pagara. El Gran Khan mandó decir al rey que si se la

cedía le daría en cambio el valor de una ciudad entera. El rey contestó

que no la daría por nada del mundo, porque la había heredado de sus

antepasados, y por estas razones el Gran Khan no la pudo obtener. La raza

aquí no es gallarda, sino raquítica y miserable. Pero si necesitan

defenderse, toman hombres de otras regiones, especialmente sarracenos, que

emplean como mercenarios.

Ya no hay nada digno de mención, y seguiremos a Maabar (Malabar).







- CLXXV -

De la provincia de Maabar (Malabar)

Abandonando Seilán, a 60 millas hacia Poniente, se encuentra la gran

provincia de Maabar, que llaman la Gran India, y es, en efecto, la más

importante de las regiones. Esto ya es tierra firme. En esta isla hay

cinco reyes, que son hermanos carnales; los iremos estudiando uno por uno.

En la capital de la provincia reina uno de estos hermanos, que tiene

por nombre Sender Bandi Devar. Es el reino de las perlas. Os contaré cómo

se hallan y se pescan. Hay en este mar un arrecife entre una isla y tierra

firme. En todo él no hay ni 10 pies de agua; en otros 12, y en otro tan

sólo 2. Aquí se recogen las perlas. Arman pequeñas embarcaciones y van al

arrecife desde el mes de abril a mitad de mayo, en un lugar que se llama

Bettalar. Se alejan en el mar unas 60 millas, y allí echan las anclas, y

en pequeñas embarcaciones se acercan a los criaderos de perlas. Hay para

esto varios mercaderes que explotan el negocio y forman compañías, que

contratan a un número determinado de hombres, desde abril a mitad de mayo,

mientras dura la pesca. Y los mercaderes dan el porcentaje que os diré: al

rey, ante todo, una décima parte; al «encantador de peces» (para que éstos

no causen perjuicio a los que se zambullen en el mar), otra décima parte;

para la pesca de las perlas, la vigésima parte. Estos encantadores de

peces son los abrayamanes que hechizan a los peces, pero de día solamente,

pues de noche no tienen ningún poder, y están libres de hacer el mal.

Estos abrayamanes encantan no sólo a los peces, sino a los pájaros

también. Cuando llegan las almadías, los hombres que están en pequeñas

embarcaciones, pagados por los mercaderes para este oficio, se zambullen

en el agua: éste a una profundidad de cuatro pasas, aquél de cinco y hasta

de doce, aguantan debajo del agua cuanto pueden. Cuando están en el fondo

del mar recogen unas conchas, que llaman ostras de mar, y en estas ostras

se encuentran perlas,pequeñas y grandes, de todas formas, pues las perlas

se contienen en la pulpa de estas conchas.

Y de este modo pescan las perlas en cantidades enormes. Las perlas

que aquí se hallan se venden luego por el mundo entero. El rey de esta

comarca las tiene a granel, lo que constituye para él un gran tesoro.

Después de la mitad del mes de mayo ya no se encuentran conchas que

contengan perlas; pero las hay 300 millas más lejos desde septiembre a la

mitad de octubre. En esta provincia de Malabar no hacen falta ni sastres

ni zapateros para cortar paños y cueros, porque todo el mundo va desnudo

en toda estación. Sólo se cubren sus partes naturales con un lienzo.

El rey, como los demás, va todo desnudo, salvo que cubre su virilidad

con un paño más rico que los demás y lleva un collar o más bien una franja

de piedras preciosas. También lleva colgado del cuello un cordón con 104

perlas grandísimas y rubíes de gran valor. ¿Por qué 104 perlas y piedras?

Porque está obligado cada mañana y cada noche a decir 104 plegarias o

invocaciones a sus ídolos. Es lo que les manda la fe y sus costumbres; así

lo hicieron sus antepasados, y así lo hacen ellos, y por eso el rey lleva

sus 104 perlas al cuello. En tres partes del brazo lleva además brazaletes

de oro cuajados de piedras gordas y de gran precio. En las piernas lleva

otros aros de oro con piedras finas también. En los dedos de los pies

lleva anillos con piedras muy gruesas. Lleva, en fin, un tal tesoro en

pedrerías, que vale lo que una ciudad entera. Y nadie podría estimar lo

que aquello vale, y no es maravilla, pues todo eso se encuentra en su

reino en cantidad.

Y os diré otra cosa: nadie puede, sin embargo, llevarse del reino

ninguna piedra ni perla ni gruesa ni cara, que pese más de un medio «sazo»

en adelante. El rey manda que cuantos tengan perlas y piedras finas las

lleven a su corte y él se las compra a buen precio. La costumbre es que

pague el doble de lo que le piden. De modo que los mercaderes prefieren

venderlas a la corte porque allí se las pagan mejor que nadie. Y por eso

este rey posee tantas riquezas y tantos tesoros.

Os he contado todo esto, pero me quedan aún muchas cosas maravillosas

que deciros.

Sabed que este rey tiene 500 mujeres legítimas. En cuanto ve a una

bella mujer o damisela la quiere para él. E hizo una vez lo que vais a

oír: Uno de sus hermanos carnales tenía una mujer muy bella; al rey se le

antojó y la cogió para él, y su hermano que lo supo lo sufrió con

paciencia y no se rebeló contra él.

Os contaré de otra cosa asombrosa de este rey: sus súbditos son de

una fidelidad y devoción sin igual, que no sólo perdura en este mundo,

sino en el otro. Estos leales sirven al señor en su corte y cabalgan con

el rey y le hacen compañía y tienen gran prestigio en todo el reino. Allí

donde va el rey van ellos, gozando de gran poder ellos también.

Cuando el rey muere queman su cuerpo en un rogo o pira monumental;

entonces sus barones, que nunca le abandonaron, se echan al fuego y se

abrasan para ir a hacerle compañía al otro mundo. Y hay otra extraña

costumbre en este país. Cuando el rey muere y deja un gran tesoro, sus

hijos no le tocarían por nada del mundo, pues dicen: «Tengo el reino de mi

padre y a todas sus gentes; puedo, pues, procurarme un tesoro como él se

lo procuró.» De modo que no tocan el tesoro y van acumulando otro suyo

propio. Y por eso los tesoros son incalculables en este reino.

En esta región no se crían caballos, y toda la renta la emplean en

gran parte en adquirirlos de la manera siguiente: los mercaderes de Curmos

y de Cuisci y de Dufar y de Escer y de Adan -esta provincia tiene muchos

caballos y corceles- compran caballos o los crían; cárganlos luego sobre

sus naves y se los llevan al rey y a sus cuatro hermanos. Les dan por cada

caballo 500 «sazos» de oro, lo que es más de 100 marcos de plata. Todos

mueren por lo general, porque no tienen almohazador para cuidarles y por

falta de vigilancia. Y los mercaderes que se los venden se guardan muy

bien de llevarles gente que los cuiden, porque cuantos más caballos mueren

más provecho tienen.

Os referiré otra extraña costumbre. Cuando un hombre comete algún

delito y le condenan a muerte, y el señor le tiene que hacer ejecutar, el

que debe morir dice que quiere matarse a sí mismo en honor y amor a sus

ídolos. Es costumbre que el rey se lo conceda. Entonces parientes y amigos

se conciertan para procurarle cuchillos afilados, y le llevan por toda la

ciudad en una silla de mano con los cuchillos colgando del cuello,

pregonando: «Este valiente que aquí veis se quiere matar a sí mismo por

amor a su ídolo.» Y de esta manera le dan la vuelta a la ciudad. Llegados

al lugar en donde se hace justicia, el condenado a muerte empuña un

cuchillo y grita en alta voz: «Me mato por amor a tal ídolo.» Después de

pronunciar estas palabras, se hiere en un brazo; luego coge otro y se

hiere en el otro brazo, y, por fin, toma un tercero y se da una cuchillada

en el vientre. Y tanto se hiere, hasta caer exánime. Cuando ha muerto, sus

parientes queman el cadáver en medio de las demostraciones de mayor

júbilo.

Hay en este reino otra costumbre: cuando muere un hombre y su cadáver

se está consumiendo en el fuego, su viuda se echa en las llamas y se hace

quemar con su marido. Y las mujeres que lo hacen son citadas como ejemplo

y las ensalzan mucho. Y no creáis que son pocas, sino muchas las que lo

hacen.

Y todos adoran a los ídolos: algunos adoran al buey porque dicen que

es un animal muy bueno, y nadie mataría jamás a un buey ni comería de su

carne. Pero hay una clase de hombres, llamados «gavi», que comen la carne

de buey, pero no se atreven tampoco a matarle. Si un buey se muere de

muerte natural, o violenta, entonces estos «gavis» se lo comen. Pero antes

de esto untan sus casas con la medula del animal.

Otra costumbre de este pueblo es que el rey y sus barones y todos sin

excepción que sientan en el suelo. Y cuando se les pregunta por qué no se

sientan más dignamente en escabeles, contestan: «Que la tierra es una cosa

honorable; que puesto que ellos están hechos de tierra y deben volver a

ella, hay que respetarla y nadie debe atreverse a despreciarla.» Los

«gavis» (que son la categoría de gente que comen buey cuando murió de

muerte natural) son los hombres cuyos antepasados mataron a Santo Tomás

Apóstol. Y todos los llamados así no pueden entrar en el lugar donde está

el cuerpo de micer Santo Tomás, pues 10 hombres no podrían sujetarle, ni

20 tampoco, en donde está el cuerpo del santo, porque hay una fuerza que

los rechaza violentamente, y no pueden permanecer allí: esto en virtud del

cuerpo del santo.

En este reino tienen arroz, pero no crece el trigo. Si un hermoso

caballo cubre a una buena yegua, nace luego un caballito enclenque, con

las patas torcidas y endebles, y no hay medio de montarle, pues no vale

nada. Esta gente va a la batalla con lanzas y escudos y completamente

desnudos. No son valientes ni arrojados; no matan ni a pájaros ni a ningún

animal, y si quieren carne de carnero, se lo mandan matar a un sarraceno o

a otros forasteros que no obedecen a su ley.

Los hombres y las mujeres se lavan diariamente todo el cuerpo, es

decir, mañana y noche, y no comen ni beben sin hacer antes sus abluciones.

Y el que no se lave dos veces al día es tenido por soez y grosero.

En este país se castigan muy severamente los homicidios y robos y

otros delitos. Tampoco beben vino, y el que acostumbra a beberlo no lo

escogen nunca para testigo y nadie garantiza por él, pero tampoco lo hacen

con los navegantes, porque dicen que el que va sobre el mar está

desesperado y por eso encuentran que no vale para testigo. Pero, en

cambio, no tienen por pecado a ningún pecado de lujuria.

Hace en estos parajes un calor sofocante; por eso van desnudos. Jamás

llueve, excepto en junio, julio y agosto. Y si no fuera por el agua que

cae durante estos tres meses y que refresca el aire, se morirían de calor.

Pero las lluvias mitigan el clima.

Hay entre ellos sabios de un arte que llaman fisionomía, es decir,

conocer al hombre y a la mujer por la cara y decir sus cualidades buenas y

malas. Y esto lo conocen a simple vista. Saben mucho de agüeros, de la

significación del vuelo de los pájaros y de los encuentros de ciertos

animales. Conocen los presagios mejor que nadie en el mundo y saben lo que

es bueno y lo que es malo. Si un hombre que marcha por un sendero oye un

ruido y le parece favorable, sigue su camino; si le parece adverso, se

sienta y espera un rato para proseguir, o vuelve a su casa.

En cuanto nace un niño, varón o hembra, el padre o la madre le

inscriben en un registro: dejan escrito el día del nacimiento, el mes, la

luna y bajo qué signo y constelación ha nacido. Y esto lo hacen siempre

obrando de acuerdo con los astrólogos y adivinos, que conocen los

hechizos, las artes mágicas y la nigromancia, y también entre ellos hay

quien entienda de astronomía.

En este reino tienen toda clase de pájaros, de una variedad

increíble, pero no se parecen nada a los nuestros, salvo la codorniz, que

es igual a la de nuestra tierra. También se ven murciélagos, pájaros

volátiles con cuerpo de ratón, pero sin plumas, y que vuelan de noche.

Éstos son grandes, como gavilanes. Los halcones que se ven por allí son

enteramente negros como los cuervos, vuelan muy alto y cazan

magníficamente. Os diré otra cosa digna de contarse: a sus caballos les

dan de comer carne cocida con arroz y otros alimentos, cocidos también.

En los monasterios veneran a ídolos de ambos sexos y consagran muchas

jóvenes a estos dioses. Os diré cómo se celebran estas ceremonias, en que

el padre y la madre ofrecen sus hijas a los ídolos de que son más devotos.

Cuando las monjas de estos monasterios invitan a las mozas para que vengan

al convento a honrar a los ídolos, éstas acuden presurosas y cantan y

tocan y hacen gran jubileo. Y estas jóvenes se presentan en gran número, y

más de una vez por semana y por mes llevan de comer a los ídolos. Preparan

viandas y dulces y otros deliciosos manjares; suben al altar, le aparejan

una mesa con todos los alimentos que han traído y en el centro colocan la

pieza más importante. Mientras tanto cantan y tañen los instrumentos y

bailan graciosamente. Y acabado el banquete, tal como pudieran ofrecérselo

a un poderoso barón o a una persona de gran consideración, dicen que el

ídolo ha comido la sustancia de la carne. Entonces se ponen ellas a la

mesa y comen todas en compañía, con gran regocijo. Luego, cada cual vuelve

a su casa. Y casi todas las mozas hacen lo mismo en este reino, hasta que

se casan.

Describimos las costumbres de este gran reino y ahora os narraremos

de otro llamado Mutfili.







- CLXXVI -

Del reino de Mutfili

Mutfili es un reino que se encuentra hacia tramontana a más de mil

millas de Maabar, más o menos. En él gobierna una reina que es una gran

mujer. Hace ya cuarenta años que su marido murió y ella le tenía gran

amor; así, dijo a su muerte que como le quería más que así misma, no

tomaría otro esposo, y por esa razón no volvió a casarse. Y en estos

cuarenta años administró perfectamente la justicia en su reino, tan bien

como lo hubiera hecho su marido. Y os aseguro que es más querida de sus

súbditos que jamás lo fue ni dama ni señor.

En este reino son idólatras. Viven de arroz, de carne y de leche. En

él se encuentran muchos diamantes, y os diré cómo los cogen.

Hay, como os digo, en el reino varias montañas en las cuales se

encuentran diamantes. Cuando cesa la lluvia, que corre a torrentes por la

montaña, por riscos y cavernas, los hombres buscan en los vados por donde

ha pasado mucha agua los brillantes, y los encuentran en gran cantidad. En

verano especialmente, cuando se secan los manantiales, es cuando más se

encuentran. Pero hace tanto calor, que no hay quien lo resista. Además, en

la montaña hay multitud de serpientes, tan grandes y ponzoñosas, que los

hombres no pueden ir confiados. No obstante, ellos van como pueden y

encuentran espléndidos diamantes. En cuanto a las serpientes, son

venenosísimas y muy malas, y precisamente se esconden en las cavernas en

donde esos hombres arriesgados van a buscar los diamantes. Pero también

los obtienen de otra manera. Hay un despeñadero profundo y abrupto, a cuyo

fondo es imposible llegar; pero los hombres hacen lo siguiente: toman

pedazos de carne que lanzan con fuerza al abismo en donde se encuentran

los diamantes en gran abundancia; al llegar al fondo del precipicio se

clavan en ellos. En estas montañas habitan muchas águilas blancas y

buitres, que se alimentan precisamente de serpientes. Cuando estas águilas

ven la carne en el fondo del precipicio, se abalanzan sobre ella y se la

llevan a sus nidos entre los riscos. Los hombres miran con atención en

dónde se ha refugiado el águila, y con la mayor presteza gatean hacia

aquel sitio. El águila, espantada al verles aparecer, alza el vuelo,

abandonando la carne, en la cual hay siempre clavados unos cuantos

diamantes. Hay un tercer modo de procurarse los diamantes: las águilas que

devoran la carne no paran en mientes y se tragan los diamantes también,

que luego vuelven a desechar en los excrementos, y entre este guano

también suelen los hombres encontrar los diamantes.

Ya habéis oído las tres maneras de buscar diamantes. Y éste es el

único reino que produce tales piedras. Pero, eso sí, son grandes y

magníficos, y los mejores no son, por cierto, los que llevan a tierra de

cristianos, sino los que le traen al Gran Khan y a los reyes y barones de

estas variadas provincias, reinos y señoríos. Porque como tienen grandes

riquezas compran las piedras más caras.

Os conté lo de los diamantes y ahora os narraré otras cosas. Sabed

que en este reino se fabrican los mejores bocacís, los más bellos y

transparentes que se tejen en el mundo; son delicadísimos, comparables a

las telas de lino más finas; no hay reina ni rey que no los emplee, por lo

suaves y bellos.

En este reino abundan los animales, y los carneros son especialmente

grandes. Tienen gran abundancia de cuantas cosas se necesitan para bien

vivir.

Otra cosa no hay que mentar; así, dejaremos este reino y

continuaremos hacía el lugar en donde se encuentra el cuerpo de micer

Santo Tomás Apóstol.







- CLXXVII -

Donde se trata del lugar que guarda el cuerpo de Santo Tomás Apóstol

El cuerpo de mícer Santo Tomás Apóstol está en la provincia de

Malabar, en una pequeña ciudad; no hay navegante ni mercader que venga por

aquí, por lo extraviado que se halla este lugar. Bien es verdad que

cristianos y sarracenos vienen a ella en peregrinación, pues también los

sarracenos de estas regiones veneran al santo, pues dicen era sarraceno y

un gran profeta, y lo llaman «avarian», que quiere decir santo varón. Y

sabed que allí sucedió el milagro que os voy a contar.

Los cristianos que allí llegan en peregrinación toman de la tierra

del sitio en que lo mataron y se la llevan a sus países, dándosela a beber

en infusión a los enfermos que tienen calenturas o fiebres cuartanas o

tercianas, y en seguida sanan. Y esto ocurre con todos los que beben de

esta tierra, que tiene un color rojizo.

Y os contaré de un milagro que sucedió en el año 1288 de la

Encarnación de Cristo. Un barón de estos pagos tenía una cantidad de arroz

y llenó con éste todas las casas que rodeaban la iglesia, para guardarlo.

Los cristianos que custodiaban la iglesia y el cuerpo del Santo vieron con

disgusto que este barón idólatra hacía llenar las casas y que los

peregrinos ya no tenían en donde hospedarse, y le instaron a que no lo

hiciera. Pero no les valió ni las buenas ni las malas; el barón no oyó sus

súplicas y siguió llenando de arroz las casas circunvecinas. Cuando acabó

de llenar éstas, se produjo un milagro que ahora os contaré. En la noche,

mientras dormía, se le apareció al barón Santo Tomás con una horca en la

mano, se la puso en la garganta y le dijo: «Vaciarás inmediatamente las

casas o morirás de muerte violenta.» Y diciendo esto le apretaba la

garganta con la horca, de modo que el varón se sentía morir. Hecho esto,

micer Santo Tomás abandonó el cuarto y desapareció, y el barón se levantó

de madrugada e hizo vaciar todas las casas. Y todo lo que había pasado lo

tuvieron por milagroso. Holgáronse mucho los cristianos y cantaron gozosos

las preces a micer Santo Tomás y bendijeron su santo nombre. Y os digo que

todo el año suceden otros milagros. Particularmente cuando se trata de

sanar padecimientos y curar a los lisiados.

Y os contaré ahora cómo mataron al Santo. Cuando éste salía de su

cenobio en el bosque y elevaba sus preces a Dios, en torno a él había una

cantidad de pavos reales (pues aquí los hay en todas partes); un pagano

que era del linaje de los «gavis» lanzó una flecha a uno de estos pavos

reales que rodeaban al Santo. El «gavi» no vio al Santo, pero la flecha

que creía haber lanzado al pájaro se clavó en el costado derecho de Santo

Tomás, y después de recibir este flechazo se puso a rezar dulcemente y se

durmió en el Señor. Pero también es cierto que antes de venir a esta

tierra en donde finó, había hecho muchas conversiones en Nubia, y os lo

contaremos en su tiempo y lugar en este mismo libro.

Os he hablado de micer Santo Tomás y ahora nos ocuparemos de otras

cosas. Cuando nace un niño lo tintan una vez por semana con aceite de

«sosiman», y esto le hace parecer más moreno. Porque cuanto más negros

son, más los aprecian y los encuentran más hermosos.

Toda esta gente hace retratar y colorear a sus dioses, y todos sus

ídolos están pintados de negro y los diablos o espíritus malignos de

blanco como la nieve. Porque dicen que Dios y los Santos son negros y los

diablos son blancos; así es como los representan ellos y pintan a sus

imágenes.

En el ejército, como tienen gran fe al buey y lo tienen por cosa

santa, cogen pelos de buey salvaje y el caballero lo hace trenzar en las

crines de su caballo, y el soldado lo pega a su escudo o rodela. Y esto lo

hacen porque creen que en virtud de ese pelo escaparán al peligro y se

salvarán de todo accidente. Y así hacen todos los que van a la guerra, y

por esto el pelo del buey salvaje tiene gran valor, pues el que no lo

tenga no está ya seguro de nada.

Hemos hablado de esta materia; nos iremos y os contaremos de una

provincia de los abrayamanes.







- CLXXVIII -

De la provincia de Lar, en donde nacieron los abrayamanes

Lar es una provincia hacia Poniente, dejando atrás el lugar en donde

yace el cuerpo de Santo Tomás Apóstol. En esta provincia han nacido todos

los abrayamanes del orbe, y originariamente salieron de allí. Estos

abrayamanes son los mejores mercaderes del mundo y los más leales y

honrados; jamás mienten, y antes morirán que faltar a la verdad.

Ni comen carne ni beben vino. Llevan una vida honesta, según sus

costumbres. No se acuestan más que con sus mujeres y son incapaces de

robar. No matan ni a los animales, y no harían cosa que ellos consideraran

pecaminosa. Se reconocen los abrayamanes por un distintivo que llevan.

Sabed que todos los abrayamanes llevan un cordón de algodón en el hombro,

que se atan al brazo, de forma que el algodón pasa por la espalda y les

cruza el pecho, y por esta señal los reconocen por todos los lugares donde

van. Tienen un rey rico y poderoso que posee un gran tesoro. Este rey

compra perlas y piedras preciosas y ha dispuesto que todos los mercaderes

que vienen del reino de Maabar le traigan cuantas piedras finas tengan.

Ésta es la provincia más gentil que hay en toda la India y es donde se

encuentran las mejores perlas. Los abrayamanes van al reino de Maabar y

compran todas las perlas para vendérselas a su rey. Le dicen el precio que

les han costado, y es costumbre que el rey les haga dar inmediatamente el

doble. Por esto posee las mejores y más gruesas del mundo.

Los abrayamanes son idólatras y consultan los oráculos y el vuelo de

los pájaros; creen en mil agüeros, y os contaré lo que suelen hacer.

Tienen, entre otras, la siguiente costumbre: Cada día de la semana

ponen una señal. Si quieren adquirir una cosa o venderla se ponen al sol,

y mirando a su sombra, exclaman: «¿Qué día es hoy? El tal.» Entonces miden

su sombra; si es tan larga como debe ser ese día, cierran el trato; si no

lo es, no hacen el negocio, pero esperan que su sombra sea como debe ser y

antes de eso no concluyen el negocio.

Os diré otra cosa más curiosa. Cuando van a efectuar algún negocio se

hacen traer una tarántula (que las hay en abundancia en esos países); si

viene del lado que creen propicio, compran la mercadería; pero si la

tarántula se va por otro lado que ellos consideran nefasto, deshacen el

compromiso.

Si salen de sus casas y oyen que un hombre estornuda lo toman por un

signo adverso y se vuelven atrás. Cuando un abrayamán va por un sendero y

ve venir a él una golondrina o a izquierda o derecha, si vuela del lado

que él considera feliz, sigue su camino; si, en cambio, vuela del lado

opuesto, vuelve a su casa y no sale ya más en ese día.

Los abrayamanes viven más años que los demás mortales, y esto es

porque comen poco y son muy abstinentes. Sus dientes son magníficos,

debido a una hierba que suelen mascar, que es muy saludable al cuerpo. Los

abrayamanes no se sangran jamás, ni se sacan sangre de ninguna parte.

Tienen sacerdotes que se llaman «ciugui», que viven más que los otros

hombres. Suelen vivir de ciento cincuenta a doscientos años; son tan

robustos, que pueden ir y venir a donde quieran sin estar jamás enfermos,

y cumplen con su obligación en el monasterio lo mismo que los jóvenes. Y

esto es debido a la gran abstinencia que guardan. No toman más que arroz y

leche. Os diré cómo comen estos «ciugui» que acalzan tanta longevidad.

Toman mercurio y azufre y lo mezclan y hacen con él una pócima; luego

lo beben y dicen que esto prolonga la vida. Y no hay duda que viven

muchísimos años. Esta bebida la toman dos veces al mes y desde su más

tierna infancia.

En este reino de Maabar tienen una religión que también se llama

«ciugui», cuyos adeptos son tan abstinantes y llevan una vida de

muchísimas privaciones como no podéis imaginarlo. En verdad van

completamente desnudos y no llevan absolutamente nada para cubrirse ni

para esconder sus cuerpos.

Adoran al buey, y la mayoría de ellos llevan un pequeño buey de

bronce o de cobre en mitad de la frente (naturalmente que se lo colocan

allí). Queman los excrementos del buey y los reducen a polvo; luego se

untan con él varias partes del cuerpo con mucho recogimiento, como lo

hacen los cristianos con el agua bendita.

No comen ni en cuenco ni en plato, sino sobre grandes hojas. Pero no

en hojas verdes, sino hojas secas, porque dicen que las verdes tienen un

alma y que sería un gran pecado. Porque ya os digo que se guardan de hacer

todo aquello que consideran pecaminoso más que ninguna otra criatura en el

mundo. Cuando alguien les pregunta por qué van desnudos y si no tienen

vergüenza de enseñar así sus partes naturales, contestan: «Vamos desnudos

porque así vinimos al mundo y no queremos nada del mundo. Y no tenemos

vergüenza porque no pecamos, y no es vergüenza mostrar la cara, ni las

manos, ni otro miembro con el cual no cometemos pecado de lujuria. Pero

como vosotros habéis prestado vuestros cuerpos a la lujuria, tenéis

vergüenza de enseñarlos y los lleváis cubiertos. Pero no nos avergonzamos

de enseñarlos, como no nos avergüenza de enseñar nuestro dedo, porque con

él no pecamos.» Y ya os digo: por nada matarían a alguien, ni siquiera a

un animal ni a moscas ni pulgas ni piojos, porque dicen que tienen alma. Y

no comen nada, ni gusanos, ni hierbas ni raíces hasta que no estén secas,

porque, según ellos, todo lo que vive tiene un alma. Duermen en el suelo,

completamente desnudos, ni nada encima ni debajo, y es un milagro que no

se mueran y vivan tanto tiempo. Ayunan todos los años y en ese tiempo no

toman más que agua.

Tienen un clero regular, que mora en los monasterios para servir a

los ídolos, y le ponen a prueba del modo siguiente: Hacen venir a unas

vírgenes consagradas a los ídolos y les mandan que experimenten en estos

hombres -que son a su vez guardianes de los ídolos- su poder de seducción.

Y al que sucumbe al halago, lo echan de allí inmediatamente, y dicen no

consienten quede allí ese hombre dado a la lujuria. Así son de crueles e

idólatras.

Además, queman los cadáveres porque si no crían gusanos, y dicen que

una vez que los gusanos han devorado el cuerpo no tendrían ya que comer y

se morirían de hambre, y con eso el alma del difunto cometería un

pecadodejando de alimentarlos. Porque, según ellos, el gusano también

tiene un alma.

Ya que os contamos estas extrañas costumbres de los idólatras, nos

iremos de aquí y os contaremos una historia admirable de la isla de

Seilán.







- CLXXIX -

En donde se habla nuevamente de la isla de Seilán

Seilán es una isla que ya os he descrito. En esta isla hay una

montaña muy alta con rocas escarpadas y riscos tan a pico, que nadie puede

escalar si no es de la manera que os explicaré. De esta montaña cuelgan

cadenas de hierro arregladas en tal forma que los hombres pueden subir

hasta la cúspide de la montaña con la ayuda de estas cadenas, y encima

está el monumento a Adán, nuestro primer padre. Los sarracenos dicen que

es el sepulcro de Adán y los idólatras dicen que es el monumento de

Sergamoni Borchan.

Y este Sergamoni fue el primer hombre a quien representaron como

ídolo. Porque, según ellos, esta criatura fue el mejor de los hombres y el

primero que consideraron santo y en nombre del cual hicieron un ídolo. Y

éste fue hijo de un gran rey rico y poderoso. Este joven príncipe era de

vida tan ejemplar que no quería ni oír hablar de que un día sería rey.

Cuando oyó su padre que no quería reinar y que tenía despego por las cosas

del mundo, montó en cólera. Le ofreció coronarle y dejarle que gobernara

el país según su voluntad y entendimiento. Y quiso abdicar y dejar su

corona para que él fuera el único señor. Su hijo protestaba que nada

deseaba, y cuando su padre vio que no quería el mando de ninguna forma, se

enojó tanto, que creyó morirse de pena, y no es extraño, porque no tenía

otro hijo a quien dejar el reino. Y el rey tomó la resolución de obligar a

su hijo a que tomara gusto a las cosas del mundo y quisiera poseer la

corona. Le hizo encerrar en un magnífico palacio y le dio 3.000 doncellas

bellas y agraciadas para que lo sirvieran. Y no quiso que hubiera ni un

solo hombre entre ellas. Estas bellas jóvenes le acompañaban en su cámara,

le servían en la mesa y le velaban el sueño. Y cantaban y bailaban ante él

y le hacían la vida agradable, como se lo había recomendado el rey. Pero

nada pudieron para decidirle y arrastrarle a la lujuria; al contrario,

cada día crecía su entereza y se volvía más casto. Y hacia una vida

edificante. Era un joven tan delicado que nunca había visto miserias ni

había salido de palacio, ni había visto un hombre enfermo ni había visto a

un muerto, porque su padre no permitía que ningún viejo ni enfermo se

presentase ante él. Y sucedió que un día, cabalgando el joven príncipe, se

encontró con un hombre muerto en mitad del camino. Y no cayó de su

asombro, pues era la primera vez que esto veía. Y preguntó a su escolta lo

que era aquello; le contestaron que aquello era un muerto. «¿Cómo? -dijo

el hijo del rey-. ¿Todos los hombres mueren?» «Sí, señor; en verdad,

morimos todos.» Y no añadió palabra y siguió su camino muy pensativo. No

habría cabalgado cien pasos cuando encontró a un hombre muy anciano, que

apenas podía andar y tenía una boca desdentada por causa de muchos años. Y

cuando el hijo del rey vio a ese viejo, preguntó qué era aquello y por qué

no podía andar. Y los que le acompañaban le dijeron que por ser tan

anciano no podía caminar y había perdido todos sus dientes. Y cuando el

hijo del rey oyó lo del muerto y vio a aquel anciano volvió a su palacio y

se dijo que no quería andar más en este triste mundo y que quería ir en

busca de aquel que nunca muere y que le había creado. Y se escapó del

palacio de su padre y se fue por las montañas empinadas, salvajes y

solitarias, y allí vivió toda su vida honestamente en gran castidad y

abstinencia. Y lo cierto es que si hubiera sido cristiano hubiese sido un

gran santo como nuestro Señor Jesucristo.

Y cuando el hijo del rey murió, se lo llevaron al rey su padre, y

cuando éste vio muerta a su criatura, que amaba más que a su propio

cuerpo, le entró una desazón y una pena difíciles de describir. Quiso

hacer una imagen a su semejanza, toda de oro y piedras preciosas, y fue

venerado por todos los súbditos y adorado como un dios. Y decían que había

muerto ochenta y cuatro veces. La primera se transformó en buey; la

segunda, en caballo, y así hasta ochenta y cuatro, y cada vez se trocaba

en otro animal, o perro u otra cosa; pero a las ochenta y cuatro veces de

morir trocose en dios, y los idólatras lo tienen por el dios grande y

verdadero. Y éste fue su primer ídolo. Y de éste descendieron todos los

demás ídolos y esto sucedió en la isla de Seilán, en la India.

Y ahora habéis oído cómo nació el primer ídolo. Los idólatras de

todos los países vienen aquí desde muy lejos en peregrinación, como los

cristianos van a ver a micer Santiago de Compostela.Y los idólatras dicen

que el monumento que está encima de la montaña es el hijo del rey del cual

oísteis la historia, y que los dientes, los cabellos y el cuenco fueron

del hijo del rey que tenía por nombre Sergamoni Borchan, lo que quiere

decir Santo. Los sarracenos, que también vienen en peregrinación, dicen

que es Adán, y habéis oído lo que dicen los idólatras que es el hijo del

rey que fue su primer dios; pero Dios sólo sabe quién es y lo que fue,

porque no creemos que sea Adán, nuestro primer padre, porque las Sagradas

Escrituras dicen que está en otra parte.

Aconteció que el Gran Khan oyó decir que en esta montaña estaba el

monumento de Adán y que se guardaban en él sus dientes, su pelo y su

cuenco, y se dijo desearía tener en su poder estas tres cosas. Entonces

envió una embajada, y esto fue el año 1284 de la Encarnación de Cristo. ¿Y

qué os diré? Los enviados del Gran Khan se pusieron en camino como gran

acompañamiento y fueran tanto por mar como por tierra hasta llegar a la

isla de Seilán. E hicieron tanto acerca del rey, que consiguieron traerse

los dos dientes molares grandes y gruesos, los cabellos y el cuenco, que

era de pórfido y muy bello. Cuando los emisarios del Gran Khan obtuvieron

estas cosas se pusieron en camino en busca de su señor, y cuando ya

estuvieron cerca de Cambaluc, donde se hallaba el Gran Khan, le hicieron

saber que traían lo que le había mandado. El Gran Khan mandó entonces que

todas sus gentes, seglares y otros, fueran al encuentro de las reliquias

que todos creían fuesen las de Adán. Y no quiero ser más extenso. Sabed en

verdad que todos los de Cambaluc fueron al encuentro de las reliquias y

las llevaron procesionalmente al Gran Khan, que dio muestras de gran

satisfacción y alegría y las recibió con gran reverencia. Y había una

inscripción que decía que si en el cuenco se ponía alimento para una

persona se trocaría en seguida por el manjar de cinco. El Gran Khan hizo

la prueba y esto era la verdad. Todas estas historias las hemos ido

contando por orden y con entera verdad, y en adelante hablaré de la ciudad

de Cail.







- CLXXX -

De la muy noble ciudad de Cail

Cail es una noble y gran ciudad. Pertenece a Asciar, el primero de

los cinco reyes. Sabed en verdad, que en ella atracan todas las naves que

vienen de Poniente, es decir, de Curmosa, de Yuisci y de Aden y de toda la

Arabia, repletas de mercaderías y de caballos. Hacen alto en esta ciudad,

porque ofrece un buen mercado para sus negocios, pues de todas partes

acuden los mercaderes para comprar caballos y otras mil cosas. Este rey es

muy rico y lleva sobre él muchas preseas y viste lujosamente. Administra

muy bien la justicia en su reino y protege a los negociantes que vienen

del extranjero, respetando sus derechos con gran rectitud. Por esto ellos

atracan de preferencia con sus naves en el reino de este buen rey, que les

trata con tanta benevolencia. Es verdad también que sacan con ello honra y

provecho.

El rey tiene 300 mujeres y más aún, porque el hombre de más

consideración es el que más mujeres tiene. Y cuando nace la discordia

entre estos cinco hermanos carnales (pues lo son de padre y madre), y

quieren reñir, entonces la madre (que vive aún) exige que hagan las paces.

Si éstos no quieren acceder a sus palabras de paz, la madre toma un

cuchillo y les dice: «Si no cesáis de combatiros y no hacéis las paces, me

mataré y antes me cortaré el pecho con el cual os he amamantado.» Y cuando

los hijos consideran la desesperación de la pobre madre, que les suplica

dulcemente que cedan, reconocen que tiene razón, y es más cuerdo que

cedan. Luego se arreglan y hacen las paces. Y esto ha sucedido en más de

una ocasión. De modo que si un día llega a faltar la madre, es posible que

estalle la discordia y se maten los unos a los otros.















- CLXXXI -

Del reino de Coilum

Coilum es un reino que se halla hacia Garbin, a unas 500 millas de

Maabar. Sus habitantes son idólatras. Pero en la población hay también

cristianos y judíos. Tienen idioma propio. El rey no paga tributos a

nadie. Os voy a hacer la descripción del reino y de sus productos.

Cultivan el berçi y el coilomin, que es excelente. También tienen

pimienta en gran abundancia, que se recoge en los meses de mayo, junio y

julio. Los árboles que dan la pimienta se plantan y crecen fácilmente.

Tienen añil en cantidad, muy superior. Éste se saca de las hojas del indo.

Toman estas hojas, las ponen en una tinaja que llenan de agua, y las dejan

macerar hasta que la hoja se deshace; luego la exponen al sol, que es muy

caliente, y la hacen hervir, y es cuando suelta el añil. El calor es tan

sofocante en esta región, que apenas se puede soportar. Si ponéis un huevo

en el río, en seguida se os cuece. Aquí llegan los mercaderes con sus

galeras de Mangi, de Arabia y de Levante, y todos realizan pingües

ganancias o trayendo o llevando mercancías.

Hay animales muy raros y distintos de los demás del mundo. Hay leones

negros, sin ninguna mancha de otro color; hay pájaros de todas clases y

plumajes. Blancos como la nieve, con las patas y el pico bermejos, y los

hay rojos y azules; hay loritos también muy graciosos. Pavos reales,

grandes y variopintos, que no son como los de nuestras tierras; todas

estas especies son más variadas y mejores que las nuestras. Ni pájaros ni

flores ni frutas se parecen a las nuestras, y esto por ser la zona

tórrida. No tienen trigo, sino arroz. Tienen vino de caña, que es una

bebida muy rica, pero que emborracha a los hombres más que el vino de

uvas. Tienen vituallas en gran abundancia y todo cuanto apetece el hombre,

menos el trigo.

Los astrólogos son sabios, y sus médicos saben conservar la salud al

cuerpo del hombre. Todos son de raza negra, y hombres y mujeres van

desnudos, pero se cubren las partes naturales con trozos de hermosas

telas. No consideran pecado la lujuria ni las flaquezas de la carne.

Pueden casarse con sus primas hermanas y con la madrastra, si el padre ha

muerto. Y ésta es una costumbre general en la India.

Ya describimos otra parte de este reino, y como no hay nada notable

que mencionar, nos iremos y os hablaremos de Comari.







- CLXXXII -

De la ciudad de Comari

Comari es una región de la India, en la cual ya se percibe la

estrella polar que habíamos dejado de ver desde la isla de Java. Y de aquí

se navega a 30 millas en alta mar y se ve la estrella polar, que aparece

por encima del agua. Este lugar no está tan cultivado, y la naturaleza es

más virgen. Hay mucha fauna, y especialmente monos. Hay un sin fin de

variedades y algunos muy parecidos a os hombres. Hay diversidad de gatos y

magníficos leones, leopardos y linces.

Nos iremos al reino de Eli, porque ya en éste no hay nada digno de

mención.







- CLXXXIII -

En donde se habla del reino de Eli

Eli es un reino hacia Poniente, alejado de Comari 30 millas. Tienen

un rey. Son idólatras y tienen idioma propio. Sus costumbres se pueden ya

contar más libremente, porque nos vamos acercando a lugares más

civilizados. En esta provincia no hay ningún puerto, pero hay un gran río,

cuya corriente es navegable.

Nace la pimienta en abundancia, y el jengibre y la alquitira, el

alcapuz, la vainilla y el regaliz. El rey posee grandes tesoros, pero no

tiene muchos vasallos. La entrada del reino está tan fortificada, que

nadie puede entrar a invadir el reino impunemente. Y por esto no temen a

nadie.

Si alguna nave aborda en estas poblaciones de pronto sin algún objeto

definido para ellos, la secuestran y le cogen todas las mercaderías,

diciendo: «Ibais a otras playas, y Dios os ha enviado hacia nosotros, y

por eso os quitamos las cosas que lleváis.» Entonces se apoderan del

cargamento y se lo guardan, sin pensar que cometen un pecado. Y así sucede

en toda esta parte de la India. Si por el mal tiempo alguien se refugia en

algún sitio en donde no pensaba amarrar y había al salir del puerto tomado

otro rumbo e involuntariamente se encuentra en otro paraje, en seguida le

quitan el cargamento y le roban cuanto lleva, diciéndole: «¿Queríais ir a

otra parte? Pero mi buena suerte te ha traído aquí, y por eso confisco tus

haberes.»

Los bajeles y gripos de Mangi y otras partes vienen en verano, cargan

en cuatro a ocho días, y se van en cuanto pueden, porque como no hay

puerto en donde refugiarse, es muy peligroso el permanecer en esas dunas,

que no ofrecen resguardo. Es verdad también que las naves de Mangi no

temen anclar en las playas, como otras, porque tienen un ancla tan enorme

que aguanta y soporta cualquier aventura.

Aquí también hay leones y fieras en profusión, lo mismo que toda

especie de caza. De Eli nos iremos a Melibar.







- CLXXXIV -

Del reino de Melibar

Melibar es un gran reino hacia Poniente. Tienen un rey y un idioma

propio. Son idólatras y libres de todo tributo. Desde este reino se ve muy

bien la estrella de tramontana, que parece elevada a dos «goves» del agua.

Sabed que este Melibar está a poca distancia de otra provincia llamada

Goçurat. Aquí cada año arman 100 bajeles, a la vez que apresan las

galeras, pues son piratas de mar. Estos bajeles de corsarios acechan a los

mercaderes. Se colocan las naves para esto distantes cinco millas unas de

otras, y otras 20 en el lado opuesto. Lo que suponen que dominan un espejo

de agua de 100 millas en el mar. En cuanto otean una nave o gripo se hacen

una señal luminosa de una a otra, y de esta suerte no hay nave que se les

escape. Pero los mercaderes, que conocen las malas artes de estos

corsarios y prevén los encuentros, se preparan también y van tan bien

armados, que no tienen miedo de ellos. Se defienden con fiereza y a veces

les causan grandes perjuicios. Esto no quita de que los piratas apresen

alguna nave, y cuando cae en sus manos se quedan con ellas y su

cargamento; pero no les hacen daño alguno a los hombres, sino que los

dejan en libertad; empero les dicen: «Id a ganar otra vez haberes, porque

así la casualidad los traerá otra vez a nuestras manos.»

Este reino tiene gran cantidad de pimienta y de jengibre, mucha

canela, vainilla y alquitrán, nueces de Indias, bocací muy fino y del

mejor; todo lo que se llevan de aquí es de gran valor. Y los de otros

países traen, en cambio, paños de seda, telas de oro, sándalo, oro, plata.

Y vienen de la provincia de Mangi para transportarlo más lejos. Y los que

van a Aden lo llevan a Alejandría.

Os contamos del reino de Melibar; nos alejarnos de aquí para contaros

del reino de Goçurat. Y no os describiremos todas las ciudades del reino

por no prolongar demasiado el relato, pues cada cual tiene tantísimas

ciudades y castillos, que ya es imposible mencionar.







- CLXXXV -

Del reino de Goçurat

Goçurat es un gran reino. La gente es idólatra y habla un idioma

propio. Son independientes. Este reino está situado a Poniente, y se ve la

estrella del Norte ya bastante alta. Éstos son los peores corsarios del

mundo. Son tan perversos, que ya no cabe más. Cuando apresan a un mercader

le dan de beber tamarindo y agua de mar, así que tienen cólicos y vomitan

lo que tienen en el estómago. Los corsarios recogen todo lo que arrojan

los mercaderes, por si hay alguna piedra o perla fina que se tragaron por

precaución. Porque dicen que cuando los mercaderes se ven en peligro se

tragan las perlas y piedras finas, para que no se las encuentren, y por

eso les dan esas bebidas, que provocan cólicos y vómitos.

El país produce la pimienta, bastante jengibre y añil en abundancia.

Tienen también algodón, porque hay muchos algodoneros altos seis pasos y

de más de veinte años. Pero cuando estos árboles son demasiado viejos, ya

no dan algodón bueno para torcer, pero lo dan para acolchar o para hacer

cañamazos; pero hasta que el árbol tiene doce años, produce buen algodón

para hilar.

En este reino se adoban y curten cantidad de cueros y pieles: cueros

de buey, de búfalo, de rinoceronte y de otras bestias. Y curten tal

cantidad, que cargan naves enteras, que llevan a Arabia y a otras

regiones, y todos los reinos y provincias se surten de aquí. En este país

se hacen bellos trenzados y tejidos de cuero bermejo, con pájaros pintados

y animales sobrepuestos, cosidos finamente con hilo de oro y plata. Son

tan espléndidos, que da gloria verlos; los sarracenos los emplean para

dormir encima, pues siendo de cuero son blandos y se prestan a ello. Y

hacen bellos cojines, cosidos de oro, que valen seis marcos de plata. Y de

esos tapetes trenzados los hay que valen hasta 10 marcos de plata. ¿Qué

más os diré? En ninguna parte del mundo se trabajan mejor el cuero y las

badanas que en éstas, en que hacen obras del más grande valor. De aquí os

hemos contado todo, y nos iremos ahora a un reino llamado Tana.







- CLXXXVI -

Del reino de Tana

Tana es un gran reino hacia Poniente. Tiene un rey que no paga

tributo a nadie. Son idólatras y tienen idioma propio. No hay ni pimienta

ni especias, como en las demás provincias; pero tienen benjuí, no muy

blanco, sino amarillento. Esto es lo que les trae mayor beneficio. También

hacen bocacís y telas de algodón. Los mercaderes traen cosas que necesita

el país y se llevan las que les traen provecho y ganancia.

Os diré de otra mala costumbre de esta región. Ya habéis oído que de

aquí salen corsarios que van haciendo estragos por los mares. Ellos están

de acuerdo con su rey, pues cierran el siguiente trato: Los corsarios se

obligan a darle cuantos caballos roban. Y los roban a menudo, porque, como

ya os conté, hacen gran comercio de ellos en las Indias, y pocas son las

naves que no llevan caballos a vender. Por eso el rey tiene un convenio

con los corsarios; él se queda con los caballos y ellos se guardan el oro,

la plata y las piedras finas. Es una mala acción, indigna de un rey.

Hemos descrito el reino de Tana. Nos iremos ahora y hablaremos del

reino de Cambaet.







- CLXXXVII -

Del reino de Cambaet

Cambaet es un gran reino hacia Poniente. Tienen idioma propio y son

independientes. Son idólatras. Aquí veis la estrella de tramontana, y a

medida que vais hacia Poniente la veréis más cerca. En este reino también

van y vienen los mercaderes. Tienen añil superior y en cantidad. Algodón y

bocací almacenados, pues lo traen de muchas partes. Venden vino muy bien

preparado y tantas otras cosas que no se pueden enumerar porque

extenderían mucho nuestra relación.

Las naves traen también oro, plata y cobre; traen cosas de su país y

se llevan otras. En este país no hay corsarios; viven de su trabajo, son

industriosos y buena gente.

No hay nada que contaros de ellos, y nos iremos al reino de Semenat.







- CLXXXVIII -

Del reino de Semenat

Semenat es un gran reino hacia Poniente. Son idólatras y tiene un rey

y un idioma propios y no pagan tributo a nadie. No hay corsarios, y viven

de la industria y el comercio como la gente honrada.

Pero, eso sí, son grandes comerciantes, y aquí acuden mercaderes de

todos los continentes. Venden las mercaderías y, en cambio, compran de lo

que carecen. Lo que sí son es crueles y feroces idólatras.

No hay nada más digno de mención, y pasaremos a contaros del reino de

Kesmacoran.







- CLXXXIX -

En donde se habla del reino de Kesmacoran

Kesmacoran es un reino que tiene un soberano y lengua propia; vive

del comercio y de la industria. Tiene arroz; se alimentan de carne, arroz

y leche. También aquí el tráfico es incesante. No hay más cosas dignas de

contarse, y pasemos al reino de la última provincia de la India, entre

Poniente y maestral, pues de Maabar hasta esta provincia -es decir, todas

las provincias y reinos que acabamos de recorrer- está la espléndida y

portentosa India. Hemos contado los puertos del litoral, porque si nos

internásemos en el país, sería muy largo de contar. Por eso nos alejaremos

de esta provincia, y os contaremos de unas islas llamadas Varón y Mujer.







- CXC -

En donde se habla de las islas llamada Varón y Mujer

La que se llama Varón está en alta mar, a 500 millas hacia el

Mediodía, cuando se parte de Kesmacoran. Son cristianos y bautizados en la

fe de Cristo y conocen sobre todo el Antiguo Testamento, pues cuando la

mujer está encinta no la tocan hasta que haya dado a luz y hasta cuarenta

días después. Luego ya vuelven a su vida marital. Pero en esta isla no

viven las mujeres, ninguna, ni las casadas ni las solteras, sino que

habitan en otra isla llamada la Mujer. Desde esta isla se van los maridos

por tres meses: marzo, abril y mayo, para vivir con sus mujeres a la isla

de la Mujer, y allí gozan de ellas. Y al cabo de os tres meses vuelven a

esta isla y quedan trabajando los nueve meses restantes.

En esta isla se encuentra el ámbar transparente y de la mejor

calidad. Viven de arroz, leche y carne. Son buenos pescadores, pues sabed

que en esta isla se cogen magníficos peces, que ellos salan y hacen secar

en gran cantidad, de modo que luego tienen para todo el año. Y también los

venden a otras gentes. No tienen más jefe que a un obispo, que está

sometido a su vez al arzobispo de Scotra. Tienen también idioma propio. De

esta isla a la que habitan sus mujeres hay por lo menos 30 millas. Y por

eso no viven con ellas todo el año, porque dicen que si hubieran de

pasarlo todo el año con ellas, se morirían. La madre amamanta en verano al

hijo que nace durante el año. Pero en cuanto tienen catorce años los

mandan por mar a la isla de sus padres, y ésta es la costumbre de las dos

islas, como lo oís. Las mujeres no hacen más que criar a sus hijos y

recogen las frutas que hay en la isla.

Hemos contado esta extrema materia, y ya no hay nada digno de

mención, y hablaremos de la isla de Scotra (Socotora).







- CXCI -

De la isla de Socotora

Partiendo de estas dos islas, a 500 millas más o menos de distancia

hacia Mediodía se encuentra la isla de Scotra. Tienen magníficas telas de

algodón. Grandes y exquisitos pescados, que ellos salan. Viven de arroz,

carne y leche, pues no tienen trigo. Van completamente desnudos, según las

costumbres de los indios idólatras. Vienen a esta isla muchos mercaderes a

llevarse las mercaderías. Tienen ámbar magnífico. Todas las naves que van

a Aden hacen escala en esta isla. El arzobispo de esta isla no tiene nada

que ver con el Papa de Roma, pero obedece a un arzobispo que vive en

Baudac. Éste de Baudac manda a este arzobispo y a otros en varias partes

del mundo, como el Papa de Roma. Y todos estos sacerdotes y prelados no

obedecen a la Iglesia de Roma, sino a este gran prelado de Baudac, que

tienen por Papa. En esta isla viven también los corsarios y hacen escala

para vender cuanto han robado. Y lo venden a muy altos precios, por la

razón de que los cristianos no ignoran que estas cosas son hurtadas a los

sarracenos y no a los cristianos. Cuando el arzobispo muere, conviene que

en seguida envíen otro de Baudac. Estos cristianos son, sin embargo,

supersticiosos y muy entendidos en encantamientos.

El arzobispo les amonesta y les castiga y no quiere que se ocupen de

sortilegios, pero no sirve de nada, porque dicen que sus antepasados lo

hicieron antiguamente y ellos no quieren ser menos. Y el arzobispo tiene

que conformarse porque no los puede enmendar.

Y os hablaré de estos sortilegios. Se sirven de ellos para apaciguar

el viento cuando es contrario. Mandan al mar la bonanza o la tempestad y

el viento. Hacen otros encantamientos, pero son de tal naturaleza que es

mejor no lo contemos en este libro, porque os extrañarían y quizá os

escandalizarían mucho, y por ello nos callaremos. Partiendo de esta isla,

nos dirigimos a la de Mogdasio.







- CXCII -

De la isla de Mogdasio (Madagascar)

Mogdasio es una isla hacia el Mediodía, alejada 1.000 millas de

Scotra. Los habitantes son sarracenos y adoran a Mahoma. Tienen cuatro

obispos, es decir, cuatro ancianos, y estos cuatro ancianos tienen la

soberanía de la isla. Ésta es de las más importantes del estuario, y tiene

casi 4.000 millas alrededor. Viven del arte y de la industria. En esta

provincia nacen más elefantes que en ninguna otra parte, y tampoco en

ningún lugar, a excepción de Canghibar (Zanzíbar), hay tan gran mercado de

colmillos de elefante. En ella no se come más que la carne de camello. Y

matan tan gran cantidad, que no hay manera de creerlo si no se ve. Ellos

pretenden que la carne de camello es la más sana que puede caber. Y la

comen en todo tiempo. En esta isla hay árboles de sándalo rojo del tamaño

de los nuestros. Y aquí queman estos árboles como la leña en nuestros

países. Tienen mucho ámbar, porque en este mar hay ballenas en cantidad, y

como las pescan, se procuran el ámbar, pues de ellas lo extraen. Tienen

leopardos, leones y linces, ciervos y gamos y venados cuantos quieren.

Mucha caza y muchas aves. También tienen avestruces muy grandes. Pájaros

diferentes de los nuestros, pero que son una maravilla. Aquí también

llegan los mercaderes con telas de oro, bayetas de seda y caprichosas para

vender y cambiar por otras baratijas. Y ellos hacen pingües negocios.

Ya no tienen los navegantes al Sur más isla que la de Zanzíbar, y no

pueden ir más lejos, porque la corriente los arrastraría hacia Mediodía y

no podrían volver; y por eso se guardan de ir más allá. Cuando vienen los

bajeles de Maabar a esta isla tardan veinte días, y cuando vuelven tres

meses, por la corriente que los empuja hacia atrás y les impide navegar

más pronto.

Habéis de saber que en todas estas islas, que están hacia Mediodía en

tan gran cantidad, en donde las naves no van ya por la corriente, dicen

que hay grifos. Y estos pájaros aparecen en ciertas épocas del año; pero

no son como los imagina la gente, con la cabeza de león y el cuerpo de

águila. Los que les han visto dicen que en realidad son como inmensas

águilas. Y cuentan que son tan fuertes, que se llevan en el aire a un

elefante y le dejan caer desde lo alto, de modo que se revienta al llegar

al suelo. Entonces el grifo baja a comer y a saciarse en él. Dicen que con

las alas abiertas mide 30 pasos, y las alas son de 12 pasos de largo y

gordas en proporción. Y lo que yo he visto os lo diré en otra página,

porque conviene para el orden de este libro.

Os he dicho lo que cuentan los que han visto los grifos. El Gran Khan

envió a unos emisarios a estas islas para que se enteraran de lo que eran.

Estos hombres contaron cosas fabulosas. Trajeron dientes de jabalí

salvaje, exageradamente grandes. Y el gran señor hizo pesar uno de ellos,

cuyo peso era de 14 libras. Os podéis imaginar el tamaño que tendría el

jabalí cuyo era tal diente. Hay, es cierto, jabalíes que son como búfalos;

jirafas en gran número y pollinos salvajes. Tienen pájaros muy diferentes

a los nuestros, muy variados y muy curiosos. Y volvamos al grifo. Los de

la isla lo llaman «roc», y no le dan otro apelativo; pero confutando sus

descripciones, coincide con lo que llamamos grifo. Ya os hemos contado de

esta isla sus costumbres y usos; otra cosa no nos queda por contar, y nos

iremos para llegar a la isla de Çanghibar (Zanzíbar).







- CXCIII -

De la isla de Zanzíbar

Zanzíbar es una isla grande y bella. Tiene 1.000 millas alrededor.

Obedecen a un rey y tienen idioma propio. No dependen de nadie y no pagan

tributos.

Los naturales son fornidos y altos. Pero su complexión es más gruesa

que de elevada estatura, pues tienen los miembros tan abultados, que

parecen gigantes, y tan fuertes, que pueden llevar la carga de cuatro

hombres. Son negros y van desnudos, excepto las partes naturales. Tienen

el pelo tan crespo, que no podían desrizarlo ni metiéndolo en agua. La

boca es tan grande y la nariz tan achatada, los labios y los ojos tan

abultados, que son horribles. Si se os aparecieran en otro país creeríais

ver al diablo.

Hay elefantes. Hacen gran tráfico del marfil. Tienen leones, tigres,

leopardos y linces. Los animales aquí también son diferentes de los del

resto del mundo. Los carneros y corderos tienen el cuerpo blanco y la

cabeza negra, y así en toda la isla. Nacen en ella jirafas que son

ejemplares muy bellos, y os los describiré: Tienen el cuerpo corto y las

piernas traseras más cortas también, pero las de adelante son larguísimas,

así como el cuello, de modo que la cabeza la llevan muy alta, lo menos a

trece pies del suelo. La cabeza es chiquita. Es un animal inofensivo. Es

de color cobrizo y blanco rayado y es en conjunto un animal bonito. Y

ahora os hablaré del elefante. Cuando el elefante quiere cubrir a una

hembra le cava un gran hoyo en la tierra y allí la tumba hasta ponerla

patas arriba, porque tiene el sexo colocado en el bajo vientre, como la

mujer, y la monta como un hombre. Las mujeres de esta isla son muy feas,

porque tienen unas bocazas enormes, la nariz aplastada y gorda, los ojos

abultados y saltones y grandes pechos, cuatro veces mayores que los de las

otras mujeres. Son feísimas en verdad. Viven de arroz, de carne y de

dátiles. No tienen vino de uvas, sino de arroz, de azúcar y especias, pero

con esto componen una bebida deliciosa. Son muy comerciantes; aquí acuden

también todos los mercaderes y se llevan marfil y ámbar en cantidad. Y

abundan en estos mares las ballenas.

Los hombres de esta isla son guerreros y se baten muy bien, pues son

valientes y esforzados y no les importa morir. No tienen caballos y

combaten encima de camellos y elefantes. Encaraman en éstos unos

pabellones bien cubiertos y defendidos y en cada uno de estos castilletes

montan de 16 a 20 hombres con lanzas y adargas, espadas y piedras. Y la

batalla encima de los elefantes es cosa grande. No tienen más armas que

las rodelas de cuero y la lanza y la espada, pero con eso ya se diezman

bien. Y os diré otra cosa: cuando quieren llevar los elefantes a la

refriega les dan de beber el mosto de arroz, es decir, el vino que ellos

toman, porque así que lo han bebido se vuelven más feroces y fieros y

valen más para librar la batalla.

Os hemos contado en parte todo lo concerniente a esta isla y sus

habitantes, animales y productos. No hay ya nada que contar, y por eso la

dejaremos y os contaremos de la gran provincia de Abasce. Pero antes de

proseguirnos queda aún algo que deciros sobre la India. Realmente, sólo os

describimos las más importantes islas y provincias de la India, porque tan

sólo nosotros podemos hacerlo conociéndolas bien. Pero hay infinidad de

otras que callamos porque son insignificantes. En este mar de Indias hay

12.700 islas entre las habitadas y desiertas, según la cartografía y lo

que muestra el compás y escrituras de sabios navegantes que la emplean en

estos mares. La India Mayor llega desde Maabar hasta Kesmacoran y cuenta

13 grandes reinos, de los que describimos 10. La India Menor llega de

Ciamba hasta Mutfili y comprende ocho reinos.

Ahora os contaré de la India central, que se llama Abasce.







- CXCIV -

Aquí empieza la descripción de Abasce, que pertenece a la India Central

Sabed que Abasce es una gran provincia de la India central. El más

poderoso de los reyes de esta provincia es cristiano y los demás reyes

están bajo su jurisdicción, y éstos son en número de seis: tres cristianos

y tres sarracenos.

Los cristianos de esta provincia tienen tres señales o cicatrices en

medio de la cara. Una desde la frente hasta la nariz y las otras dos en

cada mejilla, y están marcadas con hierro candente y son señales de su

bautismo. Y hay también hebreos, y éstos tienen dos señales en cada

mejilla. Los sarracenos, en cambio, no tienen más que una señal desde la

frente hasta la mitad de la nariz. Y el rey vive en el centro de la

provincia. Los sarracenos, hacia Aden. En esta provincia predicó Santo

Tomás, y después de haberles convertido se fue a Maabar, en donde murió y

guardan su cuerpo, como os describí en mi libro anteriormente. En esta

provincia de Abasce hay buenos hombres de armas y excelentes jinetes.

Tienen bastantes caballos. Y esto es menester, porque están continuamente

en guerra con el sultán de Aden y con el de Nubia. Escuchad una historia

famosa acaecida en el año 1288 de la Encarnación de Cristo. El rey de la

provincia, que es cristiano, dijo que querría ir en peregrinación a adorar

el sepulcro de Cristo en Jerusalén. Sus barones le advirtieron que

correría gran peligro en esta expedición y más valiera que enviara a un

obispo o algún prelado en su lugar. El rey escuchó sus consejos. Envió

entonces a un obispo, que era un santo varón, para que fuera en su lugar a

Jerusalén. Éste obedeció a su señor. El rey mandó hiciera sus preparativos

y se fuera lo antes posible.

Partió el obispo. Se despidió de su rey y se puso en marcha como buen

peregrino. Tanto anduvo por tierra y por mar hasta que llegó a Jerusalén,

y allí se fue derecho al Santo Sepulcro a adorarlo y rendirle pleito

homenaje, como debía hacer con cosa tan noble y elevada.

También dejó los presentes que traía de parte de su rey. Hecho esto,

el santo hombre se volvió a poner en camino y regresó esta vez por Aden,

pero sabed que en este reino odian a los cristianos como a enemigos

mortales.

Cuando el sultán de Aden supo que este obispo que llegaba a sus

tierras era cristiano y que era un enviado del rey de Abasce, lo hizo

secuestrar e interrogar, preguntándole si era cristiano, y el obispo

contestó que era cristiano. A lo cual replicó el rey que si no se

convertía a la ley de Mahoma le haría gran escarnio. Éste dijo que antes

moriría que dejar de ser cristiano. Cuando el sultán oyó la respuesta del

obispo se llenó de ira; lo hizo coger por varios hombres y señalar a la

manera de los sarracenos. Hecho esto, le dijo el sultán que lo había

mandado ejecutar para avergonzarle y vilipendiarle y para ofender a su

rey.

Luego lo dejaron en libertad. Cuando el buen obispo se vio objeto de

tal escarnio, se consoló pensando que eso le había sido inferido en honor

y sacrificio a la ley cristiana y que Dios nuestro Señor se lo tendría en

cuenta para la salvación de su alma en la otra vida.

Sanó el obispo de sus heridas y pudiendo ya cabalgar tomó el camino

de regreso y llegó a Abasce, en donde hallábase el rey su señor. Éste lo

recibió con gran pompa y con las demostraciones del mayor afecto y

deferencia.

Le hizo referir su visita al Santo Sepulcro, y el buen obispo le

contó todo con santa exaltación. Refiriole luego la afrenta que le había

hecho el sultán de Aden. Cuando el rey oyó al santo varón de la manera que

había sido deshonrado y maltrecho, entró en gran cólera, y poco faltó que

muriera de dolor. Dijo muy alto, para que todos los que estaban presentes

lo oyeran, que no quería llevar más su corona, ni tener tierras ni señorío

hasta no tomar venganza de un hecho tan vil, de tal modo que el mundo

entero supiera lo que había hecho para escarmiento de los malvados.

Hizo entonces el rey sus preparativos de guerra y armó gran número de

elefantes con sus castilletes, en los cuales iban 20 hombres por lo menos.

Y cuando estuvo bien aparejado con toda su gente, se puso en camino hasta

llegar al reino de Aden. Y el rey de la provincia de Aden vino a su

encuentro con gran multitud de sarracenos a caballo y a pie para defender

sus tierras y que los enemigos no pudiesen entrar en ella.

Y aconteció que llegaron a un desfiladero en donde los de Aden se

apostaron.

Y se armó una cruel refriega; empero, los reyes de los sarracenos,

que eran tres, no pudieron resistir la furia bélica del de Abasce, porque

sus huestes eran numerosas y temibles y valían más que las de los

sarracenos. Éstos, pues, se echaron atrás, y el rey de los cristianos

entró en el reino de Aden.

En este desfiladero murieron infinidad de moros, y entrando ya en el

reino encontró el de Abasce muchas plazas fortificadas; pero esto no le

arredraba y seguía adelante vencedor.

El rey de los cristianos quedó más de un mes en tierra enemiga,

arrasándolo todo y haciendo gran mies de sarracenos. Hecho esto, dijo que

ya había vengado la honra de su obispo, y se volvió a su tierra.

Habéis oído cómo fue vengado el obispo, y esto debería sucederles a

todos los sarracenos que humillan a los cristianos.

Y volvamos a la provincia de Abasce. Hay en esta provincia abundancia

de mantenimiento: arroz, carne, leche. Tienen elefantes; no es que se

críen en esta isla, pero sí en una isla cercana, de la que los traen. Las

jirafas nacen, en cambio, en abundancia; también se crían leones,

leopardos y linces y tantas otras fieras diferentes en todo a los animales

de nuestras tierras. Los avestruces son del tamaño de los pollinos. Y hay

monos y loros de los más extravagantes. Gatos monteses y gatos pardos, que

tienen caras parecidas a las de los hombres.

Y de aquí nos iremos a Aden; pero antes tenemos aún que señalar que

los de Abasce hacen lindísimos bocacís y tejen excelentes telas de

algodón, y ahora hagamos punto y prosigamos.







- CXCV -

En donde se habla de la provincia de Aden

En esta provincia hay un señor llamado el sultán de Aden; todos son

sarracenos y adoran a Mahoma y detestan furiosamente a los cristianos. Hay

numerosas ciudades, castillos y plazas fuertes.

Aden es un puerto de mar en donde atracan todas las naves de las

Indias con sus mercaderías. Y en esta ciudad los mercaderes descargan sus

bajeles en embarcaciones menores, que remontan el río hasta siete jornadas

de distancia. Al cabo de estas siete jornadas, las retiran de los esquifes

y las cargan sobre camellos y en ellos las llevan a treinta jornadas de

distancia. Al cabo de estas treinta jornadas encuentran el río de

Alejandría y por él cargan las mercaderías que son destinadas a la ciudad

de Alejandría. Y de esta manera los moros de Alejandría tienen las

especias y otras materias precisas, pues no hay otro modo de hacerlas

llegar.

Lo mismo sucede con Aden; de aquí levantan el ancla las naves para a

su vez llevar mercaderías a la India.

Y de estos puertos se llevan a la India hermosos corceles árabes de

gran valor, y con este tráfico se hacen un patrimonio, pues habéis de

saber que un buen caballo se paga en la India 100 marcos de plata o más.

El sultán de Aden tiene pingües rentas y el tesoro engrosa cada día más

con las alcabalas que pagan los mercaderes por sus naves y los derechos de

flete; con esto y el ir y venir de las galeras se puede considerar el

sultán de Aden como uno de los más ricos del mundo.

Este sultán causó gran daño a los cristianos. Habiendo tomado el

sultán de Babilonia la ciudad de Acre, este soberano envió sus huestes en

ayuda, y eran bien 30.000 hombres entre caballeros y peones y hasta 40.000

en camellos. Con esta poderosa ayuda los moros destrozaron a las huestes

cristianas. Y esto lo hizo más por odio a los cristianos que por amor al

sultán de Babilonia.

Dejaremos Aden y os contaremos de una ciudad importante, cercana a

Aden, y de un reyezuelo que gobierna a esta ciudad, llamada Escier.







- CXCVI -

De la ciudad de Escier

Escier es una grandísima ciudad a cuatro millas hacia maestral del

puerto de Aden. Esta ciudad presta obediencia un conde que mantiene a su

tierra en gran justicia. Tiene además varios castillos y ciudades bajo su

jurisdicción. No obstante, es vasallo a su vez del sultán de Aden. La

población es sarracena y adora a Mahoma. También esta ciudad tiene un

magnífico puerto y en ella van y vienen las naves de las Indias y, como

Aden, exporta caballos de los mejores y más apreciados.

En esta ciudad crece una cantidad de incienso del mejor y más blanco.

Y dátiles en gran cantidad. No tiene trigo, sino arroz; pero el trigo lo

traen de otras regiones y se consume mucho. Tienen pescado en abundancia,

especialmente el atún, y éste se vende dos por un grueso veneciano. No

tienen vino de uva, sino de arroz, de palmera y de caña.

Hay aquí unos carneros que no tienen ni orejas ni oídos y en lugar de

las orejas tienen una especie de cuernecito. Son animales pequeños, pero

muy graciosos. Y os contaré algo que os ha de extrañar. Los animales

-bueyes, carneros, camellos y rocines- comen pescado por todo alimento,

porque en esta comarca no crece la hierba, por ser la región más seca del

mundo. Y se alimentan de pescaditos muy pequeños en los meses de marzo,

abril y mayo, y éstos en gran número. A estos pescaditos los secan y

guardan en sus despensas y así tienen para alimentar al ganado durante

todo el año. Pero en verano las bestias se los comen vivos, tal cual salen

del agua.

También hacen una especie de torta de pescado: cogen a los pescados

grandes y los cortan en rajas y luego los ponen a secar al sol y con ellos

amasan una especie de torta, que luego les dura todo el año.

El incienso o benjuí que os he dicho que recogen lo tienen en tal

abundancia, que el señor lo compra por 10 bizancios de oro y lo revende en

40, y ya veis qué beneficio recaba de ello.

Ya no hay nada digno de mención en esta ciudad, y os hablaremos de la

ciudad de Dufar.







- CXCVII -

De la ciudad de Dufar Dufar es una bella y noble ciudad que se

encuentra a unas 200 millas de Escier un poco hacia la dirección adonde

sopla el maestral. Son moros y adoran a Mahoma. Su jefe es un conde y

depende del sultán de Aden.

Esta ciudad pertenece también a la provincia de Aden. Está en la

costa y tiene un bonísimo puerto, en donde descargan cantidad de

mercaderías. Traen caballos árabes para mercar. De esta ciudad dependen

varias otras villas y castillos. Aquí también nace el incienso excelente;

y os diré cómo lo recogen: El árbol que lo produce es una especie de

pequeño pino al cual le dan unos cortes, y por esas heridas destila una

resina en días de gran calor, que es la que llamamos incienso o benjuí.

Ya no hay nada digno de mención; seguiremos nuestro viaje hasta

llegar al golfo de Calatu.







- CXCVIII -

De la ciudad de Calatu

Calatu es una hermosa ciudad, edificada en una gran bahía en el golfo

del mismo nombre. Dista 600 millas de Dufar, siempre hacia maestral.

Dependen del melic de Cormosa, y cada vez que éste mueve guerra a un

vecino más poderoso y fuerte que él, se encierra en Cormosa, que es fuerte

y bien defendida y situada, de modo que no hay peligro que la tomen. No

tienen trigo, pero se lo llevan de otros países.

El puerto es grandísimo y las mercaderías se venden muy bien, porque

con ellas abastecen al interior. También de aquí se llevan muchos caballos

a la India y los mercaderes se hacen ricos.

Esta ciudad está situada a la entrega del golfo de Calatu, y no hay

nave que entre y salga a su voluntad sin ser vista por ellos. El melic de

esta ciudad, que es vasallo del sultán de Cherman, tiene varias veces que

pleitear con él. Cuando el sultán impone algún tributo o aduana al melic

de Cormosa o a otro de sus hermanos y que éstos se niegan a satisfacerle,

les envía sus huestes para poner cerco a la ciudad; mas ellos se

fortifican en esta ciudad de Calatu y no dejan pasar ni una sola nave, y

con esto le tienen en jaque al sultán de Cherman. Por eso le conviene

estar en paz con el melic de Cormosa y no ponerle muy altas alcabalas. Más

allá tiene este melic otra fortaleza a orillas del mar que es inexpugnable

aún.

Aquí también comen dátiles y se alimentan de esos pescados en

salazón. Esto los villanos, que hay gente rica y gentileshombres que comen

muy bien y muchas cosas exquisitas.

Y ya que hemos hablado, de Calatu y de su golfo y de sus negocios,

iremos a Curmos, pues cuando se sale de la ciudad de Calatu, a las 300

millas entre maestral y tramontana, se encuentra la ciudad de Curmos; pero

yendo entre maestral y Poniente, a 500 millas se pasa por Quis; mas

dejaremos a un lado Quis para hablaros de Curmos.







- CXCIX -

De la ciudad de Curmos

Curmos es una bella y noble ciudad que está a orillas del mar. La

rige un melic que tiene bajo su mando a otras ciudades y fortalezas. Son

sarracenos y adoran a Mahoma. Hace en esta región un calor sofocante, y

por eso ponen sus casas de manera que pueda darles el viento y las

arreglan en tal forma que recojan todo el aire que puedan. Ya no

hablaremos más de esta ciudad, que tiene los mismos productos que las

demás; nos iremos de aquí hacia la gran Turquía, de la cual deseo hablaros

sin tardar.







- CC -

En donde se habla de la Gran Turquía

La Gran Turquía tiene por soberano a un sobrino del Gran Khan,

llamado Caidu, pues fue hijo del hijo de Ciagati, que era hermano carnal

del Gran Khan. Tiene bajo su mando muchas ciudades y fuertes y es un señor

de mucha consideración. Es tártaro y sus súbditos también son tártaros y

hombres aguerridos y adiestrados en las armas. Caidu no ha oído hablar del

Gran Khan más que por sus hechos de guerra.

La Gran Turquía está hacia maestral cuando se viene de Curmos, como

os hemos dicho ya; se halla situada entre el río Jon y se prolonga hacia

tramontana hasta el imperio del Gran Khan.

Este Caidu ha tenido que habérselas varias veces con las gentes del

Gran Khan. Os hablaré de lo que sembró la discordia entre ellos. Caidu

exigía al Gran Khan la parte de su botín, en la que entraba un trozo del

Mangi y otro de la provincia de Catai. Y el Gran Khan le dijo que le daría

su parte como a sus otros hijos, siempre que quisiera ir a su corte cuando

celebraran los consejos y siempre que él se lo mandara, pues el Gran Khan

quería que le prestara obediencia como sus hijos y demás barones.

Pero Caidu, que no se fiaba de su tío, decía que no quería ir, sino

que le rendiría pleitesía sin moverse de donde estaba, y esto porque tenía

miedo de que le hiciera matar. He aquí el origen del resentimiento que

había entre Caidu y el Gran Khan, que trajo consigo más tarde muchas

contiendas y grandes batallas. Y el Gran Khan vigilaba mucho a Caidu, de

modo que no pudiera hacer incursiones en sus tierras ni molestar a sus

gentes. Pero Caidu entraba, sin embargo, en los dominios del Gran Khan.

Llegó un día en que Caidu, haciendo un esfuerzo, pudo perfectamente

equipar y poner en pie de guerra a unos 10.000 hombres. A su servicio

tenía a varios barones del linaje del emperador. Es decir, de Gengis Khan,

que fue el fundador de la dinastía y del Imperio. De modo que diremos de

cómo peleó repetidas veces el rey Caidu contra la gente del Gran Khan y

cómo se aprestaba para la batalla y para combatir.

Cada hombre solía llevar 60 flechas en su goldre, 30 pequeñas y otras

30 mayores, que tienen el aspa grande y se tiran de cerca y son las que

hieren en la cara y los brazos y sirven para partir las cuerdas de los

arcos, desarmando a los hombres. Una vez que se quedan con el aljaba vacía

después de lanzar estas flechas echan mano a la espada y a la maza y con

ellas dan golpes formidables. Así se arman para la batalla.

En el año 1266 de la Encarnación de Cristo reunió el rey Caidu un

gran ejército, en el cual estaban sus dos primos, uno de los cuales se

llamaba Gesudar, para ir contra dos primos del Gran Khan, que también eran

parientes suyos y que mandaban en tierras del Gran Khan. Uno se llamaba

Cibai y Ciban. Eran hijos de Ciagatai, que fue bautizado y abrazó el

cristianismo, hermano carnal del Gran Khan Cublai. Y, ¿qué os diré? Caidu

y sus gentes combatieron a sus primos, que también iban bien provistos de

arqueros, pues de una parte y otra habría unos 100.000 hombres a caballo.

Pelearon muy duramente y hubo muchas muertes de una parte y de otra. Pero

Caidu venció y los derrotó y sólo pudieron escapar los dos primos con

vida, gracias a sus excelentes caballos.

De este modo les venció Caidu y se llenó de orgullo. Durante dos años

volvió a su país y quedó en paz con el Gran Khan.

Al cabo de dos años reúne el rey Caidu un gran ejército con

muchísimos hombres a caballo. Sabe que en Caracoron está el hijo del Gran

Khan, que se llamaba Nomogan, y con él Jorge, el hijo del Preste Juan.

Éstos también tenían consigo un gran ejército. Entonces mueve Caidu con

sus gentes y se llega de su reino a Caracoron, sin novedad. Pero cuando le

vieron llegar con todos esos hombres de armas, lejos de acoquinarse, se

envalentonaron y se prepararon con todos sus hombres, que alcanzarían la

cifra de 60.000 jinetes, a enfrentarse con él. Tanto anduvieron a su

encuentro que, llegados a 10 millas de distancia, asentaron sus reales. Y

el rey Caidu descansó igualmente para prepararse a la batalla. Al tercer

día cada una de las partes se armó y se prepararon a combatir. Los dos

tenían fuerzas iguales. Tomaron sus posiciones divididos en seis cuadros,

cada uno de 10 hombres a caballo, al mando de un jefe. Y así esperaron la

señal que debían dar las nácaras de los respectivos generales. Porque

habéis de saber que ningún tártaro rompe a pelear sin haber oído la señal

de las nácaras, y tienen costumbre de prepararse a la batalla con cánticos

y música suave, que hacen con sus instrumentos, y así se divierten antes

de entrar en la batalla. Era un encanto oír a estos poderosos ejércitos

cantar y tocar esperando la señal para entrar en la refriega.

Tocaron por fin las nácaras y acudieron a las armas. Entonces

lanzaron las furias de sus flechas y saetas, que caían como lluvia

desoladora y cubrían el aire; viéronse jinetes cuyos caballos se

encabritaban heridos mortalmente. Los gritos y ruidos ensordecedores eran

espantosos; no habría podido oírse ni al dios del trueno. Y así siguió la

batalla terrible, monstruosa, en que se enfrentaban dos enemigos mortales,

y no tardó la tierra en estar cubierta de cadáveres. Agotadas las flechas,

pusieron mano a las mazas y corrieron los unos contra los otros, dándose

terribles machetazos. La batalla era cruel. Los golpes llovían por

doquier. Se veían cercenar manos y brazos y hombres que se revolcaban en

el suelo antes de morir. Y el campo estaba enteramente cubierto de muertos

agonizantes.

Y tanto el rey Caidu, que hizo grandes proezas y confortaba sus

gentes y les animaba, como el hijo del Gran Khan y el nieto del Preste

Juan en el lado opuesto rivalizaban en osadía, valor y arrojo.

Fue una batalla de las más crueles que tuvieron los tártaros y hasta

las vísperas estuvo indecisa, porque cada parte trataba de aniquilar a la

contraria.

Había tantos muertos que daba horror el verlos. Y quedaron muchas

viudas y huérfanos, y otras damas lloraron toda la vida aquel día, y eran

las madres y hermanos de los que murieron.

Cuando el sol estaba en el cenit hubo que hacer tregua y separarse

para descansar. Esto hicieron durante la noche, por las angustias pasadas

en ese día mortal. Y a la mañana siguiente, habiendo oído Caidu que el

Gran Khan enviaba un numeroso refuerzo, se dijo que lo más prudente era

retirarse de nuevo a su reino. Y en cuanto llegó el alba montó a caballo y

se encaminó hacia su tierra con toda su gente.

Y cuando el hijo del Gran Khan y el nieto del Preste Juan vieron que

se marchaba, nada hicieron para detenerle ni para alcanzarle, pues harto

cansados estaban, y le dejaron ir en paz.

Y tanto cabalgaron Caidu y sus huestes, que no pararon hasta llegar

al reino de la gran Turquía, a Samarcanda. Pero ahí no hicieron alto.







- CCI -

Lo que dice el Gran Khan del daño que le hizo Caidu

El Gran Khan estaba enfurecido por el perjuicio que Caidu causara a

sus tierras y a sus gentes, y se dijo que escapaba a la muerte gracias a

que era su sobrino. Pero no quería destruir su propia sangre, y de este

modo Caidu escapó varias veces de las manos del Gran Khan.

Dejaremos ahora este negocio y contaremos de la gran maravilla de la

hija del rey Caidu.







- CCII -

La historia de la hija del rey Caidu, de su fuerza y valentía

El rey Caidu tenía una hija llamada Aigieruc en tártaro, lo que

quiere decir en español Luna clara. Ésta era tan fuerte y garrida, que en

todo el reino no había doncel ni escudero que pudiera vencerla. Su padre

quería casarla y buscarle un marido. Pero ella no quería, diciendo que

sólo se casaría con aquel que la venciera en fuerzas. Y el rey le prometió

que se casaría según su gusto, por especial privilegio.

Y cuando obtuvo el privilegio de casarse a voluntad, sintió una gran

alegría. E hizo publicar un bando para que fuera conocido por todas partes

de sus tierras y reinos que si un mozo quería medir sus fuerzas a las

suyas y la vencía lo tomaría por esposo. Y cuando esta nueva fue llevada a

otras tierras y señoríos, muchos nobles caballeros y señores vinieron a

probar fortuna de la siguiente manera. El rey se reunía en la gran sala

del palacio con las personas de su séquito, las damas y gentiles hombres.

Llegaba la hija del rey vestida con un cendal de seda ricamente bordado;

luego venía el caballero con una fina cota de malla y cendal. La apuesta

consistía en que si el mozo podía vencerla y conseguía echarla al suelo la

tomaría por esposa, y si la hija del rey le vencía le ganaría 100

caballos. Pero por más que se alistaran, a todos les vencía, y de este

modo la damisela había ganado más de 6.000 caballos. Y era maravilla el

verla, porque era tan bien hecha y sus miembros tan grandes y musculosos

que parecía casi una giganta.

Y sucedió que en el año 1280 de la Encarnación de Jesucristo, vino el

hijo de un poderoso rey, que era joven y trajo consigo más de 1.000

caballos para poner a prueba a la hija del rey. El rey Caidu estaba

encantado, porque deseaba darle a la hija por esposa, pues sabía que el

pretendiente era hijo del rey Pumar, e hizo saber secretamente a su hija

que le agradaría se dejara vencer. Pero ella replicó que por nada del

mundo lo haría.

Y llegó el día señalado y se reunieron el rey y la reina y

gentileshombres y damas en la gran sala de palacio. Y se presentaron la

hija del rey y el príncipe, que eran tan hermosos entrambos como jamás se

vio. Y el real mozo tampoco había encontrado hasta entonces quién pudiera

luchar con él. Y cuando los dos se hallaron en mitad de la asamblea

convinieron que si el doncel perdía entregaría sus 1.000 caballos que

había traído para el caso. Y acto seguido el doncel y la damisela se

pusieron a luchar cuerpo a cuerpo. Y todos los que aquello presenciaban

deseaban secretamente que el joven venciese para que fuera el marido de la

hija del rey. Y éste era el deseo más ferviente del rey y de la reina.

Pero sabed en verdad que la aventura llegó a tal punto que la hija

del rey venció al príncipe y lo tiró contra el suelo, y así perdió sus

1.000 caballos y en toda la sala hubo un murmullo de contrariedad. Y el

rey llevó a su hija a muchas batallas, y en la refriega no había caballero

que valiera lo que ella, y más de una vez se metió en el campo enemigo,

cogía un caballero por la fuerza y se lo traía, haciéndole prisionero.

Ya os hemos narrado la historia de la hija del rey Caidu, y dejaremos

esto para proseguir y haceros otra narración. Y os contaremos de otra gran

batalla que tuvo lugar entre el rey Caidu y Argón, el hijo de Abaga, señor

de Levante.







- CCIII -

De cómo Abaga envió a su hijo Argón a la guerra

Sabed que Abaga, señor de Levante, tenía varias provincias y tierras

colindantes con las del rey Caidu. Y para impedir que el rey Caidu

saqueara y arruinara a su gente y su territorio, mandó Abaga a su hijo

Argón con gran cantidad de caballeros y peones hasta el río Jon, en la

comarca del árbol seco. Y allí quedó el rey Argón cuidando sus tierras.

Mas sucedió que el rey Caidu reunió gran número de soldados y nombró

e hizo capitán a un hermano suyo llamado Barac, que era hombre sabio y

prudente. Y Caidu le dijo que deseaba combatiera a Argón. Y a su mandato

Barac y sus hombres se pusieron en marcha y llegaron sin gran contratiempo

hasta el río Jon, a 10 millas del campamento de Argón. Cuando éste oyó que

Barac venía con tanta gente contra él se armó de pies a cabeza en tres

días. ¿Y qué os diré? Cuando fueron bien aparejados y sonaron las nácaras

no demoraron más y fuéronse los unos contra los otros. La lluvia de saetas

oscurecía el cielo. Cuando de una y otra parte hubieron agotado las

flechas, metieron mano a las espadas y a las mazas. Y muchos hombres y

caballos yacían por el suelo y caían manos y brazos; los gritos eran tan

grandes que no se hubiera oído al dios del trueno. Y en pocas horas la

tierra estaba cubierta de hombres muertos o mal heridos, ¿para qué seguir

contando? Sabed que Barac y sus hombres no pudieron resistir la fuerza de

Argón, escaparon con sus gentes y se fueron allende el río, y Argón y sus

gentes les perseguían matándoles en gran cantidad.

Y así se decidió la batalla tal como la habéis oído, y tocó la mejor

parte a Argón. Y ahora os diré cómo Argón heredó la señoría a la muerte de

su padre.







- CCIV -

De cómo Argón heredó la señoría de su padre

Cuando Argón hubo vencido a Barac supo al poco tiempo que su padre

Abaga había muerto.

Fue grande su desolación y preparó a todo su ejército para retirarse

y emprender el regreso a la corte de su padre y entrar en posesión del

señorío. Pero estaba a cuarenta jornadas de marcha.

Y sucedió que un hermano de Abaga, que se llamaba Acomat Soldán y que

se había hecho musulmán, cuando oyó que su hermano Abaga había muerto se

dijo que podía usurparle el poder a Argón, puesto que estaba lejos. Y se

preparó con gran cantidad de gentes y fue directamente a la corte de

Abaga, se apoderó del mando y se hizo señor. Allí encontró una gran

cantidad de tesoros, y diola tan generosamente y con tanta largueza a sus

barones y caballeros, que todos se dijeron que era un soberano bueno y

dadivoso. Y todos le querían y tenían admiración. Acomat Soldán regía bien

sus tierras, trataba de contentar a todos; sin embargo, hizo también una

fea acción que muchos le reprobaron: cogió para él a todas las mujeres de

su hermano Abaga y las hizo suyas.

Y no tardó mucho tiempo en saber que Argón venía a su encuentro con

gran cantidad de gentes. No mostró, sin embargo, sorpresa y llamó a sus

barones y adictos, y en una semana reunió a gran cantidad de soldados que

se armaron contra Argón y juraron que no tenían más deseo que matarle y

hacerle sufrir el martirio.







- CCV -

De cómo Acomat va con su ejército para combatir a Argón

Cuando Acomat Soldán hubo reunido 60.000 hombres a caballo, se

pusieron en camino al encuentro de Argón. Cabalgaron diez jornadas, y no

pararon de cabalgar hasta que oyeron que Argón ya estaba en las cercanías

y a cinco jornadas con tanta gente como tenían ellos. Entonces Acomat

sentó sus reales en una gran llanura muy bella, y allí dijo que esperaría

que Argón llegara, porque allí era buen sitio para combatir. Una vez

llegadó al lugar y preparado el campo hizo reunir a toda su gente y les

habló de la siguiente manera: «Señores -dijo-, ya sabéis que tengo derecho

a ser el jefe de lo que era mi hermano, porque fui hijo de su padre y

conquisté reinos y provincias que forman parte de nuestro patrimonio. Es

verdad que Argón fue hijo de mi hermano y el poder le viene por derecho

propio. Pero eso no es razón; puesto que su padre gozó tanto de la

soberanía, es justo que yo la tenga ahora. Porque en vida hubo de darme la

mitad, pero por bondad de corazón le dejé enteramenteel mando. Y ya que es

así, ayudadme a defender mi derecho contra mi sobrino Argón y que el reino

nos quede a nosotros. Porque no sólo quiero que tengáis honra, sino

provecho. Y no os digo más, pues ya sé que haréis cuanto esté en vuestro

poder para asistirme.» Y le contestaron a una que mientras tuvieran un

hilo de vida combatirían por él, aun en contra de Argón. Y ahora volvamos

a Argón y a sus gentes.







- CCVI -

De cómo Argón reunió en Consejo a sus barones para pelear contra Acomat

Cuando Argón supo que Acomat lo esperaba con tanta gente en el campo,

fue grande su enojo; pero se dijo que no convenía que ellos creyeran que

les temía, y quiso mostrarse esforzado y valiente. Reunió a sus barones y

consejeros, y cuando les hubo reunido en gran asamblea en su pabellón

-pues hablan acampado en lugar muy hermoso-, les dirigió la palabra de

esta manera: «Hermanos míos y amigos: ya sabéis que durante el reinado de

mi padre os amé como a hermanos y a hijos y sabéis también que en muchas

batallas le ayudasteis a conquistar sus tierras. Ved a su hijo, que es el

que tanto os quiere, pues yo os amo como a mi propio cuerpo. Y ya que es

así, debéis ayudarme contra el que quiere despojarme del reino; ya sabéis

que no es de los nuestros ni obedece a nuestra ley, pues es sarraceno y

adora a Mahoma. Y no es cosa digna el que un sarraceno tenga el dominio

sobre los tártaros. Por todas estas razones, hermanos míos y amigos,

debéis tomar a pecho que esto no suceda, y le ruego a cada uno que sea

valiente y quiera pelear con tanto arrojo que ganemos la batalla y el

poder nos quede a nosotros y no al sarraceno, porque de nosotros es el

poder y no de ellos. No os digo más, pero os pido reflexionéis para

ayudarme.» Y aquí calló, y no añadió palabra.







- CCVII -

De cómo respondieron los barones de Argón

Cuando los barones oyeron las palabras de Argón dijéronse que

morirían antes que no conseguir vencer por sus esfuerzos. Uno de los

barones más importantes se levantó y habló así: «Señor nuestro, ya sabemos

qué razón tenéis en decir cuanto habéis dicho, y no flaquearemos en la

batalla; antes moriremos que nos venzan y seremos tan valientes que todas

han de hablar de nuestro arrojo.» Se calló, y no hubo ni uno sólo que

quisiera añadir palabra, pero todos estaban de acuerdo con él y no

deseaban más que una sola cosa: verse peleando en la batalla. Y en

llegando el alba Argón y sus gentes se levantaron y marcharon, y tanto

cabalgaron hasta llegar a una llanura donde se hallaban sus enemigos.

Cuando llegó Argón cogió a dos de sus barones y los envió a su tío

para que le dijeran lo que os voy a relatar.







- CCVIII -

De los emisarios que Argón envió a Acomat

Cuando estos sabios barones se despidieron de su señor, fueron los

dos a caballo al campamento donde estaba la tienda de Acomat, rodeada de

numerosa escolta. Acomat los conocía muy bien, y ellos también a Acomat.

Saludáronle por cortesía, y Acomat les dio la bienvenida y los invitó a

pasar a su pabellón.

Entonces uno de los dos barones se levantó y dijo: «Señor muy

ilustre: Vuestro sobrino Argón está muy extrañado de lo que habéis hecho

contra él; no es, por cierto, una buena acción y no la habéis hecho como

buen tío a un buen sobrino, pues le habéis despojado de su reino. Por eso

os manda y os suplica dulcemente, más que a un tío como a un padre, por el

cual os tiene, de no seguir este camino y que no haya batalla ni mal

entendido entre vosotros. Os repite, por tanto, que os tendrá el respeto

de un padre y seréis señor de su tierra. Esto es lo que os manda y dice

por medio de nosotros.» Y se callaron, y no añadieron palabra.







- CCIX -

De cómo Acomat contestó a los emisarios

Y cuando les hubo oído, respondió: «Señores emisarios: Mi sobrino no

está en la razón, porque la tierra me pertenece y no es de él, pues yo la

conquisté en unión de su padre. Si él quiere, yo le haré gran señor y le

daré tantas tierras como si fuera mi propio hijo, y será en mi reino el

primer barón después de mi persona, y si así no quiere, haré todo lo

posible por matarle. Id y decidle esto a mi sobrino.» Y los dos ancianos

no quisieron oír más y se pusieron en camino hasta llegar aprisa al campo

de su señor.

Al regreso dijeron a Argón lo que habían oído de boca de su tío. Oyó

lo que aquél pretendía y la ira encendió su rostro, y dijo en alta voz a

los que le escuchaban: «No tardemos más, pero vamos a matar a los

traidores; mañana daremos el asalto para confundirlos.» Y toda la noche se

prepararon, Acomat Soldán, que lo sabía por sus espías, se preparaba

también y amonestaba a sus hombres para que estuvieran listos.







- CCX -

De la gran batalla entre Argón y Acomat

Y después de haber hablado a sus hombres se puso en camino hacia sus

enemigos.

Cuando las huestes se encontraron frente a frente, hubo un choque

violento en que temblaba la tierra. Argón hizo mil proezas para dar a su

gente el buen ejemplo, pero de nada le sirvió; la fortuna le había vuelto

la espalda y la derrota fue inmensa para él. Agotadas las saetas, muertos

sus hombres y el campo sembrado de cadáveres, no pudiendo soportar tal

horror, empezaron a huir, perseguidos por sus enemigos, que los mataban a

porfía.

Por fin cogieron prisionero a Argón. Acomat hizo encadenar a su

sobrino y le hizo guardar severamente.

Y Acomat, que era hombre sensual, se dijo que iría a holgarse entre

las bellas mujeres que tenía y dejó al frente del ejército a un melic, al

cual le confió la custodia de Argón, diciendo que cuidara de él como de la

niña de sus ojos. Y se volvió a la corte por pequeñas etapas para no

cansar a su gente. El melic le dijo que sería obedecido, y Acomat se puso

en camino con numerosa compañía.

Dejó Acomat a la sazón al melie mandando al ejército en su lugar.

Argón quedó prisionero, tan maltrecho y doliente que hubiera deseado

morir.







- CCXI -

De cómo concertaron los barones de que Argón recobrara su libertad

Y aconteció que un esforzado barón, muy anciano y venerable, se

apiadó de Argón, y se dijo que era gran felonía y agravio el tener a su

señor prisionero y que haría lo posible para librarle, y fue a dar estas

razones a otros barones. Éstos, que sabían que era un hombre prudente y de

buenas entrañas, oyeron sus concertadas razones y se pusieron de acuerdo

para decir que harían su voluntad. Decidido lo cual, Boga, que es el que

había dispuesto, y con él Elcidai y Togan, Tegana, Tagatiar, Ulatai y

Samagar, se fueron al pabellón en donde Argón se hallaba encadenado. Y en

su presencia, Boga, que era el jefe, habló de esta manera: «Señor,

reconocemos abiertamente que hemos obrado mal haciéndoos prisionero; hemos

venido a deciros que, arrepentidos, os queremos dar la libertad y que

seréis nuestro señor.» Y Boga calló.







- CCXII -

De cómo Argón fue libertado

Cuando Argón hubo oído las palabras de Boga creyó que se trataba de

una burla, y contestó dolorido y recio: «¡Gran pecado cometéis en burlaros

de mí! Bien maltrecho me veo por vuestra culpa y bien puedo quejarme de

vosotros, que deberíais honrarme como a vuestro señor y me habéis cargado

de cadenas y os habéis atrevido a dejarme sin libertad. Habéis cometido,

por cierto, gran pecado; id y dejadme en paz y no vengáis a hacerme

escarnio.» «Señor -replicó Boga-, sabed que no nos burlamos de vos.» Y le

juraron que le tomarían por señor, y Argón prometió no tomarles en cuenta

sus malos tratos y que los querría como Abaga, su padre. Y después de

cambiar estas promesas, le quitaron las esposas y le honraron como a su

señor.Ordenó que tiraran desde el pabellón tantas flechas hasta matar al

melic que le tenía prisionero y que era el jefe del ejército. A estas

palabras tantas flechas partieron de la tienda de Argón hasta alcanzar al

melic, que murió. Y Argón recuperó el poder y fue por todos obedecido. Y

el melie que perdió la vida tenía por nombre Soldán y era el señor

principal después de Acomat.

Y de esta manera fue cómo Argón recobró sus dominios.







- CCXIII -

De cómo Argón recobró la soberanía

Cuando Argón se vio reintegrado en su dignidad y dueño y señor de

todo, mandó que se encaminaran hacia la corte.

Sucedió a la sazón que un día que Acomat se hallaba en la corte, en

su palacio principal, celebrando gran pompa y jolgorio, llegose un

mensajero y le dijo: «Señor, os traigo malas nuevas, y no tales como

quisiera traeros; sabed que los barones han libertado a Argón,

reconociéndole como señor y dueño, y que han matado a nuestro amigo

Soldán. Ya vienen para prenderos y mataros, y decid lo que habéis de hacer

para evitarlo.» El mensajero calló, y cuando Acomat hubo oído sus razones,

teniéndole por leal y buen vasallo, se quedó anonadado y le entró mucho

miedo. Ya no sabía qué hacer ni decir. Pero en seguida, como era valiente

y osado, se rehizo y le dijo al mensajero que no fuera indiscreto y no

platicara de esto con nadie. Y Acomat montó su corcel, y acompañado por

sus hombres de confianza, se puso en camino y fue a ver al sultán de

Babilonia, pues cerca de él se daba por seguro.

Mas llegado que hubo a seis jornadas, se metió por un desfiladero,

pues otro no había, y el que guardaba el paso reconoció a Acomat y vio que

huía. Se dijo que lo haría prisionero, lo que era fácil no llevando Acomat

más que mísera escolta. Y sabed que le arrestó el centinela. Al cogerle

por la brida de su caballo, Acomat le pidió gracia y le ofreció un gran

tesoro si le dejaba escapar. Mas éste, que quería a Argón con todo cariño,

dijo que no valían promesas ni aunque le ofrecieran todos los tesoros del

mundo; que lo entregaría a su señor, Argón. Y hecho esto, se puso en

camino hacia la corte, llevando a Acomat consigo, cuidando de no perderle

de vista para que no huyera. Y cabalgaron sincesar hasta llegar a la

corte, en donde encontraron a Argón, que había llegado hacía tres días tan

sólo, contrariado de que Acomat se le hubiera escapado.







- CCXIV -

De cómo Argón hizo matar a su tío Acomat

Y cuando el hombre que guardaba el paso llegó, trayendo a Acomat

prisionero, sintiese Argón tan gozoso que jamás probara mayor alegría.

Dijo a su tío que lo vela en mala hora y que haría de él lo que era en

justicia, y mandó le quitaran de en medio y le dieran muerte.

Y el que recibió esta orden se llevó a Acomat a sitio donde nunca más

le volvieron a ver. Y le hizo matar y precipitar donde nadie pudiera

encontrar su cuerpo.

De esta manera se resolvió la contienda que traían Argón y su tío

Acomat.







- CCXV -

Del pleito homenaje que rindieron los barones a Argón

Hecho esto, Argón se sintió dueño de su palacio y seguro de su

señoría, y los barones y vasallos de Abaga, su padre, vinieron a rendirle

homenaje. Y Argón envió a su hijo Casan con 30.000 hombres a caballo a la

tierra del árbol seco para salvaguardarla y proteger a sus súbditos.

Y tal como lo habéis oído, recobró Argón sus dominios y fue en el año

1286 de la Encarnación de Cristo, habiendo Acomat Soldán usurpado el poder

durante dos años.

Argón reinó seis años y al cabo de ellos murió de enfermedad, aunque

algunos suponen que murió envenenado por un brebaje maligno que absorbió.







- CCXVI -

De cómo Cuiaratu tomó el poder después de la muerte de Argón

Después de la muerte de Argón, un tío suyo, hermano carnal de Abaga,

llamado Cuiacatu, tomó el mando de la señoría, y esto pudo hacerlo porque

Casan, el heredero, se hallaba muy lejos, en la región del árbol seco. Y

Casan supo que su padre había muerto y que Cuiacatu le había arrebatado el

poder. Lloró al saber la muerte de su padre, y más le afligió la pérdida

del reino. No se podía mover por causa de sus enemigos, pero juró tomar

venganza, como su padre lo hizo con Acomat. Cuiacatu tomó por esposa a la

mujer de Argón, su sobrino. Amaba mucho a las mujeres y se recreaba en

ellas, siendo muy voluptuoso. Reinó durante dos años, pero al cabo de

ellos murió envenenado por un brebaje.







- CCXVII -

De cómo Baidu tomó la señoría después de Cuiacatu

Después de muerto Cuiacatu, su tío Baidu, que era cristiano, tomó la

señoría del reino. Y esto fue en el año 1294 de la Encarnación de Cristo,

y todos le obedecieron, salvo los que estaban con Casan. Cuando Casan supo

de la muerte de Cuiacatu, montó en cólera por no poder tomar venganza del

agravio que éste le había hecho; mas se dijo que de Baidu haría tal

escarmiento que el mundo entero hablaría de ello. Y se preparó con toda su

gente y fuese al encuentro de Baidu a rescatar su reino. Enterado Baidu

del avance de su sobrino, juntó a cuantos pudo y se apostó en plan de

batalla a diez jornadas de él. Sentó sus cabales y esperó a Casan y a sus

huestes para combatirlas. Y alentó con su palabra a sus secuaces para

animarles a la lucha.

Al cabo de dos días llegó Casan con su gente y la batalla comenzó,

encarnizada y terrible; pero al poco tiempo los que estaban con Baidu se

volvieron contra él y fue derrotado y deshecho. Y Casan, victorioso, quedó

dueño y señor de todo el reino y todos los barones le juraron fidelidad y

le rindieron pleito homenaje como a su señor y rey.

Y comenzó a reinar el año 1294 de la Encarnación de Cristo nuestro

Señor. Ahora habéis oído todos los hechos que acaecieron desde Abaga hasta

Casan, y sabed que Alan, que conquistó Abaudac, era hermano de Cublai, el

Gran Khan, y de él es de quien descienden todos los que os he mentado,

pues fue el padre de Abaga, y Abaga el padre de Argón, y Argón de Casan,

que es el que reina al presente.

Dejaremos los tártaros de Levante y hablaremos de la Gran Turquía, de

la cual ya hablamos cuando os contamos de Caidu, que es su rey. De modo

que proseguiremos más adelante.







- CCXVIII -

Del rey Canci que reina en tramontana

Hacia tramontana hay un rey llamado Canci; es tártaro y sus gentes

son tártaras también; se rigen por la ley de este pueblo, que es muy ruda

y bestial; pero la observan como Gengis Khan y los demás la observaron.

Tienen un dios de fieltro que se llama Nacigai. Le prestan mujer y

dicen de la pareja divina que son los dioses de la tierra y guardan al

ganado y al trigo y todos los bienes terrestres. Los invocan

constantemente, y cuando catan algún buen bocado se lo introducen en la

boca para hacerles participar a los dioses de lo que comen. Viven como

animales y no están sometidos a ninguna ley. Es verdad que Canci es de la

estirpe de Gengis Khan, es decir, del linaje imperial y por su alcurnia es

pariente próximo del Gran Khan. Este rey no tiene ni ciudades ni

fortalezas, pero vive en el llano y la montaña. Sus gentes se nutren de

leche y de carne. Son muy numerosos, pero pacíficos, y no buscan pendencia

con nadie.

Tienen gran cantidad de ganados: camellos, caballos, bueyes, corderos

y otros animales. Existen allí también grandes osos blancos, que son del

tamaño de 20 palmos; zorros negros y grandes; cebellinas, de las cuales se

hacen pieles preciosas; ratas de Faraón en gran cantidad, con las cuales

se alimentan durante el verano. Tienen toda especie de animales salvajes

porque moran en sitios intransitables y raros.

Y este rey posee una región donde no puede vivir el caballo; es un

país donde hay lagos y manantiales, pero el hielo y el cieno son tan

considerables que los caballos no pueden andar. Y esta región es de trece

jornadas de extensión. Y en cada jornada se encuentra una posta y un mesón

donde el viajero se puede albergar. En éstas hay lo menos 40 perros

mastines grandes como pollinos, y son estos perros los que transportan los

correos de un sitio a otro. Ya os dije que en estos parajes no podía

usarse el caballo por el hielo, el cierzo y el barro, como tampoco las

carretas de ruedas; por esta razón han hecho trineos sin ruedas, que van

sobre el hielo y en el fango y no se hunden demasiado en él. En nuestra

tierra hay trineos semejantes a éstos con los cuales se trae el heno y la

paja en invierno cuando hay lluvia y lodo. En estos trineos ponen pieles

de oso y la estafeta monta en ellos y tiran de ellos los perros de que os

he hablado. A estos perros no ha menester guiarles: ellos van solos hasta

la próxima posta y tiran muy bien del trineo. Y así van de una posta a

otra y los perros la llevan por el camino más recto y mejor. Cuando la

estafeta llega al otro puesto ya encuentra listos a otros perros que

llevan en el trineo más adelante. Y los que le llevaron le vuelven a

traer, y así sucede en todo el viaje.

Los hombres que viven en estos llanos y valles son muy cazadores.

Apresan piezas de gran precio, de las cuales sacan mucho provecho, y éstas

son: cebellinas, armiños, martas, herculinos y otros animales, los cuales

les surten de preciosas pieles de gran estimación y valor. Tienen trampas

de las cuales no escapa ni uno. Por causa del frío intenso viven en casas

subterráneas. Y como ya no hay nada digno de mencionar, seguiremos nuestra

narración y nos ocuparemos de un lugar donde reina la oscuridad.







- CCXIX -

En donde se trata de la provincia que está en la oscuridad

Es verdad que antes de este reino hacia tramontana hay una provincia

llamada La Oscuridad, porque siempre reinan en ella las tinieblas; no hay

ni sol, ni luna, ni estrellas, pero sí una oscuridad como a primeras horas

de la noche. Esta gente no tiene señor y viven como animales. Los tártaros

los frecuentan a veces del modo que os contaré.

Los tártaros penetran en ella montados en yeguas y atan a sus

potricos en el camino para.que las yeguas vuelvan otra vez donde están sus

hijos y no yerren el camino. Los tártaros roban y hurtan lo que pueden y

lo cargan en sus yeguas, que vuelven aprisa en busca de sus mamones y no

equivocan el camino.

Tienen pieles de gran valor: cebellinas, zorros negros, martas y

armiños. Todos son cazadores y reúnen tal cantidad de estas pieles que es

maravilla, y los vecinos que viven en la luz se las compran y con ello

acumulan riquezas. Estos hombres son muy grandes y buenos mozos, pero

pálidos y sin color. Y sabed que la Rusia Mayor confina en el Norte con

esta provincia.

Y no hay nada notable ya que mentar y seguiremos adelante hablándoos

de la provincia de Rusia.







- CCXX -

En donde se habla de la gran provincia de Rusia y de su gente

La Rusia es una gran provincia del Norte. Son cristianos y observan

la ley de los griegos. Tienen varios reyes y un idioma propio. Son gente

muy sencilla, pero hermosos varones y bellas mujeres blancas y rubias.

Tienen desfiladeros estrechos y fortificados. No pagan tributo a nadie,

exceptuando a un rey tártaro de Poniente que se llama Toctai. Pero éste no

cobra casi nunca, pues no es tierra que se dedica al comercio. Es verdad

que tienen pieles en cantidad, de gran valor y las más bellas del

universo. Tienen muchas minas de plata. Y no hay cosa ya digna de

mencionar, y por eso nos iremos de Rusia para hablaros del Gran Mar y de

las provincias que le rodean y en primer lugar de Constantinopla.

Pero antes dejad que os cuente de una provincia entre tramontana y

maestral. En esta región se halla una provincia llamada Lac, que confina

con Rusia y es gobernada por un rey. Y son sus habitantes cristianos y

sarracenos. Hacen el tráfico de pieles, que transportan por todo el mundo.

Viven del comercio y de la industria.

Nos alejaremos de aquí porque ya no hay nada digno que contar; mas

antes os diré algo sobre Rusia.

En Rusia hace el mayor frío del mundo, de tal suerte que en invierno

apenas puede uno escapar con vida. Es tan extensa esta provincia, que

llega hasta el Océano. En este mar hay islas en donde nacen los halcones

peregrinos, en tanta cantidad, que los llevan a todas partes del mundo. Y

de la Rusia a Oeste no hay muchos caminos, y si no fuera por el frío, se

podría ir a ella fácilmente. Pero dejemos esto y hablemos de la Mar

Grande, pues hay muchos mercaderes y navegantes que la conocen, pero otros

no, y por eso es necesario dejarlo escrito. Y empezaremos por la boca o

estrecho de Constantinopla.







- CCXXI -

En donde se habla del estrecho del Mar Grande

En la embocadura del Mar Grande, hacia Poniente, hay una montaña

llamada el Far. Pero muchos conocen este mar, y es preferible hablemos de

los tártaros de Poniente y de los señores que lo gobiernan.







- CCXXII -

De los reyes de los tártaros de Poniente

El primer señor de los tártaros de Poniente fue Sain, grande y

poderoso señor. Este rey Sain conquistó la Rusia, la Comania, la Alania,

Lac, Mengiar, Çic y Gutia y Gaçaria. Todas estas provincias conquistadas

por el rey Sain estaban sujetas a Acomaiz, pero no tenían unidad y por eso

perdieron sus tierras y fueron arrojados por el mundo, y los que quedaron

son siervos de este rey Sain.

Después del rey Sain reinó el rey Patu; después de Patu reinó el rey

Berca, y después de Berca reinó el rey Mongutemur, y después de Mongutemur

reinó el rey Totamongu, y luego vino Toctai, que es el que reina al

presente.

He aquí la nomenclatura de los reyes tártaros de Poniente. Y

hablaremos de la gran guerra que hubo entre Alan, señor de Levante, y

Berca, señor de Poniente, y el origen de esta guerra.







- CCXXIII -

De la guerra que surgió entre Alan y Berca y de las batallas que libraron

En el año 1261 de la Encarnación de Cristo surgió una gran discordia

entre el rey Alan, señor de los tártaros de Levante, y el rey Berca, rey

de los tártaros de Poniente. Y esto fue por si una provincia pertenecía al

uno o al otro, pues cada uno pretendía tener derecho a ella y ninguno la

quería ceder al otro. Se declararon la guerra y cada uno decidió

apoderarse de ella por la fuerza y se prepararon para la lucha.

Y así que se hubieron desafiado, en seis meses reunieron 300.000

hombres y se aprestaron a la lucha según sus costumbres.

Cuando estuvo listo Alan, señor de Levante, se puso en camino con

toda su gente y cabalgaron hasta llegar a una llanura entre la Puerta de

Hierro y el mar de Saray. Y aquí desplegó sus fuerzas en orden de batalla.

Y había ricos pabellones y tiendas de campaña. Bien se veía que era un

campamento de ricos hombres. Allí quedó aguardando a que Berca viniera a

su encuentro y esperó al enemigo. Y dejemos a Alan y sus gentes y volvamos

a Berca.







- CCXXIV -

De cómo Berca y sus huestes encuentran a Alan

Y cuando el rey Berca hubo aparejado y reunido sus huestes y enteróse

de que Alan había partido a su encuentro con las suyas, se dijo que ya no

podía tardar y se puso en camino cabalgando tanto, hasta llegar al llano

donde le esperaban sus adversarios. Y a diez jornadas de Alan alzó sus

tiendas de campaña, y este campamento era tan hermoso como el de Alan,

pues tenía sus tiendas recubiertas de gualdrapas de oro y ricas telas

bordadas, de modo que jamás viose tanta riqueza en el campo de batalla, y

tenía Berca más gente que Alan, pues había reunido a más de 350.000

hombres.

Al tercer día Berca llamó a sus hombres y les dijo: «Señores míos: Ya

sabéis que desde que vine a esta tierra os he querido como hermanos y a

hijos y varios de entre vosotros habéis peleado conmigo y me habéis

ayudado a conquistar una gran parte de mi reino, así que debéis esforzaros

en mantener nuestro honor. Ya sabéis que Alan se quiere batir con nosotros

sin razón, ésta es la verdad; por consiguiente, tenemos derecho a

mantenernos y darnos aliento los unos a los otros; así ganaremos la

batalla. Somos en mayor número, pues ellos no tienen más que 300.000

hombres a caballo y nosotros tenemos 350.000, tan buenos como los de

ellos, o mejores. No os diré más, pero cada cual esté en su puesto y se

prepare a vencer y hagamos que en el porvenir todo el mundo nos tenga

miedo.» A estas palabras calló Berca, y ya os hemos contado cómo llevaba

su negocio. Ahora os contaremos de Alan y su gente, de cómo se preparaban

sabiendo que Berca y sus hombres estaban próximos.







- CCXXV -

De cómo Alan habla a sus gentes

Cuando Alan tuvo la seguridad de que Berca llegaba con gran número de

gentes reunió a su Consejo y a sus más respetables barones y dignatarios,

y cuando estaban aunados les habló de la siguiente manera: «Hermanos míos,

hijos y amigos: Toda la vida me habéis asistido y hemos ganado muchas

batallas, y por eso os traigo a combatir contra la gente del temible

Berca. Ya sé que su ejército es más numeroso que el mío y sabemos por

nuestros espías que llegarán a la batalla dentro de tres días; ya me tarda

en venir a las manos, y ruego a cada uno de vosotros que esté bien

preparado para ese día y que me asistáis como de costumbre. Y una sola

cosa os voy a recordar: que más vale morir en el campo de batalla para

guardar su honor, hasta si hemos de ser derrotados. Pero que cada cual

salve su honor y que el enemigo sea muerto y vencido.» Así habló Alan a

sus gentes.

Y esperaron que llegara el día de la batalla. Y cada partida se

aparejó lo mejor que pudo en todas las cosas que le eran necesarias.







- CCXXVI -

De la gran batalla que hubo entre Alan y Berca

Y cuando los dos grandes reyes con todas sus gentes se encontraron

cerca, esperaron para comenzar la batalla que se hicieran oír las nácaras.

Y de pronto sonaron, y en cuanto las oyeron no pararon mientes, mas se

fueron con furor los unos contra los otros. Empuñaron los arcos, tiraron

las saetas y había que verlas volar cubriendo todo el aire. Los hombres

morían y caían de sus caballos, y no podía ser por menos con la cantidad

de flechas que cruzaban el aire. Y ¿para qué extenderme?, no cesaron de

tirar las flechas hasta que el suelo se cubrió completamente de muertos y

heridos. Luego empuñaron las espadas y las mazas; corrieron asestando

golpes mortales. Y la batalla fue de las más crueles que jamás se han

visto. Caían brazos, manos y cabezas. Los hombres tropezaban con sus

caballos muertos, que yacían en el suelo. Y murieron tantos, que en mala

hora empezó esa batalla. Los gritos eran aterradores, que hubieran

cubierto el ruido del trueno. Los muertos cubrían la tierra, que estaba

roja de sangre, pues os repito que desde antiguo no hubo en el mundo una

batalla donde murieron tantos hombres como en ésta. Y eran tantos los

gritos y las imploraciones de los heridos de muerte, que daba lástima

oírlos. Y cierto es que en mala hora empezó esta batalla de una parte y

otra, porque muchas mujeres quedaron viudas y muchos niños huérfanos.

El rey Alan, que era sabio, prudente y esforzado, se portó tan bien

en la contienda que bien se veía que era hombre destinado a mandar y a

ceñir una corona. No hubo proeza de que no fuera capaz. Confortaba a su

gente y, viéndole, todos se inflamaban de nuevo ardor, y era cosa grande

verle, porque no parecía un hombre, sino el mismo trueno.

Y de esta manera se portó Alan en la batalla.







- CCXXVII -

De cómo Berca se porta heroicamente

El rey Berca también era valiente, pero de nada le valió, pues tuvo

tantos muertos y heridos que ya no lo podían soportar, y al caer de la

tarde empezaron a huir. Cuando Alan vio que el enemigo huía se puso a

perseguirle con sus caballos, matando y aniquilando cuanto encontraba al

paso. Y al poco rato de haberles perseguido volvieron rienda y se fueron

al campamento a deponer las armas. Los heridos se hicieron lavar y vendar,

y estaban tan hartos de la pelea, que ya no podían más. La noche vino y

descansaron, y cuando Alan recorrió su campamento recomendó que quemaran

los cadáveres amigos y enemigos. Y en seguida ejecutaron sus órdenes. Y a

la mañana siguiente Alan volvió a sus tierras con todos los

supervivientes, pues entre los que habían ganado la batalla había también

muchos muertos, y no digamos en el campo de los vencidos, que fue tan

grande el número que no se podían contar. Y tal como habéis oído sucedió

esta batalla y fue victorioso el rey Alan. Os contaremos ahora de otra

batalla que hubo entre los tártaros de Poniente.







- CCXXVIII -

De cómo Totamangu fue señor de Poniente

En verdad, un señor de los tártaros de Poniente, que se llamaba

Mongutemur, murió, y la señoría recayó en Tolobuga, que era joven

bachiller. Y Totamangu, que era un hombre poderoso, mató a Tolobuga con la

ayuda de otro rey tártaro que se llamaba Nogai.

No reinó mucho tiempo y murió, y Toctai fue elegido señor. Era hombre

prudente y avisado y regía la señoría de Totamangu. Y sucedió en ese

tiempo que dos hijos de Tolobuga -el que había sido asesinado- crecieron y

llegaron a ser hombres aguerridos, sabios y valientes. Los dos hermanos se

pusieron en camino y se prepararon para ir a la corte del rey Toctai.

Llegados que fueron a la corte, se presentaron ante él, poniendo rodilla

en tierra. Toctai les dijo que eran los bienvenidos, y los hizo levantar.

Entonces el primogénito tomó la palabra y dijo: «Magnífico señor: Os diré

por qué hemos venido; en verdad somos los hijos de Tolobuga, que fue

muerto por Totamangu y Nogai. A Totamangu ya no se le puede alcanzar

porque murió, pero reclamamos a Nogai y os pedimos sostenernos contra él,

como señor conocedor de la justicia, pues asesinó a nuestro padre. Os

pedimos hacerle venir ante vos y pedirle razón de la muerte de nuestro

padre. Y he aquí por qué venimos a esta corte.» Y el joven se calló y no

añadió palabra.







- CCXXIX -

De cómo Toctai manda venir a Nogai para pedirle cuenta de la muerte de

Tolobuga

Cuando Toctai oyó lo que el joven le dijo, que sabía era la verdad,

le contestó: «Mi buen amigo: Lo que tú me mandas que haga y deseas le pida

cuenta a Nogai, lo haré con mil amores. Le haré que venga ante mí a la

corte y veremos lo que la razón nos sugiere.»

Y Toctai envió a dos emisarios a Nogai, mandándole venir a su corte

para dar cuenta y razón a los hijos de Tolobuga de la muerte de su padre.

Y cuando los enviados del rey dijeron a Nogai la embajada que traían, se

burló de ellos y dijo que no iría a la corte. Los enviados del rey se

volvieron a la corte de su señor y le trajeron la respuesta de Nogai.

Cuando Toctai oyó tal impertinencia, se encolerizó y dijo a todos los que

le rodeaban y podían oírle: «Si Dios me ayuda, o Nogai vendrá aquí para

dar satisfacción a los hijos de Tolobuga, o yo iré contra él con toda mi

gente.» Y volvió a enviar a otros dos embajadores con las palabras que

oiréis.







- CCXXX -

De cómo Toctai envía otro mensaje a Nogai

Los dos mensajeros a quien Toctai había confiado la misión se

pusieron en camino y llegaron a la corte de Nogai. Se presentaron ante él,

y saludando cortésmente le hablaron en estos términos: «Señor: Toctai os

manda decir que si no venís a la corte a dar satisfacción a los hijos de

Tolobuga, vendrá él con su gente contra vos y os hará todo el daño que

pueda; decidid lo que hayáis de hacer y contestadnos.» Mucho disgustó a

Nogai lo que Toctai le mandaba decir, y contestó airado: «Volved a vuestro

señor y decidle que no le temo ni a él ni a sus gentes y no esperaré que

venga a mi tierra, mas iré yo mismo a su encuentro.» Y cuando esto oyeron

cabalgaron a toda prisa para llevar a su señor las palabras de Nogai.

Y viendo que la guerra se hacía inevitable, mandó Toctai aviso a sus

gentes para que se alistaran con el fin de ir contra Nogai, e hizo grandes

preparativos. Cuando Nogai tuvo la certeza de que Toctai le venía al

encuentro, preparó sus caballos y sus gentes; pero no era tan poderoso

como Toctai y tenía muchos menos soldados; sin embargo, se armó cuanto

pudo. Esto le valió el ser más tarde grande y poderoso.







- CCXXXI -

De cómo Toctai fue al encuentro de Nogai

Cuando Toctai estuvo pronto, se puso en camino con sus gentes y

aparejó lo menos 200.000 hombres a caballo. Cabalgaron sin novedad hasta

llegar a la llanura de Nerghi, que era anchurosa y bella, y esperó allí a

Nogai porque sabía que éste venía a su encuentro. Los dos hijos de

Tolobuga llevaban también muchos hombres a caballo y armaron muchas

compañías para vengar la muerte de su padre.

Pero dejemos a Toctai y su gente y volvamos a Nogai y sus huestes. Se

puso en camino con 150.000 hombres, la flor y nata de valientes caballeros

y hombres de armas, más aguerridos que los de Toctai. Y al cabo de dos

días llegó con su gente y sentó el campo a 10 millas del enemigo.

Y el campo era rico en tiendas de paño de oro, y brocateles,

gualdrapas bordadas, y bien se veía que era el campamento de un gran rey.

Y cuando llegaron en el llano de Nerghi descansaron para el día de la

batalla.







- CCXXII -

De cómo Toctai habló a su gente

Cuando el rey Toctai hubo reunido a su gente, les hizo el discurso

siguiente: «Señores: Hemos venido hasta aquí a batirnos contra el rey

Nogai y sus hombres; lo hemos hecho con razón, porque no ha querido dar

satisfacción a los hijos de Tolobuga. Como estamos en la razón, conviene

seamos vencedores en la batalla y que el malvado perezca. Os pido que

seáis esforzados y valientes para que podamos ver la muerte y destrucción

del enemigo.»

Por otro lado, el rey Nogai habló a su gente de la manera que vais a

oír: «Mis buenos hermanos y amigos -dijo-. Sabéis que en muchas grandes

batallas y acciones hemos vencido y contra gente más fiera y avezada. De

modo que preparaos a vencer esta batalla, pues nosotros tenemos razón y

ellos no están en la suya, pues sabéis que mi señor me mandó ir a su corte

por razones de otros. Así que os digo que cada uno piense en hacer lo que

pueda para que ganemos esta batalla y hagamos hablar de nosotros al mundo

entero y digan que somos cada día más temibles.» Y calló el rey Nogai y no

añadió palabra.

Cuando hubieron hablado los dos reyes, no demoraron más. Al día

siguiente se aparejaron. El rey Toptai repartió su gente en 20 batallones,

y en cada uno puso un buen condotiero y un buen capitán. Y el rey Nogai

armó 15 cuadros y en cada uno puso 10.000 hombres a caballo, con sus

buenos y bravos capitanes. ¿Y qué os diré? Cuando los dos reyes estuvieron

el uno cerca del otro tomaron un momento de tregua hasta esperar que

tocaran las nácaras. Y al son de las nácaras empezó la pelea. La lucha fue

encarnizada. Volaban flechas y saetas. Rugía el griterío. Cercenaban

manos, brazos y cabezas. Veíanse caer a tierra caballos y caballeros. En

ninguna batalla murió tanta gente, pero en más gran número murieron los

hombres de Toetai que los de Nogai. Pero todo fue inútil, porque Nogai era

terrible peleando, y aunque los hijos de Tolobuga se esforzaban en vengar

la muerte de su padre y peleaban como leones, todo fue en vano y no

consiguieron matar al rey Nogai. ¿Y qué más os diré? La batalla fue tal,

que tantos que por la montaña estaban sanos y buenos, murieron aquel día,

y muchas mujeres quedaron viudas, y esto fue porque la batalla resultó

sangrienta y cruel.

El rey Toctai se esforzó, con todo su poder, en mantener a su gente y

a su honor, e hizo grandes proezas. Y ciertamente que todo el mundo no

podía más que alabarle. Se metía entre sus enemigos de tal manera como si

no le importara la muerte. Hendía su sable a diestra y siniestra e iba

repartiendo golpes de tal manera que dañó a todos sus enemigos. Mató

muchos de entre ellos con su propia mano, y cuando esto velan sus amigos,

llenábanse de nuevo ardor y aquéllos arreciaban contra éstos y los mataban

sin piedad.







- CCXXXIII -

Del arrojo y valor del rey Nogai

El rey Nogal se expuso tanto y tanto, y tanto combatió entre su

gente, que acudía acá y allá y se excedía a sí mismo; entre el enemigo se

batió como el león entre las fieras, y les venció, les aplastó en su furor

bélico y se echó sobre ellos como un héroe. Y sus hombres, que velan así a 

su señor, se esforzaban en ser como él, corrían sobre sus enemigos, 

haciendo estragos entre ellos. ¿Y por qué contaros más? Sabed, en verdad, 

que la gente de Toctai se esforzó en mantener alto el honor, pero de nada 

les valió; tenían contra ellos a demasiados fuertes guerreros. Sufrieron 

tanto, que vieron que si más quedaban, morirían todos, y no aguantando 

más, empezaron a huir, y el rey Nogal arremetió contra ellos hasta 

diezmarlos a todos. 

Así fue como Nogal venció la batalla y murieron más de 60.000 

hombres. Mas el rey Toctai tuvo la suerte de escapar con vida y los hijos 

de Tolobuga también. 







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